Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

diciembre 10, 2006

Diario de viaje (03 de 28): un puente alto, muy alto... (2º parte)

Diario de viaje (03 de 28): un puente alto, muy alto...

Por Edgardo Civallero

Saliendo del taller, nos unimos al grupo de "invitados extranjeros" (= conferencistas de otros países) para visitar las instalaciones del Centro Bibliotecario de Puente Alto. Después de las palabras de los encargados políticos comunales y de la DIBAM, reconocimos el espacio de la Biblioteca Pública y nos enteramos del programa de apoyo que la misma proporciona a las bibliotecas escolares de toda la comuna. Para ello tienen un plan de fomento de la lectura en bibliotecas escolares llamado "Crece leyendo" (el cual consta en una enorme carpeta que nos obsequiaron) cuyos objetivos son:

Desarrollar el gusto, el hábito y las habilidades de lectura en toda la comunidad educativa
Poner a disposición de niños y niñas diversos recursos de lectura con igualdad de oportunidades
Desarrollar la comprensión y velocidad lectora con estándares que indiquen los niveles de crecimiento del hábito lector a través del tiempo
Apoyar el proceso de enseñanza y aprendizaje de los alumnos
Convertir a las bibliotecas escolares en centros de recursos de aprendizaje abiertos y de fácil acceso para la comunidad educativa

El plan ofrece indicadores para cada objetivo (que permiten evaluar su cumplimiento) centrándose específicamente en la medición de la velocidad de lectura de los chicos como criterio principal de su comprensión lectora, algo en lo que estoy por completo en desacuerdo. Creo que la comprensión de lo leído no puede medirse a través de la velocidad de lectura: puede leerse muy rápido y no comprenderse absolutamente nada. Pero parece ser que algunos colegas chilenos –especialmente algunos situados en niveles directivos– están fascinados por los números, las estadísticas y las normas ISO, olvidando la importancia conjunta (repito: conjunta) de otros factores y métodos de evaluación.

El apoyo a las bibliotecas escolares se centra en la habilitación de espacios en cada escuela (señalización, muebles, etc.), el desarrollo de colecciones y catálogo computacional, la formación de encargados de bibliotecas y el desarrollo de servicios (consultas en sala, préstamos en clase y préstamos a domicilio). Se ha generado, para el crecimiento de la colección, una bibliografía básica de 8 títulos por nivel y por grado, algo en lo que Sara –como docente– estuvo en desacuerdo (opinión a la que me uní después de oír sus razones). Supuestamente proporcionan 8 títulos anuales para que cada niño lea. Si bien es un avance hasta cierto punto (especialmente si pensamos en que algunos niños que no leían nada, ahora leen 8 libros por año, con sus actividades y análisis respectivos), bajo ciertos aspectos puede ser limitante.

El plan de promoción de la lectura (algo que curioseé detenidamente porque soy docente de un plan similar en la Universidad Nacional de Córdoba) incluye un programa de iniciación de los niños a la lectura, un registro de los avances en la lectura a través de un "Cuaderno de Bitácora" de muy buen diseño, la promoción del uso de la biblioteca escolar, la narración de cuentos, la lectura y escritura de poesía, la dramatización de lecturas, el (re)conocimiento de libros nuevos, el desarrollo de la velocidad lectora (nuevamente), la recuperación de la tradición oral (punto que me sorprendió agradablemente), el desarrollo de la participación, la identificación de gustos e intereses de lectura y el incentivo a los lectores.

El "cuaderno de bitácora" que mencioné antes es un pequeño cuadernito que incluye el Decálogo de Derechos de los Niños a Escuchar Cuentos (redactado por la Asociación Colombiana del Libro Infantil) y una guía de los números de la CDU (generales) y de las claves de colores que identifican a los libros de literatura u 800 (amarillo para 0-3 años, verde para 4-6, azul para 7-9, rojo para 10-12). Los libros están ordenados por CDU general y luego por orden alfabético, teniendo en su marbete el círculo de color antes nombrado. Además, el cuaderno incluye espacios para escribir las lecturas de investigación, instrucciones para el uso del espacio "Planeta Virtual", espacios para libre creación, la Convención sobre los Derechos del Niño (Naciones Unidas) y varias curiosidades más. De esta forma, el niño puede llevar un registro de sus lecturas y las actividades relacionadas a las mismas, ya sean creativas, de investigación (papel o digital) o de relación.

