<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947</id><updated>2012-01-18T12:29:43.988-03:00</updated><title type='text'>Bitácora de un bibliotecario</title><subtitle type='html'>Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias, borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso de una idea, de un sueño o de una esperanza.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>239</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-6926429355321465195</id><published>2009-12-08T09:01:00.005-03:00</published><updated>2010-06-13T07:56:37.803-03:00</updated><title type='text'>Palabras que laten, corazones que hablan</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;img style="BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; BORDER-LEFT: medium none; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 490px; DISPLAY: block; HEIGHT: 344px; BORDER-TOP: medium none; BORDER-RIGHT: medium none" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5412832679934611858" border="0" alt="Civallero &amp;amp; Plaza" src="http://sites.google.com/site/civaplaza/fotos/imagen01.jpg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por Edgardo Civallero y Sara Plaza&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de algo más de un año alejados, aunque poco, de esta ventana virtual, volvemos a asomarnos a ella para compartir lo que nos gusta y lo que nos duele, lo que nos motiva y lo que nos desalienta, lo que apoyamos y por lo que difícilmente podremos alguna vez luchar.&lt;br /&gt;En estos meses hemos cambiado de orilla pero no de horizontes. Nuestros sueños y nuestros pasos los seguimos andando sin despegar la mirada del sur del continente americano. No es por nostalgia que giramos una y otra vez la vista hacia aquel lado, es por amor, tal y como reza el título de esta pequeña entrada.&lt;br /&gt;El sur nos aleccionó sobre la vida, nos enseñó a defenderla y a plantarle cara. Como nos caímos no una sino muchas veces, tuvimos que aprender a levantarnos otras tantas. Como las cosas no eran fáciles, intentamos comprender su complejidad. Como el día a día no estaba pavimentado de antemano, no nos quedó más remedio que inventarlo cada mañana.&lt;br /&gt;Esas ganas de seguir, ese afán por entender el mundo que nos rodea, y ese empeño creativo en encontrar nuestro lugar en él han ido moldeando nuestro modo de pensar, de sentir y de decir. Y, por lo tanto, el puñado de líneas que en estos años hemos ido escribiendo.&lt;br /&gt;Inauguramos pues una nueva etapa de nuestro &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; y les invitamos a que continúen leyéndonos...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;...en "&lt;a href="http://civalleroyplaza.blogspot.com/"&gt;Civallero &amp;amp; Plaza&lt;/a&gt;".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ilustración de Sara Plaza&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-6926429355321465195?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/6926429355321465195/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=6926429355321465195' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/6926429355321465195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/6926429355321465195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2009/12/palabras-que-laten-corazones-que-hablan.html' title='Palabras que laten, corazones que hablan'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1871199570448201946</id><published>2008-08-02T09:23:00.008-03:00</published><updated>2009-11-06T10:37:03.941-03:00</updated><title type='text'>A modo de cierre...</title><content type='html'>&lt;a href="http://galerias.ojodigital.com/albums/userpics/10002/Escena6-bis-O.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; CURSOR: hand" border="0" alt="" src="http://galerias.ojodigital.com/albums/userpics/10002/Escena6-bis-O.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Oscar Wilde decía que “no hay hombre que no sea, en cada momento, lo que ha sido y lo que será.” Tampoco nuestras líneas han dejado de ser, en cada momento, lo que hemos andado o lo que hemos leído -en un libro, sobre la tierra, mirando las estrellas- y, sin duda, dejarán su huella en nuevas páginas...&lt;br /&gt;Con errores, con aciertos, con satisfacciones y con tropiezos hemos llegado hasta aquí, un lugar que no queda ni cerca ni lejos, que es de ustedes y es nuestro, que hemos compartido y del que hoy nos despedimos...&lt;br /&gt;Tal vez, como escribía Alejandro Dolina, “no está mal ... de vez en cuando ... darle cierta ventaja a la vida. ... Y una cosa más. Si no podemos enorgullecernos de lo que hemos hecho, que nos quede por lo menos el orgullo de lo que no hemos querido hacer.”&lt;br /&gt;Muchas gracias por habernos acompañado hasta aquí, y hasta cualquier momento…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sara &amp;amp; Edgardo, Edgardo &amp;amp; Sara&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1871199570448201946?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1871199570448201946/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1871199570448201946' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1871199570448201946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1871199570448201946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/08/modo-de-cierre.html' title='A modo de cierre...'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3214975648512869426</id><published>2008-07-25T15:10:00.001-03:00</published><updated>2008-07-25T15:13:50.325-03:00</updated><title type='text'>“De escribir me dieron ganas otros escritores...”</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.goldendoorschool.org/writing-2.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.goldendoorschool.org/writing-2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos días terminó en Córdoba, Argentina, la 1ª Feria Infantil del Libro Córdoba 2008, celebrada del 4 al 20 de julio. Ubicada en el Paseo del Buen Pastor, que celebra ahora su primer año de andadura cultural, la Feria ha recibido la visita de miles de personas, entre las que me he encontrado apretujada contra los estantes cada una de las tardes que la he visitado. De pie, en cuclillas, apoyada sobre alguna de las enclenques paredes de sus casetas, recibiendo codazos a la altura de las rodillas cuando estaba parada y rodillazos a la altura de los hombros cuando me sentaba en el suelo, he podido curiosear menos páginas de las que me hubiera gustado, pero aún así nuestra biblioteca ya cuenta con más de media docena de libros nuevos y se han hecho un hueco entre los viejos, autores como Laura Devetach, Graciela Montes, Javier Villafañe y Liliana Bodoc.&lt;br /&gt;Edgardo y yo habíamos intentamos ir a escuchar una tarde a Laura Devetach quien, junto con Gustavo Roldán, participaba en una charla con los lectores. Al pasar a retirar nuestras invitaciones una hora antes ya no quedaba ninguna, así es que tres días más tarde, cuando se esperaba la visita de Liliana Bodoc, fui con una hora y media de antelación. Esta vez sí que conseguí una entrada y pude asistir a la presentación del último libro de la autora, “Amigos por el viento”.&lt;br /&gt;Las primeras líneas de esta autora las leí hace unos años en España a través de Internet. Allí encontré un par de capítulos de la obra que me pedí hace un año por mi cumpleaños, “La Saga de los Confines”, una trilogía compuesta por las novelas “Los días del Venado”, “Los días de la Sombra” y “Los días del Fuego”. Disfruté y me emocioné muchísimo con su lectura completa cuando me tocó el turno. Les cuento que el culpable de esta bitácora, y regalador de La Saga, no pudo resistir la tentación de leérsela primero, así es que yo seguí los pasos de Dulkancellin y me acuné con las historias de Vieja Kush, algunas noches después de que Edgardo hubiese recorrido los senderos de aquella inmensa geografía que recreaba su autora. La obra nos maravilló a ambos y le agradecimos silenciosamente el tremendo trabajo de lectura que, suponíamos, había tenido que realizar previamente para poder escribir una historia así.&lt;br /&gt;Cuando pude escucharla hace unos días en la Feria y me acerqué después a felicitarla y darle las gracias en voz alta, me sentí tan feliz que apenas pude pronunciar un puñadito de palabras a través de mi enorme sonrisa. Había tanta alegría dentro de mí que, cuando le pedí que nos dedicase su último libro de cuentos, tuve que desenredar mis dedos primero para poder entregárselo porque, de nerviosa que estaba, lo había aferrado con extraordinaria fuerza entre mis manos.&lt;br /&gt;Durante la charla con las 60 personas que nos habíamos reunido para conversar con ella, quienes llevaron la voz cantante de la entrevista fueron los más pequeños, que le hicieron innumerables preguntas a las que ella respondió de manera extraordinariamente generosa, regalándonos pedazos de su vida, páginas de sus libros, versos de colores que inventaba para ella su papá, la lectura de uno de su cuentos para los más pequeños, y un puñado de respuestas que fui anotando en un trocito de papel y ahora quisiera compartir con ustedes.&lt;br /&gt;Cuando los chicos le preguntaron por su inspiración, Liliana les contó que la inspiración es una cosa muy cortita, que viene y nos visita sólo un ratito para irse enseguida a otra parte. Por eso les animó a todos a que para ser lo que cada uno quisiera ser trabajasen hasta sentirse satisfechos con lo que hubieran logrado. Les dijo que empezó a escribir siendo casi una anciana de 40 años, pero a los chicos no les debió parecer tan mayor (a mí tampoco) cuando quisieron saber si iba a retirarse pronto o pensaba hacerse viejita escribiendo. La autora les contestó que su sueño era hacerse muy viejita y muy chiquitita escribiendo, más chiquitita, incluso, que el lápiz. Nos contó también que de escribir le dieron ganas otros escritores y que ella no pensaba en el libro ya publicado mientras escribía, sino en la historia que quería contar. Dijo que las ideas se le ocurrían de muchas maneras, yendo en el colectivo, recordando y teniendo siempre la oreja parada. Explicó que no se pone nerviosa cuando escribe y que lo hace junto a su mate y su gato, y que para corregir lo escrito lo lee con mucho cuidado muchas veces y, a veces, lo lee también otra persona. Los más pequeños le preguntaron si se ponía feliz al terminar un libro y ella les dijo que sí, que muy feliz. Los niños tenían curiosidad por saber a quiénes estaban dedicados sus libros y si los escribía para las personas que ella quería. Entonces Liliana les contestó que sus libros estaban dedicados a su papá, a sus dos mamás, a su esposo, a sus hijos, a amigos, y que cuando se sentaba a escribir cuentos, ella sentía que quería a casi todo el mundo y que era amiga de mucha gente, así es que, de algún modo, sí que escribía para las personas que quería. Los pequeños lectores también le preguntaron si se había arrepentido de escribir algún libro y ella les dijo que no, que escribir lleva mucho tiempo y normalmente uno se arrepiente de los arrebatos, de las cosas que hace sin pensarlas mucho, por eso es más difícil arrepentirse de un libro. Entre el público adulto también se levantaron manos para saber qué hay que hacer para empezar a escribir. La autora respondió que hay que tener paciencia y amor por las equivocaciones y el trabajo; que no hay que tener un afán desmedido por el resultado y que hay que apasionarse con el proceso de creación. Una cuentera le preguntaró qué se siente al escuchar a otro contar sus historias y ella dijo que se sentía muy contenta de ver su obra iluminada por otras luces y que le gustaba que esos narradores usasen de algún modo sus propias palabras para enriquecerla. Liliana Bodoc insistió en una Literatura Infantil y Juvenil con “l” mayúscula, para los lectores más jóvenes, con códigos que ellos pudiesen entender e interpretar y ante la cual pudieran transformarse de alguna manera, cambiar a lo largo de sus páginas, no permanecer indiferentes, ser un poco distintos al salir de ellas. Por eso dijo que no le gustaban los cuentos ñoños, llenos de lugares comunes y con moraleja, y defendió una y otra vez una literatura comprometida con la libertad.&lt;br /&gt;La hora que Liliana Bodoc estuvo hablando con nosotros se me hizo tan cortita que, mientras volvía caminando a casa, pensaba que así debían ser las visitas de la inspiración a quienes se encuentran en medio de un proceso creativo. En el bolso llevaba sus últimos cuentos y un manojo de letras escritas por su propia mano. Esta vez me lo leí yo la primera y al cerrarlo me sentí un poquito distinta... Supongo que del cambio se encargaron la escritura de Liliana y la lectura de esta enamorada de la letra impresa, de las palabras que viajan con el viento, las que se susurran junto al fuego, las que se murmuran en las cocinas, las que se comparten alrededor del mate... Imagino que también se encargaron los caminos que he ido recorriendo por este lado del mundo al sur del sur, a lo largo de su torcida espina, a través de su piel callosa y las arrugas de sus entrañas. Entre los surcos sembrados con infinidad de nuevos sueños, de la mano de personas que luchan por verlos crecer, que participan en su desarrollo, que sosteniendo los tallos más tiernos...&lt;br /&gt;Pasito a paso, letra a letra, sonido a sonido, bocado a bocado, no sólo me ha transformado la literatura de esta tierra, sino la tierra misma y quienes me han enseñado a caminarla. Gracias. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3214975648512869426?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/3214975648512869426/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=3214975648512869426' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3214975648512869426'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3214975648512869426'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/07/de-escribir-me-dieron-ganas-otros.html' title='“De escribir me dieron ganas otros escritores...”'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1149431792552687200</id><published>2008-07-19T09:36:00.002-03:00</published><updated>2008-07-21T17:53:05.775-03:00</updated><title type='text'>Claustros para novicias, ninfas, diosas y criollas</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.javinavarro.es/blog/ficherosPosts/Fotos/Viajes/Roma/SombraReja.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.javinavarro.es/blog/ficherosPosts/Fotos/Viajes/Roma/SombraReja.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenemos una joyita en nuestra biblioteca con el sello del Patronato de Misiones Pedagógicas que se pusieron en marcha durante los años de la Segunda República Española. Se trata de la obra teatral “Don Juan Tenorio” de Don José Zorrilla. Según se indica en una de las primeras hojas del libro “este drama ha sido aprobado, para su representación, por la junta de censura de los teatros del reino en 4 de junio de 1849”. Inmediatamente después se lee la dedicatoria que hiciera su autor “Al Señor Don Francisco Luis de Vallejo en prenda de buena memoria. Su mejor amigo, José Zorrilla. Madrid, Marzo de 1844”. Y en seguida comienza la acción allá por los años de 1545 en Sevilla. El libro es y está muy viejito. Lo encontré hace más de dos años tras recorrer las empedradas calles de Pedraza, en la provincia de Segovia (España), subir las escaleras de madera de una de sus engalanadas tiendas y rebuscar entre los libros de segunda mano que se apilaban en varias estanterías sin orden ni concierto. Acaricié el lomo de varios volúmenes y el título de muchos clásicos abriendo, sólo muy de vez en cuando, las hojas amarillentas de algunos, pero cuando mis ojitos miopes se detuvieron en ese sello de las Misiones Pedagógicas ya no pude hacerlos caminar por las páginas de ningún otro libro. Parpadeé varias veces, me sonreí, me emocioné, lo cerré, lo volví a abrir, se lo mostré a mis acompañantes, me dirigí a la caja, lo compré, lo envolví, lo guardé en mi mochila, lo subí a un avión y lo deposité entre las manos de Edgardo un par de meses después.&lt;br /&gt;Algún tiempo antes, él había conseguido una maravillosa obra en versión original, ilustrada por Giovanni Caelli y escrita por el norteamericano Thomas Bulfinch, conocida como “The Illustrated Bulfich’s Mythology”. Se trata de tres volúmenes titulados “The Age of Fable”, “The Age of Chivalry” y “Legends of Charlemagne”. El primero de ellos fue publicado por primera vez en 1855 y, principalmente, recoge mitos y leyendas de la antigua Grecia y de héroes y heroínas romanos, junto con historias de guerreros nórdicos, de sabios celtas, de quienes adoraban al sol, de faraones egipcios, de varios monstruos -entre ellos el Fénix y el Unicornio- y de la triada hindú Brahma, Vishnu y Siva. Edgardo también se había emocionado con su hallazgo, pues le devolvió a muchas de sus lecturas infantiles y a las fotografías de cuadros y esculturas renacentistas de las que se enamoró su retina adolescente.&lt;br /&gt;Hace tan sólo un mes nos regalamos “Mujeres en la Sociedad Argentina. Unas historia de cinco siglos” de la socióloga argentina Dora Barrancos. Y de su mano llevamos recorridos quinientos años de la historia de las mujeres de este país y revisados varios tópicos y no pocos mitos sobre su lugar y su papel en esta esquina del mundo.&lt;br /&gt;Así llegaron a nosotros esos tres libros y a través del entramado que sus autores tejieron en sus páginas descubrimos los caminos que anduvieron los protagonistas varones de sus historias y supimos de las distintas murallas que encerraron los pasos de las protagonistas.&lt;br /&gt;En la escena primera del acto tercero de la primera parte del Don Juan Tenorio, nos encontramos en la celda de Dña. Inés. La Abadesa está comunicándole la decisión que ha tomado su padre, Don Gonzalo de Ulloa, Comendador de Calatrava, de que permanezca en el convento y no se despose con Don Juan Tenorio, al quien considera un miserable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Abadesa&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Con que me habéis entendido?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dña. Inés&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sí, señora.