Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

junio 09, 2007

Lo que ofrece la biblioteca

Lo que ofrece la biblioteca

...y el afán aventurero de nuestro deseo de saber

Por Sara Plaza

"(...) lo que ofrece la biblioteca, lo que ofrece la lectura, es precisamente eso: un espacio, en el sentido real y metafórico, en donde sentirse suficientemente protegido para poder ir y venir libremente, sin peligro, y abandonarse a la fantasía, y tener la mente en otra parte. La biblioteca ofrece un espacio, y propone objetos, objetos culturales, que podemos apropiarnos, que podemos probar."

Son palabras de Michèle Petit, antropóloga y novelista francesa. Sin duda una andariega incansable, pues ha transitado por otras disciplinas y caminado por las más recónditas las sendas de la lectura, descansando su mirada en muy diversos paisajes de Oriente y de Occidente. Las escribió para una conferencia leída en Buenos Aires en mayo de 2000, en el marco de un seminario en el Ministerio de Educación, y las he encontrado entre las páginas de su libro "Lecturas: del espacio íntimo al espacio público", publicado un año después por el Fondo de Cultura Económica. Ese libro es una pequeña joya y guarda incalculables tesoros en sus entrañas. Si uno lo empieza por el principio, encuentra a manera de prólogo, un categórico "¡Nunca iré a América Latina!" que enamora desde la primera hasta la última línea. Y si se deja seducir por todas ellas, será casi inevitable, no acudir después a la última parte, donde hallará la autobiografía de una lectora nacida en París en los años de posguerra. A partir de ahí, todo un universo se abre ante nuestros ojos, esos ojos que a veces miran para adentro, y otra veces abandonan sus pupilas ante un mundo exterior inabarcable. Con esos ojos, con esa mirada insaciable que anhela redescubrirnos y reinventarnos cada vez que pasamos una página, uno puede alimentar, durante un buen puñado de horas, la hoguera de dudas en la que arde su espíritu curioso.

Con grata sorpresa, he podido escuchar a otros lectores en su trabajo, pues Michèle acude siempre a ellos para hablar de lectura. Los ha buscado en barrios marginales de las ciudades, en las zonas rurales, entre sus escritores favoritos... los ha buscado y les ha dado la palabra. Y escuchándoles, se ha hecho un montón de preguntas, pero ha tenido –en mi opinión– el acierto de no ofrecernos las respuestas, sino de dejarnos buscarlas a nosotros mismos. Ese papel activo, proactivo, me atrevería a decir, que la autora otorga a sus lectores (los de sus investigaciones y los de sus obras) es un valioso regalo para cualquier persona que tenga deseos de pensar por sí misma y construir su propio conocimiento.

Hay párrafos maravillosos, fragmentos inolvidables, voces insospechadas que han despertado sonidos lejanos y me han acercado horizontes que hoy casi puedo rozar si extiendo mi brazo. Hay misterio, hay aventuras, hay sueños, hay vida cotidiana, hay drama, hay comedia, hay dudas, hay pruebas, hay finales felices, hay historias sin final... hay pasión por la lectura, y sobre todo, una gran honestidad pues, en palabras de la escritora, leer no siempre es una recompensa.

Cuenta tantas cosas Michèle Petit en este libro, no sabría qué restos del naufragio rescatarles, pero no puedo por menos que incitarles, como hace ella misma, a cantar, a pintar, a leer y a vivir hermosas historias, pues estamos hablando de derechos culturales. Así nos lo hace saber, no una, sino mil veces, a lo largo de su texto. Bien clarito, y con todas las letras, defiende una lectura emancipadora, lejos del sentido asistencial o benéfico que muchos quieren endilgarle. Dice así:

"Escuchando hablar a los lectores, nos damos cuenta de que por medio de la lectura, aunque sea episódica, podemos estar mejor equipados para manejar ese destino, incluso en contextos sociales muy apremiantes. Mejor equipados para resistir a algunos procesos de marginación o a ciertos mecanismos de opresión. Para elaborar o reconquistar una posición de sujeto, y no ser sólo objeto de los discursos de otros." (op. cit. : 104)

E insiste en que la lectura es una práctica de riesgo, porque puede hacer que nuestras certezas se tambaleen y que el grupo (familia, amigos, comunidad...) al que pertenecemos se dé cuenta de que nos distanciamos del mismo. Sin embargo, eso no significa que los lectores nos volvamos antisociales en absoluto, pues ese "alejamiento" nos proporciona un espacio, propio y necesario, para que cada uno de nosotros podamos tomar la palabra, un derecho de todas las personas. Es menester que sigan leyendo lo que dice la autora para entender esa apropiación de nuestro mundo interior imprescindible para ocupar nuestro lugar en el que nos rodea:

