abril 26, 2005

Reclamamos...

Creo que somos muchos (sobre todo los bibliotecarios jóvenes, los nuevos, los que recién comenzamos) los que vemos como nuestra profesión, ésta tarea que elegimos para dedicar nuestro tiempo y nuestro esfuerzo, está comenzando a cargar unas características que nos disgustan.
Por eso podrán leer ustedes en algunas listas, o escuchar en muchos Congresos, o atisbar en ciertos weblogs, una multitud de opiniones ácidas, incluso violentas, si se quiere.
Decididamente, es un síntoma claro de un mal interno, algo que nos molesta como esos dolores de cabeza a los cuales no sabemos darles un motivo.
Creo que el motivo puede singularizarse de forma rápida: elegimos una profesión que se embebe en el saber humano, que lo organiza, lo vincula, lo difunde, lo goza... Y nos encontramos con una profesión que apenas si lo maneja.
Sumado a este dolor (que no es pequeño), nos encontramos rodeados por multitud de "colegas" que no tienen nuestra misma perspectiva. Acepto que la variedad y la diversidad son respetables, y que no todos tienen que tener las mismas motivaciones que uno, pero resulta que el actuar del resto del sistema perjudica nuestra formación, nuestro trabajo e incluso nuestros sueños.
Redondeando la "enfermedad", miramos hacia atrás y vemos aquellos grandes bibliófilos, aquellas excelsas mentes renacentistas, aquellos artistas del libro de hace unos pocos siglos.... Luego miramos este tiempo presente, tiempo veloz, tiempo consumista, tiempo sin tiempo.... Nuestros sueños, nuestras ganas, nuestra fuerza de trabajo, se quiebran y quedan hechas añicos a nuestros pies...
Reclamamos una mayor formación. También podríamos obtenerla por nuestra cuenta, pero entonces... ¿para qué vamos a una Universidad por 3 ó 5 años? Reclamamos una mayor calidad en los contenidos de todo aquello que tenga que ver con nuestra profesión: Congresos, Seminarios, Cursos, Libros, Revistas, Panfletos, Charlas... Reclamamos que aquellos que no sepan mejoren o dejen su espacio (educativo o laboral) a aquellos que saben. Reclamamos que los falsos gurúes y las falsas autoridades dejen de robar, de figurar, de aparentar….
Y reclamamos porque sabemos lo importante que somos. No nos importan los estereotipos ni las falsas imágenes. Amamos lo que hacemos, el libro y la información y su poder para cambiar la realidad.Sabemos que no podemos solos. Sabemos que necesitamos la unión y el consenso, el trabajo conjunto y solidario con docentes, con asociaciones, con profesionales y con otros estudiantes. Por tanto, reclamamos que se dejen de lado las murallas de jerarquía y que construyamos, en conjunto, planes de estudio más acordes a nuestra realidad, pues, si no nos damos prisa, ésta avanzará lo suficiente como para dejarnos atrás, fuera de su camino....
Ya no pedimos siquiera una socialización de la disciplina (algo que también debería ser tenido en cuenta). Solo pedimos que se nos eduque mejor. Y que aquellos que no quieran saber, que no quieran estudiar, que solo quieren un trabajo, busquen eso: un trabajo. Dado que esos que buscan la salida laboral fácil y rápida no elegirían medicina, biología, ingeniería o historia, que tampoco puedan elegir nuestra disciplina.
Porque somos depositarios de un arte y de una técnica, tan valiosos ambos como cualquier ciencia. Y porque el respeto debe de empezar por nosotros mismos.
Ojalá alguien acepte el llamado y el reclamo. Ojalá las asociaciones estudiantiles recojan el guante y comiencen la lucha por ser mejores. Ojalá los docentes mediocres revisen su conciencia, y los directivos de Escuelas y Facultades recuerden que en sus manos y en sus decisiones descansa el futuro de una sociedad. Y ojalá los que sienten amenazada su seguridad y su status quo dejen de asesinarnos ideológicamente, de cerrarnos puertas, de aserrarnos el piso, de levantar murallas en nuestra contra...
Por ende, queridas/os colegas, no se aombren cuando los jóvenes, la sangre nueva, nos enfurecemos. Sólo queremos que nos permitan ser mejores. Mejores que nuestros predecesores.
Porque el único alumno bueno es el que supera al maestro. Aunque al maestro le duela.

