Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

octubre 07, 2007

Pluralidad de opiniones: entre la duda y la contradicción

Pluralidad de opiniones: entre la duda y la contradicción

Por Sara Plaza

Confieso que he leído bastante prensa en las últimas semanas, diarios de uno y otro lado del Océano Atlántico (aunque la nostalgia me ha hecho atracar más veces en las páginas de un viejo conocido [1]), y noticias de todas las orillas del mundo. He pisado los cinco continentes de la pluma de periodistas que me mostraban los azarosos caminos por los que ellos ya habían transitado. He visto gentes de distinta clase y condición con problemáticas muy similares, aquí, allá y en todas las "esquinas" de nuestro esférico planeta. Me he encontrado con muy diversas opiniones sobre un mismo tema y me han entrado infinitas dudas sobre el asunto en cuestión. He hallado un montón de líneas contradictorias bajo el mismo titular, las cuales han sumado nuevas incógnitas al ya mencionado estado de confusión en que iba cayendo a medida que pasaban los días... Cuando me aficioné a leer el diario –durante mis años en la facultad–, me dije que leía para saber más; un tiempo después, me doy cuenta de que desconozco casi todo sobre lo que al principio creía estar enterada.

Lo cual no me parece mal, pues ante mi desconocimiento surge con más brío mi curiosidad y sigo leyendo... Sin embargo, no creo que mi lectura de la prensa diaria me lleve a entender lo que escriben los que dicen saber lo que pasa. Como leía en una entrevista a Fernando Savater, "[e]ntiendo a los que no entienden" [2]. El filósofo español afirmaba en esas líneas que "estoy más próximo a los ignorantes, por mi propia ignorancia." Y añadía: "[l]a mayor parte de los manuales son muy aburridos porque quienes los hacen creen que existe la obligación de leerlos." No sé si será también ése el caso de los diarios que, de algún modo, nos hacen sentir que tenemos la obligación de leerlos para estar informados. Y por "estar informados" quiero decir exactamente eso: estar informados; pues no quisiera que mis palabras sugieran al lector que ello significa lo mismo que saber de algo, ni mucho menos conocer la verdad de los hechos; simplemente estoy anotando que, al leer lo que se escribe en prensa, uno puede estar más o menos al tanto de lo que lo se dice que está pasando.

Para ello uno tiene que manejar cierto registro lingüístico. Y aquí no estaría sólo hablando de un estilo más formal o menos formal, a veces incluso vulgar, dentro del estándar, sino de los dobles sentidos, de lo que se puede –y se debe– leer entre líneas. Respecto a las diferencias de estilo (que en muchas ocasiones se convierten, prácticamente, en diferencias idiomáticas), el escritor Juan Goytisolo exponía algunas consideraciones muy interesantes en el artículo titulado "La fractura lingüística del Magreb" [3]. El autor comparaba los usos actuales del árabe clásico (que se mantiene en el contexto religioso, asambleas parlamentarias, ceremonias oficiales, la casi totalidad de la literatura escrita, etc.) y la lengua popular que comparten marroquíes y argelinos, la darixa, "llamada condescendientemente por los doctos y las ‘fuerzas vivas', árabe dialectal o coloquial, por no decir ‘vulgar'". A Goytisolo, esa lengua popular, lejos de parecerle "zafia", le había sorprendido por su "constante creatividad" pues, sin olvidarse de su procedencia, el árabe clásico, ha ido incorporando voces de otros idiomas. No obstante, señalaba el autor que "el desfase entre la lengua culta y la hablada afecta a todos los órdenes de la vida social, política y cultural." Pese a lo cual, se permitía ser optimista al final, y concluía que "dado que la identidad magrebí es múltiple y mutante –como lo son todas las identidades, digan lo que digan las constituciones y textos oficiales–, la darixa y el bereber común al Atlas y la Cabilia arraigarán más temprano que tarde en el campo del saber y de la cultura, por dura que sea la resistencia de los letrados y de los poderes fácticos".

El escritor no centraba su artículo en el deseable uso, por parte de los medios informativos, de la lengua que habla el 99 % de la población magrebí, pero sí se refería a ellos al recordar el proceso contra el director de los semanarios Nichán y Tel Quel, Ahmed Benschemi, por haber publicado en el primero una carta abierta al rey Mohamed VI en la lengua darixa, en vez hacerlo en árabe clásico. Sin duda las lenguas y sus diferentes usos (y abusos) están entre las preocupaciones de muchos medios. Así puede constatarse al leer una pequeña reseña titulada "Lenguas contra personas" [4] donde se opinaba que: "[l]a pasión de los oficinistas de la lengua por regular al milímetro lo que habla la gente roza el esperpento." Tales palabras fueron escritas a propósito del despido de la escritora de origen uruguayo Cristina Peri Rossi, afincada en Barcelona desde hace más de tres décadas, del programa de Catalunya Ràdio en el que participaba desde hacía dos temporadas, por hablar en castellano. "(...) a los censores vocacionales les debió parecer que eso vulneraba los derechos de la lengua catalana, y han decidido vulnerar los laborales de esta escritora". Unas páginas más adelante se amplía esta nota (que pone al desnudo el celo de algunos catalanes por su lengua) con el titular "La CCRTV [5] endurece el uso del catalán en los medios públicos" [6]. Opino que esta postura oficial, tal y como se afirmaba en la mencionada reseña, "compromete el argumento de que en la realidad social no hay ningún problema, pues existe una convivencia lingüística espontánea que permite a todos los ciudadanos participar de la vida pública al margen de cual sea su lengua de comunicación."

