Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

junio 29, 2008

Un compendio de estupidez humana

Un compendio de estupidez humana

Por Edgardo Civallero

Caminamos con Sara por las destrozadas calles de nuestro barrio de Córdoba. Vamos indignados, charlando sobre los altos impuestos que debemos pagar los ciudadanos para (sobre)vivir en una urbe con un aspecto y un funcionamiento deplorables. A nuestro lado pasan una docena de carros de cartoneros, tirados por caballos flacos como el famoso Rocinante, toda una estampa del tan mentado "subdesarrollo". Entramos a un supermercado y padecemos el desabastecimiento, los exagerados precios de la inflación y los manejos especuladores de los comerciantes. Compramos muy poco, lo básico para poder seguir comiendo. Hay alimentos que no vemos o no podemos comprar desde hace meses. De retorno a casa, nos cruzamos con varias unidades de transporte urbano que parecen sacadas de una película de la Guerra Mundial (la Primera). Antes de llegar a la puerta de nuestro edificio, debemos sortear basuras no recogidas desde hace dos días y tres derrames de aguas fecales que inundan las aceras... y que nadie se preocupa por reparar.

Tras eso, encendemos la radio y escuchamos las noticias y los discursos políticos y presidenciales. Hablan del "crecimiento" y el "bienestar" del país, de "políticas redistributivas" para "los pobres", y de las cifras y porcentajes (datos falsos, todos lo sabemos) que el Instituto Nacional de Estadísticas argentino genera para dar placer a la cúpula presidencial, que de esa forma puede mantener su discurso "salvador". Hablan también de los planes presidenciales para construir un tren de alta velocidad y para construir algunos hospitales y escuelas.

Al lado de esas declaraciones oficiales, escuchamos las denuncias de escuelas rurales, que cuentan como sus niños deben viajar tres o cuatro horas a lomo de caballería para llegar a clases, padeciendo fríos de bajo cero, para luego soportar el mismo frío dentro del aula, pues no hay ni gas ni electricidad. Son los mismos niños que llevan los carros cartoneros. Escuchamos las narraciones de los que trabajan en las rutas del interior del país, esas que son apenas transitables. Escuchamos las quejas de los ancianos, que apenas si pueden comprar un medicamento. Y vemos, con nuestros propios ojos, el funcionamiento de los hospitales y transportes públicos... que, por cierto, funcionan cuando quieren o pueden.

En ese punto, tanto Sara como yo nos permitimos preguntar lo siguiente: los que escriben los discursos oficiales ¿creen que somos estúpidos? ¿Creen que no vivimos todos los días una realidad opresiva, que apesta, que nos toma a todos los ciudadanos de rehenes de una situación deprimente, contra la cual nada podemos hacer, por mucho que luchemos?

¿O quizás los estúpidos son ellos? ¿O los medios de comunicación, que aún difunden esas noticias? ¿O los libros de historia y sociología, que en años venideros escribirán verdaderos mitos, lejanos a la vida real de la gente de la calle, de todos nosotros?

Hace casi medio siglo, el escritor húngaro Paul Tabori escribió un libro que considero magnífico. El título original era "Natural History of Stupidity". En castellano se tradujo como "Historia de la Estupidez Humana".

Además de intentar definir el término "estupidez" en un denso primer capítulo, Tabori realiza una revisión más o menos académica de numerosos documentos (manuscritos, archivos, incunables, ediciones antiguas) y extrae de ellos una colección variopinta de ejemplos de verdadera estupidez humana. Tales ejemplos abarcan temas como el ansia por el oro, el ceremonial de las cortes, los árboles genealógicos falsos, la densa (y ridícula) burocracia, las leyes (muchas de ellas, más ridículas aún), las dudas, los mitos y el amor.

El libro no tiene desperdicio. Cada párrafo es asombroso, y el lector va saltando de estupidez en estupidez –a cual más increíble, todas ellas bien documentadas– a lo largo de la historia de la humanidad. Si pueden conseguirlo, no dejen de leerlo.

