Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

abril 19, 2007

Mercaderes de saber, mercaderes de sangre

Mercaderes de saber, mercaderes de sangre

Por Edgardo Civallero

Una vez que has traficado con conocimiento, que te has aprovechado de la necesidad de uno y de otro y has creado tu redondo negocio... Una vez que has generado precios exorbitantes para el saber humano –ese bien que todos necesitan pero al que no muchos pueden acceder– y te has beneficiado de ello y has condenado a muchos al silencio... Una vez que has hecho eso... ¿cuál es el siguiente paso?

Para Elsevier –uno de los grupos editores más poderosos del planeta– el próximo paso fue la venta de armas.

Elsevier es una de las gigantes editoriales más fuertes, y una de las más duras del planeta en sus planteamientos económicos. Junto a Springer y Wiley, son las que suelen retirar su apoyo a iniciativas de acceso libre para países desaventajados, como es HINARI en el campo de la biomedicina (uno de los conocimientos más valiosos y estratégicos en el actual paradigma de la "Sociedad del Conocimiento"). Sus revistas suelen ser las mejor evaluadas, las más valoradas, y, por ende, las más caras. Un estudio que Oxford University Press encargó a LISU para controlar el comportamiento de algunos de sus rivales económicos (LISU Occasional Papers no.37 "Trends in Scholarly Journal Prices 2000-2006"), en el cual se estudiaron las 8 editoriales comerciales y las 3 universitarias más importantes del momento, arrojó como resultado que los costos por revista más elevados eran precisamente los de Elsevier (859 libras esterlinas, promedio).

[Editoriales como Sage han elevado sus precios, en el periodo 2000-2006, un promedio de 104 %, aunque, según la misma investigación, el 74 % de sus títulos no tuvo factor de impacto en 2006¿Estamos comprando cualquier cosa?]

Como tantas otras empresas, Elsevier se aprovecha de la oferta de textos científicos (por parte de profesionales que necesitan publicarlos para que la información que manejan tenga valor, o para lograr un currículo valedero) y la demanda de los mismos (por parte de estudiantes, otros profesionales y público en general) y se alimentan de un negocio perfecto que genera ingentes sumas anuales de dinero. Muchas de sus "compañeras de camino editorial" han querido agredir y boicotear las iniciativas de acceso abierto porque, evidentemente, el movimiento Open Access, si triunfara, le cavaría la tumba a la gallina de los huevos de oro que ellas tienen entre sus manos.

Imaginen que todos los autores que quieran publicar colocaran sus textos en acceso abierto, en un archivo, en forma libre y gratuita, y que todos los que quisieran o necesitaran consultarlos pudieran hacerlo, también en forma libre y gratuita. ¿No es esto más natural? ¿No proporciona esto igualdad de oportunidades y de acceso al saber? ¿No solucionaría esto las tremendas carencias que soportan muchas bibliotecas y universidades del mal llamado "Tercer Mundo"?

Por ahora, Elsevier sigue cobrando a los autores por publicar, a los navegantes de su sitio por navegar y a los que los leen, por leer. Eso, sin contar con la tremenda cantidad de dinero que saca por publicidad y otros asuntos.

Pero además ahora, Elsevier, a través de dos empresas subsidiarias (Reed Elsevier Exhibitions y Spearhead Exhibitions) organiza ferias de exhibición y venta de armas alrededor del mundo. Ciertamente, sus principales ingresos provienen del tráfico de conocimiento: esta segunda actividad es un "entretenimiento" que les reditúa –según las cifras oficiales– el 0,5 % de su total pecuniario anual. Aún así, el dato es horroroso y lamentable. Los eventos de Elsevier incluyen ferias en Brasil, Taiwán, Holanda, Singapur y el Reino Unido. En este último país, en pleno Londres, organizan el DSEi (Defense Systems and Equipment International), una actividad bianual, que se celebrará, la próxima vez, en septiembre de este año. La vez anterior, en 2005, DSEi tuvo como invitadas a delegaciones de 7 países que la Oficina de Relaciones Exteriores del Reino Unido incluye entre las 20 naciones que más abusan de los derechos humanos (entre ellas Colombia, China e Indonesia). Las ferias organizadas por Reed Elsevier exhiben y comercializan minas antipersonales, municiones con uranio y equipos de tortura. Quizás los elementos más dañinos vendidos en tales ferias son las armas portátiles, los rifles y las municiones pequeñas, las cuales, de acuerdo a las Naciones Unidas, son las responsables de medio millón de muertos al año.