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Abadesa&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Está muy bien;&lt;br /&gt;la voluntad decisiva&lt;br /&gt;de vuestro padre tal es.&lt;br /&gt;Sois joven, cándida y buena;&lt;br /&gt;vivido en el claustro habéis&lt;br /&gt;casi desde que nacisteis;&lt;br /&gt;y para quedar en él&lt;br /&gt;atada con santos votos&lt;br /&gt;para siempre, ni aun tenéis,&lt;br /&gt;como otras, pruebas difíciles&lt;br /&gt;ni penitencias que hacer.&lt;br /&gt;Dichosa mil veces vos;&lt;br /&gt;Dichosa, sí, doña Inés,&lt;br /&gt;Que, no conociendo el mundo,&lt;br /&gt;No le debéis de temer.&lt;br /&gt;¡Dichosa vos que del claustro&lt;br /&gt;al pasar en el dintel,&lt;br /&gt;no os volveréis a mirar&lt;br /&gt;lo que tras vos dejaréis!&lt;br /&gt;Y los mundanos recuerdos&lt;br /&gt;del bullicio y del placer&lt;br /&gt;no os turbarán, tentadores,&lt;br /&gt;del ara santa a los pies;&lt;br /&gt;pues ignorando lo que hay&lt;br /&gt;tras esa santa pared,&lt;br /&gt;lo que tras ella se queda&lt;br /&gt;jamás apeteceréis.&lt;br /&gt;Mansa paloma, enseñada&lt;br /&gt;en las palmas a comer&lt;br /&gt;del dueño que la ha criado&lt;br /&gt;en doméstico vergel,&lt;br /&gt;no habiendo salido nunca&lt;br /&gt;de la protectora red,&lt;br /&gt;no ansiaréis nunca las alas&lt;br /&gt;por el espacio tender.&lt;br /&gt;Lirio gentil, cuyo tallo&lt;br /&gt;Mecieron sólo tal vez&lt;br /&gt;las embalsamadas brisas&lt;br /&gt;del más florecido mes,&lt;br /&gt;aquí a los besos del aura&lt;br /&gt;vuestro cáliz abriréis,&lt;br /&gt;y aquí vendrán vuestras hojas&lt;br /&gt;tranquilamente a caer.&lt;br /&gt;Y en el pedazo de tierra&lt;br /&gt;que abarca nuestra estrechez,&lt;br /&gt;y en el pedazo de cielo&lt;br /&gt;que por las rejas se ve,&lt;br /&gt;vos no veréis más que un lecho&lt;br /&gt;do en dulce sueño yacer,&lt;br /&gt;y un velo azul suspendido&lt;br /&gt;a las puertas del Edén...&lt;br /&gt;¡Ay! En verdad que os envidio,&lt;br /&gt;venturosa doña Inés,&lt;br /&gt;con vuestra inocente vida,&lt;br /&gt;la virtud del no saber.&lt;br /&gt;Mas, ¿por qué estáis cabizbaja?&lt;br /&gt;¿Por qué no me respondéis&lt;br /&gt;como otras veces, alegre,&lt;br /&gt;cuando en los mismo os hablé?&lt;br /&gt;¿Suspiráis...? ¡Oh! Ya comprendo;&lt;br /&gt;de vuelta aquí hasta no ver&lt;br /&gt;a vuestra aya, estáis inquieta;&lt;br /&gt;pero nada receléis.&lt;br /&gt;A casa de vuestro padre&lt;br /&gt;fué casi al anochecer,&lt;br /&gt;y abajo en la portería&lt;br /&gt;estará; ya os la enviaré,&lt;br /&gt;que estoy en vela toda la noche.&lt;br /&gt;Conque, vamos, doña Inés,&lt;br /&gt;recogeos, que ya es hora;&lt;br /&gt;mal ejemplo no me deis&lt;br /&gt;a las novicias, que há tiempo&lt;br /&gt;que duermen ya; hasta después.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dña. Inés&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Id con Dios, madre abadesa.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Abadesa&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Adiós, hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el capítulo III del libro “The Age of Fable”, en la historia sobre Apolo y Dafne, se cuenta cómo Cupido, respondiendo al desafío de Apolo que le dice al dios del amor que sus flechas no son tan poderosas como las de él, dispara una flecha de plomo hacia la ninfa Dafne y una de oro hacia el dios del sol, quedando éste enamorado de la joven y ella aborreciendo al amor. Mientras Apolo corre tras ella por el bosque, ella implora a su padre Peneo, el dios del río, que abra la tierra para que ella pueda escapar o bien que cambie su forma. En ese mismo instante comienza a convertirse en una planta y Apolo al tocar su corteza y abrazarse a sus ramas exclama, “Ya que no puedes ser mi esposa, te convertirás en mi árbol. Te llevaré en mi corona; decoraré contigo mi arpa y mi aljaba; y cuando los grandes conquistadores romanos se encaminen triunfales hacia el Capitolio serás tejida con forma de corona para lucir en sus frentes. Y, como la eterna juventud me pertenece, tú también estarás siempre verde y tus hojas no se caerán.” Y así fue como nació el laurel.&lt;br /&gt;En el capítulo VII de ese mismo libro se narra la historia de Proserpina, la hija de la diosa Ceres. Estando la joven jugando con sus compañeras juntando flores, fue descubierta por Plutón, el dios del Tártaro, a quien también había herido Cupido con una de sus flechas. Plutón se enamoró de ella y se la llevó por la fuerza al inframundo, donde se convirtió en la reina de Erebo. Ceres imploró a Júpiter que le devolviese a su hija, pero como ésta ya había probado una granada del inframundo que le había ofrecido Plutón no pudo ser rescatada del todo. A partir de entonces debió pasar medio año con su esposo y el resto acompañando a su madre.&lt;br /&gt;En el capítulo III del libro de Barrancos, en el apartado que se refiere al Código Civil argentino y la incapacidad de las mujeres, se da cuenta de “las vicisitudes que vivió Amalia Pelliza Pueyrredón a causa del encierro doméstico que le impuso su esposo, el conocido médico Carlos Durand. Las nupcias justamente ocurrieron en el mismo año de sanción del Código. Durand era mucho mayor y es probable que Amalia, como era la costumbre, hiciera la voluntad de la familia casándose con él, puesto que el facultativo, aunque era un cincuentón mientras ella sólo tenía 15 años, poseía el encanto de una estimable fortuna. Era el médico obstetra de las familias más importantes de Buenos Aires y vaya a saber a ciencia cierta qué lo llevó a clausurar a Amalia en la casona que ocupaba. Ésta pleiteó la separación pero no la obtuvo, lo que probablemente enfureció más al Dr. Durand. Redobló el encierro, pero también, frente a los reclamos, la humilló alquilando un espantoso carruaje –es que poseer un carruaje empavesado era una señal de distinción-, obligándola a andar horas y horas sin detenerse. Durand enfermó y Amalia descontó los años de encierro, pudo salir, entretenerse con compañías y frecuentar reuniones (...) Pero una vez repuesto, el castigo de la clausura fue insoportable y Amalia huyó. Años más tarde nuestro médico fallecía y legaba una parte importante de sus bienes a la construcción de un nosocomio, el que hoy lleva su nombre. El resto de la fortuna –probablemente como escarmiento- se entregó, según su determinación, a parientas y criadas, todas mujeres. Felizmente Amalia pudo hacerse con algo de los bienes gananciales y utilizarlos con gran derroche, como correspondía a quien habían sido sustraídos tantos años de goce. Este caso emblematiza las circunstancias de la indefensión femenina en el primer Código Civil. Con certeza, no todos los maridos encerraban a sus mujeres, pero sí todos estaban facultados por la normativa para ejercer su potestad”.&lt;br /&gt;Tras los muros de un convento o de una casa, bajo la corteza de un árbol o de la Tierra, hemos visto distintos ejemplos de mujeres secuestradas por quienes se creían -y las leyes divinas o de los hombres así se lo confirmaban- sus dueños, y las encadenaban dentro de sus dominios para preservar su honor, su orgullo, su fuerza, su poder y su buen nombre. Curioseando entre las leyendas de la mitología clásica, el teatro del Romanticismo, y el Código Civil Argentino sancionado en 1869, durante el periodo de la organización nacional, podemos observar que tanto la literatura como la norma civil sostienen la incapacidad relativa de la mujer y el hecho de que a todos los efectos su representante era el padre o el marido. En el presente siglo XXI se aprueban leyes y se crean ministerios de igualdad pero siguen existiendo innumerables barreras, altísimos muros y gruesas cortezas que limitan derechos y libertades de las personas, hombres y mujeres, de todo el mundo. Sólo reconociéndolos podremos empezar a superarlos, escalarlos, horadarlas. Están en los libros y están en la vida: leámoslos y escribámosla entre todos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1149431792552687200?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1149431792552687200/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1149431792552687200' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1149431792552687200'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1149431792552687200'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/07/claustros-para-novicias-ninfas-diosas-y.html' title='Claustros para novicias, ninfas, diosas y criollas'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3420496918855721437</id><published>2008-07-12T09:23:00.002-03:00</published><updated>2008-07-12T09:30:11.085-03:00</updated><title type='text'>Pregones y crónicas coloniales...</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SHijyp5vWBI/AAAAAAAAAXk/Vfa3pO21xp0/s1600-h/misturera+y+sahumadora+1850.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5222103858572908562" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SHijyp5vWBI/AAAAAAAAAXk/Vfa3pO21xp0/s400/misturera+y+sahumadora+1850.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escucho, de mi colección de discos de folklore latinoamericano, un tema del grupo argentino Los Trovadores, renombrado por sus cuidados arreglos vocales. Se llama “Pregones coloniales”: empiezan por el pregón del aceitunero -“Aceituna, una...”- y siguen por el del velero y el aguatero. De esa canción salto a otra del mismo grupo: los “Pregones del altiplano”. Allí, los que suenan son los gritos del vendedor de mantas, del de mazamorra y del platero...&lt;br /&gt;Cuando era niño, la estampa de los pregones era una de las más me gustaba cuando me enseñaban la (deformada) historia colonial de mi país. Quizás aquellos anuncios callejeros tenían algo que ver con la música, elemento que siempre me pareció un maravilloso lenguaje universal. La costumbre de pregonar había llegado de España, en los mismos barcos que trajeron muchos de los productos que se pregonaban.&lt;br /&gt;Hace poco, leyendo las páginas de las inigualables “Tradiciones peruanas” de Ricardo Palma, me encontré con un fragmento que quiero compartir con ustedes por recuperar esta partecita del espíritu colonial americano, un espíritu que no ha desaparecido: simplemente ha adquirido otra forma. Viajen, si no, en algún transporte público en Argentina, en Ecuador, en Bolivia, y esperen a que suba algún vendedor ambulante...&lt;br /&gt;El fragmento que quiero compartirles es un tanto complejo. Se refiere a la historia colonial peruana. Muchos de los personajes y productos pregonados son poco conocidos en otros ámbitos. Sin embargo, creo que un par de explicaciones posteriores bastarán para aclarar algunas dudas...&lt;br /&gt;Palma explica como los pregones en las calles del barrio de su niñez servían de reloj no-oficial...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La lechera indicaba las seis de la mañana.&lt;br /&gt;La tisanera y la chichera de Terranova daban su pregón a las siete en punto.&lt;br /&gt;El bizcochero y la vendedora de leche-vinagre, que gritaba “¡a la cuajadita!”, designaban las ocho, ni minuto más ni minuto menos.&lt;br /&gt;La vendedora de zanguito de ñajú y choncholíes marcaba las nueve, hora de canónigos.&lt;br /&gt;La tamalera era anuncio de las diez.&lt;br /&gt;A las once pasaban la melonera y la mulata del convento vendiendo ranfañote, cocada, bocado de rey, chancaquitas de cancha y de maní, y fréjoles colados.&lt;br /&gt;A las doce aparecían el frutero de canasta llena y el proveedor de empanadillas de picadillo.&lt;br /&gt;La una era indefectiblemente señalada por el vendedor de ante con ante, la arrocera y el alfajorero.&lt;br /&gt;A las dos de la tarde, la picaronera, el humitero y el de la rica “causa de Trujillo” atronaban con sus pregones.&lt;br /&gt;A las tres, el melcochero, la turronera y el anticuchero o vendedor de bisteque en palito clamoreaban con más puntualidad que la Mari-Angola de la Catedral.&lt;br /&gt;A las cuatro gritaban la picantera y el de la piñita de nuez.&lt;br /&gt;A las cinco chillaban el jazminero, el de las caramanducas y el vendedor de flores de trapo, que gritaba: “¡Jardín, jardín! Muchacha, ¿no hueles?”.&lt;br /&gt;A las seis canturreaban el raicero y el galletero.&lt;br /&gt;A las siete de la noche pregonaban el caramelero, la mazamorrera y la champucera.&lt;br /&gt;A las ocho, el heladero y el barquillero.&lt;br /&gt;Aún a las nueve de la noche, junto con el toque de cubrefuego, el animero o sacristán de la parroquia salía con capa colorada y farolito en mano pidiendo para las ánimas benditas del purgatorio o para la cera de Nuestro Amo. Este prójimo era el terror de los niños rebeldes para acostarse.&lt;br /&gt;Después de esa hora, era el sereno del barrio quien reemplazaba a los relojes ambulantes, cantando entre pitea y pitea: -¡Ave María Purísima! ¡Las diez han dado! ¡Viva el Perú, y sereno!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para los desconocedores, vayan las siguientes anotaciones.&lt;br /&gt;La tisanera vendía hierbas medicinales, y la chichera, chicha, bebida fresca hecha a base de maíz, muy consumida en la actualidad en el área andina, tanto en su versión no fermentada como en la otra, que tiene alcohol y equivale a una cerveza.&lt;br /&gt;La leche-vinagre es cuajada, producto lácteo típicamente hispano. El zango de ñajú es un guiso de un fruto ya olvidado, que era de la forma de un pimiento y con una sustancia viscosa o gomosa en su interior.&lt;br /&gt;La tamalera vendía tamales, pastelillos a base de pasta de maíz rellena de carne o verduras y envuelto, todo ello, en “chala” (hoja de la mazorca). Los productos de la “mulata del convento” eran dulces, obras maestras de repostería típicas de claustros de monjas.&lt;br /&gt;Al “ante con ante” era el clásico arroz con leche. El alfajorero vendía una variedad de dulces hispanos, los alfajores, aún muy consumidos en América Latina. Los picarones, choncholíes y la “causa de Trujillo” son dulces peruanos parecidos. Los primeros eran especies de buñuelos de zapallo y harina, fritos y bañados en miel.&lt;br /&gt;Las melcochas eran especies de caramelos de azúcar y mantequilla. El humitero vendía humitas, muy parecidas a los tamales. Los anticuchos son especies de “pinchos morunos” hechos con lascas de corazón de vaca, y aún hoy son muy apreciados en Bolivia y Perú.&lt;br /&gt;El jazminero y demás vendedores de flores las vendían para que las mozas se engalanaran para sus paseos de media tarde, una costumbre explicada por Palma en su libro. Para arreglo de las damas también existía el raicero, que despachaba unas raíces blandas que equivalían al cepillo y pasta dental antiguos.&lt;br /&gt;La mazamorra -vigente hasta hoy en medio Sudamérica- es una especie de cocido de granos de maíz blanco, usualmente dulce, al que se le agrega distintos aditamentos para darle un sabor característico, y es, generalmente, un delicioso postre.&lt;br /&gt;Finalmente, el sereno era una especie de vigilante nocturno, y el animero, un monje que, en procesión, salía a pedir limosnas para las ánimas del purgatorio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro de Palma recoge muchas otras historias, y recomiendo su lectura para los ávidos curiosos de las costumbres y tradiciones de antaño. Entre las incluidas en la obra del insigne peruano se encuentran la tradición del Manchaypuyto; la de la partida de ajedrez del inca Atahuallpa; la historia de Aguirre el traidor; la llegada del primer ratón, el primer gato y el primer melón a tierras peruanas; las crónicas del tabaco; numerosas historias sobre dichos y refranes americanos; reseñas sobre hechos históricos relacionados con la Conquista y la Independencia de Perú; y numerosas reseñas de distintos lances y anécdotas que tienen como actores a religiosos, virreyes, nobles y ciudadanos bien conocidos...&lt;br /&gt;Así como los volúmenes de nuestras bibliotecas pueden darnos la fuerza para que nuestras ramas crezcan y fructifiquen, también proporcionan la tierra en la que nuestras raíces deben afirmarse para que el ramaje pueda seguir creciendo. Porque sin raíces, el menor ventarrón tumba a un árbol. Y ventarrones, en el mundo moderno, es lo que sobra...&lt;br /&gt;Con un puñado de estas lecturas, uno se sonreirá -sobre todo si es latinoamericano- cuando, en el metro o en el bus, escuche el pregón de los modernos vendedores ambulantes... Y se dará cuenta de que, a pesar de todo, muchas cosas sólo cambian la fachada, pero jamás mueren...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: El libro “Tradiciones peruanas” de Ricardo Palma puede descargarse desde la colección digital de la Biblioteca de Ayacucho (Perú) a través de este &lt;a href="http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&amp;amp;backPID=103&amp;amp;tt_products=7"&gt;link&lt;/a&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3420496918855721437?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/3420496918855721437/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=3420496918855721437' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3420496918855721437'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3420496918855721437'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/07/pregones-y-crnicas-coloniales.html' title='Pregones y crónicas coloniales...'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SHijyp5vWBI/AAAAAAAAAXk/Vfa3pO21xp0/s72-c/misturera+y+sahumadora+1850.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1411835116770629707</id><published>2008-07-05T09:27:00.002-03:00</published><updated>2008-07-05T09:30:51.228-03:00</updated><title type='text'>¿Sabemos lo que nombramos?</title><content type='html'>&lt;a href="http://konradd.de/bilder/popup_pix/g_pix/Conrad_Dornberger-ElPueblo.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://konradd.de/bilder/popup_pix/g_pix/Conrad_Dornberger-ElPueblo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¿Sabemos lo que nombramos cuando utilizamos términos como “el campo” o “el pueblo”?