abril 25, 2005

Política y Bibliotecas

Un tema que se repite, rítmica y periódicamente, en todas las listas profesionales de correo electrónico, es la relación política-biblioteca. En muchas ocasiones he podido observar el siguiente fenómeno, asaz curioso: un/a colega remite un texto que toca, aún tangencialmente, algún tema relacionado con la política; acto seguido, una cohorte de voces se levanta en contra, protestando por la invasión de sus espacios digitales por parte de textos que no tienen “ninguna relación” con la bibliotecología.
Es curioso considerar que alguna parte de nuestro universo no tenga ninguna relación con alguna otra. Creo recordar que somos un SISTEMA vivo y un SISTEMA social moviéndonos sobre una serie de ecoSISTEMAS, y que el propio concepto de “sistema” implica la íntima relación de las partes para el logro de los objetivos del todo. Nuestra existencia cotidiana no está en absoluto desprovista de elementos políticos. Cada vez que compramos alimentos, apreciamos los efectos de las políticas económicas. Cada vez que leemos (o no podemos leer) una noticia en los diarios, podemos vislumbrar el efecto de las políticas de la comunicación. Los acontecimientos culturales y sus tendencias nos permiten ver el rumbo de las políticas (inter)nacionales en esa área. Somos animales políticos, por el mero hecho de vivir en sociedad, aceptando o soportando una serie de normas de convivencia que implican renunciar al bien propio en pos del bien común.
Antes que profesionales, somos ciudadanos de un país, de una provincia, de una ciudad o de una comuna, y estamos sujetos a una serie de reglamentaciones y movimientos que regulan nuestra vida, la bambolean, la zamarrean a veces, la arruinan en ocasiones, o la frustran. Como profesionales, estas influencias políticas también nos tocan: por un lado, afectan a nuestra comunidad y a sus búsquedas, anhelos o necesidades. Por otro, afectan a nuestra institución, que, como tal, es un elemento más del entramado socio-político.
Como profesionales de la información, destinados y obligados a proteger nuestro acervo cultural (y recuérdese que las cosas que ocurren exactamente en este momento serán acervo cultural dentro de 5 minutos) y a difundirlo de la manera más neutral posible (si ello es factible) debemos de estar informados de las situaciones críticas por las que atraviesa nuestro país y nuestro continente, hermanos de cultura, raza e historia. Debemos saber que existen varias voces, concientizarnos de ello, para así brindar un mejor servicio al que venga a preguntarnos “¿qué ocurre?”. Existen muchas voces que cuentan muchas historias. Existen otras tantas que exponen muchas opiniones. No podemos conocerlas a todas, pero, mientras más escuchemos, más cerca de la imparcialidad estaremos, y mayor será el espectro de información y, por ende, de conocimiento y de saber, que podremos brindar a nuestros usuarios.
Adjunto, en un texto complementario, un artículo que me hizo llegar mi buena amiga –y colega nuestra- Gloria Añazco, de Ecuador. Habla sobre la crisis política vivida en su país, pero desde un punto de vista que no ha sido reflejado por muchos medios de comunicación. Esta información puede sernos útil a la hora de dar(nos) respuestas a muchas preguntas que pueden surgir viendo la situación ecuatoriana. Confío en que, ciertamente, el texto sea de utilidad. Que podamos discutir libre y abiertamente cualquier temática, pues nuestro servicio tiene mucho que ver con la formación de opinión. Y si nosotros no podemos generar una opinión propia… ¿cómo haremos para ayudar a los demás a formar las suyas?

Desde Ecuador

Hola Edgardo
Comparto contigo este artículo difundido a través de BIBEC, lista de discusión de bibliotecarios ecuatorianos, que da una visión sobre lo sucedido en mi país, yo sé que los medios oficiales contarán su historia a su manera y conveniencia, y por ello comparto contigo ojalá lo puedas difundir con personas allá en nuestro hermano país Argentina, para que sepan que la gesta fue de un pueblo heroico, no sabemos que va a suceder luego seguimos vigilantes, pero sabemos que la monstruosa presión internacional y nacional podría hacer que esta gesta no tome el rumbo que se planteó, fue un cuestionamiento a las instituciones y la "democracia", así como a las bases militares de EU que están en nuestro país, contra el TLC, el Plan Colombia, y el alto porcentaje 40%, que es lo que se paga por deuda externa.
Un abrazo
GLORIA

[Nota del Editor: El artículo puede ser consultado en línea en http://www.jornada.unam.mx/2005/abr05/050421/031a1mun.php]

Jueves 21 de abril de 2005
José Steinsleger
Ecuador: ¿fin del protectorado?

