Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

octubre 30, 2006

Turkmenistán

Turkmenistán

Por Edgardo Civallero

Turkmenistán es un pequeño país del Asia Central, situado a orillas del Mar Caspio, al norte de Irán. Tiene un área ligeramente mayor a la de Paraguay, ocupada por tierras esteparias, de las cuales sólo el 5% son aprovechables para agricultura. El resto es empleado para una economía de pastoreo nómada que replica, en pleno siglo XXI, las tradiciones medievales. Actualmente independiente, perteneció por décadas a las ex Repúblicas Socialistas Soviéticas. La única ciudad de cierta importancia es la capital, Ashgabat, en donde se centralizan todos los servicios.

Decidí hablar sobre este país cuando me crucé, hace unos días, con un tibio y deslucido artículo del IFLA Journal (2006, 36 (2), pp.131-9) escrito por un profesor de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles), John V. Richardson, consultor en bibliotecología en diversos países del mundo, especialmente en el área de la antigua URSS. El texto se titula "Biblioteca y economía de la información en Turkmenistán" y, a pesar de proporcionar información concreta sobre bibliotecas, evita muy tibiamente acercarse a otros temas (derechos humanos, por ejemplo) que deberían ser conocidos por la comunidad bibliotecológica internacional.

Si no hubiera sido por la particular situación sociopolítica que vive Turkmenistán, jamás hubiera buscado información sobre ese pequeño país. Pero en abril del año pasado, revisando noticias de la BBC, me encontré con un comentario del presidente turcomeno Saparmurat Niyazov: "las bibliotecas rurales deben ser cerradas; de todas formas, ningún turcomeno las usa ni lee libros". El comentario –que la BBC reportaba como un decreto presidencial de febrero de 2005– me dejó helado. Pero fue sólo el principio: buscando otras noticias, supe que muchos bibliotecarios habían sido sustituidos por soldados, y que algo parecido había sucedido con los médicos.

Completamente interesado por el tema, intenté averiguar un poco más de la situación de una nación tan lejana y tan desconocida. Supe, entonces, que el país soporta una dictadura impresionante por parte del tal Niyazov, presidente de por vida (o sea, per saecula saeculorum, aunque ha prometido dejar el cargo en 2010) de la pequeña nación del Asia Central. Las actividades de este caballero –si se me permite llamarlo así– no tienen desperdicio: sus excentricidades (que rápidamente se convierten en decretos gubernamentales) pueden pasar a engrosar la lista de extravagancias enfermizas construida a fuerza de locura por Nerón, Napoleón y otras "personalidades" semejantes.

Niyazov es presidente de Turkmenistán desde la independencia del país (es decir, desde la caída de Gorbachev en 1991). Se hace llamar Turkmenbashi, "el líder de todos los turcomenos", y ha creado un impresionante culto a su persona: de hecho, ha hecho cambiar el nombre de una ciudad a orillas del Caspio por este apelativo propio... por no hablar del de escuelas, aeropuertos... y hasta el de un meteorito.

Nuestro hombre ha ido bastante más allá: ha cambiado todo el calendario y ha bautizado meses y días con su nombre, el de sus libros, el de su madre y el de sus autores y festividades favoritas. Su cara aparece en todos los billetes, y grandes retratos con su imagen cuelgan en las ciudades, al mejor estilo "Gran Hermano" de la famosa novela 1984 de Orwell. Las estatuas de él y de su madre (su padre murió en la II Guerra Mundial, cuando él era niño) aparecen distribuidas en todo el país, incluyendo una en el medio del desierto de Kara Kum y otra en el centro del Arco de la Neutralidad, uno de los edificios más grandes de Ashgabat. Esta última estatua gira para estar siempre orientada de cara al sol, y así reflejar sus "rayos benefactores" sobre la ciudad.

Niyazov se ha otorgado el premio "Héroe del Turkmenistán" a sí mismo cinco veces... y ha dicho: "Estoy personalmente en contra de ver mi imagen y estatuas en las calles – pero eso es lo que la gente quiere".

El sistema educativo adoctrina a los jóvenes turcomenos para adorar a Niyazov: de hecho, sus trabajos y discursos componen la mayor parte de los libros de texto. Y aquí entramos en una materia obligatoria cuando se habla de Turkmenistán. El principal libro (sino el único) del país –evidentemente escrito por Niyazov, y objeto de culto en toda la nación– es el Rukhnama, o "Libro del Alma". Esta obra, de 400 páginas –accesible, en inglés, en Internet– es una mezcla muy personal de historia revisionista y guía moral. Fue escrita para convertirse en la "guía espiritual de la nación" y en la "base de la literatura y el arte nacional". Dado que los textos y periódicos de la era soviética han sido prohibidos –y no han sido reemplazados por cosas nuevas– las bibliotecas tienen poco más que los trabajos de nuestro buen amigo Niyazov.

