Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

agosto 22, 2006

Cuaderno de viaje 07: domingo 20 de agosto

Cuaderno de viaje

Por Edgardo Civallero

El Bongeunsa, el templo budista que se alza frente al COEX y que les describiera ayer, se ha convertido en mi lugar favorito en esta ciudad, entre orquídeas blancas y ruido de cigarras. Desde allí me preparé para ingresar al enorme Olimpic Hall de la mega–estructura de convenciones y congresos de Seúl, para el acto inaugural del Encuentro de IFLA 2006.

Las medidas de seguridad fueron severas, debido a que asistieron al evento varios mandatarios locales, y por ende no se quería dejar ningún detalle librado al azar. Chequeo de pasaportes, de pertenencias e incluso de cámaras fotográficas, detectores de metales manuales, todas esas barreras tuvimos que superar los delegados antes de ocupar nuestros asientos en la enorme sala en la cual se levantaba un escenario magnífico, flanqueado por enormes pantallas. La sesión de apertura tenia traducción simultánea (pocas sesiones la tienen) así que los aparatos de traducción (similares a radios, con auriculares) se encontraban sobre cada asiento.

[Se tradujo al inglés / coreano, al francés, español, alemán y ruso, y también, dada la especialidad del encuentro, al chino mandarín. Normalmente solo se traduce a los 5 idiomas oficiales de IFLA, pero este año el congreso tiene características idiomáticas muy particulares, que no se pueden desconocer].

Después de las presentaciones musicales y audiovisuales de rigor, el discurso inicial estuvo a cargo de Alex Byrne, el actual presidente de IFLA, que este año termina su mandato (dos años; la nueva presidenta se llama Claudia Lux). Byrne ha hecho mucho hincapié, durante su presidencia, en el conocimiento indígena y en la alfabetización informacional. En su discurso, usó una buena metáfora. Relató que la invención de los tipos móviles metálicos en Corea, en el siglo XIII, se produjo por el incendio del palacio de Goryeo, en el cual se conservaban valiosos documentos. Ante la necesidad de reponerlos rápidamente, se crearon los tipos móviles. Por ende, de la destrucción surgió el cambio y la innovación. Byrne hablo de la destrucción que sufre el mundo hoy en día, del intento de establecimiento de una "Republica del Miedo" en donde la intolerancia lleva a la lucha de hermanos contra hermanos. Habló con mucha vehemencia acerca del rol que debe jugar la biblioteca en estos tiempos oscuros, buscando lograr una sociedad más tolerante mediante la definición de identidades más claras y de vínculos multiculturales más sólidos.

A la vez, hizo hincapié en los resultados de la WSIS (Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información) que tuvo lugar en Túnez en marzo 2006, y que se ajustan a los logros del milenio planteados por la UNESCO: "libertad para saber, posesión del saber". Es decir, libre acceso a la información, y libre gestión de la misma. Esta es la única manera de garantizar el desarrollo de una sociedad sana y estable.

Byrne terminó su discurso diciendo que, al igual que con el palacio de Goryeo, deseaba que los desastres humanos actuales llevaran al desarrollo, en el mundo bibliotecario, de nuevas tecnologías, nuevas herramientas y, sobre todo, nuevas formas de pensar.
[Espero que las últimas cuatro palabras hayan sido entendidas por algunas/os colegas que aun mantienen formas prehistóricas de pensamiento bibliotecológico. El mundo se mueve, y no solo en Seúl, ni en el ámbito de la IFLA. El mundo también se mueve en nuestro continente, y los cambios que debemos realizar no deben adaptarse a las circunstancias que nos dicten las potencias, sino a las nuestras propias, a las de nuestros usuarios. Debemos brindar información para su desarrollo.
Por cierto: es lamentable que tengamos que basarnos en desastres para actuar].


Acto seguido le tocó el turno a Ki–Nam Shin, el presidente del Comité Organizador Nacional, que no dijo nada relevante, excepto dar una cordial bienvenida y alegrarse porque muchos delegados de "países en desarrollo" pudieron estar presentes.

[Aquí, yo hervía en mi silla. En principio, por el uso del término "en desarrollo", que me sigue pareciendo peyorativo. En segundo lugar, por alegrarse por tal cosa, como si fuera un milagro y una bendición, cuando debería ser normal. Y no, no lo es: los costos de estos Congresos están pensados para gente con alta disponibilidad de dinero... y los que podemos venir sin poseer vil metal debemos rogar por una beca y considerarnos agraciados si la obtenemos].

