Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

marzo 05, 2008

Aspiración e inspiración

Aspiración e inspiración

Por Sara Plaza

No sé si todos nos hemos planteado alguna vez qué es lo que pretendemos profesionalmente, por eso tal vez resulte ilustrativo lo que piensan quienes sí lo han hecho. El escritor valenciano Juan Gil-Albert escribió: "Aspiro a ser lo más subjetivo posible. Sólo hablando en nombre propio logra el hombre coincidir, si no con la verdad, que resulta una meta demasiado abstracta, con la autenticidad al menos. Ser auténtico vale tanto como ser verdadero y está más al alcance de nuestra buena voluntad". Sin embargo, Graham Green era de la opinión de que había que escribir con un pedacito de hielo en el corazón, a cuya propuesta se suma el autor británico Ian McEwan, quien considera fundamental alejar de sí mismo a los personajes de sus historias...

Por otro lado, algo me dice que existe una línea muy fina entre la literatura y la vida y que laten bastante a la par. Mucho me temo que ese trocito de hielo terminaría derritiéndose a golpe de latido, pues creo que hay que ser capaz de reconocer el mundo y de reconocerse a sí mismo antes de reinventar cualquiera de los dos. Me parece que lo que hacemos tiene mucho que ver con quiénes y cómo somos, de ahí que las distintas aspiraciones de estos autores me sirvan para reflexionar un poco sobre las de los seres humanos en general.

Si como decía el poeta, el camino le hacemos andando, golpe a golpe, verso a verso, lo que somos y lo que aspiramos a hacer no puede permanecer ajeno a cada una de nuestras elecciones, a cada una de las decisiones que tomemos. Es por eso que considero importante cierta fidelidad hacia uno mismo. Fidelidad que haríamos bien en salpicar de curiosidad. Curiosidad que tiene que ver con las ganas de aprender un poco más y de desconocer un poco menos.

Profesionales, artistas, aprendices, artesanos, todos tenemos algo de brujos y de magos: nos transformamos. Lo de menos es si utilizamos encantamientos, sortilegios o pócimas... lo demás es mantener cierta coherencia y renovar ganas e ilusiones a golpe de optimismo. Lo dijo hace poquito en una entrevista el músico camerunés Manu Dibango: "Yo me defino como un viejo capacitado ... Soy un abuelete capaz. En África se respeta al anciano. No en vano es el guardián de algo. Por fuerza, incluso a tu pesar, has almacenado experiencias. Todos los días sucede algo y además está tu propia transformación".

Precisamente por eso, porque nos vamos poniendo viejos, mejor que aspirar a ser subjetivos, a enfriar nuestro corazón o a alejar nuestras producciones de nosotros mismos, cuando escribimos, pero también cuando componemos, ponemos ladrillos, cultivamos la tierra, manejamos información, accedemos a ella... sería volver un poquito la vista atrás mientras damos un nuevo paso adelante, imaginar lo posible recordando lo imposible. Porque mientras hacemos cosas
no dejamos de ser personas,
porque mientras creamos
no dejamos de vivir,
no dejamos de respirar.
Porque somos eso: aspiración e inspiración.

Ilustración.