Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

mayo 16, 2007

Discriminación positiva, bibliotecas multiculturales y algo más…

Discriminación positiva, bibliotecas multiculturales y algo más

Por Edgardo Civallero

En algunos periódicos y sitios de información –de esos que hablan de lo que otros no quieren hablar– me he encontrado, ya en varias ocasiones, con el término "discriminación positiva", una problemática que ha comenzado a tener cierto peso en algunos contextos políticos, sociales y económicos de muchas naciones, en especial de aquellas que soportan altos niveles de discriminación étnica.

El problema nace en aquellos países –principalmente de los del mal llamado "Primer mundo"– a los cuales llegan corrientes migratorias de importancia, que casi instantáneamente se convierten en minorías étnicas, sociales y culturales dentro de la sociedad que los recibe. Esos grupos "minoritarios" tienen dos opciones: asimilarse a la cultura local y dejar sus usos, lenguas, costumbres y tradiciones para el hogar, o bien conservar su identidad fuera de él, al precio que cueste.

El último camino es el más seguido, especialmente por aquellos sectores que están muy orgullosos de quiénes son, a pesar de que las circunstancias los hayan empujado a abandonar su tierra natal y migrar a otros horizontes que, de acuerdo a los decires globales, brindan más oportunidades a la gente (lo cual es bastante dudoso). En el caso de las minorías no migratorias, se trata de pueblos indígenas o grupos locales (muchas veces muy amplios, como los afroestadounidenses) que claman por sus derechos desde hace décadas.

Durante los 70, cuando comenzaron estos grandes movimientos humanos, casi todos los países "desarrollados" adoptaron una política (y una ideología) llamada "multiculturalismo", una palabra que se puso muy de moda. Se decía que era saludable que una sociedad, en su interior, fuera muy diversa. Era "políticamente correcto" pensar así, de manera que todo el mundo asintió, si bien los resquemores, las oposiciones a las migraciones y a los derechos de las minorías y las reacciones racistas se ocultaron en el armario o se guardaron en bolsillos ocultos.

El "multiculturalismo" funcionó bien (estéticamente) hasta que los acontecimientos del 11 de septiembre en Estados Unidos desataron la paranoia. Entonces se levantó el tabú, y todos olvidaron el "multiculturalismo". En la actualidad, muchos países –Dinamarca, Holanda, Australia, Alemania, entre otros que pronto seguirán su estela– están endureciendo las políticas migratorias, han borrado sus ideas "multiculturales" (incluso físicamente, del nombre de sus antiguas Secretarías de Gobierno) y están tendiendo a un "monoculturalismo de facto".

El gran problema es que las minorías siguen ahí, y que ahora no se ve como "políticamente incorrecto" el atacarlas, sobre todo si esas minorías tienen rasgos tan acentuados como los de los grupos musulmanes. El racismo surge entonces a flor de piel, y la discriminación está a la orden del día.

Dado que estos no son aspectos que las sociedades "desarrolladas" gusten mostrar, surgen entonces tendencias y maniobras socio–políticas orientadas a "dar oportunidad a las minorías". Curiosamente –muy curiosamente– esto incluye, además de a los sectores discriminados por su piel y por su origen, también a los sectores dejados de lado por su género y/u orientación sexual. Las oportunidades tienen que ver con puestos laborales, lugares en el poder, oportunidades educativas y ayudas de todo tipo.

Este fenómeno –claramente identificado durante la campaña de Sarkozy en Francia– está teniendo lugar en muchas otras sociedades, incluso a nivel latinoamericano, en donde tiene gran impacto con los grupos indígenas y los sectores socialmente desfavorecidos. Si bien a simple vista puede parecer una actitud positiva, un análisis somero detecta que es solo una forma de limpiar conciencias y manos en sociedades en donde el problema de fondo es un racismo imborrable.

Un racismo que nosotros, como queda dicho, también tenemos en casa.

