Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

febrero 22, 2005

Espinas ocultas

Espinas ocultas

Por Edgardo Civallero

Los lenguajes de clasificación que manejamos como herramientas diarias ocultan, entre sus términos, algunas curiosidades que reflejan las ideologías desde las cuales fueron confeccionados.

Ello es evidente: ningún producto humano escapa a las influencias de la ideología del que escribe o produce, influida ésta, a su vez, por las ideologías dominantes, por las que lo marcaron durante su socialización o por las que ha adoptado de manera propia y consciente.

Pero hay ideologías (o ideas aisladas dentro de estos conjuntos) que poseen connotaciones negativas, pues en algún momento de la historia estuvieron asociadas a situaciones de explotación, miseria, pobreza, muerte, daño físico o moral, etc. La más citada es la ideología nacional-socialista, que implicó la muerte de millones de seres humanos, que no eran solamente judíos: fueron también polacos, rusos, gitanos, griegos, húngaros y docenas más.

Las ideologías colonialistas, las imperialistas, las exclusionistas: todas ellas, en algún momento de nuestra historia, han trabajado en detrimento de algún grupo o sociedad humana. Por ende, son ideologías que vale la pena desterrar, y que no deberían figurar en nuestros instrumentos de trabajo.

Empero, si hojean la CDU, o la Clasificación de la UNESCO, o cualquier otra, encontrarán que hay pueblos que son clasificados, desde el punto de vista de la raza/etnia/nacionalidad, como pueblos subdesarrollados.

Como lo leen.

No estamos hablando de una categorización desde un punto de vista económico. Se trata de una clasificación desde un punto de vista étnico, racial, social, nacional...

Y que no les quede duda: los latinoamericanos estamos entre los primeros en la lista para recibir tal etiqueta.

Hay otras etiquetas más: razas y pueblos coloniales, híbridos (yo también creía que, biológicamente, este término se usaba para plantas y animales, pero parece que no) y otros tantos.

Creo que incluir un término en el vocabulario cotidiano de una persona significa creer en la realidad de lo que esos términos indican. Por ejemplo, en mi vocabulario no se incluyen los términos "indio", "puta", "retrasado" o "tercer mundo". No creo en la realidad de esos términos, y, por ende, no los empleo. Con ello no quiero decir que los borre de mi diccionario y de mi boca: simplemente, no los suelo usar, porque encuentro que hay otros términos –más limpios– para referirse, desde otras perspectivas, a esas personas o cosas.

Creo que los que usan los términos "países subdesarrollados" creen de verdad que son subdesarrollados. Ello implica una escala de valores, implica un más y un menos, implica alguien que queda abajo y alguien que queda arriba, implica pobres y ricos, implica brechas, implica mucho sufrimiento por parte de mucha gente, implica mucho desprecio.

Creo que los que siguen usando el concepto "pueblos coloniales" o "colonias" siguen creyendo que pueden adueñarse de la tierra y de la gente con la fuerza de las armas, siguen creyendo en los imperios, siguen creyendo que la verdad y la razón les pertenecen, siguen creyendo que pueden dominar, siguen pensando que hay seres inferiores o que deberían ser tratados así.

Y nuestros tesauros, nuestros lenguajes controlados (recuérdese esto: controlados) de clasificación reflejan estas ideas, las expresan en sus términos. Las rescatan de entre todos los términos válidos de una lengua natural y las vuelven importantes, decisivas, únicas, imprescindibles para comprender y clasificar un documento. Términos controlados, elegidos cuidadosamente para representar la realidad humana.

Ciertamente, un lenguaje documental debe representar tal realidad humana, por dolorosa que sea. Y los términos señalados siguen apareciendo en nuestra cotidianeidad. Pero hay otras maneras de indicar que un pueblo fue dejado atrás en el ámbito económico. Hay otra manera de decir que un pueblo, en un pasado próximo, fue víctima del dominio colonial de otro. Hay otra manera de decir las cosas.

Muchos colegas europeos piensan lo contrario. Probablemente nunca les gritaron "sudaca", o "indio", o "subdesarrollado". Probablemente no sepan de desigualdades, de olvidos, de exclusión, de presión cultural, de dolor acumulado, de vergüenza, de memorias rotas. Ellos redactan los tesauros, y no crean que es tan fácil cambiarlos. Actualmente estoy trabajando en eso.

Porque no quiero volver a sentir que hay un norte y un sur. A pesar de que existan en la realidad, nuestros elementos de trabajo no deberían perpetuar tanta injusticia.

Ilustración.