Creo que Tabori olvidó incluir, en su libro, un capítulo sobre discurso político y medios de comunicación. Porque las cosas que allí se creen, se dicen y se hacen (al menos en este país nuestro) son magníficos ejemplos de idiotez profunda. Una idiotez contra la que nada podemos hacer. Sólo podemos soportarla y aprender a tomárnosla con risas (por no llorar, claro).

Paul Tabori nació en Budapest, Hungría, en 1908. Se educó en Hungría, Austria y Alemania, y se graduó como doctor en Ciencias Económicas y Políticas por la Universidad de Budapest. Entre las dos guerras mundiales, vivió en 17 países como corresponsal. En 1937 se asentó en Londres, donde desarrolló una actividad verdaderamente febril, como periodista y autor. Entre 1943 y 1948 escribió numerosos guiones para London Films, y en los 50' hizo lo mismo en Hollywood. Para la década de los 70', Tabori había escrito más de 30 guiones cinematográficos y un centenar para series de televisión. Participó como miembro en numerosas asociaciones internacionales de escritores, siendo cofundador de la International Writer's Fund. En sus últimos tiempos dictó clases en universidades como la Fairfield Dickinson, el City College de Nueva York y la Universidad de Illinois.

"Historia de la estupidez humana" comienza con el siguiente párrafo. ¿Necesita este libro mejor presentación que la que proporciona el propio autor?

"Este libro trata de la estupidez, la tontería, la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío. Estudia a los estúpidos, los necios, los seres de inteligencia menguada, los de pocas luces, los débiles mentales, los tontos, los bobos, los superficiales, los mentecatos, los novatos y los que chochean, los simples, los desequilibrados, los chiflados, los irresponsables, los embrutecidos. En él nos proponemos presentar una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy. Describirá y analizará hechos irracionales, insensatos, absurdos, tontos, mal concebidos, imbéciles... y por ahí adelante. ¿Hay algo más característico de nuestra humanidad que el hecho de que el Thesaurus de Roget consagre seis columnas a los sinónimos, verbos, nombres y adjetivos de la "estupidez", mientras la palabra "sensatez" apenas ocupa una?"

Algún día, alguien escribirá una "historia de la estupidez política". Y estoy seguro de que encontrará bastante material en los periódicos y anales argentinos. Aunque, si debo ser sincero, en ningún periódico internacional, nacional o regional se muestra todo lo que vivimos a diario muchos argentinos (situación que quizás se replique en otros países). Sólo se publica y difunde el discurso oficial, o el opositor, igual de vacío. Los de abajo, los de siempre, quedamos mudos y con las manos atadas. Quizás ese libro futuro debería incluir también a los medios de comunicación entre sus temas...

Aunque, ahora que lo pienso, me pregunto si debería hablar de estupidez o de hipocresía, opresión y abuso.

Un abrazo desde Córdoba

PD. Para aquellos desinformados, les comento que acabamos de "salir" de un conflicto entre el gobierno nacional argentino y parte del sector agrario, que ha durado 100 días. Los problemas que motivaron el conflicto han comenzado a discutirse en el Congreso de la Nación. Eso ha sido lo que han cubierto los periódicos internacionales. Pero nadie ha hablado de lo que padecía antes de ese conflicto el pueblo argentino, ni de lo que sigue padeciendo. Como pantalla de humo para ocultar otros problemas más graves, el conflicto ha sido estupendo. Mientras tanto, nosotros seguimos aquí. Sobreviviendo.

Ilustración.

junio 21, 2008

La universidad sigue doliente 90 años después...

La universidad sigue doliente 90 años después

Por Sara Plaza y Edgardo Civallero

En Chile, profesores y estudiantes de enseñanza secundaria y universitaria convocaron hace días una huelga indefinida en protesta por el proyecto de ley de Educación del Gobierno.

En las universidades españolas han tenido lugar diversos actos de protesta en contra del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES, más conocido como Bolonia, la ciudad donde tuvo lugar la declaración). Sus detractores opinan que ayudará a privatizar y mercantilizar la universidad pública, a degradar los títulos, a subordinar el conocimiento a los intereses del mercado, y a hacer de la universidad una escuela de formación profesional donde primen las enseñanzas prácticas sobre la reflexión, el debate, la crítica, la investigación y la discusión.

