Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

mayo 20, 2007

Pisa con cuidado...

Pisa con cuidado...

Estás caminando entre las respuestas aprendidas y tus propias ideas

Por Sara Plaza

Ojo, no es sencillo. Ni lo fue antes, ni lo será después. No lo tuvieron fácil quienes nos precedieron y bastante complicado lo van a tener nuestros descendientes. A diario escuchamos, tantas veces, lo mismo ¡Se repiten, tantas veces, los discursos! Decimos una y otra vez lo que sabemos, lo que hemos aprendido, o quizás, lo que creemos saber y pensamos que hemos aprendido. Pero, ¿dónde están nuestras ideas? ¿Dónde ponemos nuestras ocurrencias? ¿Qué es lo que inventamos día a día? Nada, la mayoría de las veces, y muy poco las restantes. Y no me parece que sea una cuestión de modas, simplemente no hallamos la manera de descubrir, de despojarnos de los corsés que un sistema, una sociedad, una educación, una cultura, nos han obligado a ceñirnos durante nuestros años de aprendizaje, es decir, durante toda la vida. El problema surge cuando nos damos cuenta de que la vida se pasa, se nos pasa, y no es que no encontremos nuestras huellas en los senderos recorridos, es que no vemos la posibilidad de nuevos pasos. Escuchamos sin interés porque, la mitad de las veces, ya sabemos lo que nos van a decir. Prestamos oídos con desgana a guiones que ya han sido llevados al escenario en infinidad de ocasiones. ¿Cuántas veces nos han dicho que la historia se repite? ¿Cuántas que todo está ya inventado? ¿Dónde queda nuestro ingenio? ¿Dónde nuestro protagonismo? Fueron otros los que imaginaron, otros los que soñaron, otros los que lo intentaron, otros los que lo lograron ¿Y nosotros? ¿Cuándo será nuestro momento de imaginar, de soñar, de intentar, de lograr? Si podemos, si valemos, si queremos, ¿por qué no lo hacemos? Es complicado ser coherente. Paulo Freire, decía que sería bueno seguir esa dirección, que uno no podía serlo totalmente y que las contradicciones formaban parte de todos nosotros, pero que no estaría nada mal aspirar a la coherencia en nuestros planteamientos vitales, esos que nos cuestionan nuestro pensar, nuestro decir y nuestro hacer. En mi opinión, sería igualmente necesario y deseable que a ella apuntasen las instituciones y los gobiernos. La coherencia como práctica habitual de toda la sociedad, para evitar engaños, para poner coto a las mentiras, para no defraudarnos y que no nos defrauden. La coherencia como lugar común, como punto de encuentro. Para cimentar nuevas ideas y levantar castillos sobre las viejas. Las primeras necesitan tierra fértil, las segundas un amplio cielo. En los márgenes, en la vereda que separa el camino de la estela, es donde tenemos que plantar nuestra semilla. Las raíces de un nuevo conocimiento, de nuestra propia experiencia. Esa que, además de ser única, nos enseña miremos al lado que miremos, estemos quietos o echemos a andar, hagamos ruido o permanezcamos callados. Tenemos que darnos la oportunidad de construirnos y, para eso, la única arcilla que sirve es la de nuestras dos manos, y el mejor torno para modelarla será el puñadito de deseos que llevemos dentro, las ideas que nos estén latiendo en el pecho y palpitando en las sienes. Un ramo de intenciones que sólo necesitan ser pronunciadas para empezar a existir. Por eso tenemos que buscar el modo y encontrar la manera de ser originales, de decir nuestras propias palabras, de dar una vuelta de tuerca a los convencionalismos, un giro nuevo a los comentarios. Si hace falta, tendremos que salirnos del camino que sigue la mayoría y andar por el costado. No pasa nada, no quiere decir que estemos equivocados. Será cansado, eso sí. Ir contra la corriente es agotador, pero no tiene por qué ser un error. Al menos, creo que eso es en lo que debemos poner el empeño los, pocos o muchos, que aún mantenemos la ilusión en este mundo de desencantados. Pisemos con cuidado, pero no tengamos miedo de pisar donde nunca pisaron los demás. Hay muchos más mundos por descubrir.

Ah, y si en uno de sus paseos escuchan a un jaguar y a un dragón la siguiente conversación, a lo mejor les pueden ayudar a decidir...

– Dragón –dijo el jaguar–, ¿por qué hiciste al hombre?
–Creo que fue un accidente, esas cosas pasan...
–Sí, pero fue un accidente grave. ¿No querés que lo coma y terminemos con el accidente?
–Todavía no, merece alguna oportunidad.
–Ya tuvo demasiadas, y además ningún animal lo quiere. ¿Te fijaste que nadie, ni con pelos ni con plumas, habla con él?
–Yo vi que hablaba con algunos animales.
–Hablaba, pero ya no. Ahora todos hacen como que no lo entienden, porque no les gusta lo que habla. Y cuando aparece se van para otro lado.
–Eso suena feo, pero pienso que siempre hay que dar más oportunidades. Quién te dice.
–Las oportunidades son peligrosas. Yo, como cualquier jaguar que se precie, estoy dispuesto a comerlo ya mismo. No sé qué puede pasar si dejamos que el agua corra.
–Esperemos jaguar. ¿Qué puede pasar?
–No sé. Y le tengo miedo a las cosas que no sé.
–Ése parece un pensamiento del hombre, jaguar.
–¿Ves hasta dónde puede ser peligroso? Ya me estoy contagiando de su manera de pensar.
–Y me vas a contagiar a mí. Estamos entrampados, jaguar, porque comerlo también es una manera de terminar un problema a la manera del hombre.
–¿Qué hacemos, dragón?
–¿Qué hacemos, jaguar?
Y ahí se quedaron dando vueltas al problema. Una y mil veces y otras mil.
Todavía no encontraron la solución. Lástima.

(Del cuento "Error de Dragón" del libro Dragón, del autor chaqueño Gustavo Roldán).

Ilustración.