Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

diciembre 09, 2007

Lo que cuentan nuestros libros

Lo que cuentan nuestros libros

Por Edgardo Civallero

"Ningunos otros indios rioplatenses fueron más implacables en sus odios, más crueles en sus venganzas, ni más terriblemente antropófagos".

Esta frase se refiere al pueblo Guaraní, y fue escrita por el sacerdote jesuita Guillermo Furlong en su libro "Misiones y sus pueblos de guaraníes" (Buenos Aires: Theoria, 1962, pp.72-75). Conservo hace tiempo el libro de Furlong entre mis pertenencias como ejemplo de incomprensión total. Es curioso saber que los textos de ese sacerdote aún siguen siendo incluidos en muchas bibliografías sobre pueblos originarios. ¿Sabemos que contienen las páginas de nuestros libros? ¿Sabemos qué hay de cierto y qué hay de falso en ellas? ¿Sabríamos orientar la lectura de un usuario a través de páginas como las que pienso mostrarles en esta entrada?

Los Guaraní se llaman a sí mismos Avá, que en su lengua (el avá ñe'é) significa sencillamente "hombres" (el nombre de su idioma significa "la lengua de los hombres"). El epíteto "guaraní" significa, en su propia lengua, "guerreros", algo que ciertamente fueron a lo largo de sus siglos de historia, jamás escrita por ellos mismos sino por las plumas de aquellos que los visitaron, que los conocieron y que los comprendieron, a veces mucho, otras muy poco. Los Guaraní pertenecen a un tronco mayor, el Tupí-Guaraní, una familia lingüística que cubre un amplio territorio dentro de Sudamérica, desde Brasil a Argentina y el oriente boliviano. En sus tierras ancestrales se radicaron las primeras misiones jesuíticas del sur del continente, las cuales crearon un verdadero imperio (al decir del escritor argentino Leopoldo Lugones). En aquellas "reducciones" se dieron prácticas que algunos consideran "civilizadoras" y otros "aculturadoras", y cuyo análisis depende de la perspectiva con la que se analicen. Fue en esas misiones donde se construyó la primera imprenta del Virreinato del Río de la Plata, que luego sería transportada a la ciudad de Córdoba, desde donde les escribo. Allí, en las misiones, se imprimirían los primeros libros de la región, escritos en castellano y guaraní, generalmente diccionarios, vocabularios y sermones que servían a los misioneros para su trabajo evangelizador, pero que, a la vez y paralelamente (aunque quizás inconscientemente) nos sirven en la actualidad para recuperar muchas costumbres y rasgos lingüísticos.

Son muchísimos los antropólogos, historiadores y lingüistas que se refieren a la lengua guaraní como una de las más ricas y dulces del continente. La poesía y la belleza que impregna su construcción puede apreciarse en los diferentes idiomas guaraníes actuales, desde el avá ñe'é paraguayo (lengua oficial del Paraguay, hablado también en las provincias argentinas de Corrientes y Misiones) hasta el aché, el Pai tavyterá, el kaiwá, el Avá-chiriguano o el sirionó. Su pronunciación melodiosa y las posibilidades de su vocabulario nos muestran un idioma complejo, hermoso y, sobre todo, vivo. Diría al respecto otro jesuita, el padre Ignacio Chomé:

"Confieso que extrañé mucho hallar en ella tanta majestad y energía. Cada palabra es una definición exacta que explica la naturaleza de lo que se quiere dar a entender, y da de ello una idea clara y distinta. Nunca hubiera yo imaginado que, en el centro de la barbarie [sic], se hablase una lengua que, a mi juicio, por su nobleza y por su armonía, no es inferior a las que había yo aprendido en Europa. Tiene, por otra parte, sus delicadezas y agrados, y pide muchos años para llegar a poseerla con perfección".

Por otro lado, las literaturas (orales y escritas) y las cosmogonías Guaraníes se destacan por su exquisita riqueza, por el uso de metáforas y por la posesión de una cosmovisión mágico-religiosa complejísima. Además, toda esa cosmovisión está encerrada en la lengua: las palabras tienen poder, tal y como señala Lucía Gálvez en su libro "Guaraníes y Jesuitas. De la tierra sin mal al paraíso" (Buenos Aires: Sudamericana).

Continuando con las citas sobre el libro de Furlong, anoto un fragmento largo, que expresa por sí sólo los prejuicios con los que muchísimos religiosos (y no religiosos) se acercaron y se acercan a los pueblos originarios.