A continuación se lució el alcalde de la ciudad de Seúl, Se-hoon Oh, el cual, aún siendo político, hizo un análisis bastante realista del poder de la información. La consideró un elemento crítico en el progreso de las naciones, una clave para el desarrollo académico, un tesoro de conocimiento valioso. Y aseveró que el número de bibliotecas de una región es un indicador preciso del grado de bienestar que tal población ha alcanzado. Y por bienestar, no solo se refirió al económico. Refirió que en Corea el aumento del número de bibliotecas fue de un 5000 % en los últimos 5 años.

[Sí, lo sé. Están pensando que los coreanos tienen dinero para lograr tal meta. Yo les diría que los coreanos tienen buenos dirigentes, que en vez de poner el dinero del pueblo en cuentas de las islas Caimán o de Suiza lo invierten en su propio bienestar. Pero en fin...].

El alcalde Oh refirió que para 2011 es el deseo de Corea tener una biblioteca en cada pueblo. Aquí fue evidente el compromiso de todos (no solo de los bibliotecarios, sino también del Gobierno) para el logro de tal objetivo. La unidad en torno a tal tema es algo que salta a la vista en los análisis que he tenido la oportunidad de hacer aquí: no se habla de iniciativas individuales, sino de iniciativas en las que participan todos los sectores.

A continuación siguió una presentación audiovisual de la historia del libro y la imprenta coreana, que nos refirió los avances desde el siglo VIII (primeros escritos religiosos budistas usando bloques de madera) hasta 1908 (el primer magazine coreano, Sor Nyun) o 1925 (el primer libro de poesía, "Flor de Azalea", escrito por la mayor poetisa coreana, Kim Sor-wol). Hubo música tradicional coreana, con instrumentos de cuerda y un conjunto de tambores (el grupo Gong Myung) que nos hicieron vibrar la médula de los huesos (los tambores coreanos son golpeados con verdadera pasión en ritmos complejos, asemejándose mucho a los famosos "daiko" japoneses).

Y finalmente habló Dae-jung Kim, premio Nobel de la Paz 2000 y ex-presidente de Corea.

Este pequeño gran anciano pasó varios años de su vida en prisión por sus ideas políticas opositoras, escribiendo y leyendo. Bromeando, dijo que los libros habían sido sus únicos compañeros durante su cautiverio, y que, a pesar de que le brindaron la cultura que él tenía, prefería compañeros que respondieran cuando les hablaba. Aseguró que ha llegado el momento en que la biblioteca debe asumir un rol de real importancia en la historia de la humanidad. Si bien hasta ahora ha cumplido interesantes roles, no han sido más que puntos secundarios. A partir de ahora debe almacenar y recuperar toda la información existente, y acercarse a sus usuarios en todos los ámbitos y a través de todos los medios posibles, logrando el ideal de la "biblioteca ubicua".

[He leído este término varias veces ya. Les prometo que haré referencia al concepto apenas tenga un tiempo para explayarme sobre el mismo, pero les anticipo que es la palabra "de moda" ahora en el ámbito de la información: una biblioteca que esté en todos lados y que pueda ser accedida por todos. Es decir, virtual].

Kim estableció que la economía actual gira en torno a patrimonio cultural intangible, y que por ende los bibliotecarios poseen un gran poder entre sus manos. Afirmó que la pobreza es el origen de muchos de los males de este mundo, y que a través de la información, tales necesidades podrían ir siendo solucionadas y superadas (quizás olvidó que el hombre es un lobo para el hombre, y que hay muchos intereses creados respecto a la pobreza ajena, pero no soy quien para hacer apostillas a un Premio Nobel). Además, y haciendo referencia a la "Sociedad del Miedo" citada por Byrne, Kim apuntó que la biblioteca puede generar espacios de comprensión intercultural, lo cual permitirá ir eliminando lentamente el terrorismo y la violencia.

Con estas palabras e ideas (más que discutibles, por cierto), el acto se dio por terminado, no sin antes oír el himno de este Congreso IFLA 2006, llamado "Guiando nuestros sueños", una elegía a los bibliotecarios creada expresamente por un poeta y un compositor coreanos e interpretada por la Orquesta Sinfónica de Seúl y el Coro SMMC.

