Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

julio 25, 2008

“De escribir me dieron ganas otros escritores...”

De escribir me dieron ganas otros escritores

Por Sara Plaza

Hace unos días terminó en Córdoba, Argentina, la 1ª Feria Infantil del Libro Córdoba 2008, celebrada del 4 al 20 de julio. Ubicada en el Paseo del Buen Pastor, que celebra ahora su primer año de andadura cultural, la Feria ha recibido la visita de miles de personas, entre las que me he encontrado apretujada contra los estantes cada una de las tardes que la he visitado. De pie, en cuclillas, apoyada sobre alguna de las enclenques paredes de sus casetas, recibiendo codazos a la altura de las rodillas cuando estaba parada y rodillazos a la altura de los hombros cuando me sentaba en el suelo, he podido curiosear menos páginas de las que me hubiera gustado, pero aún así nuestra biblioteca ya cuenta con más de media docena de libros nuevos y se han hecho un hueco entre los viejos, autores como Laura Devetach, Graciela Montes, Javier Villafañe y Liliana Bodoc.

Edgardo y yo habíamos intentamos ir a escuchar una tarde a Laura Devetach quien, junto con Gustavo Roldán, participaba en una charla con los lectores. Al pasar a retirar nuestras invitaciones una hora antes ya no quedaba ninguna, así es que tres días más tarde, cuando se esperaba la visita de Liliana Bodoc, fui con una hora y media de antelación. Esta vez sí que conseguí una entrada y pude asistir a la presentación del último libro de la autora, "Amigos por el viento".

Las primeras líneas de esta autora las leí hace unos años en España a través de Internet. Allí encontré un par de capítulos de la obra que me pedí hace un año por mi cumpleaños, "La Saga de los Confines", una trilogía compuesta por las novelas "Los días del Venado", "Los días de la Sombra" y "Los días del Fuego". Disfruté y me emocioné muchísimo con su lectura completa cuando me tocó el turno. Les cuento que el culpable de esta bitácora, y regalador de La Saga, no pudo resistir la tentación de leérsela primero, así es que yo seguí los pasos de Dulkancellin y me acuné con las historias de Vieja Kush, algunas noches después de que Edgardo hubiese recorrido los senderos de aquella inmensa geografía que recreaba su autora. La obra nos maravilló a ambos y le agradecimos silenciosamente el tremendo trabajo de lectura que, suponíamos, había tenido que realizar previamente para poder escribir una historia así.

Cuando pude escucharla hace unos días en la Feria y me acerqué después a felicitarla y darle las gracias en voz alta, me sentí tan feliz que apenas pude pronunciar un puñadito de palabras a través de mi enorme sonrisa. Había tanta alegría dentro de mí que, cuando le pedí que nos dedicase su último libro de cuentos, tuve que desenredar mis dedos primero para poder entregárselo porque, de nerviosa que estaba, lo había aferrado con extraordinaria fuerza entre mis manos.

Durante la charla con las 60 personas que nos habíamos reunido para conversar con ella, quienes llevaron la voz cantante de la entrevista fueron los más pequeños, que le hicieron innumerables preguntas a las que ella respondió de manera extraordinariamente generosa, regalándonos pedazos de su vida, páginas de sus libros, versos de colores que inventaba para ella su papá, la lectura de uno de su cuentos para los más pequeños, y un puñado de respuestas que fui anotando en un trocito de papel y ahora quisiera compartir con ustedes.

Cuando los chicos le preguntaron por su inspiración, Liliana les contó que la inspiración es una cosa muy cortita, que viene y nos visita sólo un ratito para irse enseguida a otra parte. Por eso les animó a todos a que para ser lo que cada uno quisiera ser trabajasen hasta sentirse satisfechos con lo que hubieran logrado. Les dijo que empezó a escribir siendo casi una anciana de 40 años, pero a los chicos no les debió parecer tan mayor (a mí tampoco) cuando quisieron saber si iba a retirarse pronto o pensaba hacerse viejita escribiendo. La autora les contestó que su sueño era hacerse muy viejita y muy chiquitita escribiendo, más chiquitita, incluso, que el lápiz. Nos contó también que de escribir le dieron ganas otros escritores y que ella no pensaba en el libro ya publicado mientras escribía, sino en la historia que quería contar. Dijo que las ideas se le ocurrían de muchas maneras, yendo en el colectivo, recordando y teniendo siempre la oreja parada. Explicó que no se pone nerviosa cuando escribe y que lo hace junto a su mate y su gato, y que para corregir lo escrito lo lee con mucho cuidado muchas veces y, a veces, lo lee también otra persona. Los más pequeños le preguntaron si se ponía feliz al terminar un libro y ella les dijo que sí, que muy feliz. Los niños tenían curiosidad por saber a quiénes estaban dedicados sus libros y si los escribía para las personas que ella quería. Entonces Liliana les contestó que sus libros estaban dedicados a su papá, a sus dos mamás, a su esposo, a sus hijos, a amigos, y que cuando se sentaba a escribir cuentos, ella sentía que quería a casi todo el mundo y que era amiga de mucha gente, así es que, de algún modo, sí que escribía para las personas que quería. Los pequeños lectores también le preguntaron si se había arrepentido de escribir algún libro y ella les dijo que no, que escribir lleva mucho tiempo y normalmente uno se arrepiente de los arrebatos, de las cosas que hace sin pensarlas mucho, por eso es más difícil arrepentirse de un libro. Entre el público adulto también se levantaron manos para saber qué hay que hacer para empezar a escribir. La autora respondió que hay que tener paciencia y amor por las equivocaciones y el trabajo; que no hay que tener un afán desmedido por el resultado y que hay que apasionarse con el proceso de creación. Una cuentera le preguntaró qué se siente al escuchar a otro contar sus historias y ella dijo que se sentía muy contenta de ver su obra iluminada por otras luces y que le gustaba que esos narradores usasen de algún modo sus propias palabras para enriquecerla. Liliana Bodoc insistió en una Literatura Infantil y Juvenil con "l" mayúscula, para los lectores más jóvenes, con códigos que ellos pudiesen entender e interpretar y ante la cual pudieran transformarse de alguna manera, cambiar a lo largo de sus páginas, no permanecer indiferentes, ser un poco distintos al salir de ellas. Por eso dijo que no le gustaban los cuentos ñoños, llenos de lugares comunes y con moraleja, y defendió una y otra vez una literatura comprometida con la libertad.

La hora que Liliana Bodoc estuvo hablando con nosotros se me hizo tan cortita que, mientras volvía caminando a casa, pensaba que así debían ser las visitas de la inspiración a quienes se encuentran en medio de un proceso creativo. En el bolso llevaba sus últimos cuentos y un manojo de letras escritas por su propia mano. Esta vez me lo leí yo la primera y al cerrarlo me sentí un poquito distinta... Supongo que del cambio se encargaron la escritura de Liliana y la lectura de esta enamorada de la letra impresa, de las palabras que viajan con el viento, las que se susurran junto al fuego, las que se murmuran en las cocinas, las que se comparten alrededor del mate... Imagino que también se encargaron los caminos que he ido recorriendo por este lado del mundo al sur del sur, a lo largo de su torcida espina, a través de su piel callosa y las arrugas de sus entrañas. Entre los surcos sembrados con infinidad de nuevos sueños, de la mano de personas que luchan por verlos crecer, que participan en su desarrollo, que sosteniendo los tallos más tiernos...

Pasito a paso, letra a letra, sonido a sonido, bocado a bocado, no sólo me ha transformado la literatura de esta tierra, sino la tierra misma y quienes me han enseñado a caminarla. Gracias.

Ilustración.