Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

septiembre 01, 2006

Cuaderno de viaje 19: viernes 01 de septiembre

Cuaderno de viaje

Por Edgardo Civallero

En mi último día en Seúl, pensé en disfrutar completamente de la jornada y dedicarme a comer bien (me esperan muchísimas hora de vuelo y de espera en aeropuertos, en especial en Kuala Lumpur, Sudáfrica, Buenos Aires y Panamá) y a descansar. Esta noche estoy invitado por mi Embajada para una función especial de música tradicional que un programa de la UNESCO brinda en el Centro Nacional de Artes Tradicionales. Por ende, cerraré mi estancia en Corea del Sur con un hermoso broche de oro: no podría haber elegido nada mejor como despedida.

Mañana por la mañana parto hacia Malasia, donde pasaré el sábado, y desde allí a Sudáfrica y a Buenos Aires, donde pasaré el domingo. El lunes por la mañana amaneceré en Panamá, y al mediodía estaré pisando suelo guatemalteco, con el tiempo suficiente para darme una ducha rápida en mi hotel y dirigirme volando a dar mi primera clase en el taller de capacitación para bibliotecarios indígenas que se enmarca en el V Simposio Nacional de Proyección y Actualización Bibliotecológica, al cual estoy invitado como participante y que tendrá lugar entre el 4 y el 8 de septiembre en la Universidad Rafael Landívar.

Hablando de actualización bibliotecológica, estuve revisando las cifras y los datos referidos a bibliotecas especiales en Corea. Se define como "biblioteca especial" a aquella unidad que provee información especializada a la institución madre y al público. Para 2004 había 570 bibliotecas de este tipo: 391 de ellas (dos tercios) están en el área metropolitana de Seúl.

Normalmente una biblioteca especial contiene 23.000 libros promedio. Unas 14 bibliotecas de esta categoría superan los 100.000 tomos. El Instituto Coreano de Información Científica y Tecnológica –biblioteca líder en esta área– cuenta con 17.700 títulos de publicaciones periódicas académicas. El presupuesto anual que manejan es de 138.000 dólares en promedio, y cada una suele tener nada más que dos empleados.

Las bibliotecas en Braille son 35 en toda Corea del Sur, y las militares, 1700 (el Ministerio de Defensa opera una para cada batallón).

En relación a las escolares, hay 9649 unidades (4779 en escuelas primarias, 2652 en secundarias y 2218 en terciarias). Cada una tiene un promedio de 5240 libros, es decir, 7.5 libros por estudiante. El gran problema de estas bibliotecas es que muchas de ellas son manejadas por padres voluntarios o maestros, no por bibliotecarios (hay 0.34 bibliotecarios profesionales por unidad escolar). El presupuesto anual para bibliotecas escolares es de 5200 dólares anuales. Como ven, las diferencias entre bibliotecas especializadas y escolares son evidentes en este país, así como lo son en toda Latinoamérica. Las problemáticas son las mismas...

Hacia finales del 2004 había 438 bibliotecas universitarias, con 14 de ellas poseyendo colecciones de más de un millón de volúmenes. La biblioteca de la Universidad Nacional de Seúl tiene la colección más grande (2.8 millones de tomos) y emplea a un equipo de 107 personas, de los cuales 76 son bibliotecarios profesionales (algo así como un 75 %). En cada campus, la biblioteca se transforma en una especie de centro cultural, o al menos eso dicen los colegas de la Asociación de Bibliotecas de Corea. Los estudiantes opinan distinto, pero eso ya es materia de discusión.

Con estos números –que proporcionan solo un pálido reflejo de la realidad– los dejo hasta mañana. La entrada será escrita desde Kuala Lumpur, en pleno tránsito hacia mi país y América Central.

Esperando tener un buen viaje, les hago llegar un nostálgico "hasta mañana" desde estas tierras de palacios de tejas negras y dragones azules, a la que echaré de menos, ahora que estaba empezando a reconocerla como humana bajo su caparazón de perfección, tecnología y seriedad.

Nos leemos por aquí...

Ilustración.