Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

agosto 23, 2006

Cuaderno de viaje 10: miercoles 23 de agosto

Cuaderno de viaje

Por Edgardo Civallero

Los abanicos se abrieron lentamente, formando una frágil y sonriente flor de tonos rosados, temblando al ritmo de flautas y cuerdas milenarias. Ellas se movieron grácilmente, como verdaderas flores humanas bajo el viento, y ese sonido y esa imagen se me clavaron en la garganta y me llenaron los ojos de una neblina de emoción que aun no me puedo quitar.

Fue en la noche del martes, en la velada cultural que nos ofreciera la organización del evento de IFLA (hasta ahora, la actividad más acertada que he presenciado en todo este Encuentro). Fue en el Centro Sejong de Artes e Interpretación, en pleno centro de Seúl, un edificio grandioso que simulaba una antigua casa tradicional coreana. Allí, en un escenario incomparable, bordeado por uno de los órganos más grandes que he visto en una sala de teatro, la Compañía Nacional de Changgeuk (interpretación tradicional), la de Danza y la Orquesta Nacional nos deleitaron con un repertorio inolvidable.

[Es preciso señalar que la Orquesta Nacional está compuesta únicamente por instrumentos tradicionales coreanos].

El repertorio comenzó con soojaecheon, música cortesana, de cadencias suaves, pobladas de sonidos de flautas agudas y cuerdas de seda. El telón de fondo era un antiguo grabado oriental de tonos sepias, mostrando montanas, transportándonos a las eras de los grandes reyes que se deleitaban oyendo precisamente esos sonidos. Tras ello, presenciamos una marcha marcial, con estandartes y ritmo más marcado, llamada gugunak. Luego se presentó en escena el cuerpo de danza, mostrándonos las figuras de un baile extremadamente delicado, casi etéreo.

Lo que siguió fue impresionante: una sesión de pansori, uno de los estilos nacionales más auténticos y arraigados; una mezcla de narración y canto a través de la cual una mujer lanza al aire una historia, entre exclamaciones, giros vocales y una exquisita técnica de canto ancestral, mientras un músico, provisto de un changu, la acompaña, completando a veces el relato con interjecciones o preguntas. A continuación, un enorme barco se desplazó por el escenario entre un mar de humo, y los navegantes entonaron un canto de marineros de las costas del sur.

Hasta aquí la primera parte. La segunda nos erizo la piel: una danza titulada "Sangomu, ogomu", en la cual más de 40 tamboreras (la mayoría eran mujeres) alineadas en tres filas, rodeadas por estructuras verticales de madera que ponían a su alcance alrededor de 6 tambores, golpearon los parches a un ritmo estremecedor, realizando, además, combinaciones y figuras de danza, todas sincronizadamente. Me encantó ver el rol femenino en esta danza / interpretación: de apariencia frágil y delicada, estas damiselas golpearon con total pasión, casi salvajemente, los antiguos tambores coreanos. A ello siguió otro espectáculo sobrecogedor: la danza de los abanicos o buchaechum. Siguió una interpretación de la Orquesta Nacional acompañando a 4 músicos tradicionales con tambores, que tocaron nongak (música campesina, de ritmo infernal). Los músicos tocaban como poseídos por todos los antiguos demonios del taoísmo, con las piernas cruzadas en posición de yoga, con tambores, pequeños platillos y un gong.

Y para terminar, aparecieron en escena los gigantescos tambores (quizás de más de dos metros de alto, y con parches del mismo tamaño) y se interpretaron todas y cada una de las danzas de tambor de Corea, ensambladas en una sola suite. Así, un grupo tocaba música religiosa y acto seguido se encadenaba con mujeres jugando, seguidas por hombres en cosecha o en danzas de amor...

Decirles que salí con la vista llena de imágenes y el pecho lleno de sonidos es poco. Fue, realmente, una noche inolvidable.

El día miércoles estuvo lleno de actividad. Lamentablemente, entre hoy y mañana están programadas las visitas guiadas que organiza IFLA, y por ende hubo poca gente en las charlas. Mi día comenzó con una breve visita a la sesión de la Sección América Latina y el Caribe. Sin embargo, las presentaciones de los colegas latinoamericanas brillaron por su capacidad de aburrimiento, así que me lancé a los pasillos buscando una reunión que el Presidente de IFLA, Alex Byrne, convocó para crear una nueva Sección sobre conocimiento indígena. En la reunión había escasa audiencia (no más de 20 personas) así que la propuesta fue aplazada. A las 10:45 (cuando comienza la segunda tanda de sesiones) yo ya me encontraba en la que organiza la Sección a la que pertenezco (Poblaciones multiculturales), reencontrándome con mis viejas colegas y amigas, y conociendo un poco sobre experiencias multiculturales en Asia, más precisamente en Japón y China. Lamentablemente me perdí una sesión simultánea sobre bibliotecas de arte que me interesaba mucho. Pero así se maneja este Congreso.

