Los libres del sur...
Era la primera vez que Venezuela -recientemente incorporada al Mercado Común Sudamericano- participaba en la Cumbre de dirigentes, y por ende el evento tenía un tinte casi inaugural. Pero, como salta a la vista, el interés de los argentinos en general y los cordobeses en particular radicaba en la presencia en nuestra ciudad de los tres líderes más (re)conocidos del continente: Evo Morales, Hugo Chávez y Fidel Castro.
Se especulaba con un acto conjunto en el cual los tres presidentes hablarían, pero nada era seguro, especialmente porque no se supo hasta último momento si Castro asistiría a la reunión. Pero, en efecto, el pasado viernes 21 el evento tuvo lugar en el campus de la Ciudad Universitaria de Córdoba, organizado por la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo y muchísimas organizaciones locales y nacionales, asociaciones gremiales, movimientos obreros y grupos indigenistas, rurales y de acción social.
La propuesta no era para perdérsela, así que allí estuvimos 40.000 espectadores, ocupando todo el predio del área deportiva de la UNC y esperando desde el mediodía a que los mandatarios llegaran y hablaran. Mientras tanto, los ritmos musicales de media Latinoamérica desfilaron por el escenario, a la vez que el retumbar de los bombos de los participantes se sentía como el latido de la multitud, deseosa de escuchar, deseosa de participar en un evento que se presagiaba histórico.
En efecto, si consideramos que el próximo 26 de julio Fidel Castro cumplirá 80 años... creo que todos los asistentes pensábamos lo mismo: habría pocas oportunidades de volver a ver juntos a los tres líderes socialistas más famosos del continente.
La comunidad boliviana de Córdoba -inmensa- se volcó de pleno al acto. Sus wipalas (banderas comunitarias, con los colores del arco iris ordenados en cuadros) y sus banderas nacionales flameaban al viento sur, proclamando su presencia... Las pancartas de todos los movimientos, las banderas argentinas, las enseñas de Venezuela, todas ellas hablaban de un Nuevo Mundo hermanado y presente en aquel acto.
Y, cayendo la noche, los presidentes hablaron. Para decepción de todos, Evo Morales debió partir anticipadamente a sus tierras andinas, y por ende no pudimos disfrutar de su presencia. Abrió el acto la presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, y seguidamente, hizo uso de la palabra el presidente de la República Boliviariana de Venezuela, Hugo Chávez.
Quizás lo más destacable de este hombre sea la habilidad con la que maneja su discurso. Puestos en su situación -ante 200.000 personas atentas a sus palabras- no sé cuantos seríamos capaces de articular dos ideas con sentido. Lo sé, él es reconocido por ser una persona mediática, por poseer una facultad de palabra inacabable... pero aún así, lo que muchos se apresurarían a calificar de "verborragia demagógica", personalmente lo pude apreciar como una gran capacidad para manejar un público masivo y hacer llegar las ideas que él quería expresar. Las cuales se redujeron, básicamente, a una: el Imperio que atenaza a Latinoamérica desde hace años no durará mucho más si los pueblos americanos se unen, si luchan por su auto-gestión y por su real independencia, si son solidarios entre ellos, si se ayudan, si colaboran. Haciendo alusión a las comunidades indígenas congregadas en aquel lugar, señaló que el socialismo no es extraño a Latinoamérica, y, citando a Eduardo Galeano, recordó que el comunitarismo es una herencia que corre por las venas americanas, herencia de pueblos originarios que siempre compartieron los recursos en pos del bien común.
Recordó a los presentes el modo en que Venezuela había sido "ordeñada" de petróleo durante casi un siglo, el modo con que el país había desangrado su savia negra sin recibir nada a cambio... Recordó la estrecha colaboración existente en la actualidad entre Cuba y Venezuela, y agregó algunos comentarios sobre los programas de intercambio que existen en la actualidad entre su país y el mío: petróleo y derivados por maquinaria y tecnología. De acuerdo a lo que Chávez señaló, es la primera vez en un siglo que un barco venezolano entra, cargado de petróleo, a las aguas del Río de la Plata. Tales cargas siempre habían dirigido sus proas rumbo al norte. Nunca al sur. Esto habla de un cambio de actitud, de un cambio de iniciativas, de un cambio que se está produciendo a nivel global, sencillamente porque los pueblos están cansados de un poder que solamente amenaza con su fuerza y que intenta dominar con presión y armas... mientras gran parte del mundo -rica, poderosa- sigue a las sombras.
Y cuando él terminó su discurso, habló Fidel.
Expresarles la emoción que sentimos los presentes cuando aquel hombre subió al podio de oradores es imposible. Quizás algunos la adivinen. Nos encontrábamos ante un fragmento de historia viva: era el mismo que asaltó el Moncada, el guerrillero de la Sierra Maestra, el que había estrechado la mano del Che, el que había desestimado las amenazas de EEUU... Lo sé, muchos de Uds., que me leen, quizás no estén de acuerdo con mis apreciaciones y piensen positivamente que Fidel Castro es un dictador que hace sufrir a su pueblo. No discutiré acerca de eso hoy. Al margen de las ideologías de fondo, era verdaderamente un momento en el que uno de los protagonistas de la historia de nuestro continente y nuestro siglo iba a abrir la boca.
