Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

febrero 23, 2005

David y Goliath

David y Goliath

Por Edgardo Civallero

El relato bíblico expresa una de las esperanzas más grandes del ser humano como entidad física: lograr vencer, con astucia y dominio propio, al opresor, por fuerte, grande y poderoso que sea.

Todos sabemos que es sólo una esperanza, y que la realidad suele borrar este tipo de ideas con acontecimientos y fenómenos cuya crudeza nos deja pálidos. Recuérdense las guerras de este siglo y el pasado, recuérdense las flagrantes violaciones a los derechos humanos realizadas por las grandes naciones, recuérdese como las potencias industriales desdeñan la firma de acuerdos de control ecológico.

Sabemos que el Leviatán es enorme, y que enfrentarnos a él es casi imposible: por su tamaño, por lo sólido de su estructura, y porque se ha filtrado en todos lados gracias a un elemento que se llama ideología.

La ideología es aquel conjunto de ideas que nosotros manejamos como normales. En una época, una idea normal era que la mujer no podía llevar pantalones. En esta época, una idea normal es que el hombre no puede usar falda. Cosas de la vida, cosas de la sociedad, "costumbres".

Pero hay ideas que están relacionadas con el poder, con quien lo detenta y con el uso que hace de él. Esas ideologías son las dominantes, y son impuestas –normalmente– a través de la educación oficial, la religión oficial y los medios de comunicación masivos.

Esas ideologías se han filtrado hasta nuestra realidad más cotidiana: las diferencias entre sexos, las condenas a los homosexuales (que vemos como "divertidos" sketchs televisivos), las condenas a grupos minoritarios o en condiciones socio-económicas desaventajadas, las condenas a facciones políticas o intelectuales, lo bueno de dominar por la fuerza, la violencia, la mentira y/o la estafa (basta con asomarse a la cartelera de un cine o a los juegos de Internet con los que "juegan" nuestros niños)...

Y se han filtrado tanto que las encontramos en nuestras herramientas de trabajo. Que no son nimiedades, porque son las herramientas a través de las cuales nosotros organizamos el conocimiento y la memoria de la humanidad. Esas ideologías no solo nos dicen cómo ordenar y clasificar: nos imponen qué etiquetas colocar y qué políticas deben seguirse para la adquisición de fondos.

Luchar contra estas ideologías es una empresa desigual, y probablemente no tengamos éxito. Pero, hasta donde sé, la base de esta lucha es "piensa global, actúa local". No permitiendo que esa ideología permee nuestra realidad, no aceptándola, defendiendo posturas alternativas o contrarias con medidas equilibradas y justas, no lograremos transformar el mundo, pero agregaremos nuestro grano de arena, nuestro aporte, para que algo, al menos, cambie.

Ilustración.