Desde hace algunas semanas, he recibido en este
weblog la visita de un gran número de colegas españoles, lo cual es un halago, así como lo fue, hace unos meses, el inicio de las visitas de profesionales venezolanos, salvadoreños y nicaragüenses, países estos con los que mantengo un sólido vinculo personal. Sin embargo, muchos de los colegas ibéricos (quizás habituados a otras formas de expresión o relación personal en la virtualidad) han deseado insertar comentarios en algunas entradas de este espacio, comentarios que han sido moderados (= interceptados y eliminados, o sea,
censurados) por su improcedencia y por una clara falta de respeto a las normas básicas de la
netiquette.
Recuerdo a mis visitantes y lectores que este
weblog es un sitio
personal y privado. Para proteger tal privacidad, la participación de los visitantes está moderada. El hecho de que el
blog esté disponible
on-line y de que cualquiera pueda visitarlo y consultar sus contenidos no significa que cualquiera puede entrar en él “como Pedro por su casa” y dejar anotado lo que le venga en gana. Si no hubiera moderado los comentarios, estas páginas incluirían unos cuantos textos nefastos, llegados de España. Rescato y comparto con ustedes dos de ellos, que llamaron poderosamente mi atención:
a . “Eres un sudaca bruto que no sabe de lo que habla”.
b. “¿Por qué no te dedicas a vender churros?”
Esta última opción está muy buena, y sé que muchos colegas latinoamericanos se preguntan lo mismo (yo ya la estoy meditando seriamente; seguro que ganaría más dinero...).
¿Qué se puede decir ante semejantes actitudes? Afortunadamente, en Latinoamérica todavía mantenemos una costumbre que, en los viejos tiempos, solía llamarse “respeto” (si desconocen el significado de tal palabra, les aconsejo que consulten un
diccionario y se atengan a la definición que hallen). Otros de los comentarios me explicaban que para hablar de algo hay que tener idea, y que yo no la tenía, o me recomendaban que siguiera con mi carrera de Biología marina y me olvidara de la bibliotecología porque lo mío era un fracaso. Aún me pregunto cuál es la utilidad o la finalidad o el interés de tales textos-, más allá del gratuito, liso y llano insulto.
Fue una experiencia divertida, y hasta me vi tentado a redactar una especie de “Decálogo hispano de despropósitos”, con todos los comentarios recibidos y el IP de la computadora desde los cuales fueron enviados (tengo un identificador de visitas bien poderoso). Pero hubiera sido manchar la limpieza de muchos otros colegas españoles, con los que mantengo una hermosa relación y que saben manejarse con correción y respeto en estos ámbitos electrónicos. Prefiero, por ende, publicar esta advertencia pública (ya
publicada anteriormente, pero desoída), para evitar futuros malentedidos, malestares e inquietudes.
1. Este
weblog se basa en la norma básica de la
netiquette (si no saben lo que es eso, consulten este
link): “no hagas en el mundo virtual lo que no estés dipuesto a hacer en el mundo real”. Todo lo que ha sido escrito en este
weblog -incluso las posturas más vehementes- ha sido, es y será defendido por su autor (quien les escribe) en forma personal, cara a cara, hasta las últimas ocnsecuencias, como bien saben los colegas argentinos que han tenido el gusto o la desdicha de conocerme. Sin embargo, dudo que el buen colega hispano que me llamó “sudaca” se atreva a repetir la gracia en mi cara (al menos, no lo hará si quiere seguir vivo para contarlo). La virtualidad envalentona a muchos cobardes. Y eso es algo que, más que ser aplaudido, debe ser condenado como actitudes deplorables de personas insignificantes.
