Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

agosto 26, 2006

Cuaderno de viaje 12: viernes 25 de agosto

Cuaderno de viaje

Por Edgardo Civallero

Los pasillos del inmenso COEX se han poblado de otras siluetas, de otras conferencias, de otros encuentros, de otras pancartas y otras voces. Pero ya no hay bibliotecarios. Somos pocos los que quedamos aquí, en las reuniones de los Standing Committee (Comités de Gobierno) de cada Sección. La Conferencia finalizó ayer por la tarde, con la reunión del Consejo General.

La apreciación personal que me merece todo el encuentro es la misma de cada año (y de cada Congreso): mucha palabra, mucho discurso, mucha gente paseando, mucha gente comiendo, mucha gente vanagloriándose... y poca acción real. Un alto porcentaje de los participantes en este tipo de Congresos son bibliotecarios que intentan aprender y descubrir cosas nuevas. Un pequeño conjunto está involucrado en el funcionamiento de la organización. De ese conjunto, son muy pocos los que realmente creen en sus ideas o construyen saber útil: la gran mayoría llenan las sesiones de palabras huecas y vacías.

La gran pregunta es: "¿Para qué sirve todo esto?".

La gran respuesta es: "Para muy poco".

Los bibliotecarios "comunes y corrientes" –ustedes que me leen, yo, mis amigos– necesitamos líneas-guía, experiencias, conceptos y métodos que nos permitan trabajar, que nos ayuden a desarrollar propuestas en nuestros ámbitos. A la vez, necesitamos espacios de discusión, de debate, de trabajo conjunto, de creación de modelos y alianzas. Necesitamos hablar de trabajo, de acción, de qué se hizo y de qué se va a hacer. Necesitamos crear, construir, generar, crecer.

Necesitamos saber hacia dónde ir y cómo hacerlo. Necesitamos soluciones para nuestros problemas y ayuda para nuestras caídas.

La gente que se reúne aquí solo presenta largas sesiones –leídas apresuradamente, de un PowerPoint a veces, y que pueden accederse fácilmente a través de Internet– de palabras y palabras y palabras. Ciertamente, algunas son más que interesantes. Pero, después de eso... ¿qué? ¿Dónde está el debate, dónde la discusión, dónde el planeamiento de estrategias reales para usuarios y problemas reales? ¿Dónde están las herramientas que los bibliotecarios del mundo necesitan?

No se molesten en buscarlas. No están ni se las espera. Y eso, precisamente eso, es lo que me enferma de estos espacios.

Pero aun así, sigo viniendo. Porque hay alguna gente valiosa, porque hay corrientes subterráneas de contactos y alianzas que nos permiten, a los que pensamos de forma diferente, mantenernos conectados, conocer cómo se mueve este universo y saber cómo actuar en el futuro.

A nivel latinoamericano, muchas Asociaciones trabajan de la misma manera. Solo palabras. Ningún hecho, ningún apoyo a los colegas de su nación (y menos a los que no son socios), ninguna redacción de manuales o líneas de trabajo. ¿Me pueden explicar para qué sirve una Asociación Profesional en la cual no se trabaja en pos del desarrollo bibliotecológico nacional?

En nuestras tierras –y en otras lejanas también– hace falta gente que se ponga manos a la obra, que genere núcleos o pequeños grupos de acción en problemáticas reales y locales, que investigue, que estudie, que se forme, que comience a contactar con otros que trabajen igual, que creen redes, que intercambien experiencias y apliquen otros modelos y repliquen actividades. Es la única manera de crecer: en forma anarquista, horizontal, en equipo, en grupo, en forma orgánica. Las estructuras asociacionistas verticales en las cuales algunos destacan sobre los otros y ostentan cargos (que les permiten darse lujos como viajes al exterior) no son más que eso: estructuras verticales, que pocas veces –al margen de la organización de algún evento, la concreción de alianzas que no sirven de nada a los problemas puntuales, el contacto con entidades extranjeras, o la difusión de noticias– sirven para algo real.

