Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

octubre 09, 2006

Las bibliotecas del sol naciente (01)

Las bibliotecas del sol naciente 01

Por Edgardo Civallero

Biblioteca, en japonés, se dice toshokan. Este es un buen dato para comenzar un acercamiento al mundo de la bibliotecología en Japón, un universo con el que tuve un mínimo e inicial contacto durante la Exposición que tuvo lugar en Seúl, en el marco del Encuentro Internacional Anual de la IFLA.

De acuerdo a las estadísticas japonesas, cada ciudad (y hay más de 50.000 en la pequeña nación insular) posee su propia biblioteca pública, un establecimiento que parece ser muy popular en la sociedad nipona y que está siendo rápidamente afectado por las nuevas tecnologías de la información. Dichas tecnologías ya influenciaron en forma poderosa a las unidades académicas y especializadas, que poseen su propio catálogo en línea, accesible por Internet (la mitad de las bibliotecas públicas también lo tienen).

[Es remarcable la importancia que poseen las bibliotecas públicas en las sociedades orientales, importancia que no poseen en algunas sociedades latinoamericanas. La razón de tal importancia salta a la vista: la inversión que se realiza en bibliotecas populares es mucho más útil que la que se realiza en bibliotecas universitarias. Conviene más educar a una persona desde pequeña que cuando es adulta y llega a instancias académicas carente de toda formación y contacto con el libro].

La primera biblioteca pública se abrió en Japón en 1872, después de que la cultura occidental lograse introducirse por vez primera en el Imperio del Sol Naciente. La JLA (Asociación Japonesa de Bibliotecas, Nippon Bunko Kyokai) fue fundada en 1892 para promover los servicios de las bibliotecas y la bibliotecología en general. En 1906, la JLA organizó la primera Conferencia Nacional de Bibliotecas japonesas, y en 1929 se convirtió en miembro de IFLA.

Después de la II Guerra Mundial, en 1950, se promulgó una ley que estipulaba que las bibliotecas públicas debían ser subvencionadas por los impuestos, gratuitas y adecuadas para responder a las necesidades de información de la comunidad. A la par del desarrollo del país las bibliotecas progresaron, y surgieron servicios móviles, unidades para discapacitados y materiales audiovisuales y, por supuesto, informáticos.

De acuerdo a las cifras provistas por la JLA, existen 2.731 bibliotecas públicas y 7.275 profesionales en Japón (2003). Tales unidades están organizadas en bibliotecas de prefectura (63), de ciudad (1.636) y de población (1.033). Se prestan 550 millones de libros anualmente: un promedio de 4.5 libros por persona. Aún así, la JLA reconoce que en el 40 % de las poblaciones no hay bibliotecas públicas.

El desarrollo de los nuevos modelos y paradigmas económicos en Japón lleva a las bibliotecas a unirse a la PFI (Iniciativa de Financiamiento Privado), a través de la cual se prestan servicios en el sector privado, cobrando por los mismos y generando, por ende, un esquema de auto-sustentabilidad.

Los problemas de copyright ocupan un lugar central y controvertido en las discusiones públicas actuales. Los editores y autores reclaman la creación de un sistema de derecho de préstamo público para bibliotecas públicas, restringiendo la cantidad de duplicados y el periodo de préstamo de los nuevos títulos. La solución a esta iniciativa está aún en estudio, pero probablemente conlleve una serie de problemas... como los que han existido en otras partes del mundo cuando se ha discutido la misma temática.

Hay 686 universidades y 541 colegios en Japón; el 80 % de los mismos son privados (2002). Hay 1.257 bibliotecas universitarias y 324 bibliotecas de colegios. Entre los 13.000 profesionales que trabajan en el sector, casi la mitad son empleados full-time. Hay 260 millones de libros y más de 3.500 títulos de publicaciones periódicas en esas bibliotecas. El presupuesto es de 74 mil millones de yenes anuales...

En la mayor parte de las bibliotecas universitarias, los datos bibliográficos son incluidos en la base de datos preparada por el NII (Instituto Nacional de Informática), llamada NACSIS-CAT. El NII está preparando el sistema de préstamo inter-bibliotecario NACSIS-ILL. El 90% de las bibliotecas académicas poseen su OPAC en línea.

Los servicios, el manejo de recursos y la administración de las bibliotecas universitarias están evaluados por una Comisión Nacional. La acreditación para su funcionamiento proviene de tales instancias. Desde 2003 se está introduciendo la idea de gestión privada y de empleados no–oficiales en las unidades universitarias.

En los últimos tiempos se han establecido consorcios para la compra de revistas, y se han alargado los horarios de las bibliotecas (hasta última hora y durante vacaciones) para poder proveer servicios más adecuados a los usuarios.

