Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

agosto 20, 2007

Con un océano en medio

Con un océano en medio

Por Sara Plaza

Así fue como vivimos la última semana Edgardo y yo. A él se lo llevaron por los aires varios de esos pájaros desplumados que surcan el cielo dibujando estelas blancas; ésas que muchos hemos seguido con el dedo índice desde chicos, o dicho adiós con toda la mano cuando llegaba el momento de una despedida. A mí me siguieron sujetando a la tierra mis dos pies y permanecí en el mismo pedacito hasta su regreso. Aunque por espacio de una semana pisamos continentes distintos, recorrimos calles diferentes y nos detuvimos en parques con nombres muy diversos, ambos vimos crecer la misma luna cada noche, aunque ésta llegase antes a su orilla que a la mía. Y por supuesto las mismas estrellas nos sonreían... A mí, de pequeña, me contó "El Principito" que a él las estrellas siempre le hacían reír, que eran como miles de cascabelitos blancos, pero nunca supe por qué eran blancos esos cascabelitos... De un poco más mayor me acabo de enterar, gracias a "Lo que cuentan los tobas" [1], que en el cielo hay un mortero ("aranak-ki") y que en ese mortero muele la fruta del algarrobo (el "amap"del "mapik") una vieja. Resulta que la harina que esta vieja hace en el aranak-ki con el amap del mapik del cielo se esparce, y por eso las estrellas son blancas. Así es. [2]

Pues bien, mientras yo leía a Terán en Córdoba, Edgardo presentaba en Pretoria, Sudáfrica, en el Satellite Meeting ("Encuentro Satélite") de la Sección a la que pertenece, previo al Congreso de IFLA 2007, su conferencia sobre "Juegos tradicionales, música y tradición oral. Herramientas intangibles en bibliotecas multiculturales". En esa conferencia él contaba otro maravilloso cuento de los Qom que explica por qué cuando un cazador entra en un pedazo de bosque que desconoce, le parece escuchar el sonido de un viejo árbol quebrándose. Se trataría del Dueño del Bosque reconociendo al intruso, quien debe pedirle permiso para seguir avanzando por el bosque y rogarle que sea misericordioso y le provea con algo para comer. Así trataba de explicar toda la carga cultural que puede llevar consigo cada una de las leyendas que narra y aprende un pueblo de generación en generación.

Y al tiempo que él hablaba de multiculturalidad, yo seguía adelante con las experiencias sobre educación intercultural bilingüe en Argentina (ver entrada anterior de este blog), y las reflexiones que al final del texto que las recopila hacen destacados miembros de PROEIB Andes y del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. De manera, que además del mismo cuarto creciente de la luna, compartíamos las narraciones de uno de los pueblos originarios de este país y un poco de marco teórico sobre cultura, lengua, identidad, multi e interculturalidad, etc. También teníamos a la vista los mismos árboles, pues a Pretoria le dicen "La ciudad del Jacarandá" y Córdoba los tiene muy lindos, todos despeinados en esta época del año.

Al tiempo que Edgardo visitaba un día la municipalidad de Pretoria y al siguiente su Museo de Historia Cultural, yo me sentaba dos tardes consecutivas en la misma butaca del Cineclub Municipal "Hugo del Carril" de Córdoba para ver un par de documentales del ciclo "Pasiones Argentinas". El primero lo dirigía Susana Neri, "El toro por las astas", el primer título de una serie que quiere revisar la situación actual de la mujer y que trataba sobre los embarazos no planificados. El segundo era obra de Ulises de la Orden, "Río Arriba", y me permitió recorrer la región de Iruya (provincia de Salta, noroeste de Argentina), llenándome casi del polvo de sus senderos, y dejándome parada frente a algunas comunidades Kolla [3], los valles andinos y las terrazas que se van desmoronando al haber sido abandonadas desde hace más de 70 años, cuando los indígenas que las mantuvieron en pie tuvieron que irse a trabajar a los ingenios azucareros de Salta. Si las imágenes son hermosas, ni qué decir tiene la belleza de los sonidos que recorren los 72 minutos de documental. Está el río, está el telar, está el camino, está el viento, está la noche con velas que la iluminan, está la música del maestro humahuaqueño Ricardo Vilca, están el pasado y el presente, y quizás algo de ese pedazo no nos pertenece pero que es hacia el que transitamos, y que seguro andarán nuestros hijos después de nosotros, y los hijos de nuestros hijos después de ellos.