Además de colocarse en el centro de la vida de su pueblo, la ha limpiado de influencias rusas y extranjeras. Ha cerrado compañías de ópera y ballet porque "no son parte de la cultura turcomena". Los conservatorios y universidades de estilo occidental también han sido clausurados. Introdujo un nuevo alfabeto turcomeno, basado en el latino y no en el cirílico. Y así hasta el infinito.

Como era de esperar, las medidas de seguridad / represión son impresionantes, incluyendo arrestos masivos a opositores y sus familias, violación de derechos humanos y un largo etcétera. La libertad de expresión no existe: cualquier crítica al líder es considerada traición y es castigada con largos periodos de prisión, reclusión en instituciones mentales o exilios en campos cerca del Mar Caspio. Las conversaciones privadas son monitoreadas por informadores del gobierno. Casi todos los accesos a Internet –escasísimos– y las actividades en la red están controlados. En 2005 había 36.000 usuarios de Internet en una población de 5 millones de habitantes, lo cual significa que sólo el 0.7 % de la población tiene cuentas.

Dado que los recursos petroleros del país son excelentes, y que la neutralidad asumida por Turkmenistán lo lleva a no establecer alianzas con nadie, Niyazov puede darse el lujo de desoír advertencias internacionales en relación con derechos humanos.

Algunos de los decretos de Niyazov ponen la piel de gallina, y hacen pensar en la imagen de un niño jugando con el poder (o un orangután manipulando una ametralladora). En marzo de 2004 dejó sin empleo a 15.000 trabajadores de la salud (enfermeras, visitadores...); al mes siguiente, un decreto animaba a los jóvenes a no usar fundas de oro en los dientes, sino a masticar huesos para conservar su salud dental; en febrero de 2005, ordenó cerrar los hospitales fuera de la ciudad de Ashgabat, diciendo que si la gente se enfermaba viniera a la capital; lo mismo hizo con las bibliotecas rurales. En noviembre de 2005 ordenó que los médicos no hicieran el juramento hipocrático, sino que le prestaran a él mismo un juramento personal. En septiembre, Niyazov diseñó una nueva escala de pagos para los maestros. Aquellos que no quisieran quedar en la última etapa –con sueldos mínimos, y casi en la indigencia– debían escribir un artículo periodístico alabando al líder y publicarlo en uno de los dos periódicos oficiales.

Sobre el Rukhnama hay mucho más para decir. Después del Corán (los turcomenos son musulmanes) es el libro más importante en la vida nacional. De hecho, debe de ser considerado igual al libro sagrado (aquellos líderes religiosos que se han opuesto a esta idea han visto sus mezquitas derruidas por el estado). Se impone obligatoriamente en la sociedad y en las comunidades religiosas. Es el principal libro educativo desde la escuela primaria a la universidad. Se necesita poseer un alto conocimiento del texto –así como la habilidad para recitar pasajes enteros del mismo– para pasar exámenes, para entrar a la universidad, para obtener el permiso de conducir o para tener un empleo estatal.

La crítica pública al texto, o incluso una reverencia insuficiente, son suficientes para que el agraviante sea detenido, puesto en prisión y torturado. La pena puede alcanzar a la familia si la falta fue muy grave.

En marzo de 2006, Niyazov declaró que había intercedido con Alá para asegurar que cualquier estudiante que leyera el libro tres veces se asegurara inmediatamente la entrada al paraíso.

Una enorme réplica mecánica del Rukhnama está situada en la capital: cada noche, a las 20, el enorme libro se abre y se recita un pasaje, acompañado por videos ilustrativos.

El reporte del colega Richardson –de una tibieza que me dio náuseas– apenas si toca esta información, que tuve que recuperar de un sitio tan básico como la Wikipedia. Ciertamente las publicaciones internacionales sobre bibliotecología evitan este tipo de análisis: en opinión de los editores (en especial de aquellos pertenecientes a IFLA, institución totalmente "apolítica"), nuestra profesión no tiene nada que ver con los derechos humanos, con la ética, con la política o con la censura. Los artículos profesionales solo deben rescatar cifras y datos respecto a la realidad de las bibliotecas, es decir, contar cuántas bibliotecas hay, cuántos libros tienen, que sistema de catalogación usan y esas cosas.