Si las Asociaciones –incluyendo IFLA– quieren ser útiles realmente deben ponerse a dar respuestas concretas y tangibles a las necesidades reales de sus asociados. Las palabras son muy bonitas, pero cualquiera puede decirlas. Actuar es diferente: no cualquiera tiene el valor, la inteligencia o la constancia. Mientras no lo hagan, seguirán siendo lo que son en muchos puntos del planeta: corrales en donde pastan y se alaban mutuamente las "vacas sagradas" de nuestra profesión. Al parecer los trabajadores, mientras tanto, deambulamos por fuera.

Hasta aquí mi opinión, que ya fue expresada ante algunas autoridades de IFLA... con la reacción esperable. Aprovecho ahora para contarles un par de cosas que les pueden ser de interés.

Por un lado, el Instituto de Estadísticas de la UNESCO está realizando tablas sobre las bibliotecas a nivel mundial (las últimas fueron elaborados hace 20 años). Para este trabajo solicitó ayuda, como es de esperar, a IFLA. Por ende, la Sección de Estadísticas de IFLA está solicitando la ayuda de todas las instituciones nacionales y regionales mundiales que se ocupen de recoger datos estadísticos sobre las bibliotecas, para lograr armar, de aquí a diciembre, una base de datos de contactos fiables que permitan, el año que viene, iniciar la labor de elaborar las estadísticas globales sobre bibliotecas.

Por otro lado, este año IFLA/FAIFE lanzó su reporte temático 2006, dedicado a bibliotecas y HIV/SIDA y titulado "Bibliotecas y la lucha contra el HIV/SIDA: pobreza y corrupción". Tengo toda la sensación de que hay que pagar por la copia, y bastante (sí, sí, lo sé, nunca van a liberar información valiosa...). Les recomiendo, asimismo, que visiten el sitio de la FAIFE y curioseen un poco: hay cosas que, en teoría, están muy interesantes (aunque escasamente se lleven a la practica en la realidad... pero eso es nuestra tarea).

A propósito, por si no lo sabían, hay una sección de IFLA dedicada a las bibliotecas de Latinoamérica y el Caribe. En su sitio encontraran las newsletters en español. Pueden escribir y preguntar por qué y para qué existen y se reúnen y qué sacamos nosotros, los bibliotecarios latinoamericanos, de su actividad.

También hay una sección dedicada a temas femeninos que ha desaparecido en 2005 (falta de trabajos y de actividad), pero que en esta reunión se ha regenerado como un grupo de discusión ("Mujeres, Información y Bibliotecas"). En un universo profesional preponderantemente femenino, ¿cómo es posible que los temas de género no se discutan? En el sitio de la sección –ya desactivado– encontrarán el archivo, en el cual se conserva la actividad pasada.

Viniendo para este PC-bang o cyber-café, me crucé con un muchacho que llevaba una remera con la siguiente inscripción: "El valor de una lucha no está en no caer. El valor de una lucha está en saber levantarse aun después de mil caídas". Creo que muchos de nosotros podemos aprender de esa frase, una frase que se expresa muy bien, en la realidad, en la figura de un bonsai: a pesar de los años, del talado, del maltrato al que se lo somete para lograr que conserve su estructura reducida, el arbolito se sobrepone y sobrevive a todo eso, volviéndose cada vez más fuerte. Creo que nosotros, los que nos miramos a los ojos y reconocemos en nuestras miradas la necesidad de "algo más", la necesidad de luchar, de pensar, de decir, de crecer, de aprender, necesitamos fortalecernos con nuestras caídas, con las ausencias que nos rodean... Necesitamos levantarnos y unirnos, coordinarnos, contactarnos, hablarnos, y empezar a trabajar en forma conjunta, a escribir, a pensar, a exponer. Porque, de no hacerlo, nuestro pequeño universo profesional continuará siendo tierra de esos pocos que tanto nos asquean y que se deleitan hablando y alardeando de sus participaciones en Congresos de los cuales jamás comparten nada.

Desde un Seúl lluvioso, húmedo y grisáceo, les envío un abrazo enorme. Nos leemos por aquí mañana...

Ilustración.