Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

septiembre 30, 2007

Tradición oral y memorias incaicas

Tradición oral y memorias incaicas

Por Edgardo Civallero

Vivimos en un continente donde la palabra hablada aún no ha perdido su tradicional rol de canal de información y aprendizaje. En cada rincón de nuestra geografía todavía surgen, imprevistos e impensados, esos relatos y recuerdos que, aunque jamás fueron escritos, codifican una parte de nuestra historia y de nuestra identidad.

Uno de los primeros registros escritos de las prácticas de tradición oral en Sudamérica es obra de la pluma de un cronista hispano, Pedro Sarmiento de Gamboa, un personaje de vida azarosa que terminó sus días casi olvidado y cuya última gran proeza fue intentar colonizar las costas de la inhóspita Tierra del Fuego (intento infructuoso, por cierto, y que costó numerosas vidas). La obra más conocida de Sarmiento de Gamboa es la "Historia de los Incas", escrita en 1572 (nosotros tenemos un ejemplar de 1942, editado por Emecé en Buenos Aires). De este libro hemos extraído un fragmento considerable que les dejamos esta semana como un homenaje a la "historia oral" y como un testimonio antiguo de una práctica que, a pesar de los siglos, no ha desaparecido en absoluto: continúa practicándose, aunque ciertamente a otros niveles.

El cronista español nos cuenta, en este texto, cómo la nobleza incaica poseía sistemas orales bastante precisos para perpetuar su historia a través de las generaciones. Hoy en día, muchas otras historias también se conservan, pasando de boca en boca y de mano en mano. Ciertamente, nuestro apego a la escritura y a los libros nos fuerza, en muchísimas ocasiones, a desestimar lo oral por impreciso y subjetivo. Sin embargo, ¿no están los libros de historia plagados de la subjetividad del historiador que los escribe? ¿No cuentan nuestras bibliotecas lo que los autores de las obras que conservamos quisieron anotar para la posteridad? ¿No silencian lo que esos escribas dejaron de lado? ¿No se escucha aún en nuestras calles y plazas retazos de historias recientes que nuestros documentos se niegan a recoger, por muy reales que sean?

La oralidad está tan plagada de errores y de olvidos como la escritura. Quizás hemos perdido la facultad (o la costumbre) de recordar y de decir lo que recordamos, ante la comodidad de nuestros libros. Pero me temo que al hacerlo, hemos sacrificado una buena parte de nuestra realidad como seres humanos, de las experiencias que hemos vivido, de nuestro pasado y nuestra identidad. Estamos permitiendo que otros anoten (y salven del silencio, para la posteridad) sólo algunos fragmentos de nuestro mundo. Lo demás morirá con nosotros. Triste destino para una cantidad de saber tan grande.

Decía Alejandro Dolina: "Recordemos, recordemos todo el tiempo". Contemos, escuchemos, compartamos. Y recuperemos las voces que se apagan para que no se pierdan. Al fin y al cabo, no somos más que las memorias que dejamos a nuestro paso. Si esas memorias, si esas pequeñas historias se pierden... ¿quién sabrá de nuestro paso por el mundo?

Los dejamos con Sarmiento de Gamboa y su descripción (en castellano antiguo, con algunas anotaciones) de los métodos incaicos de conservar el pasado para el futuro.


"Mas antes de entrar en el cuerpo de la historia de los ingas ["incas"], quiero advertir, o hablando más propriamente, responder a una dificultad, que se podría ofrecer a los que no tienen por cierta esta historia, hecha por la relación que estos bárbaros dan, porque, no tiniendo letras, no pueden tener en la memoria tantas particularidades, como aquí se cuentan, de tanta antigüedad. A esto se responde, que para suplir la falta de letras, tenían estos bárbaros una curiosidad muy buena y cierta, y era, que unos a otros, padres a hijos, se iban refiriendo las cosas antiguas pasadas hasta sus tiempos, repitiéndoselas muchas veces, como quien lee lección en cátedra, haciéndoles repetir las tales lecciones historiales a los oyentes, hasta que se les quedasen en la memoria fijas. Y así cada uno de sus descendientes iba comunicando sus anales por esta orden dicha, para conservar sus historias y hazañas y antigüedades y los números de las gentes, pueblos, y provincias, días, meses y años, batallas, muertes, destrucciones, fortalezas y cinches ["sinchis", caciques]. Y finalmente las cosas más notables, que consisten en número y cuerpo, notábanlas, y agora las notan, en unos cordeles, a que llaman quipo ["khipu" o "quipu"], que es lo mesmo que decir racional o contador. En el cual quipo dan ciertos ñudos, como ellos saben, por los cuales y por las diferencias de las colores distinguen y anotan cada cosa como con letras. Es cosa de admiración ver las menudencias que conservan en aquestos cordelejos, de los cuales hay maestros como entre nosotros del escrebir.

Y además desto había, y aun agora hay, particulares historiadores destas naciones, que era oficio que se heredaba de padre a hijo. Allegase a esto la grandísima diligencia del Pachacuti Inga Yupanqui, noveno inga, el cual hizo llamamiento general de todos los viejos historiadores de todas las provincias, quél sujetó, y aun de otros muchos más de todos estos reinos, y túvolos en la ciudad del Cuzco mucho tiempo examinándolos sobre las antigüedades, origen y cosas notables de sus pasados destos reinos. Y después que tuvo bien averiguado todo lo más notable de las antigüedades de sus historias, hízolo todo pintar por su orden en tablones grandes, y deputó en las Casas del Sol una gran sala, adonde las tales tablas, que guarnescidos de oro estaban, estuviesen como nuestras librerías, y constituyó doctores que supiesen entenderlas y declararlas. Y no podían entrar donde estas tablas estaban sino el inga o los historiadores sin expresa licencia del inga.

Y desta manera se vino averiguar todo lo de sus pasados y a quedar tan manual a toda suerte de gentes, quel día de hoy los Indios menudos y los mayores generalmente lo saben, aunque en algunas cosas tengan varias opiniones por particulares intereses. Y así examinando de toda condición de estados de los más prudentes y ancianos, de quien se tiene más crédito saqué y recopilé la presente historia, refiriendo las declaraciones y dichos de unos a sus enemigos, digo del bando contrario, porque se acaudillan por bandos, y pidiendo a cada uno memorial por sí de sus linaje y dél de su contrario. Y estos memoriales, que todos están en mi poder, refiriéndolos y corrigiéndolos con sus contrarios, y últimamente ratificándolos en presencia de todos los bandos y ayllos ["ayllus", clanes o familias extensas] en público, con juramento por autoridad de juez, y con lenguas expertas generales, y muy curiosos y fieles intérpretes, también juramentados, se ha afinado lo que aquí va scripto".

Ilustración.