En fin, para darles el gusto a los colegas que creen que esos datos –y no los otros– son los importantes para conocer la realidad de los profesionales de otro país, citaré un rato al bueno de Richardson y diré que Turkmenistán disfruta de un elevado índice de alfabetización, reportando un 98.8% para mayores de 15 años (se comprende, si el líder Niyazov pretende que todos lean su libro). Sin embargo, "aún no existe una floreciente cultura de lectura, dado que hay pocos –o ningún– libro nuevo en el campo, y cuando aparecen, son extremadamente caros, incluso para los bibliotecarios".

En su texto, el profesor de la UCLA señala literalmente: "El rol y el status de las mujeres en Turkmenistán está mejorando: por ejemplo, la cuarta parte de los funcionarios electos son mujeres, y son promovidas por ley. Sin embargo, hay códigos de vestimenta para las mujeres en la escuela y en el trabajo". Quizás las colegas de sexo femenino –gran mayoría en nuestra profesión– puedan indicarme si esto es una "mejoría", en especial cuando las vestimentas y las costumbres no se usan por respeto a la tradición cultural propia, sino por decreto.

Sigo citando. "Las TICs en Turkmenistán están luchando mucho, dados los altos costos de las licencias, tasas por servicios e impuestos de importación de equipos, así como un proceso gubernamental opaco de solicitud para habilitación de compañías de telecomunicaciones. En 1998, 1.000 servidores de Internet estaban usando el monopolio estatal de Internet, STC Turkmentelecom. Las búsquedas son filtradas por el gobierno para evitar pornografía, violencia y sentimientos anti-gubernamentales; el director del Programa de Entrenamiento y Acceso a Internet de la Biblioteca Nacional ha sido visitado por oficiales gubernamentales del Misterio de Seguridad Nacional, buscando seguridades de que el acceso libre Internet no permite el acceso a pornografía y debe ser educacional y apoyar a la política nacional y a los puntos de vista del gobierno".

Continúo citando. "El 15 de junio de 2000, el Presidente firmó una ley, 'Sobre Bibliotecas y Actividades Bibliotecarias', más conocida como 'Zakon'. Es una ley descriptiva, que define bibliotecas y sus actividades, pero no habla de cuestiones de privacidad y copyright". Sigue extrañándome que organismos internacionales como IFLA (y su sección FAIFE) no establezcan acciones, recomendaciones o resoluciones al respecto.

Sigamos con la cita. Esta no tiene desperdicio: "El decreto de febrero de 2005 [el de bibliotecas rurales] ha sido malentendido por muchas agencias internacionales, dado que no fue una legislación, sino un comentario del presidente frente a su gabinete y televisado el 22 de abril: ´Las bibliotecas deben cerrarse; de todas formas, nadie va a las bibliotecas ni lee libros´. Aparentemente, ha habido algunos cierres de bibliotecas usando esta frase como justificación. Hay rumores que corren de boca en boca acerca de una política de centralización bibliotecaria que se incrementa (debido a falta de fondos para mantener pequeñas bibliotecas en áreas remotas). Algunos cambios han sido reportados en la parte sureste del país, mientras que en las provincias del oeste no han habido cambios". Es curioso que la mayor parte de las agencias internacionales de noticias y los organismos de derechos humanos reporten otra cosa. Pero en fin: aunque el "comentario" no haya llegado a "decreto", tener como dictador a una persona que piense así es bastante alarmante para cualquier colega en cualquier punto del mundo.

Richardson nos cuenta que "cada biblioteca (incluyendo las universitarias) debe tener una sala dedicada al culto del Rukhnama".

Sigo... "La lectura de materiales impresos en las calles o en los cafés no parece ser tan popular como en Rusia" dice el californiano, y después de saber un poco más sobre Turkmenistán, comprendemos la razón. "La radio de noticias Mayak, una de las más populares en el país, fue suspendida por el gobierno el 11 de julio de 2004, aunque aún pueden accederse noticias por algunos servidores de Internet. Hay 20 periódicos locales. Sin embargo, se lee poco. Y esto asombra, dado que en el propio Rukhnama se alienta a leer". El colega no especifica qué textos se alienta a leer en el libro de Niyazov.