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue tratando de entender los últimos conflictos en Argentina cuando me hice, junto con Edgardo, la pregunta que da título a esta entrada. Hace más de tres meses que este país está inmerso en una problemática que, lejos de caminar hacia su solución, parece alejarse más y más de ella a medida que pasan los días. Durante este tiempo las posturas de sus protagonistas o bien se han radicalizado o bien se han vuelto completamente contradictorias. Nadie se salva del descrédito y el asunto se ha complicado de tal modo que sus ya borrosos márgenes han desaparecido de nuestra vista. Por más que ambos escuchamos la radio y leemos uno tras otro los artículos que aparecen tanto en la prensa nacional como en la internacional, créanme si les digo que seguimos arrastrando un profundo desconocimiento sobre la cuestión. Sin embargo, hemos aprendido algunas cosas y seguimos confiando bastante en nuestro sentido común a la hora de interpretar ciertos discursos y opinar sobre las declaraciones que vierten unos y otros con el fin de esclarecer nada y confundirlo todo.&lt;br /&gt;Ese sentido común, ese espíritu crítico que ambos tenemos bastante arraigado, nos ha permitido hacernos un par de preguntas e intentar algunas respuestas. Como buenos inconformistas y eternos curiosos tratamos de averiguar en primer lugar qué era eso que todos los medios llamaban “el campo” y en segundo a quiénes se referían tanto “el campo” como el gobierno cuando hablaban de “el pueblo”. En la edición argentina de la revista “Le Monde diplomatique” de mayo de 2008 podrán encontrar varios artículos sobre la crisis mundial de alimentos y los conflictos en Argentina. En el que firma Axel Kicillof, el autor nos habla de “...la enorme diversidad de situaciones que distinguen a los numerosos actores involucrados dentro de lo que genérica y abusivamente se denomina ‘el campo’ – desde los pools de siembra hasta el postergado peón rural“, y en el que escribe Hugo Sigman encontramos incluso un boceto de clasificación del sector agropecuario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“... para analizar el conflicto y llegar a soluciones de mutuo beneficio es necesario realizar una apertura de lo que se llama sector rural, empezando por dividir la palabra agropecuario. Un resultado ha sido el obtenido por el sector del agro y otro el del sector pecuario. Con el aumento del precio de los cereales y sus derivados industriales –aceites y biocombustibles- el agro ha tenido muy buena rentabilidad, a pesar de las retenciones. Pero el sector pecuario, leche y carnes bovinas, ha tenido un pésimo resultado económico.&lt;br /&gt;También es necesario diferenciar entre ‘productores’, ya que existen grandes, medianos y economías rurales familiares. Les ha ido mejor a los primeros y peor a los últimos. Otra división necesaria para el análisis es entre zonas de producción agraria o pecuaria: en las zonas centrales los resultados han sido mucho mejores que en las marginales, donde los rendimientos por hectárea son mucho menores y los constes, principalmente de fletes, mucho mayores.&lt;br /&gt;Si por último del conjunto del sector se distinguen productores agrarios, productores pecuarios, industrializadores (frigoríficos, usinas lecheras y productores de aceites y biocombustibles) y comercializadores (en particular propietarios de silos y exportadores), resulta evidente que los industriales y comercializadores del sector se han apropiado, como resultado de la política del gobierno, de parte de los beneficios de los productores pecuarios o agrarios”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mejor definición que hallamos sobre “el pueblo” nos la proporcionó León Tolstoi en las páginas de Anna Karenina que yo había estado leyendo un mes antes. Constantino Dmitrievich (Levin) está discutiendo con su hermano Sergio Ivanovich, en presencia de su suegro (el Príncipe) y de un amigo común (Kosnichev), sobre los voluntarios rusos que se estaban movilizando en ese momento para participar en el conflicto armado contra los turcos que tenía lugar en los Balcanes... Merece la pena que echen un vistazo a todo el capítulo XV de la parte VIII; yo les dejo a continuación sus últimas líneas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“–En este caso, las opiniones personales no significan nada –respondió Kosnichev–; las opiniones personales no tienen ningún valor ante la voluntad de toda Rusia expresada con unanimidad.&lt;br /&gt;–Perdone, pero no lo veo. El pueblo es ajeno a todo eso –repuso el Príncipe.&lt;br /&gt;–No papá. Acuérdate del domingo en la iglesia –dijo Dolly, que escuchaba la conversación–. Dame la servilleta, haz el favor ––dijo al anciano, que contemplaba, sonriendo, a los niños–. Es imposible que todos...&lt;br /&gt;–¿Qué pasó el domingo en la iglesia? –preguntó el Príncipe–. Al cura le ordenaron leer y leyó. Los campesinos no comprendieron nada. Suspiraban como cuando oyen un sermón. Luego se les dijo que se iba a hacer una colecta en pro de una buena obra de la Iglesia y cada uno sacó un cópec, sin saber ellos mismos para qué.&lt;br /&gt;–El pueblo no puede ignorarlo. El pueblo tiene siempre conciencia de su destino y en momentos como los de ahora ve las cosas con claridad –declaró Sergio Ivanovich categóricamente, mirando al viejo encargado del colmenar, como interrogándole.&lt;br /&gt;El viejo, arrogante, de negra barba canosa y espesos cabellos de plata, permanecía inmóvil sosteniendo el pote de miel y mirando dulcemente a los señores desde la elevación de su estatura sin entender ni querer entender lo que trataban, según se evidenciaba en todo su aspecto.&lt;br /&gt;–Sí, señor –afirmó el viejo, moviendo la cabeza, como contestando a las palabras de Sergio Ivanovich.&lt;br /&gt;–Pregúntenle y verán que no sabe ni entiende nada de eso –dijo Levin. Y añadió, dirigiéndose al viejo–: ¿Has oído hablar de la guerra, Mijailich? ¿No oíste lo que decían en la iglesia? ¿Qué te parece? ¿Piensas que debemos hacer la guerra en defensa de los cristianos?&lt;br /&gt;–¿Por qué hemos de pensar en eso? Alejandro Nicolaevich, el Emperador, piensa por nosotros en este asunto y pensará por nosotros en todos los demás que se presenten...Él sabe mejor... ¿Traigo más pan? ¿Hay que dar más a los chiquillos? –se dirigió a Daria Alejandrovna, indicando a Gricha que terminaba su corteza de pan.&lt;br /&gt;–No necesito preguntar –dijo Sergio Ivanovich–. Vemos centenares y millares de hombres que lo dejan todo para ayudar a esa obra justa. Llegan de todas las partes de Rusia y expresan claramente su pensamiento y su deseo. Traen sus pobres groches y van por sí mismos a la guerra y dicen rectamente por qué lo hacen. ¿Qué significa esto?&lt;br /&gt;–Eso significa, a mi juicio –dijo Levin que comenzaba a irritarse otra vez–, que en un pueblo de ochenta millones se encuentran, no ya centenares, sino decenas de miles de hombres que han perdido su posición social, gente atrevida, pronta a todo, que siempre está dispuesta a enrolarse en las bandas de Pugachev o cualquier otra de su especie, y que lo mismo va a Servia que a la China...&lt;br /&gt;–Te digo que no se trata de centenares ni de gente perdida, sino que son los mejores representantes del pueblo ––dijo Sergio Ivanovich con tanta irritación como si estuvieran defendiendo sus últimos bienes–. ¿Y los dineros recogidos? ¡Aquí sí que el pueblo expresa directa y claramente su voluntad!&lt;br /&gt;–Esa palabra ‘pueblo’ es tan indefinida... –dijo Levin–. Sólo los escribientes de las comarcas, los maestros y el uno por mil de los campesinos y obreros saben de qué se trata. Y el resto de los ochenta millones de rusos, como Mijailich, no sólo no expresan su voluntad, sino que no tienen ni idea siquiera de sobre qué cuestión deben expresarla. ¿Qué derecho tenemos, pues, a decir que se expresa la voluntad del pueblo?”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Imagino que a estas alturas también ustedes se estarán haciendo algunas preguntas y quizás estas líneas les proporcionen unas pocas claves para empezar a intentar sus propias respuestas. Mi intención con esta entrada era compartirles un par de dudas y las explicaciones que encontramos entre las páginas de la prensa y la literatura. Considero que una y otra pueden ser buenas fuentes de información si les sumamos una dosis generosa de espíritu crítico. Estaremos aprendiendo así a “juzgar razonablemente las cosas” aunque aún nos quede lejos su comprensión. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1411835116770629707?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1411835116770629707/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1411835116770629707' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1411835116770629707'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1411835116770629707'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/07/sabemos-lo-que-nombramos.html' title='¿Sabemos lo que nombramos?'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3442843326256586505</id><published>2008-06-29T11:31:00.000-03:00</published><updated>2008-06-29T11:32:06.413-03:00</updated><title type='text'>Un compendio de estupidez humana</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.upenn.edu/ARG/archive/goya/goya4.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.upenn.edu/ARG/archive/goya/goya4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminamos con Sara por las destrozadas calles de nuestro barrio de Córdoba. Duele mucho verlos. Vamos indignados, charlando sobre los altos impuestos que debemos pagar los ciudadanos para (sobre)vivir en una urbe con un aspecto y un funcionamiento deplorables. A nuestro lado pasan una docena de carros de cartoneros, tirados por caballos flacos como el famoso Rocinante, toda una estampa del tan mentado “subdesarrollo”. Conducen niños. Duele aún más. Entramos a un supermercado y padecemos el desabastecimiento, los exagerados precios de la inflación y los manejos especuladores de los comerciantes. Compramos muy poco, lo básico para poder seguir comiendo. Hay alimentos que no vemos o no podemos comprar desde hace meses. De retorno a casa, nos cruzamos con varias unidades de transporte urbano que parecen sacadas de una película de la Guerra Mundial (la Primera). Antes de llegar a la puerta de nuestro edificio, debemos sortear basuras no recogidas desde hace dos días y tres derrames de aguas fecales que inundan las aceras... y que nadie se preocupa por reparar.&lt;br /&gt;Tras eso, encendemos la radio y escuchamos las noticias y los discursos políticos y presidenciales. Hablan del “crecimiento” y el “bienestar” del país, de “políticas redistributivas” para “los pobres”, y de las cifras y porcentajes (datos falsos, todos lo sabemos) que el Instituto Nacional de Estadísticas argentino genera para dar placer a la cúpula presidencial, que de esa forma puede mantener su discurso “salvador”. Hablan también de los planes presidenciales para construir un tren de alta velocidad y para construir algunos hospitales y escuelas...&lt;br /&gt;Al lado de esas declaraciones oficiales, escuchamos las denuncias de escuelas rurales, que cuentan como sus niños deben viajar tres o cuatro horas a lomo de caballería para llegar a clases, padeciendo fríos de bajo cero, para luego soportar el mismo frío dentro del aula, pues no hay ni gas ni electricidad... Son los mismos niños que llevan los carros cartoneros. Escuchamos las narraciones de los que trabajan en las rutas del interior del país, esas que son apenas transitables... Escuchamos las quejas de los ancianos, que apenas si pueden comprar un medicamento... Y vemos, con nuestros propios ojos, el funcionamiento de los hospitales y transportes públicos... que, por cierto, funcionan cuando quieren o pueden.&lt;br /&gt;En ese punto, tanto Sara como yo nos permitimos preguntar lo siguiente: los que escriben los discursos oficiales ¿creen que somos estúpidos? ¿Creen que no vivimos todos los días una realidad opresiva, que apesta, que nos toma a todos los ciudadanos de rehenes de una situación deprimente, contra la cual nada podemos hacer, por mucho que luchemos?&lt;br /&gt;¿O quizás los estúpidos son ellos? ¿O los medios de comunicación, que aún difunden esas noticias? ¿O los libros de historia y sociología, que en años venideros escribirán verdaderos mitos, lejanos a la vida real de la gente de la calle, de todos nosotros?&lt;br /&gt;Hace casi medio siglo, el escritor húngaro Paul Tabori escribió un libro que considero magnífico. El título original era “Natural History of Stupidity”. En castellano se tradujo como “Historia de la Estupidez Humana”.&lt;br /&gt;Además de intentar definir el término “estupidez” en un denso primer capítulo, Tabori realiza una revisión más o menos académica de numerosos documentos (manuscritos, archivos, incunables, ediciones antiguas) y extrae de ellos una colección variopinta de ejemplos de verdadera estupidez humana. Tales ejemplos abarcan temas como el ansia por el oro, el ceremonial de las cortes, los árboles genealógicos falsos, la densa (y ridícula) burocracia, las leyes (muchas de ellas, más ridículas aún), las dudas, los mitos y el amor.&lt;br /&gt;El libro no tiene desperdicio. Cada párrafo es asombroso, y el lector va saltando de estupidez en estupidez -a cual más increíble, todas ellas bien documentadas- a lo largo de la historia de la humanidad. Si pueden conseguirlo, no dejen de leerlo. (Podemos “prestarles” una versión pdf en castellano, si nos escriben...).&lt;br /&gt;Creo que Tabori olvidó incluir, en su libro, un capítulo sobre discurso político y medios de comunicación. Porque las cosas que allí se creen, se dicen y se hacen (al menos en este país nuestro) son magníficos ejemplos de idiotez profunda. Una idiotez contra la que nada podemos hacer. Sólo podemos soportarla y aprender a tomárnosla con risas (por no llorar, claro).&lt;br /&gt;Paul Tabori nació en Budapest, Hungría, en 1908. Se educó en Hungría, Austria y Alemania, y se graduó como doctor en Ciencias Económicas y Políticas por la Universidad de Budapest. Entre las dos guerras mundiales, vivió en 17 países como corresponsal. En 1937 se asentó en Londres, donde desarrolló una actividad verdaderamente febril, como periodista y autor. Entre 1943 y 1948 escribió numerosos guiones para London Films, y en los 50’ hizo lo mismo en Hollywood. Para la década de los 70’, Tabori había escrito más de 30 guiones cinematográficos y un centenar para series de televisión. Participó como miembro en numerosas asociaciones internacionales de escritores, siendo co-fundador de la International Writer’s Fund. En sus últimos tiempos dictó clases en universidades como la Fairfield Dickinson, el City College de Nueva York y la University of Illinois.&lt;br /&gt;“Historia de la estupidez humana” comienza con el siguiente párrafo. ¿Necesita este libro mejor presentación que la que proporciona el propio autor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Este libro trata de la estupidez, la tontería, la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío. Estudia a los estúpidos, los necios, los seres de inteligencia menguada, los de pocas luces, los débiles mentales, los tontos, los bobos, los superficiales, los mentecatos, los novatos y los que chochean, los simples, los desequilibrados, los chiflados, los irresponsables, los embrutecidos. En él nos proponemos presentar una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy. Describirá y analizará hechos irracionales, insensatos, absurdos, tontos, mal concebidos, imbéciles... y por ahí adelante. ¿Hay algo más característico de nuestra humanidad que el hecho de que el Thesaurus de Roget consagre seis columnas a los sinónimos, verbos, nombres y adjetivos de la “estupidez”, mientras la palabra “sensatez” apenas ocupa una?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún día, alguien escribirá una “historia de la estupidez política”. Y estoy seguro de que encontrará bastante material en los periódicos y anales argentinos. Aunque, si debo ser sincero, en ningún periódico internacional, nacional o regional se muestra todo lo que vivimos a diario muchos argentinos (situación que quizás se replique en otros países). Sólo se publica y difunde el discurso oficial, o el opositor, igual de vacío. Los de abajo, los de siempre, quedamos mudos y con las manos atadas. Quizás ese libro futuro debería incluir también a los medios de comunicación entre sus temas...&lt;br /&gt;Aunque, ahora que lo pienso, me pregunto si debería hablar de estupidez o de hipocresía, opresión y abuso.&lt;br /&gt;Un abrazo desde esta Córdoba que nos duele tanto, quizás porque la queremos tanto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;PD. Para aquellos desinformados, les comento que acabamos de “salir” de un conflicto entre el gobierno nacional argentino y parte del sector agrario, que ha durado 100 días. Los problemas que motivaron el conflicto han comenzado a discutirse en el Congreso de la Nación. Eso ha sido lo que han cubierto los periódicos internacionales. Pero nadie ha hablado de lo que padecía antes de ese conflicto el pueblo argentino, ni de lo que sigue padeciendo. Como pantalla de humo para ocultar otros problemas más graves, el conflicto ha sido estupendo. Mientras tanto, nosotros seguimos aquí. Sobreviviendo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3442843326256586505?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/3442843326256586505/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=3442843326256586505' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3442843326256586505'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3442843326256586505'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/06/un-compendio-de-estupidez-humana_29.html' title='Un compendio de estupidez humana'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8511202996550200349</id><published>2008-06-21T09:32:00.003-03:00</published><updated>2008-06-21T09:37:52.658-03:00</updated><title type='text'>La universidad sigue doliente 90 años después...</title><content type='html'>&lt;a href="http://mnrtecnologico.com.ar/info/images/manifiesto1.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://mnrtecnologico.com.ar/info/images/manifiesto1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza y Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Chile, profesores y estudiantes de enseñanza secundaria y universitaria convocaron hace días una huelga indefinida en protesta por el proyecto de ley de Educación del Gobierno...