Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

junio 29, 2008

Un compendio de estupidez humana

Un compendio de estupidez humana

Por Edgardo Civallero

Caminamos con Sara por las destrozadas calles de nuestro barrio de Córdoba. Vamos indignados, charlando sobre los altos impuestos que debemos pagar los ciudadanos para (sobre)vivir en una urbe con un aspecto y un funcionamiento deplorables. A nuestro lado pasan una docena de carros de cartoneros, tirados por caballos flacos como el famoso Rocinante, toda una estampa del tan mentado "subdesarrollo". Entramos a un supermercado y padecemos el desabastecimiento, los exagerados precios de la inflación y los manejos especuladores de los comerciantes. Compramos muy poco, lo básico para poder seguir comiendo. Hay alimentos que no vemos o no podemos comprar desde hace meses. De retorno a casa, nos cruzamos con varias unidades de transporte urbano que parecen sacadas de una película de la Guerra Mundial (la Primera). Antes de llegar a la puerta de nuestro edificio, debemos sortear basuras no recogidas desde hace dos días y tres derrames de aguas fecales que inundan las aceras... y que nadie se preocupa por reparar.

Tras eso, encendemos la radio y escuchamos las noticias y los discursos políticos y presidenciales. Hablan del "crecimiento" y el "bienestar" del país, de "políticas redistributivas" para "los pobres", y de las cifras y porcentajes (datos falsos, todos lo sabemos) que el Instituto Nacional de Estadísticas argentino genera para dar placer a la cúpula presidencial, que de esa forma puede mantener su discurso "salvador". Hablan también de los planes presidenciales para construir un tren de alta velocidad y para construir algunos hospitales y escuelas.

Al lado de esas declaraciones oficiales, escuchamos las denuncias de escuelas rurales, que cuentan como sus niños deben viajar tres o cuatro horas a lomo de caballería para llegar a clases, padeciendo fríos de bajo cero, para luego soportar el mismo frío dentro del aula, pues no hay ni gas ni electricidad. Son los mismos niños que llevan los carros cartoneros. Escuchamos las narraciones de los que trabajan en las rutas del interior del país, esas que son apenas transitables. Escuchamos las quejas de los ancianos, que apenas si pueden comprar un medicamento. Y vemos, con nuestros propios ojos, el funcionamiento de los hospitales y transportes públicos... que, por cierto, funcionan cuando quieren o pueden.

En ese punto, tanto Sara como yo nos permitimos preguntar lo siguiente: los que escriben los discursos oficiales ¿creen que somos estúpidos? ¿Creen que no vivimos todos los días una realidad opresiva, que apesta, que nos toma a todos los ciudadanos de rehenes de una situación deprimente, contra la cual nada podemos hacer, por mucho que luchemos?

¿O quizás los estúpidos son ellos? ¿O los medios de comunicación, que aún difunden esas noticias? ¿O los libros de historia y sociología, que en años venideros escribirán verdaderos mitos, lejanos a la vida real de la gente de la calle, de todos nosotros?

Hace casi medio siglo, el escritor húngaro Paul Tabori escribió un libro que considero magnífico. El título original era "Natural History of Stupidity". En castellano se tradujo como "Historia de la Estupidez Humana".

Además de intentar definir el término "estupidez" en un denso primer capítulo, Tabori realiza una revisión más o menos académica de numerosos documentos (manuscritos, archivos, incunables, ediciones antiguas) y extrae de ellos una colección variopinta de ejemplos de verdadera estupidez humana. Tales ejemplos abarcan temas como el ansia por el oro, el ceremonial de las cortes, los árboles genealógicos falsos, la densa (y ridícula) burocracia, las leyes (muchas de ellas, más ridículas aún), las dudas, los mitos y el amor.

El libro no tiene desperdicio. Cada párrafo es asombroso, y el lector va saltando de estupidez en estupidez –a cual más increíble, todas ellas bien documentadas– a lo largo de la historia de la humanidad. Si pueden conseguirlo, no dejen de leerlo.

Creo que Tabori olvidó incluir, en su libro, un capítulo sobre discurso político y medios de comunicación. Porque las cosas que allí se creen, se dicen y se hacen (al menos en este país nuestro) son magníficos ejemplos de idiotez profunda. Una idiotez contra la que nada podemos hacer. Sólo podemos soportarla y aprender a tomárnosla con risas (por no llorar, claro).

Paul Tabori nació en Budapest, Hungría, en 1908. Se educó en Hungría, Austria y Alemania, y se graduó como doctor en Ciencias Económicas y Políticas por la Universidad de Budapest. Entre las dos guerras mundiales, vivió en 17 países como corresponsal. En 1937 se asentó en Londres, donde desarrolló una actividad verdaderamente febril, como periodista y autor. Entre 1943 y 1948 escribió numerosos guiones para London Films, y en los 50' hizo lo mismo en Hollywood. Para la década de los 70', Tabori había escrito más de 30 guiones cinematográficos y un centenar para series de televisión. Participó como miembro en numerosas asociaciones internacionales de escritores, siendo cofundador de la International Writer's Fund. En sus últimos tiempos dictó clases en universidades como la Fairfield Dickinson, el City College de Nueva York y la Universidad de Illinois.

"Historia de la estupidez humana" comienza con el siguiente párrafo. ¿Necesita este libro mejor presentación que la que proporciona el propio autor?

"Este libro trata de la estupidez, la tontería, la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío. Estudia a los estúpidos, los necios, los seres de inteligencia menguada, los de pocas luces, los débiles mentales, los tontos, los bobos, los superficiales, los mentecatos, los novatos y los que chochean, los simples, los desequilibrados, los chiflados, los irresponsables, los embrutecidos. En él nos proponemos presentar una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy. Describirá y analizará hechos irracionales, insensatos, absurdos, tontos, mal concebidos, imbéciles... y por ahí adelante. ¿Hay algo más característico de nuestra humanidad que el hecho de que el Thesaurus de Roget consagre seis columnas a los sinónimos, verbos, nombres y adjetivos de la "estupidez", mientras la palabra "sensatez" apenas ocupa una?"

Algún día, alguien escribirá una "historia de la estupidez política". Y estoy seguro de que encontrará bastante material en los periódicos y anales argentinos. Aunque, si debo ser sincero, en ningún periódico internacional, nacional o regional se muestra todo lo que vivimos a diario muchos argentinos (situación que quizás se replique en otros países). Sólo se publica y difunde el discurso oficial, o el opositor, igual de vacío. Los de abajo, los de siempre, quedamos mudos y con las manos atadas. Quizás ese libro futuro debería incluir también a los medios de comunicación entre sus temas...

Aunque, ahora que lo pienso, me pregunto si debería hablar de estupidez o de hipocresía, opresión y abuso.

Un abrazo desde Córdoba

PD. Para aquellos desinformados, les comento que acabamos de "salir" de un conflicto entre el gobierno nacional argentino y parte del sector agrario, que ha durado 100 días. Los problemas que motivaron el conflicto han comenzado a discutirse en el Congreso de la Nación. Eso ha sido lo que han cubierto los periódicos internacionales. Pero nadie ha hablado de lo que padecía antes de ese conflicto el pueblo argentino, ni de lo que sigue padeciendo. Como pantalla de humo para ocultar otros problemas más graves, el conflicto ha sido estupendo. Mientras tanto, nosotros seguimos aquí. Sobreviviendo.

Ilustración.