2. Este
weblog está escrito por una persona con nombre y apellido, que se identifica abiertamente. Cualquiera que lo desee puede saber una parte de mi vida, de mis gustos, mis vínculos profesionales, mis referencias personales, y hasta puede verme la cara. Ni tengo ni tendré nada que esconder. Y pido exactamente lo mismo de mis interlocutores, sean quienes sean. He debido lidiar con visitantes que decían llamarse “ranganatha2” o “documentaloide”. Vuelvo a la norma básica de la
netiquete: dudo que en el mundo real, tales personas se acerquen a un colega y le digan ”su actitud y su opinión me parecen obsoletas e inadecuadas... Ah, a propósito, soy ranganatha2. Adiós”. Las normas básicas de convivencia en el mundo real deben ser respetadas en la virtualidad. Por ende, todo aquel que desee hablar conmigo o contactarme (para lo que sea) debe presentarse como es debido, decirme al menos quién es, de dónde me escribe, qué hace... Para eso bastan un par de líneas: no pido la habitual extensión de las mías. En este sentido, el anonimato sigue siendo una buena tapadera para los cobardes, los que no tienen bases para sus dichos o los que prefieren ocultarse para no hacerse cargo de las consecuencias de sus actos.
3. Dejar comentarios como “Buen
blog” o “Yo mejoraría el diseño... Contactame y te echo un mano...” es como firmar el libro de visitas de otra persona, o como tender una mano de amigo. Sé que hay algunos desubicados que escribirían sandeces en un libro de visitas... y a esa minoria es precisamente a la que quiero evitar. Por otro lado, aportar ideas o contar experiencias enriquece las entradas que escribo y publico. Pero iniciar debates o discusiones o
postear críticas sin base establecida es inútil. Esto es un
blog, un diario personal, una bitácora privada: no es una lista de discusión o un foro. Si desean debatir conmigo en forma particular, escríbanme en forma personal a mi casilla de
mail. Si desean hacerlo en forma pública (y si a mi me apetece tal debate), elegimos un foro o un espacio y manos a la obra. Si los resultados de tal debate valen la pena, pueden ser publicados luego en el
blog, como he publicado las opiniones y comentarios de tantos colegas latinoamericanos, opiniones con las que no siempre concuerdo pero que me parecen valiosas para mis lectores.
4. Si encuentran que mi persona les provca naúseas o mi
blog les aburre, no sean masoquistas y no lo vuelvan a visitar. Es el mejor consejo que puedo darles. Nunca forcé a nadie para que entre a este espacio, ni pretendo hacerlo. Los 60-100 visitantes diarios lo hacen movidos por su propia voluntad e interés, y, piensen lo que piensen de él, hasta ahora se han comportado de una manera civilizada y correcta. Si algunos buscan un espacio donde descargar su frustración o su ira, les recomiendo un psicólogo o una buena clase de karate. Y si están aburridos, hay una oferta bien grande en la
Web, fuera de este
weblog. Se los garantizo.
(A éstos últimos, un amigo neoyorquino les recomendaría algo de actividad sexual, según me acaba de hacer saber. También puede ser una buena idea... ¿por qué no?)
Nada más. Y nada menos. Finalizo recordando a mis vistantes españoles arriba citados que ni quiero ni necesito ni pretendo entrar en otros espacios en los que se discuta mi trabajo, sencillamente porque
lo que necesito y lo que hago está aquí, y puedo charlar de ello aquí mismo, fiel a mis normas de comportamiento y a mis reglas de convivencia. Unas normas que han sido aceptadas por más de 28.000 visitantes en el último año y medio, visitantes con los cuales me unen grandes lazos de amistad, con los cuales he discutido vehementemente, con los cuales me he enfadado y reconciliado, y de quienes sé nombre, apellido, trabajo y ciudad. No pretendo exponerme a que un frustrado, ignorante e impresentable colega de allende los mares, cubierto bajo una máscara cobarde de anonimato que lo protege, se desahogue llamándome “sudaca”. Mis niveles de estupidez -altos, por cierto- no llegan aún a esos niveles. Y tampoco voy a iniciar un debate con desconocidos que intentan imponerme
sus normas, unas normas que no me parecen ni respetuosas ni respetables.
Y les recuerdo que en este blog NO, no se aceptan todos los comentarios. Tienen la entrada prohibida, vedada y censurada aquellos que no respeten las normas que rigen en mi casa virtual. Igual que haría en la real, en la cual me reservo el derecho de admisión.
Anímense a civilizarse, y quizás podamos conversar. Y, si no se animan, les deseo buena suerte y buen viaje.
Saludos cordiales desde Córdoba, Argentina.