Y la abrió. Definitivamente.
La lucidez con la que se expresa ese hombre a sus 80 años es pasmosa, y la desearía para mi mismo, si es que llego a esa edad vivo. Debo decir que valió la pena oirlo. Ciertamente se fue de tema mil y una veces, y volvió a él, y nos llevó de la mano por la historia y la realidad de su país, todo ello regado de recuerdos personales y de frases que nos hicieron reir -por las verdades que contenían- de un modo maravilloso.
¿Resumir su discurso en unas pocas líneas? Imposible. Alentó a la alfabetización del continente, al uso inteligente de los nuevos recursos tecnológicos en pos del desarrollo comunitario, a la resistencia ante los embates arrolladores de una fuerza imperialista que posee bases militares en todos lados y que condena el terrorismo ejerciéndolo, o que condena la producción de armas nucleares desde su postura de primer y principal almacén de armas de destrucción masiva del planeta. Nos desveló la hipocresía de un régimen militarista y censurador que ha puesto de rodillas al mundo en su afán por dominarlo, y nos recordó la fuerza que tenemos los países latinoamericanos para levantarnos y plantarnos como un polo, un polo más, respetándonos y respetando...
Y nos recordó que Cuba tiene al enemigo en su propia tierra, en Guantánamo. Pero que sería muy estúpido usar la fuerza para recuperar ese pedazo de tierra cubana. Pues, según sus palabras -dichas a voz en pecho- lo que vale no son las armas, sino las ideas. Una frase que nos estrujó el corazón a muchos, sabedores de que las Madres/Abuelas de Plaza de Mayo estaban allí, recordando la fuerza de las armas (que les arrebató hijos y nietos) y la de las ideas, muchas de ellas apagadas hoy en el pecho de muchos argentinos.
Aquel "marxista-leninista extremista", como el mismo se definió, habló mucho, ciertamente, pero habló bien, resumiendo las luchas que había encabezado y las ideas por las que había luchado. Y, se diga lo que se diga de él ahora mismo, yo no dejaba de recordar una de sus más famosas frases: "la historia me absolverá". Evidentemente, jamás un líder conseguirá ser bien visto por todos sus liderados. Siempre habrá opiniones divergentes, siempre habrá condenas, en especial cuando tal líder -como el caso de Castro- lleva a su gente a navegar en contra de todas las fuertes corrientes y en solitario. Los que deciden que quieren navegar a favor de la corriente y dejarse de sacrificios lo odiarán, lo etiquetarán de maldito, de demonio, de dictador. Pero aquellos que creen en las mismas ideas y lo siguen dan fe, aún hoy, de que valió la pena. Y de que todavía la vale.
Y somos muchos los que hubiéramos querido compartir ese destino. Porque los sacrificios que padeció y padece el pueblo cubano tienen un significado, un sentido, una razón de ser. Los que padecemos nosotros a diario -los mismos- no lo tienen. Les aseguro que no tienen ningún significado. O quizás tenga uno: seguimos siendo explotados y usados por los que están en el poder, por esos a los que les confiamos nuestros destinos.
Mientras salíamos del campus de Ciudad Universitaria, terminado el acto, recordaba una anécdota que nos había compartido el presidente Chávez. Contaba como, en la primera cumbre internacional en la que participó como mandatario -y en la que coincidió con Castro- había expresado abiertamente sus opiniones... con los resultados de esperar. Fidel le había hecho llegar, entonces, un pequeño papelito con una nota, que según él, aún conserva. La nota rezaba: "Chávez: Ya no me siento el único diablo de estas reuniones". Sonriendo para mis adentros, mientras me arrebujaba en mi chaqueta de jean, pensaba que somos muchos, a distintas escalas y en distintos espacios, los que somos vistos, considerados y tratados como "demonios" por pensar como pensamos, por decir lo que decimos y por actuar como actuamos (pregunten por mi en la Universidad Nacional de Córdoba, si quieren deleitarse con un par de opiniones encendidas). Y pensé que es muy bueno encontrar manos amigas con las que trabajar, con las que charlar, con las que compartir ideas y sueños... y dejar de sentirse aislado, el único lobo aullando entre corderos...
Bajo las pocas estrellas que a veces tapizan el cielo urbano cordobés, deseé para mis adentros que, algún día, ese momento me llegara. Porque pelear, hacer y decir en solitario es agotador. Y renunciar a las ideas para ser aceptado es deshonroso.
Y me fui a casa, cantando bajito el último tema del grupo chileno "Illapu" que me aprendí. Aquí se los dejo.
Un abrazo...
"Si queremos"
Illapu (del CD "Momentos vividos")
Si queremos
podemos escribir la historia nueva.
Podemos inventar la luz del día.
Podemos hacer que el cielo se mueva.
Podemos construir con poesía.
Hagamos tropezar el universo.
Derribemos astros incendiados.
Calmemos las tormentas con un beso.
Sembremos en los campos devastados.
Si queremos
podemos conversar con el pasado.
Si queremos
podemos transformar este presente.
Si queremos
podemos modelar nuestro futuro.
Si queremos... Si queremos...
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