El Congreso Regional de Educación Superior celebrado en mayo de 2008 en Cartagena de Indias, Colombia, por el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Iesalc/Unesco) limita la participación de miles de investigadores, no recoge las actuales problemáticas ni plantea nuevas ideas, y excluye una gran parte del pensamiento latinoamericano. A la vez, asume el papel que durante tiempo criticó al Banco Mundial, convirtiéndose así en un mercado donde se silenció a la comunidad educativa con documentos estériles –elaborados por economistas en su mayoría– y se repitieron hasta la saciedad términos neoliberales como eficiencia, eficacia, calidad, acceso y equidad, competitividad, innovación, pertinencia, financiamiento, gestión, gobernabilidad, acreditación de programas, evaluación...

Éstas son informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación durante los últimos días. Curiosamente, leemos estas denuncias –expresadas por distintos actores de la comunidad educativa– cuando se está celebrando el 90º aniversario de la Reforma Universitaria que tuvo lugar a partir de los reclamos de los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Argentina. Éstos, al ver que no eran escuchados, irrumpieron en la Asamblea Universitaria que elegía nuevo rector el 15 de junio de 1918 y se declararon en huelga indefinida, a la que se adhirieron estudiantes y obreros de todo el país. El día 21 de ese mes apareció en "La Gaceta Universitaria" el Manifiesto Liminar de la Reforma escrito por Deodoro Roca y firmado por los dirigentes de la Federación Universitaria de Córdoba. Durante el mes de julio se clausuró la universidad –que ya había sido intervenida en abril, por orden del entonces presidente Hipólito Yrigoyen, al incrementarse las protestas estudiantiles–, el rector elegido por la asociación clerical Corda Frates renunció al cargo y el gobierno intervino la UNC, reformándose sus estatutos, renovándose la plantilla docente y siendo introducidos muchos de los reclamos de los estudiantes.

Entre las denuncias que vertía el Manifiesto podemos encontrar algunas de las que se lanzan hoy a los actuales modelos universitarios a uno y otro lado del Atlántico:

"Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. (...) Nuestro régimen universitario –aun el más reciente– es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. (...) Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclaman el sentido y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. (...) La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres, ni de empleados. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de ‘hoy para ti y mañana para mí' corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión."

La universidad argentina a la que se refería Deodoro Roca hace 90 años estaba atada "a la antigua dominación monárquica y monástica". La universidad española a la que actualmente los estudiantes visten con pancartas que dicen "NO a Bolonia" parece dolerse de los intereses mercantiles transnacionales que quieren sujetarla, a los que tampoco ha sido ajeno el Congreso Internacional de Educación Superior celebrado en Cartagena. En 1918 el sentimiento religioso que inspiraba la Compañía de Jesús – "[c]uriosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad. Religión para vencidos o esclavos", escribía Roca– amordazaba aquella universidad. En el momento actual son las tesis del Banco Mundial derivadas de la teoría del capital humano (manifestando que "el estado no debe invertir en educación superior" porque "la inversión en educación superior es regresiva") y la resolución de la Organización Mundial del Comercio (esa que afirma que la educación superior es un bien negociable) las que coaccionan la libre expresión de la comunidad universitaria.

No parece que hayamos avanzado mucho si en el lugar que ocupaban los religiosos de entonces se encuentran ubicados los economistas de hoy. Quizás no esté de más recordar los principios reformistas de 1918 para impulsar y discutir las leyes educativas de 2008. Entonces se pedía la autonomía de las universidades respecto de los gobiernos. Hoy habría que añadir también respecto de los mercados, las empresas, la OMC, el BM... Sigue siendo deseable que el gobierno de las universidades quede en manos de sus principales actores, es decir, los claustros de profesores, los estudiantes y los graduados. Habría que seguir defendiendo la gratuidad de la enseñanza pública. Y también la extensión universitaria: el hecho de que la universidad, su comunidad y sus conocimientos no se alejen de los problemas y debates sociales sino que intervengan en ellos. Sin duda es fundamental mantener la libertad de cátedra y renovar periódicamente los cargos docentes. Y sigue siendo necesario que la docencia esté en estrecha relación con la investigación. Si entonces ya se proponía una unidad latinoamericana, ¿por qué no discutir hoy el Espacio Europeo de Educación Superior sin confundir convergencia con una única forma de pensar, hacer y decir las cosas, sin excluir la diversidad, reconociendo las dificultades, las presiones, los errores y los desaciertos para compartir y debatir nuevas propuestas?

