Por Edgardo Civallero
En los últimos tiempos, me ha ocurrido que, al leer documentos –generalmente en lengua inglesa- sobre "bibliotecología progresista" (y otros textos que tienen que ver con "responsabilidad social" o con tendencias intelectuales de izquierda), me he topado con una palabra curiosa, etiquetando esta clase de posiciones:
"Radical"
Según mi viejo diccionario de la Real Academia Española, esta palabrita significa "extremo, incisivo".
Generalmente siento un profundo odio por las etiquetas. Me parecen muros mentales y sociales a mi personalidad. Siento que me limitan a ser "esto" y no "aquello". Siento que pierdo la libertad personal de ser todo lo que quiero ser (una libertad por la que debo pagar diariamente un precio tremendamente alto). Realmente, me siento clasificado, como uno de los libros de mi biblioteca, un muñeco más colocado en un espacio -fijo y predeterminado- de los infinitos estantes de las estructuras sociales clásicas de este mundo loco.
Pero, más allá de estas consideraciones, no me gusta demasiado (o quizás no termino de entender) la etiqueta "radical". Una actitud radical implica poseer una mente totalmente cerrada. Tales posiciones generalmente mantienen que sus puntos de vista son los correctos, que tienen la verdad en el bolsillo y que tienen una especie de "derecho" o de "deber" de combatir contra las posiciones contrarias porque, sencillamente, son "incorrectas". Una actitud radical no suele preocuparse si su lucha llega a instancias violentas (el terrorismo y las "guerras sucias" contra tal terrorismo son actitudes radicales). Incluso una actitud radical "suave” es aún muy apasionada, y, por el mero hecho de ser así, pierde una buena dosis de racionalidad, mucha claridad en sus ideas y objetivos, y mucha puntería en su lucha...
Fui educado por anarquistas, en España. Eran las personas más inteligentes que he conocido en mi vida, pero eran extremadamente naïve, extremadamente ingenuos. Por mantener su posición radical, estaban dentro de una especie de "callejón sin salida" mental que transformaba la mayoría de sus acciones en el mundo real (no en el ideal) en actividades totalmente inútiles. Cuando volví a América Latina, hace 9 años, me di cuenta de los resultados de las acciones radicales: mi gente todavía está de luto por 30.000 desaparecidos. Y las acciones de los radicales "suaves" son, asimismo, poco útiles en el mundo real.
Pienso que una posición "progresista" implica poseer una mente abierta. Una mente verdaderamente abierta, que permita entender todas las voces (incluso las contrarias, o, quizás, especialmente las contrarias) y todas las situaciones, desde adentro (no hay manera de entender un problema desde afuera). Hay demasiada gente de mente cerrada gobernando los destinos de la humanidad y afectando a nuestras sociedades de manera directa, así que las posiciones radicales no son muy útiles que digamos. "Disfrutamos" de ellas ahora mismo, y todo nuestro entorno no está funcionando muy bien.
Pienso que una perspectiva "progresista" no tiene nada que ver con el radicalismo. El racismo es radical, el machismo y el feminismo son radicales, el comunismo y el capitalismo son radicales, el anarquismo violento y las dictaduras son radicales. Parecen el Bien y el Mal luchando en un combate eterno (y la gente normal, la que sufre, en el centro, padeciendo y sin soluciones). Las posiciones radicales no entienden soluciones si las mismas no están construidas de acuerdo a sus propias ideas y reglas. Y, mientras estas posturas radicales están luchando para ver quién gana la "batalla" ideológica, quien tiene finalmente la razón, un mundo entero está esperando ayuda para sus problemas más urgentes.
(Quizás ocurre que he visto demasiado dolor en mi país y en mi continente. Quizás he tocado demasiado tiempo ese dolor con mis propias manos. Y quizás he entendido que debemos ayudar con buenas acciones y no con buenas ideas o con etiquetas).
Pienso que una postura "progresista" no significa atacar y criticar, sino entender y dar opciones, buenas ideas y soluciones para los problemas reales... desde una perspectiva mental (y social) abierta y basada en la práctica. No estoy diciendo que debemos olvidar nuestros valores o nuestras ideas, o los constructos teóricos. No seríamos nada sin ellos. Pero si los llevamos a un punto extremo (= radical) nos convierten en seres inútiles, y terminamos haciendo exactamente lo mismo que combatimos (pero en el otro extremo de la línea).