&lt;br /&gt;En las universidades españolas han tenido lugar diversos actos de protesta en contra del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES, más conocido como Bolonia, la ciudad donde tuvo lugar la declaración). Sus detractores opinan que ayudará a privatizar y mercantilizar la universidad pública, a degradar los títulos, a subordinar el conocimiento a los intereses del mercado, y a hacer de la universidad una escuela de formación profesional donde primen las enseñanzas prácticas sobre la reflexión, el debate, la crítica, la investigación y la discusión...&lt;br /&gt;El Congreso Regional de Educación Superior celebrado en mayo de 2008 en Cartagena, Colombia, por el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Iesalc/Unesco) limita la participación de miles de investigadores, no recoge las actuales problemáticas ni plantea nuevas ideas, y excluye una gran parte del pensamiento latinoamericano. A la vez, asume el papel que durante tiempo criticó al Banco Mundial, convirtiéndose así en un mercado donde se silenció a la comunidad educativa con documentos estériles -elaborados por economistas en su mayoría- y se repitieron hasta la saciedad términos neoliberales como eficiencia, eficacia, calidad, acceso y equidad, competitividad, innovación, pertinencia, financiamiento, gestión, gobernabilidad, acreditación de programas, evaluación...&lt;br /&gt;Éstas son informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación durante los últimos días. Curiosamente, leemos estas denuncias -expresadas por distintos actores de la comunidad educativa- cuando se está celebrando el 90º aniversario de la Reforma Universitaria que tuvo lugar a partir de los reclamos de los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Argentina. Éstos, al ver que no eran escuchados, irrumpieron en la Asamblea Universitaria que elegía nuevo rector el 15 de junio de 1918 y se declararon en huelga indefinida, a la que se adhirieron estudiantes y obreros de todo el país. El día 21 de ese mes apareció en “La Gaceta Universitaria” el Manifiesto Liminar de la Reforma escrito por Deodoro Roca y firmado por los dirigentes de la Federación Universitaria de Córdoba. Durante el mes de julio se clausuró la universidad –que ya había sido intervenida en abril, por orden del entonces presidente Hipólito Yrigoyen, al incrementarse las protestas estudiantiles-, el rector elegido por la asociación clerical Corda Frates renunció al cargo y el gobierno intervino la UNC, reformándose sus estatutos, renovándose la plantilla docente y siendo introducidos muchos de los reclamos de los estudiantes.&lt;br /&gt;Entre las denuncias que vertía el Manifiesto –el texto completo lo pueden leer &lt;a href="http://bitacoradeunbibliotecario02.blogspot.com/2008/06/se-celebra-el-90-aniversario-de-la.html"&gt;aquí&lt;/a&gt;- podemos encontrar algunas de las que se lanzan hoy a los actuales modelos universitarios a uno y otro lado del Atlántico:&lt;br /&gt;“Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. (...) Nuestro régimen universitario –aun el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. (...) Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclaman el sentido y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. (...) La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres, ni de empleados. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de ‘hoy para ti y mañana para mí’ corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión.”&lt;br /&gt;La universidad argentina a la que se refería Deodoro Roca hace 90 años estaba atada “a la antigua dominación monárquica y monástica”. La universidad española a la que actualmente los estudiantes visten con pancartas que dicen “NO a Bolonia” parece dolerse de los intereses mercantiles transnacionales que quieren sujetarla, a los que tampoco ha sido ajeno el Congreso Internacional de Educación Superior celebrado en Cartagena. En 1918 el sentimiento religioso que inspiraba la Compañía de Jesús – “[c]uriosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad. Religión para vencidos o esclavos”, escribía Roca- amordazaba aquella universidad. En el momento actual son las tesis del Banco Mundial derivadas de la teoría del capital humano (manifestando que “el estado no debe invertir en educación superior” porque “la inversión en educación superior es regresiva”) y la resolución de la Organización Mundial del Comercio (esa que afirma que la educación superior es un bien negociable) las que coaccionan la libre expresión de la comunidad universitaria.&lt;br /&gt;No parece que hayamos avanzado mucho si en el lugar que ocupaban los religiosos de entonces se encuentran ubicados los economistas de hoy... Quizás no esté de más recordar los principios reformistas de 1918 para impulsar y discutir las leyes educativas de 2008. Entonces se pedía la autonomía de las universidades respecto de los gobiernos. Hoy habría que añadir también respecto de los mercados, las empresas, la OMC, el BM... Sigue siendo deseable que el gobierno de las universidades quede en manos de sus principales actores, es decir, los claustros de profesores, los estudiantes y los graduados. Habría que seguir defendiendo la gratuidad de la enseñanza pública. Y también la extensión universitaria: el hecho de que la universidad, su comunidad y sus conocimientos no se alejen de los problemas y debates sociales sino que intervengan en ellos. Sin duda es fundamental mantener la libertad de cátedra y renovar periódicamente los cargos docentes. Y sigue siendo necesario que la docencia esté en estrecha relación con la investigación. Si entonces ya se proponía una unidad latinoamericana, ¿por qué no discutir hoy el Espacio Europeo de Educación Superior sin confundir convergencia con una única forma de pensar, hacer y decir las cosas, sin excluir la diversidad, reconociendo las dificultades, las presiones, los errores y los desaciertos para compartir y debatir nuevas propuestas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercantilismo que afecta a todas las facetas de nuestra vida en esta enorme “aldea global” -que cada vez parece menos “unificada” y más “colonizada”- no deja de lado la producción, uso y disfrute de los conocimientos. Así como presiona deliberadamente en la educación (un factor estratégico en el crecimiento, desarrollo y progreso de los pueblos) también lo hace en la gestión de la información. Nuestras bibliotecas y centros de documentación ofrecen pruebas palpables de la aplicación de “estrategias de gestión”, “medidas de calidad y eficacia” y un sinnúmero de técnicas y herramientas que sólo buscan convertir a las unidades de conocimiento en negocios de los cuales obtener pingues beneficios. La cultura mercantilista se filtra en todos los rincones: mientras las leyes de copyright golpean duramente la circulación y uso de documentos y software, se alzan los debates por las políticas de “cobro de tasas” en bibliotecas. Al mismo tiempo la brecha digital se abre, los roles sociales de los profesionales de las bibliotecas se difuminan o esfuman, el analfabetismo informativo crece... La bibliotecología -al igual que la educación- se ve bombardeada por un nuevo modelo, cuyos defensores ni dan tregua, ni ofrecen caminos intermedios ni adaptaciones, ni oyen razones. Parece una batalla sin cuartel en la que los perjudicados son los de siempre.&lt;br /&gt;En 1918, la Reforma de Córdoba se extendió a través de Latinoamérica, y fueron muchas las subsiguientes protestas estudiantiles que, usando el texto cordobés de Deodoro Roca como base, lograron cambios en varios sistemas universitarios nacionales. Hoy... ¿quiénes darán el nuevo ejemplo, tanto en la educación como en otros ámbitos? ¿Quiénes alzarán la bandera de la libertad de pensamiento y acción? ¿Quiénes se rebelarán contra los nuevos yugos que intentan colocarnos?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8511202996550200349?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/8511202996550200349/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=8511202996550200349' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8511202996550200349'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8511202996550200349'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/06/la-universidad-sigue-doliente-90-aos.html' title='La universidad sigue doliente 90 años después...'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1718884091934946848</id><published>2008-06-14T09:28:00.002-03:00</published><updated>2008-06-14T09:31:15.801-03:00</updated><title type='text'>El calentamiento global y nosotros</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.contractlaboratory.com/www/images/objects/environmental.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.contractlaboratory.com/www/images/objects/environmental.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Evaluando nuestra responsabilidad ambiental y profesional&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Elaine Harger&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Traducido por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras iba conduciendo por las Montañas Rocosas en Montana el verano pasado, se me rompió el corazón al ver un montón de árboles de color óxido esparcidos entre los bosques de un verde imponente habitualmente. En algunos lugares parecía que entre un 20 y un 30 % de ellos estuvieran muertos, y de hecho lo están – asesinados por un escarabajo cuyo único depredador es el frío extremo de los inviernos de Montana, ellos mismos enfrentados a la amenaza de verse extinguidos debido al calentamiento global.&lt;br /&gt;¿Qué tiene que ver la muerte de los pinares con la bibliotecología? ¿Es el calentamiento global una “cuestión bibliotecaria”? Muchos bibliotecarios opinan que la provisión de libros, programación y otro tipo de información relacionada con temas medioambientales es suficiente para cumplir con las obligaciones de la bibliotecología. Algunos consideran que necesitamos equilibrar la crisis medioambiental con fuentes que nieguen la responsabilidad humana en ella. Sin embargo, me he dado cuenta de que el calentamiento global está en el corazón de nuestras preocupaciones profesionales de varias formas.&lt;br /&gt;Hace poco, participando en un grupo de discusión del &lt;em&gt;Northwest Earth Institute&lt;/em&gt;, denominado: &lt;em&gt;Changing CO2urse&lt;/em&gt;, calculé mi perfil de CO2. La producción media de emisiones de CO2 por persona en los Estados Unidos es de 122 libras [una libra equivale a 454 gramos]. Alrededor de 65 libras están bajo el control de cada individuo, mientras que las otras 57 libras es la parte proporcional que le corresponde a cada persona de las emisiones producidas por los negocios, las industrias, los generadores eléctricos y los sistemas de transporte que constituyen parte de nuestra sociedad actual.&lt;br /&gt;Comparativamente, la media diaria de las emisiones de CO2 por personas en el resto del mundo es de 24 libras. Y, según parece, los ecosistemas terrestres pueden procesar completamente solo 9 libras de CO2 por día por persona.&lt;br /&gt;Para calcular nuestro perfil personal de carbono, recogemos las facturas de gas de nuestros vehículos y las de nuestros servicios públicos, y contabilizamos el número de viajes en avión que realizamos al año.&lt;br /&gt;Mi producción de CO2 alcanza las 34 libras por día, más baja que la media norteamericana, en primer lugar porque voy caminando al trabajo y utilizo mi coche lo menos posible.&lt;br /&gt;Esta información planteaba una cuestión profunda y desencadenó un periodo de total desmoralización surgida al contemplar sus implicaciones: ¿Cómo puedo reducir mi producción personal de CO2 de 34 + 57 = 91 libras por día a 9? Lo que me permitió salir de mis sentimientos absolutamente derrotistas fue darme cuenta de lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En primer lugar, yo &lt;em&gt;personalmente&lt;/em&gt; no tengo la responsabilidad de reducir 57 de esas libras: es una tarea que corresponde a toda la sociedad, incluida la bibliotecología.&lt;br /&gt;- Segundo, cualquier reducción de mis 34 libras personales tendría que incluir mis viajes en avión a los congresos profesionales, que normalmente son los únicos vuelos que realizo.&lt;br /&gt;- Tercero, formo parte de la tercera generación de productores de CO2. La mayoría de mis antecesores vivieron bien produciendo mucho menos de 9 libras de CO2 por día.&lt;br /&gt;- Cuarto, la tarea de convertir nuestras vidas de destructoras de la tierra en sostenedoras de la misma está llena de aventura y es tan prometedora como cualquiera de las tareas que ha encarado siempre la humanidad. Todo lo que necesitamos es reactivar algo de ese espíritu humano tan positivo de poder hacerlo, y la bibliotecología puede ayudar enormemente a ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para quienes comienzan, podéis organizar en vuestra biblioteca una proyección del documental del año 2006, &lt;em&gt;Who Killed the Electric Car?&lt;/em&gt;, y preguntarle a la audiencia que imaginen cada estación de gas albergando baterías recargables de energía solar en lugar de gasolina.&lt;br /&gt;Patrocinar y participar en los grupos de discusión del &lt;em&gt;Northwest Earth Institute&lt;/em&gt;, de manera que vuestra comunidad pueda explorar las posibilidades de crear relaciones sostenibles con vuestra región bio-región.&lt;br /&gt;Viajar por el mundo a través de los libros en lugar de hacerlo como turistas escupiendo CO2.&lt;br /&gt;Y por último, vamos a repensar los congresos del ALA [Asociación Estadounidense de Bibliotecas]. Dar a los encuentros de invierno y anuales del ALA un toque “verde” no consiste en discutir si los centros de convenciones reciclan o no el papel. Necesitamos repensar la necesidad real de estos encuentros nacionales porque no son sostenibles dadas las actuales condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elaine Harger es bibliotecaria de la Mount Si High School en Snoqualmie, Washington, y miembro del consejo del ALA.&lt;br /&gt;American Libraries / April 2008 / On my Mind / Opinion&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1718884091934946848?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1718884091934946848/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1718884091934946848' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1718884091934946848'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1718884091934946848'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/06/el-calentamiento-global-y-nosotros.html' title='El calentamiento global y nosotros'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-6954148097194568720</id><published>2008-06-07T09:18:00.004-03:00</published><updated>2008-06-07T09:30:46.284-03:00</updated><title type='text'>La voz no se les devuelve escribiéndoles el guión</title><content type='html'>&lt;a href="http://jfcbookstore.org/images/VoiceForVoiceless.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://jfcbookstore.org/images/VoiceForVoiceless.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un par de meses proyectaron en el &lt;a href="http://www.cineclubmunicipal.org.ar/"&gt;Cineclub&lt;/a&gt; Municipal “Hugo del Carril” de Córdoba (Argentina) “Invisibles: Una sola mirada y cinco historias”, película-documental producida por Javier Bardem y dirigida por Mariano Barroso, Isabel Coixet, Javier Corcuera, Fernando León de Aranoa y Wim Wenders, recientemente galardonada con el premio Goya 2008 a mejor documental. En la reseña que apareció en el número 55 de abril de 2008 del boletín “Metrópolis” que edita el propio Cineclub, podía leerse lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;INVISIBLES es una historia de historias. Un acercamiento a aquellas personas que residen en nuestro olvido. Un deseo de dar voz a varios de los que se quedaron mudos por la indiferencia. Y un humilde homenajea esas otras &lt;/em&gt;&lt;a href="http://www.msf.org.ar/"&gt;&lt;em&gt;personas&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt; que nunca apartaron su mirada de ellos. Pero sobre todo es la voluntad de cinco directores por hacer visibles a sus verdaderos y únicos protagonistas, a aquellos que creemos y preferimos seguir creyendo invisibles.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Particularmente, no me gustó esta presentación. Últimamente desconfío bastante de la tan manoseada expresión “dar voz a los que no tienen voz”. Primero por artificiosa, segundo por engañosa. Creo que es una afirmación de gran doblez y expresa lo opuesto de lo que finalmente se hace. Para empezar no creo que las personas del mal llamado y peor entendido “Tercer Mundo” sean mudas, y tampoco estoy de acuerdo con que escribiéndoles un guión se les devuelva la voz. Por el contrario, muchos de los diálogos y monólogos que aparecen en la película sólo permiten al “Primer Mundo” escuchar lo que está dispuesto a oír.&lt;br /&gt;Así sobre la industria cinematográfica estadounidense, el crítico de cine, Carlos Boyero escribía hace un par de meses (EL PAÍS, 26 de abril de 2008):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Hace tiempo que Hollywood se toma un poquito más en serio el tercer mundo y las ancestrales e interminables putadas que éste tiene que padecer. Lo hace lleno de buena intenciones, con esforzado tono crítico hacia los desastres que han perpetuado sus colonizadores, pero sin descuidar jamás los filones que engordan la taquilla, las sagradas convenciones y el transparente o subterráneo happy end”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en una entrevista publicada en el mismo medio unas semanas después (10 de mayo de 2008), el director de cine independiente norteamericano, John Seyles, se sonreía ante una etiqueta, “independiente”, que ahora parece que gusta en Hollywood:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Es una falacia que se han inventado los grandes estudios para ahorrar dinero. Crean divisiones más pequeñas en las que producen películas más baratas, a las que llaman independientes, y con esa excusa pueden pagar menos a actores y directores. Pero si luego deciden entrar en la carrera por el oscar, se gastan cuarenta millones de dólares en publicidad”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús Carrión, del Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) que mantiene vínculos con la Universidad Politécnica de Barcelona, opinaba en un artículo (EL PAÍS, 17 de mayo de 2008) no sobre cine sino sobre el activismo accionarial de algunas ONGs, que “[e]l peligro es que las grandes empresas utilicen a las ONGs para legitimarse” y afirmaba que, en su opinión, los programas de Responsabilidad Social Corporativa de las multinacionales españolas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Hacen pequeños donativos y tienen gran capacidad mediática para rentabilizarlos como publicidad mientras siguen adelante con programas que destrozan comunidades y territorios”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escritor uruguayo, Eduardo Galeano, en su último libro “Espejos: Una historia casi universal”, bajo la entrada “Americanos” se pregunta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?