Esta vez no fueron "los indios", ni las ilusiones depositadas en un caudillo "populista". En un clima de indignación y gravísima crisis institucional, el conjunto de la sociedad ecuatoriana derrocó a su tercer presidente elegido, que de la soberanía nacional y la Constitución hizo un amasijo de disposiciones dictadas por la embajada de Estados Unidos en Quito. Para Estados Unidos, la Unión Europea, Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos, "el apoyo a la democracia ecuatoriana es vital". No obstante, también pasan por alto que, con Gutiérrez, Estados Unidos consiguió reforzar cinco oficinas de seguridad en el país (algunas ya existentes) enlazadas directamente al Comando Sur, con sede en Miami.
Según el diario El Comercio de Quito (30/03/05), estas oficinas son: Agregaduría de Defensa (DAO, por sus siglas en inglés), Agencia de Control y Fiscalización de Drogas (DEA), Grupo Consultivo y de Ayuda Militar (MAAG), Departamento de Seguridad Interna (DHS) y Agencia Nacional de Seguridad (NAS).
La más importante es el MAAG, grupo militar, destinado a "...apoyar la democracia en el Ecuador y su buen récord de respeto de los derechos humanos, así como los objetivos de la política estadunidense en el país" (sic). Así, el concepto de ayuda "para seguridad" implica la "...provisión de equipo militar, entrenamiento y servicios de Estados Unidos al gobierno de Ecuador".
La mayoría de los cientos de militares estadunidenses que circulan por territorio ecuatoriano se concentra en dos actividades coordinadas por el MAAG: campañas médicas y de seguridad (leáse, espionaje y organización de paramilitares).
A ellos se suman los operarios de la base de Manta, en el litoral pacífico, ocupada por el Comando Sur desde 1999, cuando se firmó un acuerdo bilateral por 10 años. Y un objetivo largamente acariciado por el imperio desde mediados del siglo XIX: convertir en base militar el frágil ecosistema de Galápagos, patrimonio cultural de la humanidad.
El dinero que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) maneja en Ecuador llega mediante el Comando Sur. Lo mismo que los recursos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), a cargo de los proyectos de alcantarillado y potabilización en los poblados de la frontera norte. Pero tal como señala el sociólogo Guillermo Navarro, el propósito real apunta a controlar estos recursos porque la instalación de servicios en la frontera norte parte de sus intereses para intervenir en Colombia.
Las agencias de noticias internacionales callan o diluyen los pormenores y magnitud de la crisis política ecuatoriana. En efecto, el nombramiento en diciembre pasado de una Corte Suprema de Justicia afín a Lucio Gutiérrez buscaba anular los juicios pendientes de ex gobernantes como Abdalá Bucaram, Gustavo Noboa y el vicepresidente Alberto Dahik, lo que sucedió. En efecto, hubo malestar en las fuerzas armadas por el retorno del gángster Abdalá Bucaram de su autoexilio en Panamá, a inicios del mes. En efecto, dirigentes espurios de Guayaquil y Quito pescaban en río revuelto, animados por el descrédito de Lucio Gutiérrez en las encuestas más serias. En efecto, estos factores convergieron en el malestar nacional.
Sin embargo, las agencias omiten que 62 y 95 por ciento de los encuestados por la empresa Market rechazaban la gestión del gobierno en política económica y exterior. Opinión que fue creciendo desde el momento en que Gutiérrez se asumió como "principal aliado de George W. Bush en América Latina", y firme partidario del tratado del libre comercio.
Entonces, Gutiérrez dejó de ser visto como "populista". Hasta que el vaso se desbordó. El 11 de abril pasado, el general Richard Myers, jefe del comando de las fuerzas armadas de Estados Unidos y brazo derecho de Bush, condecoró al ex gobernante en Quito, agradeciéndole la inmunidad conferida a sus tropas en Ecuador. Previamente, en Bogotá, Myers declaró a la prensa que su país no toleraría "países perturbadores (sic) que en América Latina no cooperen en la lucha contra el terrorismo".