Y las posiciones violentas (revolución, anarquía...) son solamente un problema. La sociedad en la que vivo todavía está bañada en sangre y cubierta de cicatrices, incluso después de 20 años de "democracia". Los guerrilleros románticos de los años 60 y 70, como el Che Guevara, quizás tenían ideas buenas e intenciones nobles (no lo dudo en ningún momento), pero no dejaron de alzar un arma contra otros seres humanos, y derramaron su sangre porque no pensaban como ellos. Y eso es muy romántico, sí, y están en canciones, y en tatuajes, y en camisetas, pero... creo que es algo terrible, porque en este continente hemos aprendido que no puede construirse nada nuevo y limpio a partir de cimientos ensangrentados. Y, sí, estas actitudes eran radicales. En mi opinión, eran actitudes tremendamente condenables. Quizás tenían una razón (¿hay razones para matar? Quizás cuando no queda otra salida... Quizás yo mismo lo hiciera... Pero aún así...), pero en este continente seguimos estando en el mismo punto, en la misma situación (y seguimos echando de menos a mucha gente que se fue, sin comprender aún el "por qué").
¿Qué quiero decir con todo esto? Las posiciones izquierdistas, radicales y progresistas actuales parecen estar un poco fuera de foco. Parecen ser un poco naïve, un poco basadas en ideas abstractas. Entiendo que las nociones básicas son buenas, pero... ¿son útiles? ¿están funcionando en la realidad? No estoy seguro. Soy "izquierdista", soy profundamente "anarquista" (ufff, etiquetas otra vez...) pero prefiero olvidar ideas y posiciones teóricas y actuar, en forma práctica, en el mundo real. Y la acción social -toda acción- se basa en un concepto muy simple: ayudar a las personas a vivir la vida que desean vivir cuando no tienen las oportunidades o las herramientas para auto-ayudarse o para solucionar sus problemas.
No sé si esto funciona igual en el "Primer Mundo". He conocido personalmente muchos bibliotecarios "progresistas" europeos y norteamericanos (que son los que suelen utilizar más a menudo el término "radical"), y parecen no saber solucionar problemas reales; incluso parecen desconocer los problemas que aquejan a su propia sociedad. Parecen morar dentro de una niebla rosada o de una burbuja romántica e idealista. Quizás las condiciones aquí sean diferentes (o más duras) y nos hagan despertar más rápido, pero, de todas formas...
Calculo que, con este texto, estoy siendo "radical". Que irónico. Esto parece una crítica grosera y barata a otro punto de vista, pero calculo que lo que busco es entender qué está pasando con la gente que trabaja a mi alrededor. Estoy muy cansado de las actitudes del tipo "yo-hablo-mucho-pero-no-hago-nada". Me entristecen. Me doy cuenta de que hay mucha cháchara, pero nada nuevo sucede. Y estoy notando que las mejores acciones en mi continente (políticas y sociales) no están basadas en actitudes radicales, sino en trabajo duro -muy duro- desde la base, desde los cimientos.
Y me estoy cansando de ver gente auto-etiquetada como "radicales" e "izquierdistas" sentados cómodamente en un bar, con una camiseta pacifista, tomándose una cerveza y hablando de como "salvar el mundo" mientras muchos colegas (me incluyo) estamos poniendo nuestras carreras -y nuestra propia seguridad personal- en juego trabajando en comunidades difíciles o enfrentándonos a los verdaderos problemas: burocráticos, administrativos, políticos, sociales, académicos...
Quizás todo esto sólo sea un problema personal, y muy latinoamericano: estoy cansado de palabras, porque en estas tierras hemos escuchado muchas (promesas + buenas ideas + prometen + buenas ideas...) durante siglos, pero seguimos en el fondo de un gran agujero lleno de mierda. Nada parece haber cambiado.
Espero que, un día, algo cambie. Por lo menos, confío en que las actitudes cambiarán entre la gente que tiene buenas ideas. Necesitamos acción. Así pues, basta de hablar y de escribir, y comencemos a actuar. Es la mejor manera de luchar por nuestras ideas. Porque mucha gente aquí (me incluyo nuevamente) estamos comenzando a hartarnos de proponer salidas (sin resultados ni colaboración ninguna) y de luchar contra tantas barreras, tanto dolor, tanta injusticia, mientras otros se llenan la boca de palabras hermosas...
Nosotros, los que trabajamos en las trincheras de la bibliotecología (y la sociedad) real (y somos miles) vamos a necesitar manos que ayuden dentro de muy poco.
Porque, por querer mantener viva la utopía, nos exponemos profundamente. Y nos están derrotando a diario. Nos sentimos exhaustos y masacrados inútilmente. Y ya estamos muy, muy asqueados de tanta hipocresía y tantas etiquetas vacías.