Y así, conociendo Edgardo un poco más de otro continente, y yo un poquito mejor el trocito del que piso a diario, el uno en Sudáfrica y la otra en Argentina, no dejamos de levantar puentes y más puentes que sorteasen la inmensidad del océano que nos separaba, y cruzando por cualquiera de ellos pudimos encontrarnos a lo largo de los últimos siete días.

Eso me llevó a releer ayer varias veces, "Puentes" de Gari Di Pietro y Elsa Borneman, una de las canciones que aparece en el disco "Lila" de Luna Monti y Juan Quintero, que les comparto a continuación:

Yo dibujo puentes para que me encuentres
un puente de tela con mis acuarelas
un puente colgante de tiza brillante
puentes de madera con lápiz de cera.

Puentes levadizos, plateados, cobrizos
puentes irrompibles, de piedra, invisibles
y tú, ¡quién creyera!, no los ves siquiera
hago cien, diez, uno, no cruzás ninguno
mas como te quiero dibujo y espero...

bellos, bellos puentes, para que me encuentres

Además, me llevó a darme cuenta de que, mientras Edgardo presentaba su conferencia con diapositivas que recordaban a un texto infantil, yo dibujaba en casa, con ese mismo estilo (que siempre ha sido el mío), una noche estrellada con luna y un árbol despeinado en medio del pasto. Al tiempo que él contaba la historia del Dueño del Bosque de los Qom y mostraba el texto escrito en esa lengua, yo le daba nombres a las distintas partes de ese dibujo con las palabras en wichí, chorote, chulupí, guaraní y también toba, que había aprendido del libro "Te contamos de nosotros" del que les hablaba en la entrada anterior. Cuando él hablaba sobre su experiencia con comunidades indígenas y bibliotecas en el noreste argentino, yo masticaba las que narraban sus niños en esas páginas.

De manera que a pesar del océano que se nos puso en medio esta semana, seguimos compartiendo nuestro trabajo, nuestro estudio, nuestras ilusiones, nuestros pasos. Bien pudiera ser que en la voluntad del encuentro estuvo el éxito de nuestros puentes, y me pregunto si no podría ser así entre los pueblos, entre los profesores y los alumnos, entre los bibliotecarios y los usuarios de las bibliotecas, entre distintas generaciones, entre diferentes culturas, entre varias lenguas... Opino que sí. Pese a nuestras diferencias, o tal vez precisamente por ellas, hemos podido encontrar muchos lugares comunes, espacios de trabajo, de discusión, de reflexión... y eso no nos ha impedido andar a cada uno con nuestros propios pasos, tropezarnos a veces, caernos unas cuantas, y apoyarnos muchas más para seguir adelante.

Así es.

[1] Una recopilación de narrativa oral del pueblo Qom o toba, del noreste de Argentina, escrita por Buenaventura Terán y publicada por Ediciones del Sol en 1994, como el número 20 de su "Biblioteca de Cultura Popular", que, por cierto, incluye otros títulos interesantes.
[2] Tradicionalmente, los relatos orales de los pueblos del Chaco argentino finalizan con frases como "Así es", "Ahí está", "Terminó esto"... como una especie de "Colorín, colorado..." en los cuentos europeos.
[3] Los Kolla o Qolla no son un pueblo originario de Argentina, si bien son comprendidos como tales. Se trata de la unión de los sobrevivientes de las comunidades prehispánicas de la región con los estratos blancos y con una fuerte inmigración de pobladores Aymara y Quechua procedentes de Bolivia. Poseen una cultura típicamente andina, pero a la vez, fuertemente mestizada.

Ilustración.