De 12 a 14 tuve que pararme dos horas frente a mi "póster", repartiendo mis últimos folletos y explicando a la audiencia –que se detenía a curiosear que era aquel pedazo de ceniza pegado al panel blanco– de qué se trataba el memoricidio (muchos creían que yo mismo había inventado esa palabreja). Tuve que explicar a los organizadores la contingencia que tuve que enfrentar con mi póster original (dado que esta "improvisación" no cumple con ninguna de las normas previstas por IFLA) y obtuve como respuesta una franca sonrisa y unas felicitaciones por mi "creatividad" al superar tal problema.

A las 13:45 me escape de la sesión de pósteres (que termina hoy) y me fui a la sesión organizada por la Sección de Bibliotecas de Ciencia y Tecnología, en la cual se trató nuevamente el concepto de "biblioteca ubicua", es decir, biblioteca virtual en la cual el "informacionista" tiene el rol de garantizar el acceso y la circulación libre de conocimiento para todos.

[Reitero que este "todos" incluye únicamente a la parte del mundo que sabe leer y escribir y que puede, además, darse el lujo de tener una computadora. Quizás para ustedes resulte común tener acceso a Internet o conocer el manejo de una PC, pero les aseguro que, después de vivir muchos meses en comunidades rurales e indígenas –las que abundan en mi país y mi continente– he aprendido a agradecer incluso el tener agua corriente, cama limpia, luz y comida caliente. Quizás debamos mirar un poco más allá de nuestras paredes y ver cómo vive nuestra gente, para entender que estos delirios que nos traen de afuera –aunque sean muy útiles, y aunque puedan servirnos para muchas cosas– no responden completamente a nuestra expectativas. Recuerden que la palabra "todos" es muy grande, y efectivamente incluye a "todos".
Con esto no propongo que nos desentendamos de una realidad virtual que domina el planeta: sería muy estúpido hacerlo, y muy hipócrita de mi parte el recomendarlo, especialmente cuando me comunico con ustedes gracias a estas herramientas. Pero creo que debemos de ser conscientes de que esas soluciones deben ser conocidas como una opción más, pero no como la opción. Debemos trabajar desde un marco regional, respondiendo a nuestras necesidades puntuales].


A las 16:00 estaba presentando mi tercera y última conferencia en la IFLA, en la sesión organizada por la Sección de Bibliotecas Biomédicas. Mi charla expuso las dificultades que enfrentamos los bibliotecarios que proveemos servicios a profesionales de la salud, a la hora de obtener información actualizada y valiosa. Remarqué la presencia fuerte de la brecha digital y como se siente el poder de los traficantes de información, que venden conocimiento estratégico al postor que pueda pagarlo y abandona a los demás a su suerte. Rescaté algunas experiencias que permiten el acceso a esta información, en especial la de los archivos de acceso abierto. Y remarqué una estrategia empleada en Sudamérica por muchos bibliotecarios y documentalistas: la creación de redes de colaboración en las cuales compartimos recursos solidariamente, de forma que cada biblioteca pueda contar siempre con algún tipo de información, y esté dispuesta a colaborar aportando la suya.

De allí, sin terminar de oír las otras conferencias, volé a la sesión organizada por la División de Educación e Investigación (una división agrupa a varias secciones) tratando sobre las actitudes tendenciosas dentro de la bibliotecología, en especial en lo referente a diferencias culturales y lingüísticas. Se presentaron muy buenos conceptos, que remarcaron el hecho de que la biblioteca no suele contemplar las diferencias y diversidades de sus lectores, sino que se pliega a un modelo dominante y fuerza a sus usuarios a aceptarlo si quieren leer. Esta generalización (muy extendida) debe ser solucionada si pretendemos generar espacios multiculturales que acompañen el desarrollo plural de nuestra sociedad.

Lamentablemente me perdí la exposición de libros infantiles organizada por la Biblioteca Nacional de Corea para Niños y Adolescentes y la Sección de Bibliotecas Infantiles. Pero espero tener la oportunidad de visitarla la próxima semana, durante mi estancia "libre de eventos" en esta ciudad.

