Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

agosto 08, 2006

Cuaderno de viaje: - 04

Cuaderno de viaje

Por Edgardo Civallero

¿Así que Gutenberg fue el padre de la imprenta? Ajá. Me temo que mi antigua profesora de "Historia del Libro" va a tener que incinerar todos los ejemplares de un tomito recopilatorio que nos obligaba a comprar y a estudiar para aprobar su materia (algún día me explayaré sobre tal "tomito" y esas prácticas de venta que se aprovechan de una cátedra académica para sacar partido económico de cualquier porquería). Sin embargo, ella no tiene la culpa de haber escrito y enseñado semejante barbaridad: la cultura occidental europeizada, en su arrogancia, aún se cree la creadora y la inventora de cosas que hacía rato que estaban inventadas... en otras partes del mundo.

[Pero... ¿qué podemos esperar de gentes que se aún se creen los "descubridores" de tierras hacía tiempo descubiertas y habitadas? ¿O que definen elementos como "libro" de acuerdo a sus propios parámetros históricos y culturales, olvidando que otras civilizaciones tuvieron los propios, tan válidos y con tanta trayectoria e importancia como el que más?]

En fin. La primera imprenta de tipos móviles del mundo fue inventada en Corea en 1232, de acuerdo a los registros del palacio de Goryeo. Un simple cálculo numérico nos permite ver que eso ocurrió un par de siglos antes de la "idea" de Gutenberg. El texto más antiguo que se conserva impreso con tales tipos es el "Jikki", un libro con las enseñanzas de Buda y grandes monjes budistas, agrupado en dos volúmenes y realizado en el monasterio de Heungdeok, en Cheongju, en 1377. Si bien el primer tomo se perdió, el segundo está conservado en la Biblioteca Nacional de Francia. ¿Por qué está allí y no en Corea? El volumen fue llevado a finales del siglo XIX a Europa por Collin de Plancy, que sirvió como ministro representativo de Corea. En 1911 el "Jikki" fue comprado por Henri Vexer, un famoso coleccionista, y a su muerte fue donado a la Biblioteca. Allí se conserva desde entonces, en condiciones especiales, clasificado como impreso valioso.

[Dejo para otro día un par de opiniones sobre la costumbre decimonónica europea de apropiarse de patrimonio cultural extranjero y llevarlo a su país, costumbre que aún continúa de la mano de coleccionistas privados y con la ayuda de criminales que despojan a nuestras tierras de su más preciado bien histórico y cultural para venderlo por unas monedas].

En 1972, en la Exhibición del Libro en conmemoración del "Año del Libro", el Dr. Byung-sun Park presentó al "Jikki" como el libro impreso mediante tipos móviles más antiguo del mundo, descalificando así a la famosa "Biblia" de Gutenberg (es curioso que ambos textos sean religiosos, ¿verdad?). El documento ha sido registrado en el Programa "Memoria del Mundo" de la UNESCO, y desde 2005, existe un Premio bianual con su nombre, destinado a todos aquellos que han contribuido a la preservación y accesibilidad de patrimonio documental ("UNESCO / Jikki Memory of the World Prize").

En la exhibición de IFLA Oslo 2005 tuve la oportunidad de ver como se imprimían las páginas del "Jikki" en la forma original (reproducciones modernas) sobre el papel tradicional coreano, y aún conservo una muestra de la misma, realizada ante mis propios ojos. Un pequeño "suvenir" de la exposición que, ante mis ojos, representa un enorme tesorito.

Los coreanos ya usaban tipos de madera en 751 (de hecho, el primer documento impreso conocido en el mundo fue una escritura Budista realizada en ese año, con esos tipos). El desarrollo de tipos metálicos permitió que los mismos resistieran más tiempo y más impresiones sin ser descartados y reemplazados por bloque nuevos.

