Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

agosto 23, 2006

Cuaderno de viaje 09: martes 22 de agosto

Cuaderno de viaje

Por Edgardo Civallero

Un manto de niebla gris se extendía sobre el río Han, mientras lo cruzaba temprano, asido a las manijas que pendían del techo del metro. El horizonte apenas si se veía por las ventanas: solo se percibía una línea gris desdibujada, siluetas de edificios altos y algunas de las montanas que emergen, como islas verdes, entre el mar de cemento de esta urbe.

Los habitantes de esta gran ciudad iban durmiendo en sus asientos, dirigiéndose a sus ocupaciones del día, mientras muchos otros leían. Es impresionante la presencia de la lectura en las calles de esta ciudad, especialmente en las manos de niños y adolescentes. Es también muy interesante comprobar cómo la población –por joven que sea– busca informarse de las noticias del día. Poca violencia encontraran entre las mismas: Seúl es la ciudad más segura que he visto en mi vida. La seguridad se siente en la piel, y basta con caminar por cualquier rincón unas cuadras para darse cuenta de que uno no corre el peligro que correría en otros puntos del mundo. Muchos compatriotas se asombrarían al ver las enormes pantallas de plasma que están, sin protección alguna, en las estaciones de metro. También se asombrarían al comprobar la escasa presencia de la policía.

Mientras el metro me marcaba su ritmo, recordaba la noche del lunes, en la cual los participantes del Congreso de IFLA disfrutamos de la recepción que nos proporcionara el Ministro de Cultura y Turismo de Corea en el Pacific Hall del COEX. En la misma, el propio Ministro, Myung-gon Kim, nos recibió con un discurso en el cual enfatizaba el progreso que las bibliotecas han tenido en Corea desde que se comenzó la informatización de las mismas en 2000 y desde que se lanzo el programa Small Libraries para que cada comunidad tuviera la suya. Remarcó que la biblioteca tiene, hoy por hoy, un lugar importante en la vida cotidiana de los coreanos (algo de lo que no nos podemos enorgullecer muchos). De hecho, dada la importancia del asunto, se está formando un comité presidencial para ocuparse de la coordinación de los principales aspectos concernientes a redes de trabajo, presupuestos, políticas y servicios.

Tras tales palabras, y después de una opípara cena en la que degustamos los mejores platos de la cocina tradicional coreana (estilizados al gusto europeo, y carentes por ende del gusto popular, mucho más picante) y contemplamos la preparación de algunos de ellos en directo, presenciamos la representación de una selección de escenas de un musical titulado Gokdu-byulcho. Este musical ha sido producido por el Centro de Arte y Cultura de Ansam, y recoge una tradición histórica local poco conocida: la creación de un ejército (byulcho-gun) de artistas vagabundos (gokdu) para combatir a los invasores chinos. La puesta en escena, preciosa, fue acompañada por música en directo, interpretada por una orquesta tradicional, compuesta exclusivamente por instrumentos de cuerda, viento y percusión coreanos.

Así inicie mi día, con buenos recuerdos de una noche pasada que se había cerrado con baile multitudinario al ritmo de la música disco de los 90. La imagen de cientos de bibliotecarios saltando y moviéndose a ese ritmo es algo inolvidable, que rompería muchos estereotipos.

Mi día martes inició con una visita a la sesión de la Sección de bibliotecas para personas discapacitadas, que estaba centrada en el problema de la dislexia. Dado que no fue de mi gran interés (y que podía leer luego los textos bajando los documentos del sitio de IFLA), me hice una escapada a una sesión simultánea, la de la Sección de bibliotecas agrícolas. Esta se centraba en experiencias puntuales de difusión de información en algunos países "en desarrollo" (Sri Lanka, Botsuana, Túnez, India). Terminada esta, y un poco aburrido, vagué un rato por los anchos y alfombrados pasillos del COEX, viendo el ir y venir cansino de los pocos colegas madrugadores (muchos estarían paseando y haciendo compras por los mercados de Seúl...). Recordé que la presidenta electa, la berlinesa Claudia Lux, había convocado una tormenta de ideas para definir una agenda de trabajo para su mandato. No participé, sino que observé atentamente la labor de las distintas mesas, y al final... sí, colegas, al final muchos coincidieron en señalar la importancia del trabajo en bibliotecas digitales (otras líneas temáticas fueron conocimientos indígenas, libertad de expresión y acceso a la información).

[Este fervor por las bibliotecas digitales se nota mucho en Latinoamérica, en donde, para el año que viene, el Congreso Iberoamericano de Bibliotecología tiene como título "Bibliotecas digitales". Sigo repitiendo, y lo haré hasta el cansancio, que la digitalización de las bibliotecas está muy bien, pero que no debe olvidarse que proporcionamos un servicio. Realmente parecemos fascinados ante un espejismo, y creo que, en tal situación, estamos perdiendo el rumbo].

