Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

febrero 01, 2005

Anarquismo bibliotecario (y 03)

Anarquismo bibliotecario (03)

Por Edgardo Civallero

Por lo general, se tiene un concepto erróneo acerca del significado del término "anarquismo". Se lo suele asociar a "desorden", a "desorganización" y especialmente a "caos", no quedando exenta la acción violenta en la consecución de estos estados.

Lamentablemente, algunas acciones emprendidas –en distintos momentos históricos cercanos– por individuos que se creyeron poseedores de la verdad y ejecutores de la voluntad del pueblo, tiñeron al término "anarquismo" de un matiz oscuro. El valor original de esta palabra continúa siendo "negación de la autoridad", un valor defendido por los autores que desarrollaron la teoría político-filosófica anarquista: Bakunin, Kropotkin, Proudhon...

Ocurre que, desde ese marco teórico, estos autores alentaban a la acción para cambiar el estado de las cosas (era obvio que, si esperaban de manera pasiva a que las cosas cambiaran, no hubieran obtenido resultados). Algunos asociaron "acción" y "negación de autoridad" con "eliminación de autoridad a través de la acción", lo cual era un sinónimo de "bomba al príncipe" o "disparo al gobernador". Y comenzaron las acciones terroristas.

Pero asociar estas acciones a las ideas básicas del anarquismo es tan injusto como asociar las acciones de los comandos terroristas del Medio Oriente a las ideas básicas del islamismo.

Sin embargo, en el imaginario popular, "anarquismo" quedó asociado para siempre a hechos sangrientos (algo que está ocurriendo hoy con "islamismo" o "musulmán").

Recordaré nuevamente que el vocablo tiene su origen en la antigua Grecia, que muchas corrientes de pensamiento occidentales y orientales lo incluyen entre sus ideas, y que, etimológicamente, significa "negación de la autoridad". El trabajo comunitario es un trabajo anarquista, pues niega jerarquía y autoridad por poder: se respeta la autoridad por experiencia o por sabiduría, y se trabaja en equipo. Nadie es superior a nadie (no existe estructura "vertical" sino "horizontal") y cada cual realiza la labor para la cual se siente más preparado. De esa forma, los resultados son exitosos y cada integrante del equipo desarrolla y expresa sus cualidades en un ambiente dinámico de intercambio y crecimiento.

La negación de autoridad (la cual ha asumido, en el mundo actual, la forma de estructuras jerárquicas o "verticales") no se limita al ámbito político, económico o religioso, o incluso al laboral (como el ejemplo del párrafo anterior). En el ámbito de la información, existen fuertes jerarquías, en forma de empresas multinacionales que controlan el mercado de la información y crean pirámides de poder informativo. Concentran el conocimiento esencial, estratégico, importante, vital a veces (en forma de publicaciones periódicas especializadas, bases de datos, etc.) y lo venden a aquellos que puedan responder a sus precios. Se crea así una dependencia, y, sobre todo, una especie de escalafón en el cual los que pueden comprar la información ocupan los puestos superiores.

En el "mundo en desarrollo" (lamentable etiqueta que tardaremos años en despegar de nuestros cerebros) la influencia de estas jerarquías informativas se siente, y mucho. Debido a que muchos países no poseen recursos económicos suficientes para pagar esas bases de datos que concentran el saber estratégico humano (actualizado y organizado), mucho conocimiento no llega, y seguimos bajo el umbral del subdesarrollo, pues para que exista crecimiento debe existir información disponible, la cual ya cuesta muy cara (en cuanto la información, en el paradigma socio-económico imperante, es el principal bien de consumo, y un sinónimo de poder).

El anarquismo bibliotecario (postura que desarrollo y desde la cual parte mi labor como docente, profesional e investigador) plantea la negación de estas jerarquías. Plantea la liberación de la información (bien común de la humanidad) para el pleno desarrollo humano. Plantea el respeto por el libre acceso a la información y por el derecho al desarrollo de los pueblos. Para ello coloca un especial énfasis en la difusión activa del saber desde la biblioteca, y en la liberación total de la información, en el formato que sea. Sólo así, al cesar el lucro con el conocimiento humano, podrá verse un desarrollo equilibrado de los pueblos. Se negaría, de esta forma, una jerarquía informativa en la cual la cima de la pirámide concentra los recursos y los va liberando muy lentamente, y a ciertos sectores. Latinoamérica se encontraría en la base de la pirámide jerárquica. Con la anulación de esta estructura vertical, se pretende generar una sociedad informativa horizontal, de iguales que comparten e intercambian libremente su saber en pro del bien común del género humano, y no del bien de unos pocos comerciantes.

La visión de anarquismo que presento –la que sigo y desarrollo– es una visión moderna, una reformulación de las ideas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que, básicamente, eran las mismas, aunque enfrentaban otros problemas distintos y, por ende, necesitaban ser aggiornadas. No pretendo el desorden, ni el caos. Pretendo labor en comunidad tras un solo objetivo: que la información que manejamos sirva para el libre progreso y crecimiento de nuestros usuarios.

¿Por qué asumo esta postura? Merced a mi trabajo en comunidades indígenas y rurales, he visto todo el sufrimiento que acarrea la falta de saber, la falta de desarrollo. He visto niños de dos años morir porque sus madres no supieron cómo curar una diarrea. Es lo más sencillo del mundo... pero la información no estaba. He visto doctores impedidos de hallar una solución urgente para sus pacientes por falta de información actualizada, concentrada en revistas de editoriales como Springer, o en bases de datos como ScienceDirect. Y he sabido los precios a los cuales estos comerciantes venden sus bases en Latinoamérica, precios inalcanzables incluso para grandes instituciones como las universidades (no hace falta irse al campo o a las poblaciones nativas).

Por otro lado, las jerarquías me han rebelado desde siempre: en el trabajo, en la vida social, en la vida religiosa, en la política... Odio sentirme encadenado a un puesto en una estructura vertical, un puesto que me cataloga como un individuo X con X capacidades y X obligaciones, encapsulándome en un nicho del cual es difícil salir, y que me limita incluso mentalmente. Prefiero buscar o construir una posición más libre, de respeto mutuo con mis congéneres y colegas, de aprendizaje, de compartir... Una posición que no me anule, que no me niegue horizontes para crecer.

Evidentemente, esta idea de anarquismo bibliotecario puede sonar a utopía. No lo es tanto: los bibliotecarios progresistas, los constructores de proyectos de bibliotecas abiertas e incluso las bibliotecas populares, participan de muchas de las ideas del anarquismo (aunque prefieran no utilizar el término maldito). Aún así, siempre he creído que, el día en que mi mundo se quede sin utopías, sin ideas locas a las que seguir, mi vida ya no tendrá mucho sentido, pues, decididamente, me habré quedado sin motivos por los que luchar.

Y, sin ellos... ¿vale la pena seguir en pie?

Ilustración.