El mercantilismo que afecta a todas las facetas de nuestra vida en esta enorme "aldea global" –que cada vez parece menos "unificada" y más "colonizada"– no deja de lado la producción, uso y disfrute de los conocimientos. Así como presiona deliberadamente en la educación (un factor estratégico en el crecimiento, desarrollo y progreso de los pueblos) también lo hace en la gestión de la información. Nuestras bibliotecas y centros de documentación ofrecen pruebas palpables de la aplicación de "estrategias de gestión", "medidas de calidad y eficacia" y un sinnúmero de técnicas y herramientas que sólo buscan convertir a las unidades de conocimiento en negocios de los cuales obtener pingues beneficios. La cultura mercantilista se filtra en todos los rincones: mientras las leyes de copyright golpean duramente la circulación y uso de documentos y software, se alzan los debates por las políticas de "cobro de tasas" en bibliotecas. Al mismo tiempo la brecha digital se abre, los roles sociales de los profesionales de las bibliotecas se difuminan o esfuman, el analfabetismo informativo crece... La bibliotecología –al igual que la educación– se ve bombardeada por un nuevo modelo, cuyos defensores ni dan tregua, ni ofrecen caminos intermedios ni adaptaciones, ni oyen razones. Parece una batalla sin cuartel en la que los perjudicados son los de siempre.

En 1918, la Reforma de Córdoba se extendió a través de Latinoamérica, y fueron muchas las subsiguientes protestas estudiantiles que, usando el texto cordobés de Deodoro Roca como base, lograron cambios en varios sistemas universitarios nacionales. Hoy... ¿quiénes darán el nuevo ejemplo, tanto en la educación como en otros ámbitos? ¿Quiénes alzarán la bandera de la libertad de pensamiento y acción? ¿Quiénes se rebelarán contra los nuevos yugos que intentan colocarnos?

Ilustración.

junio 14, 2008

El calentamiento global y nosotros

El calentamiento global y nosotros

Evaluando nuestra responsabilidad ambiental y profesional

Por Elaine Harger
Traducido por Sara Plaza

Mientras iba conduciendo por las Montañas Rocosas en Montana el verano pasado, se me rompió el corazón al ver un montón de árboles de color óxido esparcidos entre los bosques de un verde imponente habitualmente. En algunos lugares parecía que entre un 20 y un 30 % de ellos estuvieran muertos, y de hecho lo están – asesinados por un escarabajo cuyo único depredador es el frío extremo de los inviernos de Montana, ellos mismos enfrentados a la amenaza de verse extinguidos debido al calentamiento global.

¿Qué tiene que ver la muerte de los pinares con la bibliotecología? ¿Es el calentamiento global una "cuestión bibliotecaria"? Muchos bibliotecarios opinan que la provisión de libros, programación y otro tipo de información relacionada con temas medioambientales es suficiente para cumplir con las obligaciones de la bibliotecología. Algunos consideran que necesitamos equilibrar la crisis medioambiental con fuentes que nieguen la responsabilidad humana en ella. Sin embargo, me he dado cuenta de que el calentamiento global está en el corazón de nuestras preocupaciones profesionales de varias formas.

Hace poco, participando en un grupo de discusión del Northwest Earth Institute, denominado: Changing CO2urse, calculé mi perfil de CO2. La producción media de emisiones de CO2 por persona en los Estados Unidos es de 122 libras [una libra equivale a 454 gramos]. Alrededor de 65 libras están bajo el control de cada individuo, mientras que las otras 57 libras es la parte proporcional que le corresponde a cada persona de las emisiones producidas por los negocios, las industrias, los generadores eléctricos y los sistemas de transporte que constituyen parte de nuestra sociedad actual.

