Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

septiembre 01, 2006

Cuaderno de viaje 18: jueves 31 de agosto

Cuaderno de viaje

Por Edgardo Civallero

Desayuné en un puesto callejero, mientras la vendedora me envolvía la comida en un envoltorio hecho con las hojas de una agenda vieja. Eran las 10 de la mañana, y ya me había recorrido el mercado de pulgas que rodea al estadio de béisbol y de fútbol de Dongdaemun. Para los que no estén familiarizados con el término, "mercado de pulgas" es lo mismo que "mercado de artesanos", aunque en Corea se lo llame "mercado de duendes".

Había allí de todo, pero en especial muchos puestos de comida. Es increíble la importancia que da esta cultura al buen comer. De hecho, que uno no haga ruido cuando toma la sopa o come los glutinosos y larguísimos fideos de harina de arroz (es decir, que uno los tome sin sorberlos) significa que uno no los está disfrutando realmente. Y si uno no disfruta de lo que come... ¿para qué come?

Desde el Dongdaemun, me dirigí a las cumbres del monte Nansam, y, pasando por el Itaewon, descendí muy despacio por el barrio de las embajadas extranjeras (vecindario de edificios y coches lujosos y caros) hasta la Universidad Dankook, en donde estaba invitado a dar una charla sobre cultura latinoamericana a través de su música. A tal efecto cargaba yo con algunos instrumentos musicales y muchos sonidos grabados en CD.

Las clases universitarias en Corea comenzaron esta semana; para ser más precisos, comenzaron el lunes. Pero, por una tradición cumplida a rajatabla, los estudiantes jamás asisten a la primera clase de sus cursos, que suelen ser de orientación y de presentación de docentes y programas. Yo estaba invitado para inaugurar una de estas clases: en concreto, la de Cultura latinoamericana, que contaba con 90 inscriptos. Los responsable del área –los que me invitaron– me habían alertado que pocos estudiantes irían, que muchos de ellos se levantarían y saldrían corriendo ante la idea de tener que soportar a un extranjero hablando una hora el primer día... y que, en fin, me esperara lo peor, pues eran adolescentes a los cuales era difícil exponer algo que captara su atención.

Aun así, no quería dejar de ir e intentarlo.

El resultado de mis esfuerzos fue una clase de 90 adolescentes que se quedó sentada una hora ante mi discurso y mis risas, que se rió conmigo hasta descostillarse de las coincidencias y diferencias de costumbres y música, que me hizo preguntas acerca de todas las trivialidades que se les ocurrieron, y que salieron más que contentos, ante los ojos asombrados de los docentes, que me preguntaron cuantos años llevaba yo dando clases, pues asombraba mi manejo del auditorio.

Me sonreí y les dije que llevaba muy pocos, pero que llevaba muchos siendo alumno, y que sabía lo que me hacia dormir y lo que me hacia atender e interesarme. Y que esos conocimientos básicos e íntimos eran los que aplicaba en mis clases.

Los profesores me comentaron que existen muchas más universidades privadas que públicas en Corea, y que muchas de ellas mantienen un campus especifico para mujeres (seguimos con la división y el machismo). Un ejemplo característico es la de Ewha, que queda cerca de mi casa. Los campus universitarios son enormes: el de Dankook se encontraba en la falda de una montaña, y me llevó bastante rato recorrerlo todo. No puedo decir que los edificios estuvieran bien cuidados, pero las clases más grandes contaban con equipo de proyección digital, equipo de sonido y computadora conectada a Internet, lo cual no es poco para dar una clase. Los profesores agregaban que los sueldos no eran muy buenos (desde su perspectiva, claro) y que el nivel de las universidades privadas (como Dankook) era ostensiblemente menor que el de las públicas, como la Nacional de Seúl. Sin embargo, algunas instituciones privadas habían alcanzado una buena fama y un alto estatus, por proporcionar formación a estudiantes internacionales. Un caso típico es el de la Universidad de Yonsei.

Por lo demás, la vida universitaria es exactamente igual que la nuestra: alumnos, cátedras, materias, exámenes... Poseen 5 meses de vacaciones anuales (3 meses en invierno, 2 meses en verano), lo cual produciría la envidia total e inmediata de muchos estudiantes latinoamericanos, o al menos, argentinos. Leyendo algunos materiales de cátedra que me facilitaron los docentes, me di cuenta de que el nivel de exigencia es mucho más alto que el que proponemos muchos de nosotros en nuestro continente.

Hablando de estructuras académicas, aprovecho para comentar brevemente un poco sobre las organizaciones bibliotecológicas coreanas. La primera asociación fue la Sociedad Coreana de Bibliotecología, fundada en 1970 y que en 1992 fuera rebautizada como Sociedad Coreana de Bibliotecología y Ciencias de la Información, editando el "Journal of the Korean Society of Library and Information Sciences". En 1984 se funda la Sociedad Coreana de Gestión de la Información (que publica el "Journal" correspondiente) y en 1985, el Instituto de Bibliografía (que publica "Bibliographic Studies"). Finalmente, en 2000, se establece la Sociedad Coreana de Gestión de Registros y Archivos...

La Asociación de Bibliotecas Coreanas (KLA) se inició en 1945. Fue bautizada con ese nombre en 1949 y tuvo que suspender sus actividades debido a la guerra entre 1950 y 1955. Pertenece a IFLA, y entre sus misiones se cuentan la fundación de bibliotecas, la capacitación continua de los profesionales, la promoción de la lectoescritura, la difusión de las novedades, y un "etcétera" bien largo.

Desde este lado del Pacifico, despidiéndome ya de Corea y mirando con preocupación las tierras centroamericanas, a las cuales me dirijo y en las cuales hay una tremenda ebullición social (elecciones en El Salvador, conflictos por gobernabilidad en México, conferencia del RIBDA suspendida en Oaxaca) les hago llegar un fuerte abrazo.

Nos leemos mañana.

Ilustración.