Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

agosto 23, 2006

Un comentario entre sesiones

Cuaderno de viaje

Por Edgardo Civallero

Me escribe mi compañera Sara desde España. Sara ha tenido que leer, en los correos que le escribo, toda mi rabia, mi frustración y mi furia en cuanto a los contenidos promovidos en el Congreso de IFLA, puntos que no anoto aquí porque hasta ahora no he tenido tiempo. Pero de aquí en más pretendo incluirlos, para que conozcan, a la vez que los hechos prácticos, mis pensamientos en torno a los mismos, que son los de muchos otros colegas que están por estos ámbitos.

Sara, quizás sin comprender mucho mi rabia en mis correos (ella es maestra, no bibliotecaria) se puso a leer el discurso inaugural de Kim Dae-jung. Casi muerde el monitor de su computadora. Y entendió muchas de las cosas que le escribí.

Lean algunas de sus apreciaciones, en torno a algunos párrafos del discurso del "Premio Nóbel de la Paz" (que a mí, personalmente, me puso verde de indignación):

"[...] Hoy en día, sin embargo, los individuos del mundo, sin importar cuán pobres sean, pueden acceder a cualquier conocimiento e información que necesiten visitando bibliotecas vía Internet, tales como las del Congreso de los EE.UU. o la Nacional de Corea. Todo lo que necesitan es una simple computadora personal [...]"
Leo como algunas mujeres tienen que prostituirse para dar de comer a sus hijos, y como este tipo pretende solucionarlo todo con una computadora, y quiero morder la pantalla de indignación.

"[...] La economía de nuestros tiempos ya no depende de recursos visibles y bienes capitalistas, sino en conocimiento e información intangibles. Por ende, los países e individuos pobres pueden crear bienestar a través de contactos activos y el uso de conocimiento e información. Por primera vez en la historia, el mundo ofrece a los pobres una oportunidad invaluable para incrementar sus propiedades y lograr una movilidad hacia arriba [...]"
(Esto es una apología del verticalismo y el capitalismo). No me lo puedo creer... ¿Este señor no sabe de los millones de pobres a los que empresas internacionales tienen trabajando hoy en día como "recursos visibles"? ¿"Contactos activos" no se referirá al tacto de un arma en las manos, claro? Porque otros miles de jóvenes las están empuñando en guerras promovidas por los intereses de esas mismas empresas...

"[...] Las medidas en contra del terrorismo deben ir acompañadas por corazones caritativos mostrando a los pobres el camino para hallar esperanza en su vida diaria, así pueden resistir la tentación de caer en el terrorismo [...]"
¿En serio dijo esto? ¿Y dónde se le quedó hablar de la justicia? ¿Caridad? ¿Corazones caritativos? ¿Resistir la tentación del terrorismo? Pero es una barbaridad... ¿Encontrar esperanza en su vida diaria? ¿Se da cuenta que a esa vida les hemos condenado nosotros y nuestro desarrollo? ¿Qué esperanza, la de dejar de ser pobres gracias a los corazones caritativos y las bibliotecas digitales? Y esa frase "la tentación del terrorismo" ¿la tentación? ¿La tentación de la prostitución supongo que diría también? Caramba... qué importancia tienen las palabras y que poquita cuenta nos damos de lo que decimos...

Como ven, ya desde su inauguración, este Congreso carga una tremenda dosis de hipocresía, de olvido, de confusión. A estas alturas del Encuentro, y luego de oír muchas conferencias, muchos debates y muchas opiniones personales intercambiadas en pasillos y cenas, me doy cuenta (como ya lo hice el año pasado, en Escandinavia) que todos estos encuentros conducen únicamente a buscar la forma más adecuada de empujar a los pobres para que se suban lo más rápido posible al carro tecnológico de los ricos, un carro que estos ricos no piensan abandonar porque se sienten muy bien en él (obviamente). Evidentemente, no se van bajar de él para esperar a que los pobres rezagados se suban, así que lo que hacen es empujar a duras penas a los pobres para que se plieguen al gran concierto "desarrollado" y así no sentirse tan culpables. El gran problema es que, si bien muchos colegas "pobres" persiguen esa zanahoria, la realidad es otra: nuestras economías no nos permiten subirnos al carro, nuestras necesidades son otras y no pasan por la tecnología de avanzada (que nos deslumbra mucho pero que no nos es útil) y nuestras estructuras bibliotecarias son débiles.

Y sí, aquí es donde he descubierto que las estructuras de nuestra profesión en casi toda América Latina están podridas por dentro, podridas por la desunión y la envidia. Los conflictos de intereses, los celos profesionales, las "vacas sagradas" jubiladas y pensionadas ocupando espacios (y acaparando atención y "cartel") que deberían ser ocupados por gente joven en plena actividad, los resentimientos, las limitaciones mentales, la ignorancia... Todo eso veo a diario, y todo eso me asquea mucho y me lleva a comprender por qué seguimos donde estamos, porque no avanzamos.

Y me lleva a comprender porque sigo recibiendo correos preguntándome de dónde saco dinero para viajar tanto y cómo hago para obtener subvenciones. Esos mensajes me repugnan, me asquean, me revuelven las tripas, me dan náuseas. Ya que estoy escribiendo un texto personal, permítanme terminarlo contándoles cómo logro viajar... así aquellos que creen que las cosas me caen del cielo pueden aprovechar y seguir mis pasos.

Trabajo como un animal.

Ese es todo el secreto. Además de mi trabajo como freelancer, además de mi trabajo de investigación y de docencia, escribo por horas todos los días, leo mucho, estudio idiomas, y produzco semanalmente uno o dos artículos, que se convertirán en publicaciones o propuestas para conferencias. Asimismo, preparo contenidos para talleres, investigo, contacto organizaciones en todo el mundo, despacho miles de correos electrónicos mensuales escritos al menos en cinco lenguas y que me llevan su tiempo de redacción, mantengo varios blogs, expongo mis ideas, las discuto, crezco... El trabajo me ocupa 365 días al año. Y los resultados –esos que provocan la sana o insana envidia de muchos/as– son los que se ven. Sí, son bonitos. Pero nadie conoce el nivel de esfuerzo, de cansancio y de estrés que cuestan estos resultados tan "bonitos".

Quizás debamos comenzar a mirarnos un poquito en el espejo, a empezar a solucionar nuestros problemas internos, a empezar a tomar iniciativas (especialmente los jóvenes) desoyendo el canto de las "sirenas sagradas" de nuestros países. Quizás debamos solucionar nuestros inconvenientes y luego revisar nuestros problemas, los de nuestras bibliotecas y nuestros usuarios, y comenzar a tomar, de lo que brinda el concierto internacional, lo que más nos sirva para nuestras propias necesidades. Es asqueroso ver como algunos pretenden solucionar nuestros dramas con una biblioteca digital o con alfabetización informacional cuando no han visto nuestras calles, plagadas de niños que aún no saben leer y que jamás en la vida tendrán la oportunidad de una computadora. Y es triste que muchas colegas ("importantes") se plieguen a tales directivas.

Esas colegas son las mismas que, en este momento, mientras yo gasto 3000 wones para contarles lo que pasa aquí y me preparo para las próximas conferencias, están paseando por Seúl, comiendo comida cara y tomando taxis de 14000 wones para un trayecto que en el metro vale 1000. Así es la vida. En esas manos exquisitas –que siguen escuchando, impasibles y sonrientes, discursos como los que erizaron la piel de mi compañera y la mía propia– están los destinos de nuestra profesión.

Confío en que hagamos algo al respecto.

Un inmenso abrazo...

Ilustración.