En general, la lectura del plan y los comentarios de sus responsables demuestran excelentes ideas e intenciones, pero he aprendido, por la práctica pura y dura, que una cosa es el dicho y las intenciones, y otras muy distintas las acciones puestas en práctica. Dado que no pude ver ni chequear resultados finales, no puedo decir nada más al respecto: cuando se visitan instituciones como invitado, uno ve lo que le muestran o quieren mostrarle, y eso precisamente suele limitarse (por "lógica") a los buenos aspectos, los éxitos y los dichos. Los hechos (no siempre tan perfectos) suelen dejarse a un lado.

Las colecciones de la Biblioteca Pública son de acceso abierto –excepto la sección de referencia–, exhibiendo además una sala preparada para la alfabetización informacional y la búsqueda de información a través de las redes digitales. Pero quizás lo que más nos impresionó fue la Biblioteca Infantil, vecina al edificio de la Biblioteca central, e incorporada plenamente a la estructura del Centro Bibliotecario. El edificio fue adaptado –muy pertinentemente, a mi parecer– para cumplir sus nuevas funciones gracias a la labor conjunta de arquitectos, diseñadores y bibliotecarios. La sala está totalmente marcada por colores y señalizaciones amigables y agradables, que orientan a los usuarios a moverse entre los materiales correspondientes a su edad. La sala principal, en la planta baja, posee unas enormes lámparas de tela que dominan el espacio y los delinean: a sus pies se extienden alfombras del color correspondiente y bancos mullidos y cómodos, en donde los niños lectores asumen las posiciones más curiosas, disfrutando de los materiales expuestos. El personal, bien identificable, está siempre dispuesto, y orienta tanto a chicos como a grandes. Aquí debo destacar la presencia nutrida de padres y madres, interesados en la adquisición de destrezas de lectoescritura para ellos y sus retoños... y la ayuda que reciben por parte de personal cualificado. En la segunda planta existen un par de espacios para talleres de arte y expresión, y para teatro. Se trata, en definitiva, de un verdadero centro cultural, organizado de acuerdo a las más modernas tendencias y a un diseño exquisito y cuidadoso. No pude comprobar –debido a la brevedad de mi paso por el mismo– los resultados de su trabajo, los comportamientos de los usuarios y trabajadores, las opiniones de los lectores (adultos y niños) o el impacto que el centro tiene en su comunidad. Pero debo rescatar la seriedad y profesionalismo de los responsables a la hora de diseñar políticas, servicios y actividades, algo que en nuestras tierras suele brillar por su ausencia, por muchos recursos que se tengan.

Desde el Centro Bibliotecario nos dirigimos a una escuela de la propia comuna de Puente Alto, en donde visitamos una de las bibliotecas escolares de las que les hablé un poquito más arriba. Allí estuvimos junto a una clase que "leía" y que nos interpretó una pequeña obrita de teatro, adaptación de un cuento. La directora del establecimiento y la responsable de la biblioteca nos comentaron un poco las funciones de la unidad (armada en un aula), que ya reseñé. Anoto que los niños "leían" porque es obvio que, ante una visita así, cualquier docente en cualquier escuela lleva a sus niños, les coloca un libro entre las manos y les dice que se porten bien ante los invitados internacionales (una artificialidad que siempre me ha incomodado, porque se nota en la cara de los críos). Esto no quiere decir que los niños no lean diariamente: los informes que pude ver, colgados de las paredes, hablaban de un buen ritmo y un acceso frecuente a los libros, aunque sigo discordando con el método de evaluación de "velocidad de lectura".

