Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

junio 09, 2007

¿Qué tal si nos dejan leer?

¿Qué tal si nos dejan leer?

... si nos permiten decidir el qué, el cuándo, el cómo
... si nos dejan ser responsables de nuestra libertad para elegir

Por Sara Plaza

Lo pregunto porque no es algo que resulte tan obvio para muchos, porque parece ser que algunos bibliotecarios, algunos profesores, algunos periodistas –y muchas personas adultas en general– consideran estar en posesión de la verdad, saberlo todo y además haberlo aprendido de la única manera correcta.

A comienzos del siglo XX, allá por el 1905, Mark Twain se defendía ante los ataques de un bibliotecario que sintió su moral ofendida del siguiente modo:

"Estimado señor:

Estoy profundamente preocupado por vuestras palabras. Escribí Tom Sawyer y Huck Finn para adultos exclusivamente y siempre me aflijo cuando descubro que a muchachos y a muchas se les ha permitido el acceso a ellos. La mente que ha sido mancillada en la juventud no puede purificarse otra vez. Sé esto por mi propia experiencia y hasta hoy abrigo un rencor inextinguible contra los guardianes desleales de mi juventud, quienes no sólo me permitieron, sino que me obligaron, a leer una Biblia no expurgada, antes de los quince años. Nadie puede pasar por esas y respirar después en forma pura y suave, de este lado de la tumba...

Muy honestamente desearía poder decir una o dos palabras de descargo en defensa del carácter de Huck, puesto que usted lo desea, pero realmente, en mi opinión, él no es mejor que Salomón, David, Satanás y el resto de la sagrada cofradía.

Si hay una Biblia no expurgada en la sección de niños, ¿querría usted ayudar a la joven bibliotecaria a apartar a Tom y a Huck de esa dudosa compañía?" [1]


Echemos ahora sólo un pasito para atrás, estamos en 2006. El autor argentino Mempo Giardinelli publica su libro "Volver a leer: Propuestas para ser una nación de lectores. Con una guía para padres, maestros, jóvenes y bibliotecarios" [2] (otro día, si quieren, hablamos sobre esas páginas que me parecieron un solemne despropósito), al tiempo que propone, y defiende a capa y espada, la creación de una Política Nacional de Lectura para la República Argentina en la que se incluya en su artículo 14 el derecho de leer libremente todo tipo de textos, impresos o virtuales, nos cuenta que:

"Me sucedió hace un tiempo durante una conferencia en La Rioja. Alguien del público me preguntó si yo admitiría que mi hijo leyese Mein Kampf (Mi lucha) de Adolf Hitler. Mi respuesta fue que lamentaría muchísimo tener que enfrentarme a tal hipótesis pues confiaba que ese libro no estuviese en la biblioteca de la escuela a la que van mis hijos; pero que si se diese el caso yo no sería censor de ninguna lectura y confiaría en el criterio de mi hijo, que quizás un día leerá ese libro abominable pero seguramente antes habrá leído a Cervantes y a Shakespeare como al día siguiente leerá a Cortázar, Faulkner, Gogol y toda la vasta y superior literatura universal. Es decir: en ese hipotético caso yo confiaría el buen lector que mi hijo puede ser, y al mismo tiempo plantearía a las autoridades de la escuela una severa discusión acerca del acervo disponible en la biblioteca." [3]

Vaya, vaya, vaya, me temo que el Sr. Giardinelli también sintió su moral ofendida..., y debe de tener clarísimo que la superior literatura, va a sanar las heridas de ese abominable libro... Es una lástima que el humor de Mark Twain no pueda hacerle saber al autor de esa vergonzosa guía, que la superior literatura no contiene precisamente una inferior carga de racismo y discriminación. Por otro lado, no estaría mal que quien nos invita a volver a leer, siguiendo febrilmente las indicaciones del autor norteamericano, Jim Trelease (en opinión de Giardinelli "el más agudo y competente experto en lectura de los Estados Unidos, autor de un libro extraordinario: Manual de la lectura en voz alta"), se detuviese en las páginas del periodista estadounidense radicado en Canadá, Max Wallace, quien en 2004 publicaba "The American Axis. Henry Ford, Charles Lindbergh and the Rise of the Third Reich", una obra de investigación en la que se analiza el papel inspirador que tuvieron el fabricante de automóviles y el aviador norteamericanos, para el nazismo. Wallace demuestra que el libro "The International Jew" de Henry Ford, una obra de cuatro volúmenes que reúne los artículos que el industrial publicó en "The Dearborn Independent" desde 1920 hasta 1922, y que se tradujo al alemán en 1921, constituyó "una de las principales fuentes del antisemitismo nacionalsocialista y de las ideas de Adolf Hitler" [4]. ¿Acaso no es interesante explorar las conexiones que existen entre las ideas? ¿No es maravilloso descubrir en unas la semilla de otras? ¿No es mejor preguntarse por ellas que negar su existencia? ¿No vale la pena buscar el origen, indagar el porqué, tratar de entender desde cuándo? Es sabido que "Mein Kampf" tomaba como ejemplo la Immigration Restriction Act (1924), donde se prohibía la entrada a Estados Unidos a personas con enfermedades hereditarias e inmigrantes cuyo origen fuese Europa del Sur y del Este, ¿no es importante que también los sepan nuestros hijos? Es historia, nuestra historia.

Si se trata de ser "buenos" lectores, ¿no se trata también de que seamos los mejores autores de nuestras ideas? ¿Cómo van nuestros hijos a tener "buen" criterio si no les damos la oportunidad de forjárselo? Las prohibiciones rara vez alejan de nosotros aquello que se proponen poner fuera de nuestro alcance. Para que cada cual construya sus propios conceptos y levante cada una de sus convicciones, necesita adquirir conocimientos por sí mismo y poder librarse de los prejuicios y la ignorancia a la que posiblemente le conduciría una severa discusión acerca del acervo disponible en la biblioteca...

No, definitivamente no es condenando ciertas lecturas como vamos a alimentar nuestro espíritu crítico, ni a cuidar del delicado estado de salud de nuestra moral. Sería deseable que en las bibliotecas se plantease, no tanto la ausencia de ciertas ideologías que uno no comparte, sino un verdadero debate sobre las ideas que cada cual podría formular, teniendo la posibilidad de acceder a una colección lo suficientemente variada y abierta como para permitirle contrastar opiniones y discutir sobre ellas. Sólo pido eso: que me dejen elegir y hacerme responsable de ello, que me permitan crecer, que me den la oportunidad de equivocarme y aprender de mis errores, que no me digan lo que es bueno para mí, sino que me dejen decidirlo a mí. Quiero poder leer de todo y escogerlo yo, quiero que lo mismo pueda hacer cada persona. Y si pido ayuda, me gustaría que me ayudasen no que me inutilizasen: que me proporcionasen herramientas no que me usasen como un instrumento para defender los intereses de otros. Lo que quiero, lo que me gustaría y lo que pido tal vez no es poco, pero creo que no tendríamos que conformarnos con menos.

[1] Citado por Geneviève Patte en su libro "Si nos dejaran leer... los niños y las bibliotecas", pp. 88–89
[2] Giardinelli, Mempo. Volver a leer: Propuestas para ser una nación de lectores. Con una guía para padres, maestros, jóvenes y bibliotecarios. Buenos Aires: Edhasa, 2006.
[3] Op. cit., p. 109
[4] Michael Löwy y Eleni Varikas. "Precursores y aliados del nazismo. Racismo y eugenesia en EE.UU" en "Le Monde Diplomatique /el Dipló", Año VIII, nº 95, Mayo 2007, pp.35–37.

Ilustración.