"Escuchándolos [a los lectores] comprendemos que las bibliotecas contribuyen a la emancipación de aquellos que trasponen sus puertas, no sólo porque dan acceso al saber, sino también porque permiten la apropiación de bienes culturales que apuntalan la construcción del sí mismo y la apertura hacia el otro. Sin embargo, curiosamente, esta dimensión esencial de la lectura es a menudo desconocida o subestimada, o bien derivada hacia las lecturas llamadas de evasión o de entretenimiento. Por su puesto que no es lo mismo. Leer, o recurrir a bienes culturales diversos, para encontrarse a sí mismo, para reconocerse, para construirse o reconstruirse, no es la misma experiencia que leer para olvidar o para distraerse." (op. cit. : 109)

"Y si bien esta lectura rara vez lleva a que se escriba una obra o se lleve un diario íntimo, puede conducir, por medio de un proceso que me parece cercano, a que alguien sea más apto para expresar sus propias palabras, y al mismo tiempo se vuelva más autor de su vida." (op. cit. : 113)

"Pueden quebrarnos, echarnos e insultarnos con palabras, y también con silencios. Pero otras palabras nos dan lugar, nos acogen, nos permiten volver a las fuentes, nos devuelven el sentido de nuestra vida. Y algunas de esas palabras que nos restauran las encontramos en los libros. (...) Tener acceso a ellas no es un lujo: es un derecho, un derecho cultural, como lo es el acceso al saber. Porque quizás no hay peor sufrimiento que estar privado de palabras para poder darle sentido a lo que vivimos." (op. cit. : 114)


Les animo a que sigan leyendo, a que lleguen hasta el final y comiencen de nuevo, a que entren y salgan de las bibliotecas, que las hagan suyas, que las conquisten y se dejen conquistar por sus hallazgos, les animo a que busquen algo de lo que la autora encontró en ellas...

"La biblioteca respalda (...) en este caso un gesto de despegue, de resistencia, de transgresión de los límites establecidos. Y contribuye a que algunos jóvenes realicen desplazamientos, reales o metafóricos, en diferentes terrenos de su vida: puede se un punto de apoyo para que continúen sus estudios o su carrera profesional, impidiendo así que se detengan, inmovilizados por el fracaso escolar y el desempleo; puede sacudir la representación que tienen de sí mismos, su manera de pensar, de decirse, sus relaciones con la familia, con el grupo de pertenencia, con la cultura de origen, y les evita a veces ser rehenes de una representación estereotipada de esa cultura; puede ayudar a las chicas a salir de su confinamiento en el espacio doméstico, y ofrecer a los muchachos una alternativa para el gregarismo viril de la calle y para la delincuencia; lleva a otras formas de sociabilidad y de solidaridad; y puede conducirlos a otras maneras de habitar y de percibir el barrio, la ciudad, el país en el que viven.

La biblioteca no puede resolverlo todo, repararlo todo, no seamos ingenuos: al salir de allí, esos jóvenes se verán nuevamente confrontados con las segregaciones sociales, con la xenofobia, con la misoginia. Pero estarán un poco mejor armados para enfrentar todo eso." (op. cit. : 116)


Aprovecho estas últimas líneas para sembrar un poco de discordia y contrariar algunas opiniones... No soy muy amante de las campañas a favor de la lectura, ni estoy especialmente a favor de los planes ni las políticas que la auspician. Sinceramente, me molestan las órdenes y los mandatos, y no me dejo convencer fácilmente con argumentos ajenos. Para hacer algo, tengo que encontrar el motivo por mí misma, y me gusta que me dejen llevar a cabo esa búsqueda. Necesito tiempo y espacio para descubrir lo que quiero, lo que me asusta, lo que me duele, lo que me apasiona... y no siempre estoy interesada en compartir mis hallazgos. Yo tuve la oportunidad para encontrarme con la lectura cuando vi a otros leer, y me hice lectora. Aproveché aquella ocasión que me brindaba la espera para ponerme en marcha aunque aún no me hubiese subido al autobús. Y después, busqué muchas más. Creo que a los niños y a los adultos, a cada hombre y a cada mujer, hay que brindarles ejemplos, espacios y tiempo, oportunidades, ocasiones para encontrarse con otros lectores, pero sobre todo, hay que dejarles escoger, tomar sus propias decisiones. Un derecho no puede convertirse en obligación. Si, efectivamente, la lectura nos puede "armar" mejor para andar nuestros caminos, no creo sea necesario convencernos de ello. Bastará con que nos den la libertad y la posibilidad para acceder a ella, a toda ella, y que nos dejen pensar e imaginar por nosotros mismos.

Ilustración.