Simultáneamente, y a consecuencia de una nueva mayoría parlamentaria contraria al gobierno, la protesta popular y espontánea empezó a tomar forma. A finales de marzo, el salón del Congreso fue un campo de batalla. Volaron sillas, vasos con agua y botellas, y la explosión de una bomba de gases lacrimógenos evitó el conteo de votos para elegir nuevo fiscal general.
En la calle, las movilizaciones devinieron en auténticas oleadas de ciudadanos descontentos que protestaban por la política económica, la exoneración de los gobernantes involucrados en casos de corrupción, la destitución de los jueces de la Corte Suprema y, finalmente, un grito de consenso: "Lucio fuera".
Sin saber qué hacer con el descontento de ciudadanos independientes o pertenecientes a las más diversas organizaciones, Gutiérrez dictó el estado de sitio en Quito (15 de abril). A la tétrica ceremonia del aspirante a seudodictador asistió la embajadora del terrorista Bush, la señora Kristie Kenney, quien durante todo el mandato del régimen depuesto entraba y salía a diario del Palacio de Carondelet (presidencial). Quien brilló por su ausencia fue el general Milton Aguas, jefe del ejército. Su oposición a salir en cadena nacional dio paso para que Gutiérrez ordenase su baja.
El "decreto de emergencia" no terminó de ser enunciado, y el pueblo de Quito se lo pasó por el arco de triunfo. En todos los barrios, sin excepción, la gente salió a las calles. Ante el silencio de los canales de televisión, la radioemisora La Luna, de alcance y prestigio profundo en la ciudadanía, se convirtió en una suerte de coordinadora de la movilización popular. Y cuando un grupo de personas se aproximó a la radioemisora con armas, gasolina y antorchas, topáronse con un fortín humano de contención, decidido a salvaguardar la libertad de expresión.
El ejemplo de La Luna fue seguido por otras radioemisoras, que empezaron a transmitir lo que en realidad estaba pasando. Los canales de televisión no tuvieron más remedio que "informar". En la madrugada del sábado 16, el cabildo quiteño resolvió pedir la renuncia del gobernante, quien a estas alturas se vio obligado a revertir el estado de sitio.
Dos deserciones importantes del equipo de gobierno llamaron la atención. La declaración de la primera dama y diputada nacional Ximena Bohórquez, ya enfrentada con su esposo en otras ocasiones, quien declaró: "yo también soy forajida", y la renuncia del comandante general de la policía, Jorge Poveda, quien manifestó su desacuerdo con la represión contra el pueblo de Quito. "Soy un hombre del pueblo", dijo Poveda.
Los vecinos levantaron barricadas en las principales vías de acceso a la ciudad, impidiendo el ingreso de los cientos de golpeadores pobres, traídos por el gobierno desde la costa y la Amazonia. Minuto a minuto, rodeado de al menos 4 mil efectivos, Gutiérrez era informado que 30 mil manifestantes desarmados venían rompiendo cercos y sorteando alambrados de púas, lluvia de gases y balas de caucho de las fuerzas represivas.
En la tarde de ayer, tras ser destituido por el Congreso (61 diputados de 100), Lució Gutiérrez abordó un helicóptero y huyó del país, con rumbo desconocido. El vicepresidente Alfredo Palacio, señor don nadie, juró como nuevo presidente constitucional de Ecuador.
¿Qué sigue? Nadie sabe qué sigue. Los pueblos del país andino continúan deliberando día y noche, sin mover el dedo del renglón: no al neoliberalismo, no al tratado de libre comercio, no a la dolarización, no a la entrega de los recursos naturales, no a la privatizaciones, no a la base militar de Manta, no a la inmunidad de las tropas yanquis, no al Plan Colombia, no al protectorado de Washington, no a los grupos oligárquicos financieros, no al racismo, no a las "comisiones de notables", no a los intelectuales vendidos, no a los partidos políticos tradicionales.
Una sola voz, "¡Que se vayan todos!", retumba en sierra, costa y Amazonia de Ecuador. "Que se vayan todos" y justicia para los responsables de la muerte de Julio García, cronista gráfico chileno-ecuatoriano caído cuando trataba de registrar atropellos impensables tres años atrás, cuando Lucio Gutiérrez concitó las esperanzas de un país abrumado de miseria y harto de confiar