A partir de ese momento, comenzaron las sesiones. Al mismo tiempo, y en distintas salas, se desarrollan sesiones coordinadas por diferentes secciones, centradas en distintas temáticas. Tales sesiones suelen incluir entre 5 y 7 conferencias, con rondas de preguntas y coloquios integradores finales. Por ende, uno debe decidir qué es lo que quiere oír... y perderse 3 o 4 sesiones quizás interesantes. En realidad, los contenidos están en Internet dos meses antes del Congreso, pero es bueno oír la charla en directo porque se pueden hacer preguntas al orador, a la vez que conocer el trabajo de otros asistentes a la sesión. Por regla general, y como bien se comprenderá, los que asisten a tales sesiones están interesados en el mismo tema y provienen de todo el mundo. Por ende, hacer contactos y amistades interesantes en esos ambientes es, quizás, lo más valioso. A su vez, realizar aportes al conocimiento que se expone, desde un marco regional, es también muy importante, para ayudar a ampliar el espectro de conocimiento manejado.

Decidí asistir a la sesión coordinada por UNESCO, llamada "Foro Abierto", en el cual se trataría el tema de la World Digital Library (Biblioteca Digital Mundial). Esta propuesta, encarada por UNESCO desde hace años, permitiría recuperar la cultura del planeta y ponerla a disposición de todos. Los oradores expresaron que, dentro de la "Sociedad del Conocimiento" (un concepto impulsado por UNESCO) la idea de "biblioteca" ha ido cambiando y ya excede el simple espacio físico: ahora, junto a las escuelas, la biblioteca es la que debe construir una Sociedad del Conocimiento igualitaria, que, por lo que se puede ver, pretende cimentarse en la creación de bibliotecas digitales. Estos elementos, según los oradores, parecen ser indispensables para lograr el mundo de la sociedad del conocimiento, garantizando la libertad de acceso y expresión.

Se presentaron varias experiencias, ente ellas la de la Biblioteca del Congreso estadounidense, y todas coincidieron en señalar los mismos puntos: intento de recuperar la cultura humana basándose en las principales culturas y lenguas, y en los principales textos representativos de tales culturas; digitalización de tales documentos y organización de bibliotecas en línea que permitieran acceder la cultura a todo el mundo.

Terminada la sesión, salí del COEX. Decidí que por el día de hoy estaba bien, y aquí me tienen, escribiendo. A lo largo del camino –mirando a los pobres pidiendo limosna en las estaciones de metro, a los ciegos cantando y pidiendo una moneda, a los vendedores ambulantes, a las madres cuidando a sus niños...– iba pensando en las estructuras mentales de aquellos que oí hablar. Parecen no darse cuenta de que existe una gran parte del mundo que jamás podrá alcanzar un nivel de vida suficiente como para poseer una biblioteca digital. Me recordaron a los novelistas de ciencia ficción de un pasado cercano, que nos pintaban un año 2000 plagado de prodigios. Me asusta que estos responsables de las políticas internacionales de bibliotecología estén tan ciegos. También me asusta que las miles de culturas minoritarias de este planeta –a las que siempre defiendo por ser la base de nuestra mayor riqueza como humanos: nuestra diversidad– sean siempre sistemáticamente olvidadas en los mayores mega-proyectos de bibliotecas virtuales (así como se las olvida siempre en los sistemas de clasificación bibliotecológicos más importantes). Me preocupa mucho que sean personas como esas las que dispongan del poder para escribir manifiestos, para emitir condenas, para anotar resoluciones, para firmar documentos importantes... Porque parecen estar ciegos ante los dolores de un mundo que padece.

Mientras caminaba, masticando algunas croquetas que le compré a una anciana en un puesto callejero, ya en mi barrio popular, me sonreía pensando en los miles de errores de organización que padece este Congreso, ya en su primer día. Y confié en que no fueran demasiados, y en que, al menos, no complicaran la vida a los ponentes. Porque mañana expondré mi segundo trabajo (en la sección de Bibliotecas Infantiles)... y me aterroriza pensar en problemas técnicos u organizativos.

Despacito, despacito, mis pasos me trajeron aquí. Hay mucho más para hablar, mucho más para contar. Pero hay mucho tiempo para hacerlo. En principio, esto ha sido un paupérrimo y brevísimo resumen de lo más importante de una velada que abre un encuentro que, espero, este plagado de buenas experiencias.

Los veo por aquí mañana. Hasta entonces, un fuerte abrazo desde este lado del océano.

Ilustración.