Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

abril 25, 2005

Política y bibliotecas

Política y bibliotecas

Por Edgardo Civallero

Un tema que se repite, rítmica y periódicamente, en muchos foros profesionales de bibliotecología, es la relación política-biblioteca. En muchas ocasiones he podido observar el siguiente fenómeno, asaz llamativo: un/a colega comparte un texto que toca, aún tangencialmente, algún tema relacionado con la política; acto seguido, una cohorte de voces se levanta en contra, protestando por la invasión de sus espacios digitales por parte de textos que no tienen "ninguna relación" con la bibliotecología.

Es curioso considerar que alguna parte de nuestro universo no tenga ninguna relación con alguna otra. Creo recordar que somos un sistema vivo y un sistema social moviéndonos sobre una serie de ecosistemas, y que el propio concepto de "sistema" implica la íntima relación de las partes para el logro de los objetivos del todo. Nuestra existencia cotidiana no está en absoluto desprovista de elementos políticos. Cada vez que compramos alimentos, apreciamos los efectos de las políticas económicas. Cada vez que leemos (o no podemos leer) una noticia en los diarios, podemos vislumbrar el efecto de las políticas de la comunicación. Los acontecimientos culturales y sus tendencias nos permiten ver el rumbo de las políticas (inter)nacionales en esa área. Somos animales políticos, por el mero hecho de vivir en sociedad, aceptando o soportando una serie de normas de convivencia que implican renunciar al bien propio en pos del bien común.

Antes que profesionales, somos ciudadanos de un país, de una provincia, de una ciudad o de una comuna, y estamos sujetos a una serie de reglamentaciones y movimientos que regulan nuestra vida, la bambolean, la zamarrean a veces, la arruinan en ocasiones, o la frustran. Como profesionales, estas influencias políticas también nos tocan: por un lado, afectan a nuestra comunidad y a sus búsquedas, anhelos o necesidades. Por otro, afectan (y, en ocasiones, muy seriamente) a nuestra institución, que, como tal, es un elemento más del entramado socio-político.

Como profesionales de la información, destinados y obligados a proteger nuestro acervo cultural (y recuérdese que las cosas que ocurren exactamente en este momento serán acervo cultural dentro de 5 minutos) y a difundirlo de la mejor manera posible, debemos de estar informados de las situaciones críticas por las que atraviesa nuestro país y nuestro continente, hermanos de cultura, raza e historia. Debemos saber que existen varias voces, concientizarnos de ello, para así brindar un mejor servicio al que venga a preguntarnos "¿qué ocurre?". Existen muchas voces que cuentan muchas historias. Existen otras tantas que exponen muchas opiniones. No podemos conocerlas a todas, pero, mientras más escuchemos, más cerca de la imparcialidad estaremos, y mayor será el espectro de información y, por ende, de conocimiento y de saber, que podremos brindar a nuestros usuarios.

Nuestro servicio tiene mucho que ver con la formación de opinión. Y si nosotros no podemos generar una opinión propia... ¿cómo haremos para ayudar a los demás a formar las suyas?

Ilustración.