Tampoco sé que destino corrió la propuesta de resolución que había presentado a IFLA la Asociación de Bibliotecarios de Lituania, para su consideración. En ella se condena al gobierno cubano por su "presión" a las bibliotecas independientes. Cuando leí la moción presentada por tal Asociación, reconocí en el texto, en forma inmediata, algunos fragmentos escritos anteriormente por el Sr. Robert Kent. Y las tripas se me revolvieron, especialmente porque se acusa al gobierno cubano de hechos sobre los cuales no se aporta ninguna prueba. Y se pretende que IFLA apruebe ese documento en nombre de todos los bibliotecarios del mundo. Hasta donde sé, por charlas oficiosas, la presidenta de la Asociación lituana renunció a su petición, pero aun así la presentación ante la IFLA para que el texto se convierta en Resolución ya está hecha. Para contrarrestar tal hecho, los bibliotecarios cubanos presentaran hoy (fecha límite para la presentación de propuestas de resolución) otro texto solicitando la condena al bloqueo que sufre el país, exponiendo, en un trabajo de recopilación de datos, el efecto que tal bloqueo ha tenido sobre las bibliotecas (y por ende, sobre la cultura y la educación) cubanas.

Esta noche nos espera la recepción del alcalde de la ciudad, y mañana finalizan las actividades y tendrá lugar la ceremonia de clausura, en la cual se presentaran los logros principales del encuentro (previsiblemente centrados en bibliotecas ubicuas, rol de los informacionistas, terrorismo y tolerancia, biblioteca digital y conocimiento tradicional en las eras modernas) y se publicitará el encuentro del año próximo en Durban (Sudáfrica), al cual espero asistir (al igual que a uno de los Satellite Meeting, en Pretoria).

Sentado en este PC-bang (cyber coreano), me doy cuenta (ahora que leo lo escrito) que estos encuentros reflejan las políticas mundiales: división entre dos mundos, el de oriente y el de occidente; división entre dos hemisferios, el norte y el sur; división entre economías: los ricos y los pobres; división entre accesos a la información: los conectados y los desconectados, los informados y los desinformados. Divisiones, divisiones, divisiones... Es verdad que muchas secciones pretenden incluir, pretenden igualar, y ese trabajo que hacen es magnífico. Pero las líneas de pensamiento dominantes en este encuentro (y en este planeta) conducen siempre a intentar igualar hacia arriba, es decir, a forzar a los pueblos del mundo a alcanzar el nivel de vida estándar "deseable" que tienen los países mal llamados "desarrollados".

Hay muchos y muchas que ya están persiguiendo la zanahoria porque es lo más "cool", porque está muy bien digitalizarse, porque está de moda, porque en Europa y en los Estados Unidos lo hacen. Y uno, sentado en esta silla, recuerda con lágrimas y rabia toda la pobreza que vivió en su vida y de la que fue testigo, y piensa que hay mucha gente que debería pasar al menos una semana en ciertas partes de nuestras tierras y ciudades para dejar de hablar estupideces y ponerse a diseñar, de una vez por todas, políticas realistas libres de discriminación y eurocentrismo.

Y uno también se da cuenta de que "los de abajo", los del Sur, debemos empezar a clamar en voz alta (y a los gritos si es necesario) para que este cambio se produzca, para que nos tengan en cuenta, para que dejen de decirnos cómo tenemos que actuar y nos ayuden a actuar como nosotros queremos o pensamos. Y uno se da cuenta, aquí sentado, lleno ya de lágrimas rabiosas, que quizás se deberían elegir mejor a las personas que nos representan en estos encuentros. Quizás muchas deberían ser enviadas a pasear a algún centro comercial, a comprar recuerdos y suvenires, dejando los lugares de trabajo a aquellos que realmente quieren trabajar, discutir, crear, generar...

Seúl me espera fuera de esta sala llena de computadoras. Seguramente esas calles me pintaran un sonrisón en la cara. Porque allí fuera está el pueblo, la gente, esas cosas con las que estoy más acostumbrado a convivir. Esto de las políticas, de los entreveros, de las "grandes señoras" de las "grandes asociaciones" y las "grandes amistades" y los "grandes contactos" no es lo mío. Lo mío es el trabajo con la gente que lo necesita.

Seguro que ellos me alegrarán la tarde con algún plato de kimchi picante y alguna historia, contada en coreano, entendida por señas.

Los dejo, pues... Será hasta mañana.

Ilustración.