Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

diciembre 11, 2006

Diario de viaje (04 de 28): el rol social de los bibliotecarios

Diario de viaje (04 de 28): el rol social de los bibliotecarios

Por Edgardo Civallero

El Primer Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas propiamente dicho tuvo lugar, durante tres días, en la Biblioteca de Santiago, un edificio refuncionalizado que incluye asimismo al Archivo capitalino. Anteriormente, la biblioteca pública de la ciudad se encontraba en el mismo edificio que la Biblioteca Nacional (sobre la Alameda O´Higgins) pero, hace poco más de un año, la DIBAM se encargó de adaptar una estructura de almacenes y oficinas y convertirla en un centro bibliotecario con auditorio, salas, etc.

El ala oriental del edificio tiene restaurante, terraza, salas de capacitación, conferencias y exposiciones, galerías comerciales, cafetería y salones multiuso. El ala sur tiene las colecciones generales, las de literatura, las de audio y video, las salas de estudio, la sección juvenil, la de prensa y referencia, la de adultos, la infantil, la sala de novedades, los laboratorios de capacitación y el área de préstamo y catálogo. Una estructura ciertamente completa. Además de esta Biblioteca santiaguina, la DIBAM gestiona el Centro Nacional de Conservación y Restauración, el Centro Patrimonial Recoleta Dominica, el Departamento de Derechos Intelectuales, el Museo Nacional de Historia Natural, la Biblioteca Nacional, el Museo Histórico Nacional, el programa Bibliorredes, el Archivo Nacional, el Museo Nacional de Bellas Artes, los Museos especializados (4) y regionales (20), sitios de Internet, publicaciones ("Patrimonio Cultural", "Conserva", "Mapocho") y la red de bibliotecas públicas (incluyendo el Bibliometro, el Bibliotren, los Dibamóviles con puntos de préstamo en ferias libres de 17 comunas, y más de 50 servicios móviles incluyendo Bibliobuses, Bibliomotos, Bibliocarretelas, casas rodantes, Triciclos amarillos, buses culturales y otros innovadores medios de transporte).

A la Biblioteca de Santiago, pues, nos dirigimos después del desayuno que compartí con mi compañero de habitación y de Congreso, Gustavo von Bischoffhausen, un bibliotecario peruano con formación en historia que, en la actualidad, está trabajando en un hermoso proyecto de red de bibliotecas quechuas en la localidad de Ayaviri, en pleno altiplano peruano, cerca del Titicaca, financiado por IFLA-LAC. Gustavo es miembro del Colegio de Bibliotecólogos del Perú y bibliotecario de una institución relacionada con el arte, y trabaja, junto con otros colegas –p.ej. Álvaro Tejada– en esta historia tan particular y tan asombrosa de las bibliotecas indígenas. Además, Gustavo desarrolla la iniciativa "Todas las voces todas", en la cual presenta la oralidad y las diversidad étnica de su país de la mano de narradores de distintas culturas y lenguas, los cuáles muestran lo mejor de su acervo hablado y de su patrimonio intangible.

En fin, allí estábamos, en la ceremonia de inauguración del evento, junto con el resto de los panelistas internacionales. Fue un hermoso grupo humano, una reunión de profesionales que se transformó en una reunión de amigos con intereses e ideas comunes. La inauguración contó, como era de esperar, con la presencia de las autoridades organizadoras: el alcalde / intendente de la comuna de Puente Alto (M. J. Ossandón) y la directora del DIBAM, Nivia Palma, que dio una charla magistral llena de contenidos que, a mi gusto, rozaban más lo político que lo bibliotecológico (pero en fin, ya conocen lo parcial de mis apreciaciones). Tras tal acto de apertura, y mientras salía a almorzar, me entrevistaron (a alguien se le ocurrió tal peregrina idea) y, tras tal intercambio de preguntas y respuestas, agregaron algunas ideas extraídas de este blog y de mi conferencia de esa misma tarde y publicaron el resultado (curioso, por cierto) en la página de la Subdirección de Bibliotecas de la DIBAM.

En fin, tras el almuerzo comenzaron las mesas con la participación de los "invitados internacionales". Ya estaba todo el mundo allí: habían llegado responsables de bibliotecas públicas de los cuatro confines de Chile, desde el sur de la Patagonia hasta Visviri, allá en la frontera con Bolivia y Perú. La primera ponente fue Manuela Nunes, una portuguesa de ideas claras que habló sobre "Dudas, preguntas, retos e ilusiones de las bibliotecas públicas al amanecer del tercer milenio". En un español correcto pero bañado del delicioso acento portugués peninsular, Manuela dio una verdadera clase de bibliotecología social, anotando conceptos e ideas que, en su trasfondo, eran realmente revolucionarias.

Tras Manuela, el turno fue de José Antonio Merlo, un docente y bibliotecólogo de Salamanca (España) que hasta hace poco desempeño un cargo dentro de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, y que tiene un buen cúmulo de artículos publicados en Internet sobre redes y bibliotecas digitales. José Antonio, haciendo gala de un humor excelente ante un auditorio que parecía dormirse debido al horario de siesta y a los estómagos repletos de almuerzo recién ingerido, logró despertar a los oyentes y hacerles llegar las ideas que expresaba en su conferencia "La biblioteca pública como promotora de la lectura". Tanto José Antonio como Manuela nos introdujeron, durante esa mesa, al problema de las bibliotecas públicas enfrentándose a una nueva era y a un paradigma que, en su carrera desenfrenada, no siempre espera por ellas.

Y tras el descanso, subí al estrado parea participar en la segunda mesa de la tarde, junto con el colega colombiano Carlos Zapata Cárdenas. Carlos es un reconocido profesional y docente que trabaja en Bogotá (en este momento, en la Universidad La Salle) y que maneja una amplia gama de temáticas de la especialidad, además de un acervo incontable de experiencias, noticias y novedades que bastan para quedarse unas cuantas horas oyéndole hablar. Su intervención –que me precedió– presentó algunos datos numéricos sobre la brecha digital en Latinoamérica.

Tras sus palabras, fue mi turno. Mi tema: la responsabilidad social del bibliotecario en Latinoamérica.

Apenas pude terminar la conferencia, nos dirigimos con Sara a la terminal de buses para tomar el transporte que nos conduciría, a lo largo de toda la noche, a la ciudad de Temuco, la capital de la Araucanía, allá en el sur del país. Amaneceríamos allá. Pero esa historia pertenece a otro día... Por el momento, los dejo aquí, con un abrazo enorme.

Ilustración.