Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

agosto 10, 2005

Sensaciones sobre Suecia

Sensaciones sobre Suecia

Por Edgardo Civallero

Es uno de mis últimos días en este país, razón por la cual me he puesto a analizar un poco qué características de este territorio y de esta gente debería rescatar para describirlos.

Mi estancia en Suecia ha sido breve, quizás demasiado. La idea que me he formado acerca de este pueblo es fragmentaria y, ciertamente, contradictoria. Parece una nación que quiere vivir y disfrutar y cantar y bailar, pero que no puede hacerlo porque respeta sus normas rígidas, las mismas que le permiten vivir de forma organizada y eficiente. Su sistema funciona incluso para los aspectos económicos y políticos, en los cuales un herrero puede ser presidente y un alquiler puede costar mucho o nada. La corrupción existe, evidentemente, pero es rápidamente detectada y denunciada, porque la gente se siente libre para hacerlo y porque la prensa es libre para escribir sobre ello y publicarlo. Si bien se habla de contaminación todo el santo día, el agua de los fiordos es bebible, los bosques de abedules están a minutos del centro de la ciudad, las gaviotas vuelan en los tejados, no hay muchos rascacielos que digamos y los pescadores pescan en pleno centro de la ciudad, cerca del puerto, en sus botes con redes redondas.

La educación es gratuita, la salud también. La ecología es el gran punto. La gente cuida mucho de ella misma, y se destina mucho tiempo a su propio bienestar mental y físico (muy probablemente porque tiene cubiertas el resto de las necesidades). Encontré muchísima comida vegetariana, o libre de fructosa, o dietética en los restaurantes... Discuten cada decisión política (por pequeña que sea) como si fuera la más grande e importante, y acuden a sus políticos para plantear los cambios, y los presionan hasta que los mismos se concretan.

No son perfectos, por cierto. Con el pasar de los días fui encontrando los defectos, las imperfecciones y los errores que echaron abajo la imagen mental tan prístina que poseemos acerca de Escandinavia. Pero también veo las miles de bicicletas, el tráfico respetuoso (sin bocinazos, sin humos...), los chóferes de autobús correctos, los carriles de bici cuidadosamente señalados (y respetados) en las aceras y los estacionamientos para las mismas en todos lados... y termino olvidando los errores. Quizás les falte demostrar abiertamente sus pasiones, pero basta con hablar un poquito con uno de ellos para notar en seguida cuáles son sus puntos fuertes y cuáles son los débiles.

La apertura mental es indudable (temas como la homosexualidad ni siquiera se discuten), aunque tienen algunos puntos oscuros, como el trato a los extranjeros. Las regulaciones en algunos aspectos (alcohol, tabaco) son extremadamente duras... pero calculo que, en parte, está bien. Cuidan de ellos mismos.

En Estocolmo he encontrado los lugares más curiosos que haya visto en una ciudad europea. La plaza de San Juan, cerca de mi hotel, es un parque para niños ubicado en un antiguo cementerio. Los chicos juegan entre lápidas del siglo pasado, sobre las cuales se posan enormes gaviotas, bajo los pinos, a la sombra de una enorme iglesia pintada con los mismos colores que todas las iglesias de la ciudad. Es increíblemente contrastante, pero creo que todo aquí es contrastante: un pueblo respetuoso de sus tradiciones pero utilizando las últimas tecnologías, tremendamente abierto a los cambios pero cerrado a las influencias externas.

En fin... En un día más parto hacia Oslo, para el Encuentro Central de IFLA de este año. Me dicen que los noruegos, si bien comparten algo de la cultura escandinava, son bastante diferentes de los suecos, y que quizás su cultura se haya visto menos influida por el mundo externo. Veremos. Mientras tanto, espero poder seguir disfrutando de los smorgasbord, las tablas de comidas libres suecas, que acumulan cantidades ingentes de pan de diversos cereales, albóndigas de carne y todos los pescados que se les ocurran (especialmente salmón y arenque) en las más variada cantidad de estilos culinarios.

Si no muero de una indigestión, nos estaremos encontrando por aquí mañana. Si no, sepan que habré muerto muy, pero muy feliz.

Ilustración.