A mediodía me hice una escapada al área de Exposiciones (en donde seguía el trajín de promoción de servicios) para colocar mi póster, dado que, entre hoy y mañana tendrá lugar la exhibición de los mismos. Me dirigí, pues, al lugar que nos habían asignado (el fondo del salón, en un lugar bastante apartado)... y coloqué mi trabajo.

[Aquí hago un paréntesis para comentarles que, normalmente, preparo pósteres realizados a mano, en papel mache, totalmente artísticos. El punto es captar la atención del que pasa, encandilado por tanta información. Una vez captado el oyente, la información valiosa se le entrega en un panfleto de mano, explicándole, a grandes líneas, cual es la idea del proyecto. Así trabajo yo. Mi propuesta de este año fue "memoricidio". Llevaba para ello un hermoso póster. Sin embargo, el trabajo no sobrevivió al viaje, y llegó totalmente destrozado. Por ende, me fue preciso improvisar. Y lo hice. Pegué un pequeño trocito de papel a la enorme tarima blanca, y debajo coloqué un cartelito que decía que ese pedazo de ceniza era parte de un póster que contenía información valiosísima y bellas imágenes, y que el autor lo había quemado a propósito para demostrar en la práctica los terribles efectos del memoricidio. Y que aquel que quisiera más información podía tomar un panfleto. Fue el póster más barato de mi vida: no me costó nada. Y también fue el más efectivo: a la hora de haberlo puesto ya se había corrido la voz del "postercito" y me habían sacado no sé cuántas fotos, y había recibido no sé cuántas felicitaciones por la originalidad de la idea... Si ellos supieran la historia verdadera...].

Las sesiones de pósteres suelen ser las grandes olvidadas en los Congresos. Suelen ser colocadas en horarios intermedios (en los que todo el mundo se va a comer) y en sitios inoportunos (apartados, sin luz, pequeños, poco marcados). Los pósteres, además, no suelen estar nunca bien realizados. Por lo general son densos textos ante los cuales pocos se detendrían. En este caso de Seúl, existe un problema agregado: la mayor parte de la audiencia es asiática, y pocos hablan inglés correctamente (algo que también ocurre en nuestro continente). Muchos ni siquiera lo hacen (incluyendo a muchos organizadores y voluntarios). Casi todos los pósteres y ponencias están en inglés (único medio de comunicación común). Por ende, pueden imaginarse ustedes las complicaciones que se están generando en este evento, y que pueden conducirlo a un cierto "fracaso".

[Ya que estamos en el terreno de las críticas, debo anotar además que la organización es un tanto desastrosa, que hay muchas cosas que no se han contemplado, que los servicios de información y traducción son deficientes... En fin, es lo que hay].

Después de las dos horas de rigor acompañando mi póster, me fui corriendo a la sesión de la Sección África, que trabajó sobre conocimiento indígena, con excelentes ponencias que trataron el tema del copyright y el saber aborigen (un tema verdaderamente candente), los retos de conservación del saber nativo, el rol de las bibliotecas y las universidades en tal trabajo. Desde la presidencia de Kay Raseroka, y ahora con Alex Byrne, IFLA ha hecho mucho hincapié en la recuperación del saber ancestral y en el rol de la biblioteca en tal labor. Y esto se nota en muchas de las actividades planteadas en estos encuentros.

Otra de las líneas de acción planteadas por Byrne es alfabetización informacional, dado que todo este ambiente digital que está dominando la escena bibliotecológica actual no serviría de nada si los usuarios no supieran emplearlo. Por ende, hay que ocuparse de educarlos al respecto. Saliendo de la sesión africana, me dirigí precisamente a la sesión de alfabetización informacional, en donde se presentaron algunas experiencias puntuales.

Caminé luego por las calles, mirando a las madres y a los padres con sus hijos. La protección y el cariño que se les brinda a los pequeños por estos horizontes es algo hermoso de presenciar. Es la misma que le dan a los árboles (cuyos troncos, en especial si son pinos, se vendan antes de trabajar cerca de ellos) y a las flores (que, hasta ahora, no he visto cortar jamás). Me pierdo por los callejones, entre esta neblina que vuelve aun más tenue el ambiente citadino, y me pregunto si verdaderamente estos encuentros tienen un propósito, un sentido. A veces pareciera que las verdaderas experiencias, las que valen, quedan fuera de estos ámbitos. Pero me consuelo, mientras me pierdo por las callejas del Imsa-dong, pensando que al menos ciertas ideas o ciertas informaciones transmitidas desde estos eventos y a través de sus participantes, pueden despertar propuestas en algún rincón del mundo, y ser, por ende, útiles.

La tarde va cayendo, y llovizna. Los ginkgos balancean sus hojas triangulares, y las cigarras han callado. Definitivamente, la mejor enseñanza de este viaje la estoy obteniendo en estas calles, que me permiten pensar en paz.

Un enorme abrazo desde estas costas orientales... Nos leemos mañana.

Ilustración.