De acuerdo al Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología, hay 23.633 escuelas primarias, casi 17.000 escuelas secundarias y casi 1.000 escuelas especiales (2004). Casi todos poseen bibliotecas escolares. Esto es así porque en 1953 se promulgó la Ley de Bibliotecas Escolares, que establecía que toda escuela tenía que tener biblioteca y un shisho-kyoyu (maestro-bibliotecario) que se ocupara del trabajo profesional. Sin embargo, la ley no siempre se cumple.

Desde los 90's se busca mejorar la estructura y la calidad de las bibliotecas escolares. La ley anterior de modificó en 1997, obligando a cada escuela con más de 12 clases (la mitad de las existentes) a tener un bibliotecario. Y los presupuestos han aumentado generosamente para proveer de una base sólida al desarrollo buscado.

Las bibliotecas especiales poseen servicios y materiales únicos. Pertenecen a un cuerpo diferente de organizaciones (JSLA, Asociación Japonesa de Bibliotecas Especiales). Hay 1.724 unidades con colecciones especiales. El 43 % de esas bibliotecas tienen menos de 20 mil libros, y el 40 %, menos de 200 títulos de periódicas. Pertenecen a oficinas gubernamentales, asambleas locales, instituciones privadas, instituciones de investigación, empresas, universidades y colegios y otras organizaciones.

La JSLA (fundada en 1952) promociona el desarrollo de las bibliotecas especializadas, en especial con los ciclos de Seminarios llamados "Seminarios Vespertinos", que se llevan a cabo, sobre temáticas puntuales, dos o tres veces al año desde 2003, y en los cuales ya han participado más de 500 profesionales.

La NDL (Biblioteca de la Dieta Nacional) es el equivalente de la Biblioteca Nacional en Japón. Se estableció en 1948 gracias a una ley, y su función prioritaria es asistir a los miembros de la Dieta (Parlamento Japonés) a cumplir con sus obligaciones. A la vez, su misión es proveer servicios bibliotecarios a las ramas ejecutiva y judicial del gobierno nacional, y al público en general. Es el único depósito legal de publicaciones en Japón, preserva todo el acervo histórico bibliográfico y compila la Bibliografía Nacional japonesa.

Posee 921 empleados, un presupuesto de 23.8 mil millones de yenes, 7.91 millones de libros y 176.000 títulos de periódicas. Es el centro de ISSN desde 1976 y el Centro Regional Asiático de IFLA-PAC (Preservación y Conservación) desde 1989.

La Biblioteca de la Dieta Nacional promociona la creación de bibliotecas y redes digitales como una de sus principales propuestas. Además de los proyectos de digitalización como las colecciones de la Era Meiji y la Base de Datos de Libros Raros, lleva adelante dos proyectos experimentales en relación con recursos de información en línea: "Servicio de Navegación de Base de Datos" (Dnavi) y "Proyecto de Archivado Web" (WARP). El primero es un portal que registra una gran cantidad de información de sitios web de todo Japón; el segundo, un proyecto que preserva y conserva sitios web como parte del patrimonio histórico nacional.

Actualmente se discute si incluir los recursos informativos japoneses en línea dentro del depósito legal del país, para así poder recogerlos y organizarlos de una forma más eficiente.

La JLA posee 6.700 miembros individuales y 2.800 institucionales. En 2001 organizó su Conferencia número 87. Su nueva sede de seis pisos (1998) se encuentra en el Chuo-ku de Tokio, y posee un Consejo General y una serie de divisiones (bibliotecas públicas, universitarias, escolares, especializadas, educación en bibliotecología) y 25 comités trabajando continuamente.

Las diferencias y similitudes de la bibliotecología japonesa (de cuya educación académica no pude obtener mucha información actualizada) con la latinoamericana no se reducen únicamente a los recursos económicos o informáticos. La propia cultura japonesa y sus acciones se reflejan en los logros obtenidos. Es evidente que no podemos –ni debemos– copiar las actitudes o los movimientos de otros países y culturas: sería ridículo y, muy probablemente, inútil. Sin embargo, no está de más echar un vistazo, de vez en cuando, al sendero que transitan otros pueblos. Quizás podamos aprender de algunos ejemplos, replicar algunas ideas y, sobre todo, colocarnos metas reales. Metas que ya han conseguido otros colegas de otras latitudes, colegas que han tenido y tienen problemas similares a los nuestros, pero que quizás los han enfocado desde perspectivas distintas o con mayor creatividad.

Un abrazo cordial... Nos seguimos leyendo en este rincón del infinito espacio virtual.

Ilustración.