Cuando vemos esos reportajes de niños-soldados en zonas de guerra, portando fusiles AK-47, o cuando oímos los informes de multitudes de civiles acribillados, debemos pensar que todo eso es posible gracias al trabajo de los vendedores del mercado global de armas, un mercado promocionado por esas ferias que Elsevier coordina.

De acuerdo a un grupo de protesta británico, Reed Elsevier organizó, el febrero pasado, una feria de armas (Idex 2007) en Abu Dhabi (la capital de Emiratos Árabes Unidos), invitando al Ministro de Defensa de Sudán (Abdel Rahim Mohammed Hussein). Para los que no están muy al tanto de política internacional, basta anotar que el régimen sudanés ha sido condenado por las Naciones Unidas por el genocidio que ha cometido (y sigue cometiendo) en la zona de Darfur.

En el evento reseñado, los informantes –pertenecientes al grupo "Campaña contra el Comercio de Armas" (CAAT, Campaign Against the Arms Trade)– constataron que estaban a la venta minas antipersonales, producidas por la empresa surcoreana Hanwha Corporation, o por M18A1, o por la empresa rusa Bazalt SRPE FSUE, entre otras. El uso de minas antipersonales ha sido prohibido por la Convención de Ottawa, de la cual son signatarios la mayor parte de los países del mundo, incluyendo el Reino Unido. Si bien Reed Elsevier asegura que cumple con las normativas internacionales y que tales elementos –y muchos otros– no son vendidos en sus ferias, las pruebas directas demuestran todo lo contrario.

Elsevier está recibiendo presiones muy fuertes por parte de la opinión pública europea. Incluso una de las propias revistas que edita –la conocida publicación médica "The Lancet"– condenó, en un artículo de 2005, su práctica de venta de minas, calificando tales armas como "la peor clase que existe".

¿Asqueados? ¿Horrorizados? Bien... Piensen que cada vez que pagan un dólar para acceder a una base de datos de Elsevier (o de alguna otra editorial) están colaborando en la perpetuación de un régimen insano e injusto de "comercio del saber". Piensen que muchos congresos internacionales de bibliotecología cuentan con el apoyo y la subvención de estas empresas. Piensen que cada paso que gana el comercio de información, lo pierde el acceso abierto, y con ello quedan muchos sin poder conseguir un artículo, un libro o ese dato que les falta para dar un paso más adelante. Piensen que vivimos en una "Sociedad del Conocimiento" que, definitivamente, no sirve para dar a conocer, sino para dar de comer a aquellos que siguen teniendo la sartén por el mango, y para mantener abajo (en una forma nueva, por cierto) a los que siempre estuvieron allí. Piensen en la injusticia que todo esto representa.

Por mi parte, seguiré aprovechando el trabajo de destrozo de contraseñas de grandes editoras que realizan ciertos colegas asiáticos (no tengo habilidad para ser hacker, cosa que lamento) y seguiré liberando –con total placer y satisfacción– información para quién la necesite, y usándola en provecho propio. Si hay algo que detesto de corazón son aquellos que comercian con lo incomerciable, es decir, con lo que no les pertenece. Y, según contaban en mi pueblo, "el que roba a un ladrón...".

Saludos cordiales desde detrás de una pipa humeante, en una pequeña casa que ya empieza a teñirse con los aromas de la cocina madrileña...

Ilustración.