&lt;br /&gt;¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?&lt;br /&gt;Lo escucharon los peregrinos de Mayflower: Dios decía que América era la tierra era la Tierra Prometida. Los que allí vivían, ¿eran sordos?&lt;br /&gt;Después, los nietos de aquellos peregrinos del norte se apoderaron del nombre y de todo lo demás. Ahora, americanos son ellos. Los que vivimos en las otras Américas, ¿qué somos?”.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Curiosamente, en el diario EL PAÍS del sábado 24 de mayo de 2008, el suplemento literario “Babelia” llevaba por título:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Reinventar América&lt;br /&gt;La feria del Libro de Madrid da voz a los nuevos narradores del otro lado del Atlántico&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba nuevamente el “Primer Mundo” escribiendo el guión para el “Tercero” al que sigue creyendo mudo, ciego y sordo y del que sigue hablando con un profundo desconocimiento porque, como anoté al principio, jamás escucha lo que no desea oír.&lt;br /&gt;Mi sorpresa fue descubrir que hay lugares en el “Primer Mundo” que tampoco han podido explicarse a sí mismos. Así lo expresaba la escritora Simonetta Agnello en una entrevista (EL PAÍS el 17 de mayo de 2008):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“La tragedia es que hay mucho escrito sobre Sicilia, pero la inmensa mayoría ha sido por extranjeros, no por sicilianos. Tiene que haber una razón”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Tendrá que ver con un “Primer Mundo” que para seguir haciéndose el sordo insiste en considerar mudo al “Tercero”? &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-6954148097194568720?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/6954148097194568720/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=6954148097194568720' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/6954148097194568720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/6954148097194568720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/06/la-voz-no-se-les-devuelve-escribindoles.html' title='La voz no se les devuelve escribiéndoles el guión'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1890366214610869211</id><published>2008-05-31T09:33:00.003-03:00</published><updated>2008-05-31T09:45:07.982-03:00</updated><title type='text'>La ruta de la tinta en África</title><content type='html'>&lt;a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/dd/Djingareiber_cour.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/dd/Djingareiber_cour.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si les pido que piensen en “bibliotecas africanas”, probablemente la mayoría de ustedes verá, en su imaginación, las unidades modernas de las distintas naciones del gran continente. Pero si les pido que piensen en “bibliotecas africanas de hace cinco siglos”, de esa época en la que aún gran parte de esas tierras era un misterio para los europeos que luego las “descubrieron”... ¿en qué pensarían?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Si esto fuera un auditorio, éste sería el odioso momento en el cual todo el mundo se queda callado y revisa concienzudamente sus manos, la nuca de la persona de delante, los desperfectos del suelo...).&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Nos han vendido muchas veces la imagen del “África tribal”, del “continente negro”, de “la tierra del tam-tam y la tradición oral”, de las “expresiones artísticas como medio de transmisión de saberes”... Los clásicos de Hollywood, los libros de viajes de los exploradores del s. XIX, y el enorme imaginario popular creado de a poco probablemente hagan que pensemos en un África hecha de danzas exóticas y cantos más exóticos aún, y en pueblos sin escritura, sin libros y, por supuesto, sin bibliotecas...&lt;br /&gt;Quizás algunos se sorprendan cuando les cuente que uno de los grandes centros de saber de ese continente -uno de la talla de otros grandes núcleos contemporáneos- estaba en el borde mismo del desierto del Sahara, en uno de los cruces de rutas comerciales más importantes de aquella región del planeta.&lt;br /&gt;Se llamaba -y aún se llama- Timbuktu. Y hoy pretendo contarles un poco de su historia y de la de sus libros.&lt;br /&gt;Timbuktu (o Tombuctu, por su grafía francesa) se encuentra en el actual estado de Malí, en el África occidental. Fue fundada hace diez siglos por los Tuareg o Targui, los famosos “hombres azules de desierto”, nómades de origen bereber que deambulaban en sus dromedarios a través de ese enorme país sin dueño que era el desierto del Sahara (por cierto, ¿sabían que “Sáhara” significa precisamente “desierto” en árabe?). Estos pueblos -que, curiosamente, ya habían desarrollado un milenario sistema de escritura- fundaron la villa, aunque fueron mercaderes de la vecina ciudad-estado de Djenne los que la poblaron inicialmente, levantando un gran número de mercados y asentamientos mercantiles. Muy pronto Timbuktu se convirtió en un lugar próspero, pues se encontraba en el cruce de las caravanas trans-saharianas. Esas caravanas intercambiaban bienes entre el norte islámico (sal) y la zona del Níger, al sur (oro, esclavos, marfil, frutas), y era lugar de descanso para las interminables tropas de camellos porteadores, y para sus conductores.&lt;br /&gt;Para el siglo XI había un buen número de comerciantes de las etnias Fulani, Mandé y Tuareg asentados allí. Todos ellos eran musulmanes. La ciudad perteneció a varios imperios: al de Ghana, al de Malí desde 1324, al Songhay desde 1468... Dentro del Imperio Songhay, Timbuktu fue “la joya de la corona”, siendo esa su época de máximo esplendor.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Resulta increíble la enorme cantidad y variedad de ciudades-estados, imperios y confederaciones que surgieron y desaparecieron en África antes de que la historia europea alcanzara a esos pueblos. Muchas veces estamos dispuestos a creer que allí no hubo historia ni nada digno de mención hasta la llegada de exploradores como Livingstone, Stanley, Burton... Pero, como dije al principio, no son más que partes del imaginario popular).&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En 1591, la ciudad fue capturada por una banda de aventureros marroquíes capitaneados por un renegado español, el llamado “Pachá Joder”. Pachá era título honorífico, y la otra palabreja era la interjección que salía más a menudo de la boca de ese malhablado individuo (interjección que nuestros lectores ibéricos sabrán reconocer, sin duda). Ese fue el inicio del fin del esplendor de Timbuktu. En 1893 cae bajo el poder colonial francés -no sin la dura resistencia de los Tuareg- y en 1960 gana su independencia junto con todo el Sudán francés (actual Malí). En los 90, la ciudad sufrió el ataque de los Tuareg, que pretendían crear su propio estado. La llamada “Rebelión Tuareg” no duró mucho, y terminó con una quema de armas en 1996.&lt;br /&gt;Hoy es una ciudad bastante empobrecida, pero durante siglos constituyó un misterio para los europeos, especialmente porque, al ser un centro musulmán, estaba prohibida la entrada a todo aquel que no profesara la religión de Mahoma. Se contaban leyendas sin fin sobre sus riquezas -muchas de ellas basadas en hechos reales- y fueron numerosos los individuos y organizaciones occidentales que quisieron “descubrir” (ese era el verbo usado) Timbuktu y sus tesoros de fábula. En 1788, un grupo de ingleses formó la &lt;em&gt;African Association&lt;/em&gt; para lograr encontrar la ciudad y ponerla sobre el mapa del continente. La Sociedad de Geografía de París ofreción, en 1824, un premio de 10.000 francos al primer no-musulmán que entrara a la ciudad y volviera con información. El escocés Gordon Laing llegó en 1826, pero fue asesinado. El francés René Caillié lo hizo en 1828, disfrazado de musulmán, y pudo regresar para contarlo y adueñarse del premio y dudoso honor de haber sido el primer europeo en entrar en la legendaria villa. Sólo otros tres europeos pudieron imitar su hazaña antes de 1890.&lt;br /&gt;Es un &lt;em&gt;UNESCO World Heritage Site&lt;/em&gt; desde 1988, debido a sus mezquitas hechas de adobe y barro, una imagen que proporciona a esa ciudad -y a otras de la región- un tremendo halo de misterio. Según se dice, las siluetas de esas construcciones inspiraron al arquitecto catalán Antonio Gaudí. Lamentablemente, la ciudad se está desertificando, y ha sido declarada en peligro desde 1990. Tan misteriosa es que una encuesta de 2006 realizada entre jóvenes británicos arrojó que el 34 % no creía que la ciudad existiese, y que un 66 % la consideraba “un lugar mítico”.&lt;br /&gt;A lo largo del s. XV se levantaron un buen número de instituciones islámicas en Timbuktu. La más famosa es la mezquita de &lt;a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/2/2b/Timbuktu_Street_Scene_with_Sankore_Mosque.jpg"&gt;Sankore&lt;/a&gt;, también conocida como “Universidad de Sankore” por la &lt;em&gt;madrassa&lt;/em&gt; o escuela islámica que alojaba. Esa fue construida en 1581, y se convirtió en el centro de la comunidad académica islámica de esa región, aunque otras mezquitas aún sobrevivientes -la de Djinguereber o la de Sidi Yahya- son mucho más antiguas.&lt;br /&gt;Una &lt;em&gt;madrassa&lt;/em&gt; islámica no tiene nada que ver con una universidad medieval europea (por comparar instituciones de la misma época). La &lt;em&gt;madrassa&lt;/em&gt; estaba compuesta por un grupo de escuelas independientes, cada una gestionada por un maestro o &lt;em&gt;imam&lt;/em&gt;. Los estudiantes se asociaban a un determinado profesor, y las clases tenían lugar en los &lt;a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ea/Medersa_Sankore.jpg"&gt;espacios&lt;/a&gt; abiertos de la mezquita o en residencias privadas. El foco básico de las clases era el estudio del Corán, pero también se enseñaba lógica, astronomía, historia, música, botánica, religión, comercio, derecho y matemáticas. Los académicos escribían sus propios libros como parte de un modelo socio-económico basado en la investigación. Los beneficios obtenidos por la venta de libros era el segundo negocio de la ciudad, después del comercio de oro y sal. Más de 100.000 manuscritos se conservaban en la villa, la mayoría escritos en árabe o pulaar (lengua de los fulani) y con contenidos didácticos sobre los temas tratados en la madrassa.&lt;br /&gt;El nivel alcanzado por la producción de libros y conocimientos entre el s. XVI y XVIII hicieron que se acuñara un refrán, que sirve como testamento a esa brillante era: “La sal viene del norte; el oro, del sur; pero la palabra de Dios y los tesoros de la sabiduría vienen de Timbuktu”.&lt;br /&gt;Se cree que había más de 120 bibliotecas en la ciudad, que formaban parte de la “ruta de la tinta” africana. Esta arrancaba desde el norte de África y, siguiendo las rutas de las caravanas, llegaban al este del continente, también dominado por comerciantes árabes. En tiempos recientes, las &lt;a href="http://www.sum.uio.no/research/mali/timbuktu/libraries.html"&gt;bibliotecas&lt;/a&gt; se redujeron a unas 60-80 instituciones privadas, que se dedicaban a conservar los invaluables manuscritos. Entre ellas destacan hoy las bibliotecas Mamma Haidara, Kati, Al-Wangari y Mohammed Tahar. La biblioteca de la familia Kati posee 3.000 documentos de origen andalusí: los más antiguos están datados entre los s. XIV y XV. Hay más de un millón de &lt;a href="http://www.loc.gov/exhibits/mali/mali-exhibit.html"&gt;documentos&lt;/a&gt; originales conservados hoy en Malí, y se supone que hay otros 20 millones en otras partes de África, en especial en la vecina región de Sokoto, Nigeria. Muchos de ellos son conservados como tesoros por familias que no revelarán su existencia...&lt;br /&gt;Existen varios proyectos internacionales conjuntos que pretenden rescatar todo ese patrimonio. En agosto de 2002 se mantuvo el &lt;em&gt;Ink Road International Symposium&lt;/em&gt; en Bamako (capital de Malí). En 2006, un esfuerzo conjunto de los gobiernos de Malí y Sudáfrica permitió comenzar la investigación al respecto. UNESCO ha iniciado el &lt;em&gt;Timbuktu Manuscrit Project&lt;/em&gt;, y en la ciudad, una fundación se dedica a la preservación de documentos históricos. No quedan artesanos del libro, aunque existen muchos recuerdos de ese oficio, que constituyó una industria floreciente hace mucho tiempo...&lt;br /&gt;La historia que nos suelen enseñar -la de los libros, y tantas otras- parece demasiado concentrada en Europa, y muy pocas veces presta debida atención a otros espacios geográficos y culturales. El esbozo aquí realizado sobre África occidental podría también elaborarse sobre América Central prehispánica, sobre su producción de bellos códices y sobre su industria de papel de higuera &lt;em&gt;amatl&lt;/em&gt;. ¿Cuánto nos han dicho sobre eso? ¿Cuánto hemos aprendido? ¿Cuánto sabemos?&lt;br /&gt;Lejos de pretender “dar la voz a los sin voz” -Sara ya hablará un poco sobre ese tema la semana que viene-, quizás en este espacio podamos “refrescar las memorias”. Memorias de mundos que tuvieron, ellos también, diestros encuadernadores, magníficos ilustradores y expertos investigadores. Como los de Timbuktu.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1890366214610869211?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1890366214610869211/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1890366214610869211' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1890366214610869211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1890366214610869211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/la-ruta-de-la-tinta-en-frica.html' title='La ruta de la tinta en África'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-7875723631243769161</id><published>2008-05-24T09:29:00.002-03:00</published><updated>2008-05-24T09:33:46.143-03:00</updated><title type='text'>¿Se leen los conflictos de manera distinta con el paso del tiempo?</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SDgLGo1WyYI/AAAAAAAAAW0/VQSheWo0viA/s1600-h/private.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5203921578094938498" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SDgLGo1WyYI/AAAAAAAAAW0/VQSheWo0viA/s400/private.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No deja de ser curioso observar cómo han ido evolucionando las distintas lecturas de los conflictos -tanto de los que ya terminaron, como de los que perduran- a lo largo del tiempo. A veces, ni siquiera tienen que pasar siglos pues bastan unos pocos años para hablar de modo distinto de un mismo problema que, indudablemente, con el paso del tiempo habrá sufrido numerosos cambios para permanecer sin solución o terminar resolviéndose.&lt;br /&gt;Se acaban de cumplir 60 años desde la creación del Nuevo Estado de Israel en una región cuyos límites y nombres han variado a lo largo de la historia.&lt;br /&gt;Hagamos un poco de memoria y repasemos un pedacito de la que enmarca esa zona.&lt;br /&gt;Los primeros restos humanos datan de hace 500.000 años. Doce milenios a.C. la cultura Natufiense elaboraba herramientas de madera, piedra y hueso, y las primeras comunidades agrícolas se asentaron en aquellos territorios entre el 10.000 y el 5.000 a.C. Nuevos grupos migratorios que utilizaban el cobre llegaron de una cultura originaria de Siria, y entre el 3.000 y el 2.200 a.C. fueron creadas las primeras ciudades-estado cananeas independientes. Las civilizaciones de Egipto, Mesopotamia, Siria y Fenicia tuvieron gran influencia en Canaán a través de las relaciones comerciales y diplomáticas que establecieron entre sí, y en 1190 a.C. arribarán los filisteos, quienes se mezclarán con las poblaciones locales e introducirán el uso del hierro y del carro tirado por caballos.&lt;br /&gt;Se estima –aunque algunos historiadores cuestionan incluso su autenticidad- que entre 2.000 y 1.000 años a.C., Abraham marchó desde la antigua ciudad de Ur (antigua Mesopotamia) hasta Harán (actual Turquía), y que una vez allí se apartó de su tribu y dejó de lado la idolatría para encaminarse, junto a su familia y rebaños, hacia Canaán y fundar –por mandato celestial- un pueblo monoteísta. Los cananeos denominaron a Abrahán, Ibri y quienes le acompañaban serían conocidos como ibrim (“del otro lado”), palabra que dio origen al término “hebreo”. Se cuenta que Isaac, el hijo de Abraham, se trasladó todavía más al sur de esa “Tierra Prometida”, hasta el desierto de Néguev y que el menor de sus hijos, Jacob, después de engañar al mayor, Esaú, huyó a Mesopotamia, donde pasó a llamarse Israel (“El que disputó con Dios”). También se dice que Israel tuvo 12 hijos y que su favorito fue José. Él fue el primero de los hermanos en marchar a Egipto. Años más tarde, el hambre en Canaán obligaría a los demás y a su padre a seguir sus pasos. Con la llegada al poder de Ramsés II los judíos fueron esclavizados y no sería hasta la aparición de Moisés –al parecer llamado también por Dios para refrendar el acuerdo celebrado con Abraham y guiar a los israelitas a la tierra prometida-, y el azote de aquellas famosas siete plagas cuando el faraón permitió salir a los esclavos de Egipto. Durante 40 años estuvo Moisés en el desierto, al cabo de los cuales regresó a Canaán. El testigo pasará entonces a su discípulo, Josué, quien recorrerá el Jordán y tomará Jericó, para conquistar después toda Canaán y repartirla entre las 12 tribus de Israel.