***

Investigando un poco sobre bibliotecas "multiculturales" –el último curso que di en Chile, sobre este tema, me dejó un sabor agrio de boca y muchas dudas sobre ese término y sus usos– descubrí (con mucha vergüenza por mi parte, por no haberlo hecho antes) que el vocablo es absurdo.

La lógica es la siguiente: ¿cuál es la diferencia entre una biblioteca pública y una multicultural? De acuerdo con documentos internacionales redactados al respecto, la "multicultural" debe estar preparada para proporcionar servicios a usuarios de otras culturas, en especial documentos en otras lenguas y alfabetos. Por lo demás, debe ajustar sus servicios para incluir actividades que tengan relación con las diversas "minorías" presentes en la comunidad.

Si mal no recuerdo, estos puntos ya eran contemplados como objetivos bibliotecarios por el "Manifiesto de la UNESCO sobre las bibliotecas públicas". ¿Por qué, pues, agregar el adjetivo –y la etiqueta– "multicultural"?

Me da la sensación de que estamos frente a una moda, una moda que yo mismo –inconscientemente, por cierto– he ayudado a propagar. No existe mayor diferencia entre una biblioteca pública de una ciudad de cultura "homogénea" (si es que tal cosa existe) y una de cultura "heterogénea" o "plural". Una biblioteca pública debe servir a su comunidad, y si su comunidad incluye minorías, adaptar sus servicios en forma coherente. Nada más.

No se trata solamente de ofrecer documentos en otras lenguas a los inmigrantes recién llegados. Debe ofrecer materiales a las propias "subculturas", a tribus urbanas como "skaters" o "punk", por ejemplo. ¿O eso no es cultura? ¿O eso no es parte de nuestra sociedad? Se trata de ofrecer, también, materiales a las propias minorías étnicas y lingüísticas (¿dónde están los servicios para la minoría gitana en las bibliotecas "multiculturales" –o incluso en las públicas– de España, por ejemplo?) y, sobre todo, se trata de ofrecer servicios a todos por igual. Conozco casos de bibliotecas que tienen muchos servicios orientados hacia "otras culturas", descuidando totalmente los servicios a las clases menos pudientes y más necesitadas de la población local. Lamentable, ¿verdad?

Si esto no es un ejemplo de discriminación positiva, creo que está muy cerca de serlo.

Definitivamente, los ejemplos de "bibliotecas multiculturales" y "portales multiculturales" que conozco –la mayoría situados en América del Norte, Europa y Australia, países que están presenciando un alza discriminatoria considerable– realizan un excelente trabajo por su comunidad (pues tienen medios económicos para poder hacerlo) y se caracterizan por tener fondos en muchas lenguas (mientras más, más aplaudidas son) y proveer servicios en dichos idiomas. Pero quizás lo más característico es su discurso oficial, que habla de "bibliotecas multiculturales" como "espacios de encuentro, de comprensión mutua, de aprendizaje intercultural".

Me pregunto... ¿y las otras bibliotecas, qué son? ¿De qué se trata una biblioteca pública "no-multicultural"? ¿No son "espacios de encuentro comunitario", acaso? ¿No enseñan "respeto y tolerancia", quizás? ¿No incluirían docenas de lenguas si tuvieran el presupuesto para hacerlo? ¿Deberíamos llamar a nuestras bibliotecas especializadas en lenguas "bibliotecas multiculturales", por sus fondos multilingües?

En definitiva, creo que la "multiculturalidad" y lo "multicultural" –tanto relacionado a bibliotecas como a otros aspectos – es una moda, una gran moda que está intentando tapar otros agujeros presentes en la sociedad. Y a eso –a tapar agujeros, a poner velos, a mostrar que no somos racistas cuando en realidad sí lo somos, a mostrar lo mucho que nos apasionan otras culturas cuando en verdad ni siquiera las entendemos ni nos importan– es lo que llaman "discriminación positiva".

Ilustración.