De allí, a comer y a beber, actividad que incluyó carne asada y el famoso "pisco sour". Para los no conocedores, contaré que el pisco es una variedad de aguardiente logrado a través de la destilación del hollejo de la uva, material abundante en esta zona de viñas y viñedos. Es algo parecido al orujo de Galicia o a la grapa rioplatense. Se bate con azúcar, limón y una clara de huevo y se sirve con un poco de limón por encima. Existe una rivalidad tremenda entre peruanos y chilenos por delimitar la autoría inicial de la bebida y por establecer cual variedad es la mejor (los peruanos argumentan que los chilenos robaron la receta y la "patentaron". No es la primera ni la última disputa entre ambas naciones). Luego de probar ambas, Sara y yo nos quedamos definitivamente con la versión peruana... pero esa es una opinión muy propia. Después de la comida, visitamos la Viña "Concha y Toro", quizás la más famosa del país trasandino. Emplazada en un predio bellísimo, perteneciente a un terrateniente de las altas clases decimonónicas, el lugar exhibía casonas, jardines con especies exóticas... y una larga tradición en el cultivo de la uva, un arte que desconozco y que Sara –con una cultura enológica mucho más avanzada que la mía– me ayudó a comprender: tipos de uva, barricas de roble, cosechas, colores, aromas, sabores. A pesar del digno esfuerzo docente de mi compañera, debo confesar que aún continúo en mi estado previo de ignorancia vinícola. Armados del mítico vaso de catador, probamos un par de caldos de los más emblemáticos de la firma vinícola... aunque no tuvimos la fortuna de catar "Casillero del Diablo", uno de los vinos más famosos de la casa. La fama de ese tinto proviene de su leyenda: el dueño de la bodega reservaba un poco de sus mejores cosechas y productos para consumo propio, en un espacio específicamente diseñado bajo tierra. Pronto descubrió que sus trabajadores (gente del lugar) disfrutaban junto a él de sus "reservas". Ideó, por ende, la leyenda de que en aquellos lugares moraba el Demonio, certificando tal cuento con apariciones esporádicas propias disfrazado de Belcebú, con sus cadenas, cuernos y capa. Parece ser que la incredulidad de los locales se vio mellada por tales apariciones diabólicas, y esos vinos no volvieron a ser tocados. Hoy en día, el paso por esa bodega subterránea es una atracción turística más, acompañada por toda la esperable parafernalia de luces y sonidos "sobrenaturales e infernales".

El resto del día fue aprovechado para descansar de las emociones y del trabajo matinal, y para recordar con Sara datos curiosos que nos comentaron algunos participantes del taller de Puente Alto, como la fuerte presencia del Opus Dei en la comuna –de dirección política conservadora– y el desarrollo de programas familiares (hasta donde nos dejaron entender, de "crecimiento" familiar) en núcleos que ya poseen 6 o 7 hijos y pocos recursos para darles un bienestar básico. Es curioso –y tremendamente triste– ver como ciertos sectores de la población aún continúan defendiendo ideas del siglo XVI en un mundo que necesita de un poco más de apertura mental. Combatir los métodos de educación / planificación familiar (como por ejemplo los anticonceptivos) en sectores sociales carenciados me parece totalmente irreal, anti-ético y anti-humano. Evidentemente, hago poco caso de lo que dice "el Libro" al respecto: mi opinión se basa en el mero sentido común, al haber experimentado directamente las necesidades imperiosas que deben encarar y soportar familias de cinco, seis y hasta siete hijos (es decir, nueve miembros). Está bien que hagamos crecer el rebaño. Lo que no entiendo es por qué no lo aumentan los que más recursos poseen, o porqué los "ricos y poderosos" (precisamente los que defienden y promueven las normas cristianas más radicales) no comparten lo que tienen con las familias numerosas, intentando lograr el mundo de paz, amor, justicia y equilibrio que cierto nazareno admirable promovió hace algunos siglos.

Finalizando el día, encontré que los dichos siguen siendo los dichos, y los hechos siguen lejanos de las palabras, muy lejanos. Enormes brechas que quizás nunca se cierren, por mucho que hagamos o queramos decir.

La noche me encontró preparando la conferencia del día siguiente, precisamente titulada "El rol social de las bibliotecas públicas en Latinoamérica". Con la sangre encendida como la tenía, aquella conferencia iba a ser mi válvula de escape a muchas preocupaciones, ideas e inquietudes que se me estaban planteando. Esperaba encontrar oídos y mentes abiertas a nuevos planteamientos.

Ilustración.