&lt;br /&gt;Durante los primeros siglos en Canaán, los israelitas fueron gobernados por una sucesión de “jueces”. De ellos, quizás el más famoso fuese Sansón, traicionado por la filistea Dalila. El primer rey judío fue un guerrero campesino, Saúl, a quien sucedería en el trono su yerno David, vencedor en la lucha frente al gigante filisteo Goliat. Con el tiempo David conquistó una pequeña población en la colina de Salim y la convirtió en Jerusalén. Bajo la dirección de su hijo, Salomón, estos pueblos alcanzaron su máximo esplendor, pero a su muerte las discordias internas desgarraron el territorio en dos nuevos reinos: Israel al norte y Judá al sur (de ahí vendrá la palabra “judío”). Estos reinos coexistieron junto a otros, entre ellos varias ciudades-estado filisteas.&lt;br /&gt;Las tribus del norte fueron vencidas por los asirios 200 años más tarde y pasaron a ser conocidas como las “Diez Tribus Perdidas”. En el 587 a.C. Nabucodonosor capturó Jerusalén y los judíos, junto al resto de los sobrevivientes, fueron llevados cautivos a Babilonia. Solamente se les permitió volver cuando Ciro, el rey persa, conquistó Babilonia en el 538 a.C. El Imperio Persa caerá ante las tropas griegas de Alejandro Magno y a los judíos de Judá se les limitará su autonomía religiosa y administrativa. Fascinados por la cultura griega algunos judíos reformistas se enfrentaron a los más ortodoxos y esta división interna, que terminaría en guerra civil, posibilitó la invasión del sirio Antíoco IV Epifanes. Los sirios serán expulsados de Jerusalén por Judas Macabeo en el 167 a.C. y los judíos volverán a progresar bajo los macabeos por un corto espacio de tiempo. En el 63 a.C. aparecen los romanos y llamarán Judea a Judá, convirtiéndola en colonia y nombrando, años después, a Herodes el Grande como “rey de los judíos”. Judea se rebelará contra el Imperio Romano en el 66 d.C. y el territorio será asolado por las legiones de Vespasiano y Jerusalén tomada por su hijo Tito en el año 70. Los judíos se diseminarán y Judea junto con Galilea, Samaria e Idumea serán conocidas a partir de entonces como una nueva provincia romana denominada Siria Palestina en honor a los filisteos.&lt;br /&gt;En los siguientes siglos esta zona sufrirá otras muchas ocupaciones. Entre ellas las de los árabes allá por el 636, de los cruzados en 1099, de los tártaros en 1244 y de los turcos en 1517. Para ser nuevamente ocupada en el siglo pasado, durante casi tres décadas, esta vez por los británicos. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña había vencido a los turcos otomanos con la ayuda de rebeldes árabes, pero no pudo cumplir su promesa de crear un gran Estado árabe independiente porque en el 1920 Francia expulsará al rey Faisal de Damasco y Gran Bretaña dará prioridad a los acuerdos con los franceses. En 1920, el Consejo Supremo Aliado (Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Italia y Japón) se reunió en San Remo y Gran Bretaña aceptó un mandato para Palestina, aunque quedaron pendientes las condiciones y los límites del mismo. En 1922, la Liga de Naciones le conferirá a Gran Bretaña dicho mandato internacional en esa región, donde ya se había concedido a los judíos el derecho a organizar su hogar nacional. Habían pasado cinco años de la declaración de Balfour, en la que se reconocía la conexión histórica del pueblo judío con Palestina. Durante el mandato, mientras Gran Bretaña favorecía a los judíos, éstos mantuvieron una política de negación de la población autóctona.&lt;br /&gt;En los años que siguieron a las Segunda Guerra Mundial, el control británico sobre Palestina se volvió cada vez más incierto. Finalmente, a principios de 1947 el gobierno británico anunció su deseo de finalizar el mandato argumentando que era incapaz de encontrar una solución aceptable para ambas partes, la judía y la árabe, y cedió su responsabilidad sobre Palestina a las Naciones Unidas. Éstas aprobaron la partición del Mandato de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, quedando el área de Jerusalén bajo control internacional. Los líderes judíos estuvieron de acuerdo, pero no así los árabes palestinos. No obstante, el Nuevo Estado de Israel fue proclamado el 14 de mayo de 1948, y los estados y ejércitos árabes vecinos atacaron Israel inmediatamente después de su declaración de independencia provocando la guerra árabe-israelí de 1948. Durante esta guerra, de acuerdo a las estimaciones de Naciones Unidas, alrededor del 80% de la población árabe tuvo que abandonar el país. Al finalizar el conflicto armado, Israel quedó establecido la mayor parte del territorio mientras que la restante, que comprendía la Franja de Gaza, el margen occidental del río Jordán y Jerusalén del este, fue ocupada por Egipto y Jordania, y conquistada con posterioridad por Israel durante la Guerra de los Seis Días en 1967.&lt;br /&gt;Hasta aquí el ejercicio de memoria y esbozo de la historia que les proponía.&lt;br /&gt;Veamos ahora cómo se han tratado un par de momentos de la más reciente en dos textos que estuve consultando estos días mientras revisaba lo expuesto hasta ahora en un par de enciclopedias. Uno de ellos es el artículo “El sufrimiento como identidad” escrito por el periodista especialista en política internacional, Andrés Criscaut, en la edición internacional para Argentina del diario Le Monde diplomatique, “el Dipló” de mayo de 2008. El otro es un libro titulado “Israel” de Robert St. John y los redactores de LIFE en español, publicado en 1962 perteneciente a la colección “Biblioteca Universal de LIFE en Español”.&lt;br /&gt;Así es como Andrés Criscaut escribe sobre lo sucedido entre 1936 y 1939:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los árabes de Palestina, tanto urbanos como campesinos, se vieron por primera vez solos y ante una colonización judía que creció de 12.500 personas en 1932 a 66.000 en 1935, cuando se intensificó la huida de la Alemania nazi.&lt;br /&gt;Entre 1936 y 1939 se produjo una revuelta espontánea –similar a la ocurrida en la última década con las dos Intifadas- compuesta básicamente por campesinos y marginados de los centros urbanos, conocida como al Gran Revuelta árabe de Palestina, y que tomaría por sorpresa a la pequeña elite de dirigentes palestinos (sólo un 9% participó, y menos de un 5% dirigió acciones armadas o de guerrilla).&lt;br /&gt;El levantamiento, si bien fue disparado por los desafíos y las inequidades ante el creciente enclave judío en el Mandato, tuvo una orientación abiertamente antibritánica, ya que la Corona era responsable directa de este desequilibrio. Pero en su etapa final terminó siendo una verdadera guerra civil entre palestinos. La revuelta puso en serios aprietos a la administración del Mandato, que desplegó más tropas en la pequeña zona de Palestina que en todo el subcontinente indio”. (p. 33)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de esta manera lo hace Robert St. John:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“A mediados de la década de 1930, el antisemitismo de Alemania, Austria y Checoslovaquia, y la renuencia de Australia y de los países aún poco poblados de América a abrir sus puertas a los judíos que huían de Europa Central para salvar sus vidas, hizo que muchos de éstos optaran por buscar refugio en Palestina. Ahora los árabes, en señal de protesta, organizaron una rebelión en gran escala que principió durante la primavera de 1936. Los motivos comenzaron en Jaffa y se extendieron a todos los lugares donde había árabes y judíos. Hubo muchos muertos y la vida en las poblaciones se trastornó por culpa de un paro general decretado por los árabes. Los británicos enviaron fuerzas militares desde Egipto, Malta y la propia Inglaterra y finalmente el orden fue restaurado”. (pp. 39-40)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habría mucho en lo que fijarse, pero lo que primero llamó mi atención fue que el primero denomina revuelta a lo que el segundo considera rebelión, y la espontaneidad atribuida a la primera se contrapone con la organización de la segunda. De lo que no quedan muchas dudas es de los métodos británicos.&lt;br /&gt;Fijémonos ahora en cómo ha cambiado, en el transcurso de los 44 años que separan la escritura de St. John de la de Criscaut, la denominación de la contienda que finalizó en 1948, un año después de que las Naciones Unidas decidieran dividir el territorio de la Palestina británica en dos estados, uno judío y otro árabe.&lt;br /&gt;Criscaut explica:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Para los israelíes, 1948 fue el año en que los judíos ganaron la ‘Guerra de la Independencia’ y crearon el Estado de Israel. Para los palestinos, fue el año de la Nakba (el Desastre), el año en que perdieron Palestina y su sociedad fue devastada”. (p. 33)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;St. John manifiesta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pero durante la guerra que siguió al retiro de las fuerzas británicas en 1948, [Jerusalén] fue escenario de sangrientos combates entre israelíes y árabes ... desde que rechazaron a los ejércitos árabes ... [los israelíes] orgullosamente llaman a esta contienda ‘Guerra de la Liberación’”. (pp.12-14)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las líneas extractadas ambos textos hablan de los mismos hechos, ¿cómo pueden parecerles tan distintos a sus autores? ¿Ha sido el tiempo el causante de sus diferentes miradas? ¿Se ha modificado con él nuestro propio análisis? Opino que el tiempo juega un papel importante, pero quizás nuestros prejuicios intervengan mucho más. En muchos casos, cuando no contamos con la experiencia o la información suficientes –o recibimos información incorrecta- los autores y los lectores seguimos partiendo de ideas preconcebidas para llegar a conclusiones preconcluidas.&lt;br /&gt;Antes de finalizar esta entrada, les invito a que busquen y hagan lo posible por encontrar y sentarse a ver la estupenda película del director Severio Costanzo, “Private” (Italia, 2004, 35mm, AM13, 90’). Fue premiada en varios festivales y Costanzo recibió el David di Donatello al director revelación en 2005. Podrán ponerse un poquito en la piel de una familia palestina a quienes el ejército israelí les confisca su casa. Tendrán oportunidad de hacerse un montón de preguntas y posiblemente no encuentren muchas respuestas, pero vale la pena quedarse con la duda y seguir pensando sobre ello. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-7875723631243769161?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/7875723631243769161/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=7875723631243769161' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/7875723631243769161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/7875723631243769161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/se-leen-los-conflictos-de-manera.html' title='¿Se leen los conflictos de manera distinta con el paso del tiempo?'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SDgLGo1WyYI/AAAAAAAAAW0/VQSheWo0viA/s72-c/private.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8254902529879558637</id><published>2008-05-18T10:23:00.002-03:00</published><updated>2008-05-18T10:25:47.488-03:00</updated><title type='text'>Enciclopedias</title><content type='html'>&lt;a href="http://artfiles.art.com/images/-/Lf-Labrousse/Inhabitants-of-French-Guyana-Preparing-Annatto-from-Encyclopedie-Des-Voyages-Giclee-Print-C12064193.jpeg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://artfiles.art.com/images/-/Lf-Labrousse/Inhabitants-of-French-Guyana-Preparing-Annatto-from-Encyclopedie-Des-Voyages-Giclee-Print-C12064193.jpeg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enciclopedia. Su nombre deriva de una lectura ligeramente errónea del original griego “enkyklios paideia”, que significa “educación general”. Ese nombre saltó del griego al latín, y de allí a casi todas las lenguas europeas, para convertirse, más tarde, en un sinónimo de “saber general”.&lt;br /&gt;Las enciclopedias constituyeron uno de los cimientos más firmes de las colecciones de referencia de nuestras bibliotecas. Y, aún en un mundo dominado por muchos soportes digitales, continúan siendo el escalón inicial de cualquier investigación o acercamiento a una materia. Buen ejemplo de la importancia que tienen en la actualidad es el asombroso desarrollo y la difusión de la Wikipedia, en la cual, bajo la dirección de un equipo plural de editores, un conjunto aún mayor de contribuyentes aporta conocimientos referidos a tópicos de su especialidad.&lt;br /&gt;Un proceso similar ocurrió, hace siglos, durante la elaboración de la enciclopedia más famosa en el ámbito europeo: la de Diderot y d’Alembert. Su historia no está desprovista de curiosidades. Permítanme compartirla con ustedes.&lt;br /&gt;En 1728, Ephraim Chambers publicó en Londres su “Cyclopaedia”, subtitulada “Un diccionario universal de artes y ciencias”. Eran dos densos volúmenes in folio, con casi 2500 páginas, que pronto se convirtieron en una de las primeras -y más célebres- enciclopedias generales en lengua inglesa. Contaba con un sistema de referencias cruzadas bastante sólido y con una clasificación de los artículos por áreas de conocimiento (de las cuales el autor anotó 47). Basada en trabajos anteriores (como los de John Harris en 1704), la obra de Chambers destacó por haber sido elaborada con seriedad y buen juicio. De hecho, mantuvo su popularidad por años y fue el origen de la famosa “Encyclopédie” francesa.&lt;br /&gt;La “Encyclopédie”, o “Diccionario razonado de ciencias, artes y oficios” se publicó en Francia entre 1751 y 1772, con revisiones y suplementos tardíos (1772, 1777 y 1780) y con numerosas traducciones y derivados posteriores. Originalmente, pretendía ser una sencilla traducción de la obra de Chambers al francés. A tal efecto, el editor André Le Breton encargó, en 1743, la labor de traducción a un inglés residente en París, John Mills, hasta entonces un modesto escritor que había elaborado algunos textos sobre agricultura en su país natal. En mayo de 1745 -dos años después- Le Breton anunció que el trabajo estaba listo para la venta. Grande fue su sorpresa cuando se enteró que Mills no sólo no hablaba ni escribía correctamente el francés (muchos dicen que apenas lo balbuceaba), sino que ni siquiera tenía una copia de la “Cyclopaedia” para comenzar su trabajo. Un trabajo que, como supondrá el atento lector, no estaba ni siquiera iniciado.&lt;br /&gt;Le Breton había sido descaradamente estafado. Lleno de rabia, buscó a Mills y le propinó tal paliza (unos dicen que con una caña, otros que con un bastón) que el “traductor” presentó cargos contra el editor a las Cortes. Estas, tras estudiar el caso, dieron la razón a Le Breton, pues, de acuerdo a su juicio, la agresión estaba “justificada por la incompetencia del agredido”.&lt;br /&gt;Le Breton reemplazó a Mills por Jean Paul de Gua de Malves en 1745. Entre los contratados por Malves para realizar el enorme trabajo de traducción se encontraban Étienne Bonnot de Condillac, Jean le Rond d’Alembert y Denis Diderot. En agosto de 1747, Malves fue despedido por Le Breton, debido a sus rígidos métodos de trabajo. Otras versiones explican que el propio Malves se marchó, hastiado de la labor. Le Breton contrató entonces a Diderot y a D’Alembert como nuevos editores. Y el inicial trabajo de traducción se convertiría en uno de redacción.&lt;br /&gt;Diderot permanecería en su puesto 25 años, pudiendo ver su obra finalizada.&lt;br /&gt;El trabajo contó con 35 volúmenes, 71.818 artículos y más de 3.000 ilustraciones. Muchas de las más grandes figuras de la Ilustración francesa colaboraron en esos artículos: Voltaire, Rousseau, Montesquieu... Louis de Jaucourt fue el contribuyente que batió el récord de artículos escritos: 17.266. Ocho por día, entre 1759 y 1765...&lt;br /&gt;El mismo Le Breton se dio el lujo de escribir un artículo de la “Encyclopédie”: el dedicado a la tinta negra, “Encre noire”. También se dio otro lujo: el de censurar un buen número de textos, para hacer la obra menos “radical”. Este hecho ocasionaba frecuentes ataques de ira de Diderot. Los recortes de Le Breton se ensañaron con artículos como “Sarracenos o Árabes” y “Filosofía pírrica”... En todos los casos, existían motivos políticos para realizar las censuras.&lt;br /&gt;Los escritos de la “Encyclopédie” eran revolucionarios, debido a su enfrentamiento abierto con los dogmas católicos. De hecho, la totalidad del trabajo fue prohibido por decreto real en 1759. Afortunadamente, debido al apoyo que tenía de parte de ciertas personas influyentes -como la célebre Madame de Pompadour- el trabajo continuó “en secreto”. En realidad, las autoridades civiles no querían deshacer una actividad comercial que daba trabajo a muchas personas. La prohibición fue, en realidad, una tapadera para acallar las furibundas quejas de la Iglesia.&lt;br /&gt;La “Encyclopédie” se transformó en una obra célebre, tanto por sus ideas como por sus autores. Sin embargo, hubo trabajos mucho más relevantes, realizados con siglos de antelación y por parte de autores unitarios. Lamentablemente, muchas de esas obras han desaparecido, o han caído en el olvido más absoluto. Algunos ejemplos pueden ser los siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- La enciclopedia médica de 30 volúmenes escrita por Abu al-Qasim al-Zahrawi, el padre de la cirugía moderna, en el año 1000.&lt;br /&gt;- La primera enciclopedia científica conocida, “Kitab al-Shifa”, de Ibn Sina o Avicena, escrita entre 1000 y 1030. Poseía 9 volúmenes sobre lógica, 8 sobre ciencias naturales, 4 sobre aritmética, astronomía, geometría y música, y otros tantos sobre filosofía, psicología y metafísica.&lt;br /&gt;- El “Canon de la Medicina”, una enciclopedia de 14 volúmenes escrita también por Avicena hacia 1030. La obra fue referencia y modelo en las universidades europeas y musulmanas hasta el siglo XVII. En ella se presentaba la medicina experimental, el descubrimiento de las enfermedades infecto-contagiosas y un largo etcétera.&lt;br /&gt;- El “Canon Masudicus” de Abu al-Rayhan al-Bisudi (1031), una extensiva enciclopedia sobre astronomía.