Continúo la cita. "Los manuscritos para publicar libros deben ser enviados y presentados a la Agencia Estatal de Publicaciones, que tiene la capacidad de editar 500 títulos por año, la mayoría sobre el patrimonio cultural turcomeno". ¿Más censura? Richardson expone que a cada libro que se decide publicar se le asigna un número, así que, como no hay bibliografía nacional, es fácil construirla con tales números. La catalogación se basa en CDU y en las normas alemanas BBK. La tirada media es de 20.000 copias. La Zakon (ley de bibliotecas) obliga a reservar algunas copias para bibliotecas de importancia nacional. Los libros extranjeros deben ser aprobados por el Gabinete de Gobierno.

El artículo del IFLA Journal anota que hay 5 tiendas de libros en la capital, Ashgabat, todas operadas por el gobierno. En la número 3 pueden encontrarse alrededor de 3000 títulos únicos, incluyendo algunos manuales rusos para conducir y reparar autos.

El documento publicado por Richardson continúa con una breve descripción de las bibliotecas existentes en el país (las académicas no pasan la docena) y de la formación académica que reciben los bibliotecarios, panorama realmente sombrío allá donde los haya.

¿Por qué comparto esta información? Somos bibliotecarios, profesionales que proveen un servicio a la comunidad. Debemos ser conscientes, en todo momento, de las condiciones en las que vivimos, tanto las sociales como las políticas y económicas. Y debemos –dentro de lo posible– conocer la situación internacional de nuestra profesión. Dado que somos actores clave dentro de una "Sociedad de la Información" en pleno apogeo, y dado que gestionamos un inmenso poder –el de la información– es necesario que sepamos cuál es nuestro lugar dentro del tablero (inter)nacional y cuáles son los problemas que podemos llegar a encarar.

También incluyo esta información para difundir conocimiento sobre nuestro mundo actual, un mundo en el que todavía sobreviven dictadores novelescos como Niyazov, de quién nuestros periódicos no nos hablan. Finalmente, quiero hacer un fuerte hincapié en la neutralidad que asumen muchos colegas –como Richardson– y muchos editores de publicaciones profesionales, que evitan tocar temas que no sean específicamente bibliotecológicos. Nuestra disciplina está profundamente ligada con el resto de las disciplinas y con la realidad en la que vivimos. No es un cuarto estanco, no es una torre cerrada, aunque muchos quieren que así sea y la vivan así. No se trata solamente de estadísticas de libros y usuarios (clásico artículo de revista bibliotecológica), sino de las condiciones en las que los bibliotecarios tienen que trabajar, de los libros que tienen que manejar, de las políticas que tienen que soportar, de los conceptos y métodos interdisciplinarios que usan. La tibieza y la "pureza" disciplinaria solo nos llevaran a vivir en una realidad virtual que dista mucho de la realidad que acontece a diario fuera de nuestros muros y nuestros estantes. Personalmente, entre 2001 y 2003 soporté los comentarios de un buen número de editores internacionales que rechazaron mis artículos (los mismos textos que hoy expongo en Congresos Internacionales, especialmente invitado para ello) porque eran "muy políticos", "muy antropológicos" o "muy históricos" (entre estos editores había muchos argentinos y latinoamericanos que siguen haciendo gala de su mente cerrada). Son muchos colegas los que escriben desde un marco interdisciplinario o social y son rechazados por estos editores... para luego ser aceptados por editoriales más abiertas y publicar excelentes libros que abren caminos hacia otras formas de pensar y otras formas de aprender y entender nuestro trabajo.

Nuestra profesión es política. Quizás Turkmenistán queda muy lejos. Pero, si lo pensamos detenidamente, tenemos muchos "monstruos" locales que se ejercitan, día a día, cómo aprendices de Niyazov. Si no somos conscientes de ello, si no aprendemos a vivir nuestro trabajo integralmente, si no adquirimos conciencia política (en el mejor sentido de esta denigrada palabra) despertaremos un día con la noticia de que nuestra biblioteca fue cerrada por que, al fin y al cabo, nadie lee.

Muchos pretenden que en el tablero internacional del conocimiento sigamos siendo peones, y no alfiles, torres o reyes. Limitándonos a tareas de técnicos (sin dejarnos hablar o leer sobre otras materias, tan válidas como las que más) nos limitan, nos encadenan, nos colocan riendas y bocado y se evitan actitudes críticas e independientes por parte de las manos que manejan el poder alrededor del cual gira hoy el mundo, y que tantas cosas puede cambiar. Sacudirnos el yugo y comenzar a re-aprender nuestra profesión desde un punto de vista plural, informado, consecuente y abierto depende de nosotros. Pongámonos, pues, manos a la obra...

Ilustración.