Comparativamente, la media diaria de las emisiones de CO2 por personas en el resto del mundo es de 24 libras. Y, según parece, los ecosistemas terrestres pueden procesar completamente solo 9 libras de CO2 por día por persona.

Para calcular nuestro perfil personal de carbono, recogemos las facturas de gas de nuestros vehículos y las de nuestros servicios públicos, y contabilizamos el número de viajes en avión que realizamos al año.

Mi producción de CO2 alcanza las 34 libras por día, más baja que la media norteamericana, en primer lugar porque voy caminando al trabajo y utilizo mi coche lo menos posible.

Esta información planteaba una cuestión profunda y desencadenó un periodo de total desmoralización surgida al contemplar sus implicaciones: ¿Cómo puedo reducir mi producción personal de CO2 de 34 + 57 = 91 libras por día a 9? Lo que me permitió salir de mis sentimientos absolutamente derrotistas fue darme cuenta de lo siguiente:

– En primer lugar, yo personalmente no tengo la responsabilidad de reducir 57 de esas libras: es una tarea que corresponde a toda la sociedad, incluida la bibliotecología.
– Segundo, cualquier reducción de mis 34 libras personales tendría que incluir mis viajes en avión a los congresos profesionales, que normalmente son los únicos vuelos que realizo.
– Tercero, formo parte de la tercera generación de productores de CO2. La mayoría de mis antecesores vivieron bien produciendo mucho menos de 9 libras de CO2 por día.
– Cuarto, la tarea de convertir nuestras vidas de destructoras de la tierra en sostenedoras de la misma está llena de aventura y es tan prometedora como cualquiera de las tareas que ha encarado siempre la humanidad. Todo lo que necesitamos es reactivar algo de ese espíritu humano tan positivo de poder hacerlo, y la bibliotecología puede ayudar enormemente a ello.

Para quienes comienzan, podéis organizar en vuestra biblioteca una proyección del documental del año 2006, Who Killed the Electric Car?, y preguntarle a la audiencia que imaginen cada estación de gas albergando baterías recargables de energía solar en lugar de gasolina.

Patrocinar y participar en los grupos de discusión del Northwest Earth Institute, de manera que vuestra comunidad pueda explorar las posibilidades de crear relaciones sostenibles con vuestra región bio–región.

Viajar por el mundo a través de los libros en lugar de hacerlo como turistas escupiendo CO2.

Y por último, vamos a repensar los congresos del ALA [Asociación Estadounidense de Bibliotecas]. Dar a los encuentros de invierno y anuales del ALA un toque "verde" no consiste en discutir si los centros de convenciones reciclan o no el papel. Necesitamos repensar la necesidad real de estos encuentros nacionales porque no son sostenibles dadas las actuales condiciones.

Elaine Harger es bibliotecaria de la Mount Si High School en Snoqualmie, Washington, y miembro del consejo del ALA.
American Libraries / April 2008 / On my Mind / Opinion

Ilustración.

junio 07, 2008

La voz no se les devuelve escribiéndoles el guión

La voz no se les devuelve escribiéndoles el guión

Por Sara Plaza

Hace un par de meses proyectaron en el Cineclub Municipal "Hugo del Carril" de Córdoba (Argentina) "Invisibles: Una sola mirada y cinco historias", película–documental producida por Javier Bardem y dirigida por Mariano Barroso, Isabel Coixet, Javier Corcuera, Fernando León de Aranoa y Wim Wenders, recientemente galardonada con el premio Goya 2008 a mejor documental. En la reseña que apareció en el número 55 de abril de 2008 del boletín "Metrópolis" que edita el propio Cineclub, podía leerse lo siguiente:

INVISIBLES es una historia de historias. Un acercamiento a aquellas personas que residen en nuestro olvido. Un deseo de dar voz a varios de los que se quedaron mudos por la indiferencia. Y un humilde homenajea esas otras personas que nunca apartaron su mirada de ellos. Pero sobre todo es la voluntad de cinco directores por hacer visibles a sus verdaderos y únicos protagonistas, a aquellos que creemos y preferimos seguir creyendo invisibles.