&lt;br /&gt;- La enciclopedia de 43 tomos de Ibn al-Nafis (1242-1244) titulada “El Libro Comprehensivo sobre Medicina”, una de las mayores enciclopedias médicas de la historia, aunque solo unos pocos volúmenes hayan sobrevivido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lamentablemente, la mayoría de las grandes obras del saber islámico -cuyos conocimientos fueron precursores de los “descubrimientos” realizados en Europa mucho más tarde- desaparecieron bajo el peso de las invasiones mogolas en Bagdad, las Cruzadas o la conquista de Andalucía por los reinos hispanos. Mucho fue quemado y destruido. Solamente aquellos textos que habían sido traducidos al latín -durante el siglo XII y XIII- en centros de cultura y saber como Toledo, Segovia, Cataluña, Sicilia o el sur de Francia, pudieron conservarse para la posteridad.&lt;br /&gt;Siglos después, fueron muchos los que se adjudicaron descubrimientos y pasaron a los libros de historia y de ciencia como grandes figuras, cuando en realidad esos descubrimientos ya habían sido realizados siglos antes. Cosas de la historia.&lt;br /&gt;En realidad, cosas de la historia eurocentrista....”Eurotodo”, diría Eduardo Galeano al respecto, titulando un texto en la página 103 de su último libro, “Espejos”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Copérnico publicó, en agonía, el libro que fundó la astronomía moderna.&lt;br /&gt;Tres siglos antes, los científicos árabes Muhayad al-Urdi y Nasir al-Tusi habían generado teoremas que fueron importantes en el desarrollo de su obra. Copérnico los usó, pero no los citó.&lt;br /&gt;Europa veía el mundo mirándose al espejo.&lt;br /&gt;Más allá, la nada.&lt;br /&gt;Las tres invenciones que hicieron posible el Renacimiento, la brújula, la pólvora y la imprenta, venían de China. Los babilonios habían anunciado a Pitágoras con mil quinientos años de anticipación. Mucho antes que nadie, los hindúes habían sabido que la Tierra era redonda y le habían calculado la edad. Y mucho mejor que nadie, los mayas habían conocido las estrellas, los ojos de la noche, y los misterios del tiempo.&lt;br /&gt;Estas menudencias no eran dignas de atención”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mismo Galeano afirma en la misma página del mismo libro, en el texto titulado “Sur”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los mapas árabes todavía dibujaban el sur arriba y el norte abajo, pero ya en el siglo trece Europa había establecido el orden natural del universo [el norte arriba y el sur abajo]”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Galeano nos cuenta que la biblioteca imperial de Pekín tenía, en el siglo XV, 4000 libros en los que reunía el saber del mundo. Seis libros tenía, por entonces, el rey de Portugal...&lt;br /&gt;Cosas de la historia. Cosas de la memoria. Afortunadamente, las actuales enciclopedias virtuales -como la ya citada Wikipedia- permiten la existencia de versiones en chino, árabe, ruso, griego, y tantos y tantos otros idiomas. Pero, por desgracia, los que sólo sabemos leer el alfabeto latino y un par de idiomas europeos tenemos que quedarnos con los artículos que nos cuentan todo desde este lado del espejo.&lt;br /&gt;Vuelvo, para cerrar esta entrada, al principio. La palabra “enciclopedia” deriva del griego, y significa “educación general”. Quizás algún día tengamos una “generalidad” que abarque y tenga en cuenta a todos y a todo. Tal vez ese día podamos aprender algo nuevo, diverso y realmente valioso. Mientras tanto, deberemos conformarnos con la “generalidad” de siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8254902529879558637?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/8254902529879558637/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=8254902529879558637' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8254902529879558637'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8254902529879558637'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/enciclopedias.html' title='Enciclopedias'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3004839697255863360</id><published>2008-05-11T10:31:00.001-03:00</published><updated>2008-05-11T10:32:43.707-03:00</updated><title type='text'>Las páginas de un libro son como el hombro de un amigo</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SCb1Zz_NAuI/AAAAAAAAAWk/NK3ufG_RDkM/s1600-h/untitled03.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5199112643646653154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SCb1Zz_NAuI/AAAAAAAAAWk/NK3ufG_RDkM/s400/untitled03.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andábamos Edgardo y yo revisando nuestra biblioteca y redescubriendo viejos tomos en las estanterías más bajas, cuando me di de bruces con una edición viejita en inglés de “Anna Karenina”. Sus tapas estaban raídas y su encuadernación seriamente dañada. Sus hojas amarilleaban por los bordes y al pasar despacito sus casi mil páginas se desprendió de ellas ese aroma a papel viejo tan característico de los depósitos de bibliotecas y archivos. Había otras joyas en aquellos estantes pero por alguna razón especial mis ojos recalaron en ésta. Sin incorporarme aún, me había sentado en el suelo y a mi alrededor tenía pequeños montones de libros que intentábamos ordenar entre ambos, comencé a leer las palabras del conde León Tolstoi y ya no pude parar hasta que sentí el cosquilleo de una de mis piernas que se me había quedado dormida. Entonces sí, ordené en la librería los libros que aún quedaban por el suelo -si no recuerdo mal Edgardo andaba tan ensimismado como yo frente a sus propios descubrimientos- y, levantándome despacito para no despertar de golpe aquella extremidad dolorida, fui dando pasitos cortos hasta mi silla. Ahora sí, un poco mejor sentada –suelo subir los pies al asiento y apoyar mi barbilla en las rodillas mientras leo- continué descubriendo aquella sociedad rusa de finales del XIX. A las puertas del capítulo veintinueve de la primera parte del libro me encontré con unas líneas tan fascinantes que no pude evitar volver sobre ellas varias veces y compartirlas ahora con ustedes. Me trajeron tantos recuerdos de otras lecturas, de mis muchos kilómetros “arriba de un bus” –como cantaba Miguel Ríos- siempre con un libro en mi bolsón negro de tela, de todas las veces que me quedaba mirando a través de sus ventanillas jugando con el separador en una mano y dibujando con la otra el horizonte, de cuando se me cerraban los ojos y aprovechaba para soñar despierta con la vida de aquellos personajes que, sin darme yo cuenta, se habían sentado sobre las rodillas del viajero que ocupaba el asiento de al lado y se sonreían al comprobar mi sorpresa sabiéndoles fuera de aquellas páginas que habían quedado abiertas. Esos libros y esos paisajes a través de las ventanillas han sido los interlocutores de una buena parte de mi vida, sobre ellos apoyaba mis ojos, mis manos, mis pensamientos y en ellos encontraba algo así como el hombro de un amigo sobre el que descansar proyectos y quejas, enojos e ilusiones. Tolstoi me los trajo todos a la memoria y Anna Karenina se encargó de revivirlos con toda su fuerza. Aquí les muestro el pedacito de la novela donde reconocí muchos de mis pasos como lectora, quizás les rememore alguno de los suyos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«¡Gracias a Dios que ha terminado todo esto! », pensó Ana al separarse de su hermano, quien hasta que resonó la cam&amp;shy;pana permaneció obstruyendo con su figura la portezuela del vagón.&lt;br /&gt;Ana se acomodó en el asiento junto a Anuchka, su cama&amp;shy;rera.&lt;br /&gt;«¡Gracias a Dios que voy a ver mañana a mi pequeño Ser&amp;shy;gio y a Alexis Alejandrovich! Al fin mi vida recobrará su ritmo habitual», pensó de nuevo.&lt;br /&gt;Presa aún de la agitación que la dominaba desde la mañana, empezó a ocuparse de ponerse cómoda. Sus manos, pequeñas y hábiles, extrajeron del saco rojo de viaje un almohadón que puso sobre sus rodillas; se envolvió bien los pies y se instaló con comodidad.&lt;br /&gt;Una viajera enferma se había tendido ya en el asiento para dormir. Otras dos dirigieron vanas preguntas a Ana, mientras una mas vieja y gruesa se envolvía las piernas con una manta mientras emitía algunas opiniones sobre la pésima calefacción.&lt;br /&gt;Ana contestó a las señoras, pero no hallando interés en su conversación, pidió a su doncella que le diese su farolillo de viaje, lo sujetó al respaldo de su asiento y sacó una plegadera y una novela inglesa.&lt;br /&gt;Era difícil abismarse en la lectura. El movimiento en torno suyo, el ruido del tren, la nieve que golpeaba la ventanilla a su izquierda y se pegaba a los vidrios, el revisor que pasaba de vez en cuando muy arropado y cubierto de copos de nieve, las observaciones de sus compañeras de viaje a propósito de la tempestad, todo la distraía.&lt;br /&gt;Pero, por otra parte, todo era monótono: el mismo traque&amp;shy;teo del vagón, la misma nieve en la ventana, los mismos cam&amp;shy;bios bruscos de temperatura, del calor al frío y otra vez al ca&amp;shy;lor; los mismos rostros entrevistos en la penumbra, las mismas voces, y Ana acabó logrando concentrarse en la lectura y en&amp;shy;terándose de lo que leía.&lt;br /&gt;Anuchka dormitaba ya, sosteniendo sobre sus rodillas el saco rojo de viaje entre sus gruesas manos enguantadas, uno de cuyos guantes estaba roto.&lt;br /&gt;Ana Karenina leía y se enteraba de lo que leía, pero la lectura, es decir, el hecho de interesarse en la vida de los de&amp;shy;más, le era intolerable, tenía demasiado deseo de vivir por sí misma.&lt;br /&gt;Si la heroína de su novela cuidaba a un enfermo, Ana ha&amp;shy;bría deseado entrar ella misma con pasos suaves en la alcoba del paciente; si un miembro del Parlamento pronunciaba un discurso, Ana habría deseado pronunciarlo ella; si lady Mary galopaba tras su traílla, desesperando a su nuera y sorpren&amp;shy;diendo a las gentes con su audacia, Ana habría deseado ha&amp;shy;llarse en su lugar.&lt;br /&gt;Pero era en vano. Debía contentarse con la lectura, mien&amp;shy;tras daba vueltas a la plegadera entre sus menudas manos.&lt;br /&gt;El héroe de su novela empezaba ya a alcanzar la plenitud de su británica felicidad: obtenía un título de baronet y unas propiedades, y Ana sentía deseo de irse con él a aquellas tierras. De pronto la Karenina experimentó la impresión de que su héroe debía de sentirse avergonzado y que ella partici&amp;shy;paba de su vergüenza. Pero ¿por qué?&lt;br /&gt;«¿De qué tengo que avergonzarme?», se preguntó con in&amp;shy;dignación y sorpresa. Y dejando la lectura, se reclinó en su bu&amp;shy;taca, oprimiendo la plegadera entre sus manos nerviosas.&lt;br /&gt;¿Qué había hecho? Recordó la sucedido en Moscú, donde todo había sido magnífico. Se acordó del baile, de Vronsky y de su rostro de enamorado enloquecido, de su conducta con respecto a él... Nada había que la pudiese avergonzar. Y, no obstante, al llegar a este punto de sus recuerdos, volvía a re&amp;shy;nacer en ella el sentimiento de vergüenza. Parecía como si en el hecho de recordarle una voz interior le murmurase, a propósito de él: «Tú ardes, tú ardes. Esto es un fuego, es un fuego». Bueno, ¿y qué?&lt;br /&gt;«¿Qué significa todo eso?», se preguntó, moviéndose con inquietud en su butaca. «¿Temo mirar ese recuerdo cara a cara? ¿Por ventura, entre ese joven oficial y yo existen otras relacio&amp;shy;nes que las que puede haber entre dos personas cualesquiera?»&lt;br /&gt;Sonrió con desdén y volvió a tomar el libro; pero ya no le fue posible comprender nada de su lectura. Pasó la plegadera por el cristal cubierto de escarcha, luego aplicó a su mejilla la superficie lisa y fría de la hoja, y poco faltó para que estallara a reír de la alegría que súbitamente se habla apoderado de ella.&lt;br /&gt;Notaba sus nervios cada vez más tensos, sus ojos cada vez más abiertos, sus manos y pies cada vez más crispados. Pade&amp;shy;cía una especie de sofocación y le parecía que en aquella pe&amp;shy;numbra las imágenes y los sonidos la impresionaban con un extraordinario vigor. Se preguntaba sin cesar si el tren avan&amp;shy;zaba, retrocedía o permanecía inmóvil. ¿Era Anuchka, su don&amp;shy;cella, la que estaba a su lado o una extraña?&lt;br /&gt;«¿Qué es lo que cuelga del asiento: una piel o un animal? ¿Soy yo a otra mujer la que va sentada aquí?»&lt;br /&gt;Abandonarse a aquel estado de inconsciencia le causaba terror. Sentía, sin embargo, que aún podía oponer resistencia con la fuerza de su voluntad. Haciendo, pues, un esfuerzo para recobrarse se incorporó, dejó su manta de viaje y su capa y se sintió mejor durante un instante.&lt;br /&gt;Entró un hombre delgado, con un largo abrigo al que le fal&amp;shy;taba un botón. Ana comprendió que era el encargado de la ca&amp;shy;lefacción. Le vio consultar el termómetro y observó que el viento y la nieve entraban en el vagón tras él. Luego, todo se volvía confuso de nuevo. El hombre alto garabateaba algo apoyándose en el tabique, la señora anciana estiró las piernas y el departamento pareció envuelto en una nube negra. Ana escuchó un terrible ruido, como si algo se rasgase en la oscu&amp;shy;ridad. Se diría que estaban torturando a alguien. Un rojo res&amp;shy;plandor la hizo cerrar los ojos; luego todo quedó envuelto en tinieblas y Ana sintió la impresión de que se hundía en un precipicio. Aquellas sensaciones eran, no obstante, más diver&amp;shy;tidas que desagradables.&lt;br /&gt;Un hombre enfundado en un abrigo cubierto de nieve le gritó algunas palabras al oído.&lt;br /&gt;Ana se recobró. Comprendió que llegaban a una estación y que aquel hombre era el revisor.&lt;br /&gt;Pidió a su doncella que le diese el chal y la pelerina y, po&amp;shy;niéndoselos, se acercó a la portezuela.&lt;br /&gt;–¿Desea salir, señora? –preguntó Anuchka.&lt;br /&gt;–Sí: necesito moverme un poco. Aquí dentro me ahogo.&lt;br /&gt;Quiso abrir la portezuela, pero el viento y la lluvia se lan&amp;shy;zaron contra ella, como si quisieran impedirle abrir, y tam&amp;shy;bién esto le pareció divertido. Consiguió al fin abrir la puer&amp;shy;ta. Parecía como si el viento la hubiese estado esperando afuera para llevársela entre alaridos de alegría. Se asió con fuerza con una mano en la barandilla del estribo y sostenién&amp;shy;dose el vestido con la otra, Ana descendió al andén. E1 viento soplaba con fuerza, pero en el andén, al abrigo de los vagones, había más calma. Ana respiró profundamente y con agrado el aire frío de aquella noche tempestuosa y contem&amp;shy;pló el andén y la estación iluminada por las luces.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3004839697255863360?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/3004839697255863360/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=3004839697255863360' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3004839697255863360'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3004839697255863360'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/las-pginas-de-un-libro-son-como-el.html' title='Las páginas de un libro son como el hombro de un amigo'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/SCb1Zz_NAuI/AAAAAAAAAWk/NK3ufG_RDkM/s72-c/untitled03.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5764146890878379864</id><published>2008-05-04T10:56:00.002-03:00</published><updated>2008-05-04T10:59:25.018-03:00</updated><title type='text'>La libertad del saber</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.divus.cz/images/umelec/enkniha.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.divus.cz/images/umelec/enkniha.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando el ser humano tuvo memorias y necesitó transmitirlas a sus descendientes, buscando que no murieran, el saber comenzó a circular de mano en mano y de boca en boca.&lt;br /&gt;Y el saber era libre. Era la base del desarrollo de cualquier sociedad. Era la información que permitía ordenar las cosechas, perseguir las manadas, curar las enfermedades y las heridas, levantar una casa o un templo, entender el orden del mundo y recordar los designios de las divinidades.&lt;br /&gt;A su vez, la imaginación humana estalló en mil y una expresiones artísticas: desde la música y el canto al baile y el cuento, y desde la pintura de arena y la escultura en hueso a la talla de piedras y la confección de cestos.&lt;br /&gt;Era mucho ese saber, y, debido a la lógica imposibilidad de ser recordado por una sola persona, su custodia y supervivencia comenzó a depender de grupos determinados. Así, los artistas vivieron, trasmitieron y perpetuaron sus destrezas, los agricultores las que les concernían y los artesanos, las propias.&lt;br /&gt;Muchos hicieron de eso una forma de vida, y se la ganaron, pues, haciendo lo que sabían. Una gran parte del conocimiento disponible, sin embargo, continuó siendo un bien común, necesario para el progreso del grupo.&lt;br /&gt;Desafortunadamente, poco a poco las cosas comenzaron a cambiar. La información comenzó a representar un factor de poder, y fue atesorada por las clases dominantes. El control del calendario -que permitía regular el éxito de las cosechas- y el conocimiento de las sustancias curativas quedaron en manos de unos pocos elegidos, que debían superar arduas pruebas para lograr poseerlo. Con la escritura ocurrió algo similar. Y así sucesivamente. Lo que en principio había sido un bien comunitario en una sociedad horizontal, pasó a ser un bien de consumo en una sociedad vertical. De hecho, quizás fuera uno de los pilares sobre los que dicha estructura piramidal se sustentara.&lt;br /&gt;En la actualidad, aún somos testigos de cómo el saber estratégico se compra y se vende. Estamos tan habituados a ello -veinte o treinta siglos de experiencia nos han domesticado al respecto- que a veces no tomamos conciencia de lo dañina que tal práctica puede resultar. Nuestros médicos, arquitectos, ingenieros, biólogos y demás profesionales de las ciencias deben comprar el saber más avanzado -manejado por compañías editoriales que obtienen enormes beneficios de sus actividades- para poder formarse de manera adecuada. Los que no pueden acceder a esa información -los que no tienen recursos para ello- se ven relegados a una educación y a una capacitación incompletas, empobrecidas, carentes de actualización... Como profesionales de la información, somos partícipes de esos movimientos: al contratar una base de datos para proveer información a nuestros usuarios, estamos aceptando este sistema cruel, y, de alguna forma, permitiendo que se perpetúe.