"Durante siglo y medio, trataron los misioneros íntimamente con aquellos indios, y no hemos hallado una sola frase denigrante para ellos, en tanto escritos, anuas, relaciones y cartas, como han pasado por nuestras manos. Pero a los pocos años de expulsados los jesuitas [1767], llegó a tener algún contacto y trato con algunos Guaraníes un hombre a quien algunos han otorgado indebidamente el título de "sabio", y este presunto sabio llegó a clasificar a esos indios no entre los seres racionales, sino entre los cuadrúpedos. Después de consignar una serie de incongruencias, escribía muy suelto de cuerpo Don Félix de Azara: todas estas cualidades parecen aproximadas a los cuadrúpedos; y así mismo, parecen tener cierta relación con las aves por fuerza y agudeza de su vista. La unidad de lengua entre los Guaraníes, que ocupan tanta vasta extensión de país, ventaja que ninguna de las naciones cultas del mundo ha logrado obtener, indica igualmente que estos salvajes han tenido el mismo maestro de lengua que enseñó a los perros a ladrar de la misma manera en todos los países.

Azara dudaba, a fines del siglo XVIII, si los Guaraníes pertenecían a la especie humana, incurriendo en una manifiesta aberración filosófica, y mostrando de pasada su total desconocimiento de todo lo realizado por aquellos indígenas en las reducciones.

Otros "sabios" de la pasta de Azara, han sostenido la paridad absoluta entre el indio y el europeo, de suerte que aquel, una vez salido de las selvas, era capaz de pensar, hablar y obrar como cualquier europeo. La ciencia prueba hoy día la infantilidad de tales asertos, y la historia de más de cuatro siglos lo rechaza de plano. El abandono absoluto de todo esfuerzo mental, la dejadez y ociosidad de innúmeras generaciones, los vicios inveterados a través de centurias, el medio ambiente salvaje en el que habían nacido y vivido, y otros mucho factores concurrentes, habían degradado al indio de tal suerte que era humanamente imposible elevarle de golpe al plano de la normalidad europea.

La realidad histórica es, por otra parte, harto elocuente. Después de cuatro siglos, y no obstante todos los meritorios esfuerzos de los gobiernos y de los misioneros, el indio americano, así aquel que se halla ubicado en las proximidades de las grandes urbes de los Estados unidos, como los que hemos conocido y tratado en los valles Patagónicos, y los que se encuentran en las quebradas jujeñas, al par de los que vegetan en las llanuras chaqueñas, siguen siendo tan indios como cuando Colón pisó tierras americanas. El que vistan a la europea, o sepan garabatear unas letras, a lo que llaman escribir, no modifica lo substancial, y el indio es lo propio que era hace siglos".


Lejos de detenerse en estas "apreciaciones", que fueron las mismas que motivaron debates como el de Valladolid, en el siglo XVII (en el cual participara el célebre Bartolomé de Las Casas, defendiendo la postura de que los indígenas eran seres humanos), Furlong (que escribe en pleno siglo XX, aunque en una época en la cual los indígenas eran incluidos, en algunos libros de texto primarios argentinos, en el apartado "Zoología") continúa anotando:

"Ningún misionero dudó jamás, como dudó Azara, de que los Guaraníes eran verdaderos hombres, pero, en cuanto a los mismos, reconocía con el Padre Cardiel, que ‘su entendimiento, su capacidad era, y es, muy corto, como de niño; su discurso muy débil y defectuoso. Cuando les preguntamos una disyuntiva, V.Gr., ¿adónde vas, al pueblo de San Nicolás o al de San Juan? responden: Sí, Padre; sin poder averiguar sobre cual de las dos partes cae el sí, o el no, sino que se le vuelva a preguntar por una parte sola'. Esto escribía el Padre Cardiel a mediados del siglo XVIII, o sea después de existir las reducciones durante siglo y medio, y medio siglo antes había anotado el Padre Lozano que todavía entonces no habían llegado a entender que la muerte era algo natural y que a todos había de sobrevenir, antes se persuadían que en cada caso era algo fortuito y debido a causas externas. Lo propio opinaban de las enfermedades, cuyas causas, según ellos, eran siempre extrínsecas y ajenas a la misma naturaleza humana".

La incomprensión de las estructuras filosóficas y religiosas del "otro" (sea quien sea; en este caso, el pueblo Guaraní) y el análisis de sus estructuras lingüísticas desde la lógica de las lenguas europeas (profundamente distinta a la de los idiomas nativos) como si esa lógica fuera la "única" y la "verdadera" queda totalmente expresado en el discurso de Furlong. Pero no nos engañemos: es un discurso que continúa presente y activo en la sociedad latinoamericana en general (y argentina en particular). Las costumbres, los hábitos, los modos de vida, las actitudes y las idiosincrasias indígenas son severamente criticadas, olvidadas, discriminadas e incluso ridiculizadas en un amplio rango de ámbitos, desde el político al académico, pasando por el social. Son esas percepciones pobladas de preconceptos las que continúan alimentando las murallas, las que logran que el diálogo intercultural se derrumbe y fracase, las que fomentan el racismo...

Esperemos que nuestros pasos y nuestras futuras acciones nos permitan saltar por encima de esas fosas y esas barreras.

Un abrazo desde Córdoba, Argentina...

Ilustración.