Particularmente, no me gustó esta presentación. Últimamente desconfío bastante de la tan manoseada expresión "dar voz a los que no tienen voz". Primero por artificiosa, segundo por engañosa. Creo que es una afirmación de gran doblez y expresa lo opuesto de lo que finalmente se hace. Para empezar no creo que las personas del mal llamado y peor entendido "Tercer Mundo" sean mudas, y tampoco estoy de acuerdo con que escribiéndoles un guión se les devuelva la voz. Por el contrario, muchos de los diálogos y monólogos que aparecen en la película sólo permiten al "Primer Mundo" escuchar lo que está dispuesto a oír.

Así sobre la industria cinematográfica estadounidense, el crítico de cine, Carlos Boyero escribía hace un par de meses (EL PAÍS, 26 de abril de 2008):

"Hace tiempo que Hollywood se toma un poquito más en serio el tercer mundo y las ancestrales e interminables putadas que éste tiene que padecer. Lo hace lleno de buena intenciones, con esforzado tono crítico hacia los desastres que han perpetuado sus colonizadores, pero sin descuidar jamás los filones que engordan la taquilla, las sagradas convenciones y el transparente o subterráneo happy end".

Y en una entrevista publicada en el mismo medio unas semanas después (10 de mayo de 2008), el director de cine independiente norteamericano, John Seyles, se sonreía ante una etiqueta, "independiente", que ahora parece que gusta en Hollywood:

"Es una falacia que se han inventado los grandes estudios para ahorrar dinero. Crean divisiones más pequeñas en las que producen películas más baratas, a las que llaman independientes, y con esa excusa pueden pagar menos a actores y directores. Pero si luego deciden entrar en la carrera por el oscar, se gastan cuarenta millones de dólares en publicidad".

Jesús Carrión, del Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) que mantiene vínculos con la Universidad Politécnica de Barcelona, opinaba en un artículo (EL PAÍS, 17 de mayo de 2008) no sobre cine sino sobre el activismo accionarial de algunas ONGs, que "[e]l peligro es que las grandes empresas utilicen a las ONGs para legitimarse" y afirmaba que, en su opinión, los programas de Responsabilidad Social Corporativa de las multinacionales españolas:

"Hacen pequeños donativos y tienen gran capacidad mediática para rentabilizarlos como publicidad mientras siguen adelante con programas que destrozan comunidades y territorios".

El escritor uruguayo, Eduardo Galeano, en su último libro "Espejos: Una historia casi universal", bajo la entrada "Americanos" se pregunta:

"Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?

Lo escucharon los peregrinos de Mayflower: Dios decía que América era la tierra era la Tierra Prometida. Los que allí vivían, ¿eran sordos?

Después, los nietos de aquellos peregrinos del norte se apoderaron del nombre y de todo lo demás. Ahora, americanos son ellos. Los que vivimos en las otras Américas, ¿qué somos?".


Curiosamente, en el diario EL PAÍS del sábado 24 de mayo de 2008, el suplemento literario "Babelia" llevaba por título:

Reinventar América
La feria del Libro de Madrid da voz a los nuevos narradores del otro lado del Atlántico


Ahí estaba nuevamente el "Primer Mundo" escribiendo el guión para el "Tercero" al que sigue creyendo mudo, ciego y sordo y del que sigue hablando con un profundo desconocimiento porque, como anoté al principio, jamás escucha lo que no desea oír.
Mi sorpresa fue descubrir que hay lugares en el "Primer Mundo" que tampoco han podido explicarse a sí mismos. Así lo expresaba la escritora Simonetta Agnello en una entrevista (EL PAÍS el 17 de mayo de 2008):

"La tragedia es que hay mucho escrito sobre Sicilia, pero la inmensa mayoría ha sido por extranjeros, no por sicilianos. Tiene que haber una razón".

¿Tendrá que ver con un "Primer Mundo" que para seguir haciéndose el sordo insiste en considerar mudo al "Tercero"?

Ilustración.