Cuando al principio les decía que había encontrado un sinfín de contradicciones entre mis lecturas, no es la menor de ellas la que les comparto a continuación. Refiere Esteban Beltrán [7] en su artículo "Voltios sin control" [8] que: "[e]n EE UU, las pistolas tipo Taser se utilizan con demasiada frecuencia en situaciones en las que no está justificado el uso de fuerza letal (...) [l]as recientes imágenes del estudiante taseado por agentes de seguridad el pasado 17 de septiembre en plena conferencia del senador John Kerry en la Universidad de Florida son un ejemplo de ello. No era un peligroso delincuente ni quería atentar contra el senador. Le aplicaron 50.000 voltios por insistir demasiado en una pregunta." Sin embargo, al volver la página uno se da de bruces con la carta que un lector escribe al director titulada "La verdadera libertad de expresión", donde manifiesta, a propósito de la reciente celebración de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York que: "[h]a sido un espectáculo incomparable el ver cómo la prensa y los estudiantes [estadounidenses] han interrogado en varias ocasiones al presidente iraní, mientras que en su país esto es simplemente imposible".

Supongo que las cosas siempre pueden estar peor... A ese miedo se refiere Fernando Savater cuando, bajo el título "Del dicho al hecho" [9], habla de los grandes partidos políticos: "saben que la mayoría de la gente tiene que optar entre un partido que no les gusta y otro al que odia, esperando cada preboste que el suyo sea el que sólo no les gusta." Hace años que leo a este filósofo español y no deja de maravillarme la claridad con la que es capaz de explicar sus ideas. Con respecto a la nueva y polémica asignatura del currículum español, "Educación para la Ciudadanía" (que ya tienen 22 países de la Comunidad Europea, y es denominada "Educación cívica" en Argentina), el autor afirma en ese mismo texto que "se ha comprobado que todavía hay ciudadanos que consideran un abuso inadmisible el establecimiento explícito y razonado de una serie de valores cívicos comunes, que no dependen de la moral de cada cual, sino de la ética de la convivencia en la igualdad. En eso consiste precisamente el laicismo y por ello es tan imprescindible en democracia como el sufragio universal." Entre esos ciudadanos a los que menciona Savater, bien podría estar el portavoz de los obispos españoles, Juan Antonio Martínez Camino, de quien podemos leer unas declaraciones en el artículo titulado "Los obispos reprenden a los colegios católicos por la asignatura de Ciudadanía" [10]. Según Martínez Camino, ni el Gobierno ni las Cortes, aun siendo democráticos, pueden inmiscuirse en "la educación de las conciencias."

Definitivamente leer el diario, si se hace un poco de sentido del humor, puede depararnos no pocas sorpresas, además de muchas dudas y un montón de contradicciones como las señaladas hasta aquí. No les voy a negar que suelo reírme menos de lo que me gustaría cuando tengo entre mis manos sus páginas; sin embargo, trato de que algunas noticias provoquen en mí ese efecto tan saludable que es la risa, según afirma Juan Goytisolo, ya que tal y como señala el escritor "ésta ha marcado siempre la dirección hacia la que se encaminan los pueblos ansiosos de libertad y de progreso cualesquiera que sean los obstáculos que se interpongan en su camino." [11]

[1] A lo largo de estas líneas me referiré a distintos artículos publicados en la edición internacional de EL PAÍS a finales de septiembre de 2007.
[2] Tomado de "Entiendo a los que no entienden", en la edición internacional de EL PAÍS del viernes 21 de septiembre de 2007, sección "Cultura".
[3] En la edición internacional de EL PAÍS, lunes 24 de septiembre de 2007, sección "Opinión".
[4] En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección "Opinión".
[5] La Corporación Catalana de Radio y Televisión
[6] En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección "Sociedad".
[7] Director de Amnistía Internacional España.
[8] En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección "Opinión".
[9] En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección "Opinión".
[10] En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección "Sociedad".
[11] Tomado de "La fractura lingüística del Zagreb", en la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección "Opinión".

Ilustración.