Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

febrero 02, 2008

-¿Y qué vas a hacer con todo ese dinero ahora?

–¿Y qué vas a hacer con todo ese dinero ahora?

Por Sara Plaza

Le preguntó su papá, con cariño. Y esa pregunta quería decir varias cosas: no le iban a pedir el dinero, él lo podía gastar sin que nadie le dijera nada, y ellos no se iban a meter en lo que hiciera con ese dinero. Se pasó tres días sin saber en qué gastárselo.

–Mirá, Frin, si lo ahorrás vas a ir juntando tu dinero (explicaba su papá).
–¿Y para qué?
–Para poder comprar más cuando hayas juntado bastante.
–(Frin negaba con la cabeza)... no, yo prefiero ir comprando y así igual voy a ir comprando más.
Lynko no se cansaba de hacerle sugerencias.
–¡Mirá esa pelota, Frin!
–(No)...
–¡Mirá esa caña de pescar!
–(No)...
–¡Una mochila para irnos de campamento!
–(No)...
–¡¿Y qué vamos a llevar el domingo, entonces, Frin?!

Hasta que en una librería vio un tomo de una enciclopedia y supo lo que quería. Era una enciclopedia que también se vendía en fascículos más pequeños y que Arno siempre llevaba cuando tenían que consultar algo en la escuela. Entró y compró el primer tomo. Para su sorpresa costaba menos de lo que creía. Le alcanzó para comprar otro libro. Uno de fenómenos extraños que habían pasado en toda la historia. Así gastó su primer dinero.

Cuando llegó a su casa guardó el tomo de la enciclopedia en la pequeña biblioteca del comedor y fue a sentarse en el patio a leer el otro libro. Al rato entró Alma por la puerta del patio. Le gustó verlo con ese libro abierto, que sostenía con una mano, mientras que la otra estaba apoyada en su cabeza. Aprovechando que no se había dado cuenta de que ella estaba ahí, se quedó observándolo. Era lindo que estuviera tan concentrado. Parecía más importante. Estaba tan serio. Nunca había visto a nadie leer de esa manera: parecía que estaba en otro mundo.

–Hola, Frin.
–... ah, hola.
–¿Qué estás leyendo?
–Mirá, en 1953 desapareció un barco con toda su tripulación.

Alma se sentó a su lado. Frin siguió leyendo en voz alta, y ella le prestó atención a lo que él decía; pero también era lindo estar así con Frin. Cerca, mientras él leía en voz alta par los dos. No era fea la voz de Frin. Un barco había desaparecido con toda la tripulación. Es más, era una linda voz. Y no se había hundido. Y leía bien.


Estas líneas pertenecen al libro infantil "Frin" del escritor, actor y músico argentino Luis María Pescetti. Una maravillosa obra que nos cautivó a Edgardo y a mí la primera vez que la tuvimos entre las manos y nuestros ojos pudieron ser testigos, hoja tras hoja, de lo que hacía, pensaba y sentía este joven protagonista mientras estaba en la escuela, hacía nuevos amigos, gustaba de una compañera de clase, conseguía su primer trabajo... Nos pareció una historia magnífica, que devoramos ávidamente cuando la sacamos de la biblioteca del Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil (CEDILIJ) de Córdoba (Argentina). Con la misma ilusión que Frin gastó su primer sueldo en ese tomo inicial de la enciclopedia, alcanzándole además para un segundo libro sobre fenómenos extraños, nosotros escribimos a los Reyes Magos pidiéndonos sus aventuras en letra impresa. Cuando abrimos nuestros regalos el 6 de enero, cual no sería nuestra sorpresa cuando vimos que las arcas de Sus Majestades alcanzaron para "Frin", para "Lejos de Frin" (del mismo autor) y "Los selk'nam. La vida de los onas en Tierra del Fuego" de la antropóloga francesa Anne Chapman. A Pescetti se lo pidió Edgardo, a Chapman me la pedí yo, pero no imaginábamos que nos iban a traer todo lo que les pedimos. Esa misma mañana comenzamos a leer nuestros regalos y como Alma, nos quedamos algunos minutos mirando al otro en silencio, observando su seriedad, su sonrisa, su sorpresa... Cada uno en su mundo, en un mundo distinto, en otro mundo... Mientras uno recordaba su infancia, otro recuperaba la memoria de un pueblo extinto. Ambos volviendo la cabeza, Edgardo unos pocos años, yo un par de siglos (los informantes de Chapman nacieron en el XIX y todos murieron en el XX). De algún modo los dos estábamos mirando hacia atrás, hacia el propio pasado y hacia el de un pueblo que se supo vencido desde que algunos hombres blancos, allá por 1880, llegaron para quedarse y allanaron su camino destruyendo una cultura y aniquilando al pueblo que durante siglos la mantuvo viva de generación en generación. Había nostalgia en los ojos de Edgardo y pude escuchar su risa de vez en cuando. Yo apenas despegué mis labios y mi mirada se quedó perdida en alguno de los cuatro "cielos" que conocían los selk'nam. Un par de días después intercambiamos nuestros libros sin darles tiempo a descansar siquiera una noche junto a los demás que forman parte de nuestra querida biblioteca. Reapareció mi sonrisa y a Edgardo se congeló la suya en alguno de los haruwen (territorios) en que estaba divida la Isla.

¿No es fascinante ese poder de los libros para llevarnos con ellos, para atraparnos, para arrastrarnos a otros lugares, a otros tiempos, a otras culturas, a nuestra infancia...? ¿No es increíble que entre sus páginas sigamos otros pasos y descubramos nuevos horizontes? ¿No es maravilloso viajar con tan poco equipaje e ir siempre tan bien equipado? Frin tardó tres días en decidir en qué quería gastar el dinero que acababa de ganar, y a nosotros nos tomó una pocas horas escribir la carta a los Reyes Magos. Los tres elegimos un libro y cada cual vivió una aventura diferente al adentrarse en sus páginas. Los tres tuvimos que pensar qué es lo que más queríamos, y una vez conseguido, cada uno se tuvo que concentrar en la lectura. Es casi seguro que, a nuestro modo, los tres rescribimos algunos pasajes, que inventamos y que soñamos; que, por momentos, nos olvidamos de dónde estábamos y casi, casi de quiénes éramos; que, en más de una ocasión, volvimos de nuevo una página o avanzamos dos o tres, incluso varios capítulos de golpe...

Dado que con un libro en las manos podemos lograr tantas cosas, vivir tantas aventuras, descubrir tantas historias... sería estupendo que no hubiese que gastarse "todo ese dinero" para que en nuestras pequeñas bibliotecas hubiese un nuevo amigo, y para que en las bibliotecas que son de todos se pudiese encontrar lo que nos guste, nos interese y necesitemos cada uno. Dado que los Reyes Magos tienen otras muchas peticiones que atender y sólo vienen una vez al año, es importante que los libros estén al alcance de todos y se los podamos "pedir" también a los bibliotecarios, a los libreros, a nuestros padres, a nuestros hijos, a los amigos, a los profesores... Porque cada vez estoy más convencida de que leer es una maravillosa necesidad y los libros un inmejorable complemento a los alimentos que ingerimos cada día para crecer.

Ilustración.