[Anoto estos datos históricos para aquellas/os docentes que aún sostienen, en sus clases, que no hay pruebas tangibles de que la imprenta naciera en Corea. Ahora deberán buscar otra excusa para explicar su ignorancia ante sus alumnas/os].

Pero no fue éste el único invento de los coreanos. El hangul, uno de los alfabetos fonéticos más precisos del planeta, fue desarrollado para la lengua coreana en 1443, bajo el auspicio del rey Sejong. Pocos alfabetos tienen una letra para cada sonido, y un sonido para cada letra. El nuestro, por ejemplo, es complicadísimo: "ca" y "ka", "ge" y "je", "ci" y "si", "o" y "ho" demuestran que sobran letras, y, a la vez, combinaciones como "güe" y "gue" y "que" y usos aberrantes de "be" y "ve" o "se" y "ze" demuestran una economía rara del alfabeto. Esas cosas no ocurren en el coreano. Afortunadamente para ellos.

Uno de los primeros relojes de agua automáticos del mundo fue creado en aquellas tierras por Chan Young-sil, en 1434. El mismo inventor desarrolló un modelo posterior, más avanzado, que incorporaba elementos astronómicos y buena cantidad de calibres e indicadores.

Los coreanos poseen, además, el observatorio astronómico más antiguo en la faz de la tierra: el Cheomseongdae, construido en 633. La seda y la porcelana turquesa de estas regiones eran reconocidas y apreciadas como las mejores incluso por los propios chinos. Lo mismo ocurrió con sus vidrios, su papel... y sus espadas. Y sí... no todos fueron inventos pacíficos: los coreanos inventaron los primeros barcos de guerra acorazados de hierro (Geobukseon, "barcos-tortuga"), las primeras granadas de tiempo con esquirlas de hierro (Bikeokjinchonlae) y el predecesor de la ametralladora, la hwa-cha, que escupía simultáneamente proyectiles varios, como balas de cañón y flechas de fuego ("modernos los antiguos, ¿no?" diría mi siempre citada Mafalda).

Aún cuando el desarrollo cultural y tecnológico coreano decayó y se vio casi anulado durante el periodo de guerras y ocupaciones extranjeras (de eso les hablaré mañana), los esfuerzos del presidente Park Jung-hee (1961-1979) llevaron a que hoy en día ese país sea la décima economía más grande del mundo, y lidere el ranking de conexiones de Internet de banda ancha per cápita. Es un tremendo productor de telefonía celular y pantallas de plasma, y es la segunda economía del mundo adoptando nuevas tecnologías de consumo.

En pocos días me veré inmerso, pues, en una sociedad creativa, pujante, con un tremendo nivel de desarrollo tecnológico y económico. El punto, una vez allí, será reconocer al pueblo que habita tras esa fachada: la gente, las mujeres, los hombres, los niños, los ancianos... Conocer y aprehender la cultura, la música, los sueños, la vida cotidiana, más allá del grado de exotismo que puedan ostentar a mis ojos o a los de cualquier "occidental" de visita en aquellos parajes. Dado que deberé estar allí casi tres semanas (una semana previa de reconocimiento y participación en un Satellite Meeting sobre bibliotecas de Salud; la semana de la Conferencia central; y una semana posterior, de nomadeo, esperando al último día de mi estancia, cuando daré una conferencia sobre instrumentos musicales en una Universidad de Seúl), creo que tendré horas de sobra para encontrarme con ese pueblo, con sus cantos, con sus historias, con sus cuentos, con sus juegos, con su arte, con sus calles, con sus hostales y con sus jóvenes.

Espero ser capaz de entender, y de no comportarme como un extranjero más, de mente cerrada, obnubilado por las apariencias. Espero ser capaz de ir un poquito más allá de lo típico y lo folklórico (aunque no dejará de llamarme poderosamente la atención). Y espero poder contarles un poquito de lo que vea.

Continuaré aprendiendo algo del idioma. Nos vemos mañana mismo por estos espacios virtuales. Hasta entonces, un abrazo...

Ilustración.