Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

julio 10, 2006

Saber científico y Open Access

Saber científico y open access

Por Edgardo Civallero

Los próximos días 10–12 de agosto tendrán lugar en Buenos Aires las XIII Jornadas de Investigación y el II Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur. Dentro de tal evento, se presentará la BVS-ULAPSI, la Biblioteca Virtual en Salud de la Unión Latinoamericana de Entidades de Psicología, una propuesta de Archivo de Acceso Abierto. La entidad que ha servido de modelo y base a esta red de trabajo es la ReBAP, sociedades científicas, asociaciones, etc.

Para la efectiva construcción de la BVS-ULAPSI, cada país debe generar su propia Biblioteca Virtual, según el modelo y orientados por la BVS-Psi Brasil. En lo referente a Argentina, se espera configurar la red durante las Jornadas arriba reseñadas. Confío en que los organizadores tengan mucho éxito, y que los colegas argentinos se sumen a la idea.

Todos estos eventos se basan en una misma idea: la del Acceso Abierto y su relación con la gestión del saber.

El movimiento Open Access (Acceso Abierto) es un esfuerzo internacional por garantizar el acceso libre a la información actualizada, especialmente a la de índole científica. Se pretende que todos –todos– los miembros de la sociedad, sean cuales sean sus características y sus posibilidades, accedan libre y gratuitamente a los avances culturales y científicos universales.

Se trata, básicamente, de liberar el conocimiento. Este objetivo puede lograrse a través de dos estrategias principales: Archivos Abiertos (que almacenen textos enviados por sus autores y los pongan a disposición de los lectores) y Publicaciones de Acceso Abierto (que se publiquen en línea de forma gratuita). Ejemplos de la primera son las Bibliotecas Virtuales o los archivos de E-LIS; ejemplos de la segunda son las revistas incluidas en el DOAJ (Directory of Open Access Journals, Directorio de Revista de Acceso Abierto).

Por si no lo sabían, una gran parte del saber tecnológico y científico humano (información estratégica para el desarrollo socio-económico y cultural de este planeta) es usada con fines de lucro. Es decir, se compra y se vende.

Estoy seguro de que lo saben. Quién más o quien menos, alguna/o de ustedes habrá blasfemado contra los precios exorbitantes (¿30 dólares por artículo? ¿El sueldo de cualquiera de ustedes a duras penas alcanza para pagar 10 de ellos?) que editoriales como Elsevier o Springer ponen a las revistas verdaderamente valiosas. Quién más o quién menos, habrán sonreído al ver los títulos que incluyen las bases de datos (¿entiéndase EBSCO?) que buenamente permiten el acceso libre a textos completos: todos menos los más necesarios (pero a caballo regalado no se le miran los dientes, ¿no?). Quién más o quién menos, habrán participado en las redes de colaboración organizadas a través de toda Latinoamérica entre bibliotecas y bibliotecarios de distintas disciplinas (p.ej. listas médicas como ABBA) para el intercambio de recursos. Y, quién más o quién menos, sabrán de todos los hackers asiáticos y europeos que se dedican a destrozar las barreras de seguridad de las grandes vendedoras del saber y a facilitar los contenidos atesorados tras esas murallas a todo el mundo, al mejor estilo Robin Hood. (Aunque sea "ilegal" y mis palabras suenen a "apología del delito", debo decir que admiro a esos tipos de corazón...). Y sabrán también de todas/os las/os colegas (y sus usuarios) que se "benefician" del trabajo de esos hackers.

[Sí, sí, es ilegal, lo sé, pero más ilegal debería ser vender conocimiento, o vedar el acceso al mismo a los países y sectores sociales que no pueden pagarlo, y que son precisamente los que más lo necesitan... No, nadie declara eso como "fuera de la ley" porque muchos se enriquecen con ello, así que permítanme aplaudir a alguien que, por una vez en la vida, hace justicia].

Quizás ustedes piensen que los profesionales y académicos que publican tales conocimientos ganan un buen dinero con ello. Se equivocan: nada más lejos de la realidad. A grandes rasgos (siempre existen excepciones) cualquier investigador produce saber, investiga, reflexiona y construye por el bien del propio saber, por el bien de los destinatarios... Lo sé, suena utópico, pero en líneas generales es cierto. Otro día podemos discutir acerca de los beneficios que obtienen los científicos de su labor (nadie vive del aire...). El punto aquí es que, cuando un profesional envía un artículo científico / humanístico a una revista para que se lo publique, no lo hace esperando cobrar. Nadie le suele pagar por ello. Sin embargo, la editorial que publica la revista (incluso su versión en línea) cobra fortunas por el acceso al texto completo del trabajo.

