Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

agosto 25, 2006

Cuaderno de viaje 11: jueves 24 de agosto

Cuaderno de viaje

Por Edgardo Civallero

Revolvía con mis palillos la mezcla de arroz y verduras picantes que me sirvieron en aquella simpática fonda, situada en un rincón aislado de mi barrio, en un curioso callejón zigzagueante. Revolvía el arroz, y cerraba, dentro de mi cabeza, el tiempo de Congreso que hoy acaba de finalizar.

La participación de colegas en la programación de hoy fue escasa, dado que hoy –como ayer– tuvieron lugar las visitas guiadas, en las que yo no participé porque no me gusta que me lleven de la mano a ningún lado, y porque tengo la posibilidad de visitar todo lo que quiera durante la próxima semana, días en los que continuaré deambulando (un poco más libre de compromisos) por Seúl.

Mientras levantaba algunas verduras de mi plato de kimchi, recordaba mis pasos durante la jornada. Pasé casi toda la mañana en una reunión que organizó la FAIFE ("Core Activity" de la IFLA) acerca del rol de las bibliotecas en el acceso a información sobre SIDA/HIV. En realidad, tal rol es claro, pero parece ser que las bibliotecas necesitan tomar conciencia de que su misión no es solo ordenar libros en forma bonita en estantes estables o crear hermosas bases de datos y páginas web, sino proporcionar un servicio a sus usuarios, un servicio útil, que sea de valor para los destinatarios. Las bibliotecas parecen olvidar, realmente, algo en lo que, desde estas páginas, siempre hago hincapié: el poder de la información que conservan entre sus manos. El poder para proteger la salud, el poder para hacer respetar los derechos, el poder para establecer diferencias entre ignorancia y educación, entre odio y comprensión. Un poder inmenso, que muy pocas aprovechan.

Tras el debate –escaso, pero con buenas participaciones, centradas en la idea que acabo de expresar– y con toda la mañana ya ocupada, me dirigí a la sesión de clausura, en donde me enteré –a través del periódico del Congreso, IFLA Express– que la Asociación Lituana de Bibliotecarios había retirado la propuesta de Resolución presentada hace un tiempo (en relación a Cuba). Por ende, supuse que las colegas cubanas también habían hecho lo propio. Además, durante la sesión se presentó la ciudad en la que tendremos encuentro el año que viene (Durban, Sudáfrica) y se anuncio que Milán será la sede para el 2009. Oímos algo de música sudafricana, nos enteramos de los premios al mejor póster ("Un estudio sobre el uso de bibliotecas públicas por indigentes en Taipei, Taiwán", presentado por Sheue-fang Song y Hui-tzu Hung) y a la mejor newsletter/boletín virtual de las Secciones de IFLA (la Sección de Bibliotecas Escolares y Centros de Recursos), y presencié el momento en el cual se aclamaba a la cubana Martha Terry como Miembro Honorario de IFLA. Martha –en un acto que me deleitó– dio su discurso en castellano, pidiendo que, los que quisieran comprenderla, se pusieran sus auriculares de traducción. Sus palabras presentaron en breve la historia de la bibliotecología cubana y todo el esfuerzo que hacen los colegas de aquella isla para salir adelante a pesar de las adversidades.

Y finalmente, dio su discurso el presidente de IFLA, Alex Byrne, cerrando el Congreso. Nos recordó los buenos momentos (sociales) vividos, y recalcó un par de ideas rescatables de todas las sesiones: conocimiento indígena, biblioteca digital, bibliotecas por la tolerancia y la paz (recordando la situación de guerra del Líbano) y comunicación este-oeste. Nada más...

Seguía comiendo mi arroz con verduras en aquella fonda, mientras pensaba que ya se había acabado aquel Congreso, el primero de mi lista durante mi viaje.

Y pensé, con una sonrisa triste e irónica, que otro año más me había ocurrido lo mismo: me iba tan vacío como había llegado.

Me iba sabiendo que son muchos los que tienen los ojos y las bocas vendadas, son muchos los que ven solo su realidad, son muchos los que no se ponen a pensarla desde otros ángulos y nos fuerzan a aceptar el de ellos.

Me iba sabiendo que en mi universo latinoamericano son muchas las que se pelean por el honor de "ser más", son muchas las que acaparan puestos y viajes y distinciones sin hacer nada para ganárselo ni beneficiar a nadie, son muchas las envidias y las divisiones y poca la actividad y la lucha.

Me iba sabiendo que los pocos que gritamos en voz alta dentro de estas estructuras somos considerados "loquitos" o "izquierdistas" o "especiales"... y somos dignos de compasión y olvido. Me iba sabiendo que todo esto seguía siendo la misma mierda, un año más.

Pero... frente a aquel plato casi vacío de comida coreana, con la mirada perdida en los granos de arroz empapado en salsa, pensé que, al fin y al cabo, no me iba tan vacío. Me iba con un montón de amistades e ideas nuevas, ganadas en buena lid en pasillos y callejones, en charlas de amanecida o tardecitas cansadas. Me iba sabiendo, mejor que antes, que mi trabajo y mi lucha valen la pena. Sabiendo quién soy, dónde estoy parado, qué quiero y qué no quiero definitivamente. Sabiendo hacia dónde quiero ir, hacia dónde debo apuntar mis armas para evitar desperdiciar energía. Sabiendo qué hay que hacer, qué no hay que hacer, qué se puede y qué no se puede desarrollar. Sabiendo a quien puedo tener a mi lado y a quien no podré tener jamás, por muchos puentes que intente tender. Sabiendo que mi esfuerzo vale la pena, día a día, porque hago lo que creo y creo en lo que hago.

Quizás profesionalmente este encuentro haya servido para darme cuenta de la pobreza y la división de mi mundo latino. Pero, personalmente, me ha dado motivos para seguir luchando por su unión y desarrollo, y me ha dado fuerzas para continuar trabajando y creciendo como bibliotecario, una palabra que repetí en voz baja muchas veces, mientras volvía a mi hotel por los callejones, y que nunca –nunca– me había sonado tan linda, tan modesta pero a la vez tan poderosa.

"Bibliotecario".

Con esta entrada finaliza el reporte de actividades del 72 Congreso IFLA de Seúl. El día viernes tendrán lugar las sesiones de los Comités de cada Sección, un tema burocrático que no describiré. Por ende, aquí finaliza el relato del Encuentro, pero no el de mi viaje, y mucho menos el de mi estancia en Seúl. Me quedan 38 días de travesía y varios encuentros y congresos profesionales en los que participare en Centroamérica, así que los invito a continuar a mi lado, especialmente porque durante los próximos días reflejaré en mis escritos aspectos de la realidad de Seúl que hasta ahora no pude reflejar (bibliotecas, museos, escuelas, universidades, política, vida social).

Desde estas costas bañadas por el mar de la China, les envío un fuerte abrazo.

Ilustración.