Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

noviembre 24, 2007

Infodiversidad, utopía y un viaje a México

Infodiversidad, utopía y un viaje a México

Por Edgardo Civallero

Mientras leen estas líneas, mis pasos se encaminan hacia Guadalajara, capital del estado de Jalisco, en México. Guadalajara es una gran ciudad asentada en el Valle de Atemajac, y constituye el segundo municipio más poblado de México, con más de millón y medio de habitantes. Es famosa, según dicen, por sus tradiciones, su gastronomía y sus atracciones culturales y recreativas; entre éstas últimas se cuenta la FIL, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la mayor de Hispanoamérica –en cuanto a número de editoriales participantes– y la segunda del mundo después de la de Frankfurt. Al mismo tiempo que la FIL (y en el mismo espacio) se celebra el XIV Coloquio Internacional de Bibliotecarios ("Infodiversidad: la biblioteca como centro multicultural") al que he sido invitado para dictar un taller sobre "infodiversidad y el papel de las bibliotecas" entre los días 26 y 28 de noviembre.

Si ya se han dado cuenta de que "infodiversidad" significa "diversidad informativa" o "la información en/de un mundo culturalmente plural", los felicito por su sagacidad, que merece toda mi admiración. Yo no lo tuve tan claro, así que, antes de dar mi respuesta a la invitación de los colegas mexicanos, decidí investigar el término, para tener la certeza de que la temática que me ofrecían estaba dentro de mi campo de conocimiento y si, por ende, iba a ser capaz de brindar un taller –o cualquier actividad por el estilo– en forma seria.

Me encontré con algunos textos de la mexicana Estela Morales Campos (probable inventora del palabro) que me permitieron averiguar que, efectivamente –merced a mi experiencia de trabajo– podía dar un taller sobre el tema. Básicamente, el constructo busca recuperar la importancia de la diversidad y la pluralidad humanas, expresadas perfectamente en la información producida por las diferentes culturas del planeta (entiéndase "cultura" en su acepción más amplia). El taller que dictaré en Guadalajara se centrará, pues, en mostrar el rol que pueden (y/o deben) jugar las bibliotecas en un mundo en el cual esta "infodiversidad" se ve constantemente amenazada.

¿Amenazas? Sí, y no pocas. Por un lado, la enorme presión de lenguas y culturas dominantes, que lleva a que el 96 % del plantea hable el 4 % de los idiomas existentes y a que el 90 % de las lenguas del mundo no estén representadas en la Internet. Bajo estas condiciones, la "revolución digital" y la "sociedad del conocimiento" (y su enorme influencia en el mundo actual) son una amenaza potencial para la supervivencia de las culturas locales y minoritarias. La cultura "global" –es decir, la de las naciones dominantes– está aplastando literalmente a las culturas regionales. Si no lo creen, intenten buscar, por ejemplo, cuántas páginas web en lengua quechua (hablada por cientos de miles de personas en Sudamérica) hay en la Internet. O cuántos archivos de la música, relatos, costumbres e historias tradicionales de Castilla La Vieja encuentran. O cuánta música de gaita y chicote de Colombia pueden descargar. O cuántas recetas de la isla de de Chiloé (Chile) o del norte de Paraguay son capaces de encontrar. Comparen eso con la cultura dominante, tan bien representada.

Por supuesto, estos medios y tecnologías pueden ser usados a favor de los grupos menos representados (que son los que dotan a nuestra cultura de su amplia diversidad; sin ellos seríamos un mundo bastante homogéneo y gris). Sobre cómo usarlos –he ahí la cuestión– aún falta decidirse y establecer planes y estrategias...

Por otro lado, las brechas digitales se extienden. Ya no se trata simplemente de que existen áreas de nuestro plantea en las cuáles una computadora no se puede encender porque no hay electricidad, o porque no llega la línea telefónica, o porque una computadora es un bien de lujo. Se trata de analfabetismo informacional, se trata de falta de pertinencia en los usos que gran parte del planeta puede darle a esos elementos... Otras barreras también se convierten en amenazas: el copyright es un buen ejemplo.

Nuevamente, estas barreras pueden eliminarse lentamente. No tienen porqué ser, obligatoriamente, amenazas. Pueden convertirse en oportunidades. Pero hasta ahora, el progreso en tal "eliminación" ha sido lento.

¿Más amenazas? La fuerza de las culturas (y la información) urbanas sobre las rurales, la de las culturas "políticamente correctas" sobre las "alternativas", la del "sexo fuerte" sobre el "sexo débil", la de la edad laboral sobre otras edades, la de la "historia oficial" sobre la "no oficial". Todos esos fragmentos presionados pertenecen a nuestra identidad, nos hacen ser quiénes somos. Si desaparecen, una parte de nosotros se irá con ellos.

¿Qué puede hacer la biblioteca? Ofrecer su espacio para que todas las voces suenen, sean recuperadas, organizadas y difundidas. Para que la cultura de los punkies urbanos y los campesinos estén presentes por igual; para que los folletos anarquistas y oficiales tengan el mismo valor informativo; para que pueda accederse conocimiento indígena y europeo en idénticas condiciones; para que las lenguas distintas de la oficial no sean parte de "colecciones especiales".

De esto tratará mi taller, y espero que, a través de las actividades que plantearé, puedan recuperarse experiencias, opiniones e ideas que permitan a los participantes darse cuenta del poder que llevan entre sus manos.

Mientras tanto, encuentro que muchos colegas –y no colegas– opinan que hacer frente a las corrientes dominantes –esas que se presentan como "amenazas" a la diversidad y a la pluralidad– es una "utopía". Me gusta esa palabra, por cierto, pero empiezo a cansarme un poco de que cualquier enfrentamiento a lo "establecido" sea tomado como un delirio. Si resolvemos tirar la toalla y bajar los brazos ante cualquier reto y decidimos que no vale la pena enfrentar a la corriente más fuerte porque es inútil, entonces viviremos en mundo de destrucción y olvido. Un mundo en el que la administración Bush y sus aliados seguirán arrasando países y matando civiles sin que nadie diga nada (porque, ¿quién se opondrá?). Un mundo en el que terminaremos hablando una lengua que no es la que aprendimos en casa (porque "todo el mundo la habla, y es lo mejor para comunicarse"). Un mundo en el que leeremos, aprenderemos y haremos lo que nos digan (porque eso es lo "correcto"). Un mundo en donde ser diferente del estándar será una maldición. Un mundo en donde ser mujer, niño, anciano, enfermo, pobre, negro, latino, árabe, campesino, indígena, o tantas otras cosas será una condena a subsistir en un limbo.

Si seguimos considerando que enfrentarse a esas cosas es "imposible", bajemos los brazos y corramos como corderos de un rebaño, esperando a que nos toque poner el pescuezo bajo el cuchillo del matarife. Ya nos llegará la hora, como les está llegando a otros tantos desafortunados. O bien adaptémonos y convirtámonos en algo que no somos ni quisimos ser. Por mi parte, prefiero creer que un mundo plural es posible, y defenderlo con lo que hago, y dejar de pensar en "utopías" como "sueños" para pensarlas como "posibilidades". Posibilidades por las que hay que luchar, al menos si queremos que tengan alguna oportunidad de verse realizadas.

Con estas ideas parto a México. Desde Argentina, un fuerte abrazo.

Ilustración.