Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

abril 30, 2007

Pero, al final… ¿qué es “multiculturalidad”?

Pero, al final... ¿qué es

Por Edgardo Civallero

Acabamos de regresar de Santiago de Chile, donde estuve dictando un curso (oficiando Sara de observadora) sobre Servicios Bibliotecarios Multiculturales. El curso en cuestión fue auspiciado y financiado por la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional, dependiente del Ministerio de Educación de la nación ibérica) y su organización corrió a cargo del Centro Cultural España en Santiago.

Si bien las autoridades de la DIBAM (la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile, organismo gubernamental que centraliza la casi totalidad de instituciones de gestión cultural del país) no tuvo nada que ver en el asunto, hizo intentos visibles (e incluso bastante ridículos e inapropiados) para intentar meter sus dedos e involucrarse en el asunto, supongo que no tanto por los contenidos que se brindaban sino por el país que auspiciaba (y todas las potenciales subvenciones, acuerdos y becas que podían llegar desde allí). Esos intentos se plasmaron en "invitaciones" que no era posible declinar y que nos hicieron perder un tiempo precioso a los docentes y alumnos, o visitas a los "buques–insignia" de la DIBAM (que nada tienen que ver con la multiculturalidad, por cierto, a pesar de que en Santiago hay iniciativas puntuales relacionadas con la misma), o inclusión –a último momento– de participantes que no estaban contemplados en las listas originales de la organización. Si he de serles sincero, nada de esto me extrañó. Ya el año pasado pude comprobar en mi propia piel hasta dónde puede llegar el autoritarismo centralizado de la DIBAM, y la verdad es que esta vez no esperaba menos de individuos verticalistas y poco proclives a dar pasos que no tengan significados y ganancias políticas.

El curso me enfrentó a treinta participantes provenientes de los más diversos contextos de todos los países de Sudamérica (excepto Argentina, Paraguay y Venezuela). Esto, en sí, ya fue todo un reto, porque los contenidos –enormes, generales y difíciles por definición– debieron ser adaptados sobre la marcha a comprensiones y formaciones tan diferentes como una directiva de biblioteca nacional y una bibliotecaria comunitaria de una pequeña población semi-rural. El perfil, por ende, fue dispar y demasiado amplio, y también lo fueron las expectativas y los conocimientos de los asistentes.

Tras cinco días de trabajo junto a la docente española que asignó AECI para la coordinación del curso y para impartir la mitad de los contenidos (centrados, obviamente, en experiencias e ideas europeas sobre la temática en cuestión), llegué a la conclusión –junto a algunos de los participantes– que estaba impartiendo un curso imposible. Imposible porque en América Latina, "multiculturalidad" tiene una variedad tan grande de posibles significados que convierten su definición en una tarea de difícil conclusión. No se trata de inmigrantes, como en el caso español. No se trata sólo de poblaciones indígenas, o mestizas, o afrodescendientes (las cuales ya darían para escribir libros enteros). Se trata de subculturas, de una pluralidad que incluye sectores sociales segregados por sexo, por edad, por formación, por religión... Se trata de mucho más.

Y en definitiva, el enfoque multicultural plantea, sencillamente, que los servicios bibliotecarios para una sociedad con pluralidades remarcadas deben ser provistos como en cualquier biblioteca que sirve a una comunidad homogénea. Por ende, la diferencia entre ambas categorías bibliotecarias desaparece, y, al no existir particularidad, ¿para qué definir una biblioteca "multicultural"? ¿Para qué, si no existe diferencia con un servicio bibliotecario "común y corriente"?

Quizás la enseñanza más importante que se haya desprendido del curso (más allá de los contactos interpersonales, las exposiciones de experiencias regionales en relación con pueblos originarios y la identificación de problemas comunes) haya sido que para enfrentar a una población plural no es necesario cambiar ni la estructura ni los procesos de la biblioteca, sino la mentalidad del bibliotecario. La biblioteca quizás requiera solo unos pequeños ajustes que le permitan adaptarse más flexiblemente a las características y necesidades de los usuarios. El bibliotecario, sin embargo, deberá despojarse de sus prejuicios, de sus rasgos discriminatorios, de sus limitaciones. Y, dado que es el bibliotecario el que diseña los servicios y propone las actividades, los cambios realizados en sus puntos de vista, en sus perspectivas y en su mentalidad se reflejarán directamente en las respuestas que provea la biblioteca.

Ningún docente está en posición de dar a sus alumnos verdades o respuestas absolutas. Tal cosa sería propia de un arcángel, no de un ser humano. El docente siembra dudas en la cabeza de sus alumnos y luego pone en las manos las herramientas que permitan responder a tales dudas desde el marco de cada estudiante.

Un abrazo, desde una Córdoba fría y otoñal...

PD. Y al final ¿qué es "multiculturalidad"? Sigo sin saberlo. Pero sospecho que alguien, en el "Primer Mundo", se dio cuenta de que no vivía solo en el universo y de que había otras culturas, otras pieles, otras lenguas, otras creencias. Y, asustado por verse rodeado por un fenómeno que tiene miles de años sobre este planeta, pero que él probablemente no había visto (cómo no había visto tantas otras cosas, desde su "desarrollo") le puso una etiqueta, armó recomendaciones, creó comisiones de trabajo, publicó revistas especializadas y nos alertó a todos. Si quieren definir "multicultural", paseen por la calle de cualquier pueblo, cualquier ciudad, una tarde tranquila de otoño. En cada esquina, en cada coche que pasa, en cada casa, verán nuestra multiculturalidad, nuestra pluralidad como seres humanos. No hace falta más para darnos cuenta de que estamos intentando definir algo indefinible.

Ilustración.