Quizás lo peor es que los autores publican –o intentan publicar– en las revistas más apreciadas, con mayor status (esas que son, precisamente, las más caras, las más importantes, las más interesantes, las más necesarias... las más inaccesibles). Esto ocurre porque, a la hora de redactar sus CV, esos profesionales necesitan, por fuerza, tener un cierto número de publicaciones en revistas de alto ranking. En muchos casos, si desean obtener becas o subsidios para seguir investigando deben colocar sus textos en revistas con altos niveles de impacto. De esta forma, el mejor conocimiento, el más actualizado, el de avanzada, queda limitado por las murallas de unos pocos títulos que se venden a precio de oro. Los autores no suelen ver un solo dólar (es más, quizás no tienen más remedio que publicarlo ahí) y los editores lucran con un saber que les pertenece desde el momento en que los autores les ceden sus derechos (copyright) pero que ni produjeron ni mejoraron: sólo difundieron.

¿Qué ocurre con esto? Sencillo: pocos pueden pagar las suscripciones, así que pocos leen los trabajos. Los que los leen obtienen un conocimiento estratégico, mejoran sus vidas, son felices, etcétera.

Y los que no... pues no.

Pero ocurre que, con toda esta parafernalia de claves, contraseñas y altos precios que encadenan el saber y lo limitan a las manos de unos pocos privilegiados, los científicos comenzaron a notar que perdían visibilidad e "impacto", es decir, que poca gente sabía de ellos y de sus investigaciones. Y si era así... ¿para qué investigaban? Esto ocurrió cuando surgían las primeras redes electrónicas de información / comunicación. Pronto comprendieron que, si se trataba de lograr difusión, podían obtenerla ellos mismos usando Internet de forma hábil. Por ende, comenzaron a buscar espacios libres en donde publicar sus productos sin perder, por ello, seriedad y calidad. Y si bien siguieron publicando en las revistas, fue más que nada por el status y el CV. Así nació el movimiento Open Access, respetando la antigua tradición científica de difundir el conocimiento como objetivo prioritario del investigador, y aprovechando las nuevas herramientas de información y comunicación digitales. Y sumando un poco de ética y equilibrio a una "Sociedad de la Información" que parecía haberse olvidado de los más desventajados.

Con el Acceso Abierto se garantiza la igualdad de oportunidades en el acceso a la información. Se garantizan, por ende, muchas otras igualdades y oportunidades: de crecimiento, de desarrollo, de solución de problemas, de educación cualificada, de información actualizada...

Asimismo, en algunos casos se garantiza la libertad de expresión. Pues muchos archivos abiertos dan voz a aquellos que son silenciados por las ideologías dominantes, que deciden qué trabajos se publican y qué bocas deben ser amordazadas.

En resumidas cuentas, se busca que se deje de comerciar con lo incomerciable, y que, haciendo un uso responsable e inteligente de las tecnologías que están comenzando a dominar el mundo, se libere el saber de todos a todos, sencillamente porque tal saber fue creado para el bien común.

Se busca eliminar restricciones. Nada más. Y nada menos.

Se busca también que se haga un uso razonable e inteligente del derecho de autor, un derecho del cual se aprovechan en forma tiránica muchos editores.

En el caso que cité al principio de este texto, estamos hablando de una propuesta de Archivo de Acceso Abierto enfocada a la Psicología, pero en nuestra profesión bibliotecológica existe una propuesta similar (E-LIS), y hay muchas otras en diferentes disciplinas científicas y humanísticas.

Creo profundamente y por instinto en la filosofía que subyace al movimiento de Acceso Abierto. Y me aferro a esas ideas –y las difundo, y las trabajo, y las enseño– cada día más, en especial cuando veo a futuros médicos (residentes en hospitales públicos, ganando 100 o 200 dólares) sin posibilidades de acceder a recursos actualizados de información que garanticen su adecuada formación. O a futuros ingenieros, o a futuros biólogos, estudiando con libros de hace 10 años "porque no hay dinero para comprar las ediciones nuevas o para pagar las suscripciones". Es en esos momentos cuando comprendo que de esa forma la salud, la educación, el crecimiento y el progreso de un país y de un continente se desvanecen. Es allí cuando me siento de este lado de una gran brecha, de una enorme muralla. Es allí cuando recuerdo las bibliotecas y los usuarios de ciertas bibliotecas europeas –visitadas durante mis viajes– y las profundas diferencias con las nuestras. Y se me hace un nudo en el estómago, y se me llenan los ojos de rabia. Y es allí cuando más me aferro a mis ideales de libertad y de anarquismo.

Y quizás sea en esos momentos cuando más admiro a los pocos que tienen el coraje de burlar –aunque sea ilegalmente– las condiciones nauseabundas que imponen los traficantes de conocimiento. Y darle alas a un saber que nació para volar.

Ilustración.