&lt;br /&gt;Parece que no quedan muchas alternativas que tomar, al menos si queremos que nuestras bibliotecas sigan funcionando. Sin embargo, las hay. Los archivos de acceso abierto son un claro ejemplo de ello.&lt;br /&gt;Las discusiones actuales al respecto se están centrando en los derechos intelectuales de los autores. Pocos se enteran de que tales autores apenas si ven beneficios de los desembolsos económicos que realizamos para adquirir el saber que produjeron. La mayor parte de ello queda en manos de los intermediarios, de esos que no escribieron, no investigaron, no se fatigaron, no estudiaron, sino que aprendieron como aprovecharse de la necesidad de los profesionales de publicar y difundir, y de la del resto de leer y aprender.&lt;br /&gt;Esos derechos de autor se mencionan mucho más cuando se habla de música, de literatura y de programas informáticos, en especial en un medio moderno en el cual tales bienes culturales pueden descargarse gratuitamente desde Internet. Las grandes compañías se encolerizan, y recuerdan a los potenciales compradores de sus productos que con la “piratería” se está perjudicando a los artistas, a los escritores, a los músicos... Es curioso saber, sin embargo, que esos mismos artistas -excepto el mínimo puñado de grandes consagrados que tienen contratos jugosos- apenas si ven beneficio alguno.&lt;br /&gt;Nos encontramos, pues, ante una situación que debe ser conocida y reconocida por todos nosotros. No se trata ya de escuchar a las grandes multinacionales ni a sus mensajeros. Se trata de saber qué es lo que ocurre realmente. ¿Por qué se vende conocimiento estratégico cuando una gran parte de la población mundial no lo puede adquirir pero lo necesita vitalmente...? ¿Por qué los artistas se mueren de hambre, sus productoras crecen cada vez más y sus productos cuestan cada vez más caros...? ¿Dónde va el dinero que invertimos en conocimiento estratégico o en bienes artísticos y culturales? ¿Va a manos de sus productores? ¿Ven ellos el beneficio? ¿Estamos alimentando a aquellos que, en nuestra sociedad, han decidido y elegido perpetuar nuestra memoria y nuestro saber? ¿O estamos dando de comer a unos zánganos que, aprovechándose de las leyes de mercado y de las del copyright, nos engañan y engordan a expensas de todos?&lt;br /&gt;En reiteradas ocasiones, desde estas mismas páginas, hemos animado a la publicación de saberes académicos en forma abierta, y hemos informado sobre los distintos caminos para hacerlo. Asimismo, hemos difundido muchos documentos y recursos valiosos para ello. Hemos ido más allá, y, coherentes con nuestra manera de pensar, hemos colocado toda nuestra producción en forma de acceso abierto, libre y gratuito, como documentos de Open Access o blogs. Y es ahora cuando queremos difundir la aparición de la traducción del &lt;a href="http://www.blogger.com/"&gt;"&gt;Dossier Copia/Sur&lt;/a&gt;, la versión en español de un conocido manual -el Dossier Copy/South- elaborado por un grupo de investigación internacional y multidisciplinario. El Dossier analiza, desde varios puntos de vista, el problema del copyright, en especial en los contextos del mal llamado “tercer mundo”. Estudia y expone las férreas leyes de derecho de autor, los intereses ocultos tras ellas, la visión de los productores de conocimiento, la hipocresía que se esconde tras los llamados en contra de la “piratería”.&lt;br /&gt;Desde estas páginas, celebramos la aparición de esos documentos. Y si bien reconocemos que es lógico y adecuado que nuestros modernos “perpetuadores de cultura” puedan ganarse la vida con lo que hacen -así lo han elegido, y son necesarios para que nuestra sociedad crezca saludablemente- también sabemos que, en la actualidad, cada vez son menos lo que pueden vivir de esa actividad. Quizás sea hora de identificar a los explotadores y de buscar alternativas que nos liberen -al menos un poco- de sus nefastas influencias y sus redes invisibles.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5764146890878379864?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/5764146890878379864/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=5764146890878379864' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5764146890878379864'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5764146890878379864'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/05/la-libertad-del-saber.html' title='La libertad del saber'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5824108917715239858</id><published>2008-04-27T10:33:00.002-03:00</published><updated>2008-04-27T10:39:15.842-03:00</updated><title type='text'>Poemas en prosa</title><content type='html'>&lt;a href="http://jpdubs.hautetfort.com/images/medium_moutons.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://jpdubs.hautetfort.com/images/medium_moutons.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo ese título aparecieron algunos escritos de Oscar Wilde en “The Fortnightly Review” en julio de 1894. Yo los he encontrado en una recopilación de las historias breves del autor irlandés que se encargó de editar Ian Small para Penguin Classics con el título “Oscar Wilde, Complete Short Fiction”. Entre esos textos difícilmente clasificables –que pueden leerse como poemas o como narraciones en prosa-, el que lleva por título “The Artist” se me antoja como marco ideal para el barullo que está levantando estos días la conmemoración de los 40 años de mayo del 68, parte del cual resonaba hace una semana en las páginas del suplemento literario “Babelia” de la edición internacional del diario El PAÍS.&lt;br /&gt;En “El Artista”, Oscar Wilde cuenta en primera persona que una tarde sintió el deseo de modelar “El placer de un instante” y fue por todo el mundo en busca de bronce para tallar esa obra, porque pensó que sólo podía estar hecha de dicho material. Sin embargo, en todo el mundo no quedaba más bronce que el de otra figura que él mismo había esculpido y a la que dio el título de “La pena que siempre perdura”. Ésta se encontraba en la tumba de lo que él más había amado en su vida y podía significar que el amor del hombre no muere o ser símbolo de la pena que queda para siempre en él. Pero como estaba hecha del único bronce que quedaba en el mundo fue a buscarla, la introdujo en un gran horno y la prendió fuego. Y así, a partir de “La pena que siempre perdura”, que él mismo había creado, dio forma a “El placer de un instante”.&lt;br /&gt;He leído y releído la historia y sigo sin poder decidir si su primer trabajo terminó siendo pasto de las llamas porque efectivamente no quedaba más bronce en el mundo o porque al artista se le acabaron el amor y la pena sucesivamente. Mayo del 68 también tuvo mucho de obra artística y, según leía en el “Babelia” del sábado 20 de abril, tampoco queda en el mundo más material del que utilizaron sus creadores entonces. Incluso da la sensación de que a algunos de ellos también se les ha acabado el sentimiento revolucionario que les inspiró. Aunque quizás la inspiración esté relacionada con la primera Ley de la Termodinámica, esa que nos enseña que nada se pierde sino que todo se transforma, y el material de aquel mayo contestatario sigue formando parte de la mucha poesía y la no poca prosa a que ha dado lugar después de 40 años. Juzguen ustedes mismos a partir del conglomerado de opiniones que, con no poco lirismo, presentaba “Babelia” el sábado 20 de abril. Y es que había mucha metáfora en los títulos de algunos artículos, fíjense si no en los siguientes versos de Fernando Savater, “La elocuencia de las paredes” y de Juan Goytisolo, “Instantáneas en sepia de un mes excepcional”. O en estos bocetos de estrofa que aparecen en algunas frases como la de Catherine François y Santiago Auserón, “La juventud no quería un porvenir asegurado, sino un presente apasionante”, o la que ellos recogen de Gilles Deleuze y Félix Guattari, “Por mucho que el acontecimiento sea ya antiguo, no consiente en quedarse atrás, porque es apertura hacia lo posible”.&lt;br /&gt;Claro que lo verdaderamente emocionante de la lectura llegó cuando, mientras intentaba esclarecer si la rima de este suplemento literario era consonante o asonante, Josep Ramoneda y Antonio Muñoz Molina sumaron una opción más con la que no había contado hasta entonces: la disonante. El primero volvía sobre la actualidad de lo sucedido entonces, pero lo hacía de manera distinta, “Ha costado entender que el tiempo pasa para todos y la patente de modernidad no tiene dueño”. Y el segundo prácticamente volvía la espalda a los hechos en sí, “A mí, sinceramente, tanta conmemoración de Mayo del 68 me produce un aburrimiento invencible. Ya me lo sé todo: lo de la imaginación al poder, lo de ser realista y pedir lo imposible, lo de los adoquines y la arena de la playa, etcétera. Otros hechos coetáneos me importan mucho más, y reciben mucha menos literatura”. A su vez, en el artículo “Los ecos de la revuelta”, Octavi Martí repasaba el pensamiento de otro conjunto de voces que también discrepaban sobre la importancia del movimiento estudiantil y si cambió el mundo –para mejor o para peor- o no cambió nada. Entre ellas se encontraba la del actual presidente francés durante la pasada campaña presidencial, a quien, como bien acotaba Martí “solo le faltó darle a Mayo del 68 influencia retrospectiva, culparle del nazismo, la trata de esclavos o del hundimiento de la torre de Babel”.&lt;br /&gt;Pese a que durante las últimas cuatro décadas han corrido ríos de tinta, seguimos bajo el riesgo de inundaciones a la vista de las nuevas publicaciones que van a sacar a la luz en los próximos meses un número nada desdeñable de editoriales. No obstante, nunca está de más revisar nuestra propia opinión en las circunstancias actuales. Probablemente encontremos en ella algunos tópicos y no pocos lugares comunes, es decir que sigamos desconociendo bastante sobre el asunto aunque nos sepamos de memoria sus lemas. Claro que, a veces, nuevas lecturas no sirven para desmontar viejos clichés, sino que los perpetúan. De manera que tendremos que hacer un pequeño esfuerzo por descubrirlos y polemizarlos. Siempre es saludable un poco de inconformismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;He dicho, a veces, que fuimos mucho mejores hijos –en la medida en que supimos plantar cara a nuestros padres- que padres –en la medida en que no supimos plantar cara a nuestros hijos-. Con nuestra actitud –y la potencia integradora de las contradicciones que el capitalismo tiene- les hemos dejado sin espacio para la trasgresión&lt;/em&gt; &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Extracto del artículo “Contestación mundial” de Josep Ramoneda en EL PAÍS del sábado 20 de abril.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5824108917715239858?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/5824108917715239858/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=5824108917715239858' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5824108917715239858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5824108917715239858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/04/poemas-en-prosa.html' title='Poemas en prosa'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-6404206079652494865</id><published>2008-04-20T10:30:00.002-03:00</published><updated>2008-04-20T10:34:17.775-03:00</updated><title type='text'>El Diccionario del Diablo</title><content type='html'>&lt;a href="http://blog.lomasinteresante.net/wp-media/diablo.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://blog.lomasinteresante.net/wp-media/diablo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontré un puñado de citas del “Diccionario del Diablo” de Ambrose Bierce mientras revisaba el sitio web de la Dokupedia francesa, con el cual colaboré hace unos días. Para aquellos interesados en participar en wikis documentalistas, les sugiero una visita a la &lt;a href="http://es.dokupedia.org/index.php/Portada"&gt;Dokupedia&lt;/a&gt; hispana y a la &lt;a href="http://136.145.83.33/egctiwiki/index.php/EGCTIWIKI:Community_Portal"&gt;ECGTI Wiki&lt;/a&gt;. Sin olvidar, para los amantes de la ya clásica Wikipedia, el evento &lt;a href="http://wikimania2008.wikimedia.org/wiki/Main_Page"&gt;Wikimanía&lt;/a&gt; que se prepara para julio de este año en Alejandría, Egipto.&lt;br /&gt;Pero permítanme -tras este pequeño exabrupto divulgativo- volver al tema de esta entrada.&lt;br /&gt;Ambrose Bierce fue un tipo curioso, dotado de un humor negro, cínico y mordaz que le ayudó a ganar un puesto reconocido en la literatura norteamericana. Nació en 1842 en un pueblito de Ohio (EE.UU.). Fue el décimo de trece hermanos a los que su padre -casi con afán maníaco- había bautizado con nombres que empezaban invariablemente con la letra “A”. Al comienzo de la Guerra Civil estadounidense, Bierce se alistó en el ejército de la Unión como topógrafo. Luchó en varias batallas, de las que guardó, como recuerdo, algunas heridas y profundas impresiones que marcarían muchas de las páginas que posteriormente escribiría.&lt;br /&gt;En 1871 se casó. Tuvo tres hijos, dos de los cuales morirían antes que sus padres, en circunstancias funestas. En 1888 su matrimonio se vino abajo tras descubrir algunas cartas comprometedoras de un admirador secreto a su esposa, la cual murió poco después. Con este historial de vida, Bierce formó su carácter.&lt;br /&gt;Si bien vivió algún tiempo en Londres por motivos de salud, su vida se desarrolló principalmente en la ciudad de San Francisco, en donde desplegó una intensa actividad literaria en periódicos como &lt;em&gt;The San Francisco Newsletter&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;The Argonaut&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Overland Monthy&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;The Wasp&lt;/em&gt; y el &lt;em&gt;San Francisco Examiner&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Escribió ensayos y artículos periodísticos -que le ganaron fama en su entorno-, poesía y muchos relatos cortos, casi todos relacionados con historias de guerra. Pero su trabajo más conocido es el “Diccionario del Diablo” (&lt;em&gt;The Devil’s Dictionary&lt;/em&gt;). Las entradas de este curioso diccionario se fueron publicando en diversos periódicos durante una larga serie de años (1875-1906), y sólo fueron compiladas en un volumen tardíamente, en 1906, bajo el título de “&lt;em&gt;Cynic’s Word Book&lt;/em&gt;” (El glosario del cínico). En esas definiciones, Bierce hizo gala del estilo único que lo inmortalizó.&lt;br /&gt;En octubre de 1913, el septuagenario autor emprendió un largo viaje que lo llevó, como destino final, a México, en donde se preparaba la revolución de Pancho Villa. Unido a sus fuerzas como observador, Bierce desapareció sin dejar ningún rastro en 1913-1914. Es la más famosa de las desapariciones literarias norteamericanas. En su última carta, dirigida a una sobrina, el escritor desvela parte del enigma, a la vez que muestra -una vez más- su profundo cinismo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Adiós - Si te enteras que fui puesto contra un muro de piedra mexicano y fusilado, debes saber que pienso que es una buena manera de partir de esta vida. Causas como la ancianidad, la enfermedad o una caída por las escaleras quedarán así eliminadas...&lt;br /&gt;Ser gringo en México - ¡ah, eso es eutanasia!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La visión sardónica de la naturaleza humana que impregnó su obra, junto con su vehemencia y su crítica implacable le ganaron el apodo de “Bitter Bierce” (Amargo Bierce). Los críticos actuales remarcan el empleo de un inglés puro en sus trabajos, y una redacción que expresaba densos conjuntos de ideas (a veces contrapuestas por el doble sentido) en una única y reducida frase.&lt;br /&gt;En 1911 se publicó el diccionario bajo el título actual, “The Devil’s Dictionary”, dentro de una edición de las obras completas de Bierce. En 1967 se compiló una versión extendida del texto, con numerosas entradas que faltaban en ediciones anteriores. Finalmente, en el 2000 vio la luz una edición revisada, que sumaba entradas y eliminaba unas 200 definiciones falsamente atribuidas a Bierce.&lt;br /&gt;Algunos ejemplos tomados del “Diccionario...” les permitirán hacerse una idea de la mordacidad, ironía y uso del doble sentido de su autor. Fíjense, por ejemplo, las durísimas definiciones siguientes, que, lamentablemente, recogen sentimientos reales de principios de siglo (algunos extendidos hasta hoy):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aborígenes&lt;/strong&gt;, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Africano&lt;/strong&gt;, s. Negro que vota por nuestro partido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Infiel&lt;/strong&gt;, adj. y s. Dícese, en New York, del que no cree en la religión cristiana; en Constantinopla, del que cree.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Inmigrante&lt;/strong&gt;, s. Persona inculta que piensa que un país es mejor que otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aire&lt;/strong&gt;, s. Sustancia nutritiva con que la generosa Providencia engorda a los pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Distancia&lt;/strong&gt;, s. Único bien que los ricos permiten conservar a los pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bierce analizó el carácter humano con un genio ilimitado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Acusar&lt;/strong&gt;, v.t. Afirmar la culpa o indignidad de otro; generalmente, para justificarnos por haberle causado algún daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Adherente&lt;/strong&gt;, s. Secuaz que todavía no ha obtenido lo que espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Amistad&lt;/strong&gt;, s. Barco lo bastante grande como para llevar a dos con buen tiempo, pero a uno solo en caso de tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Celoso&lt;/strong&gt;, adj. Indebidamente preocupado por conservar lo que sólo se puede perder cuando no vale la pena conservarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Humildad&lt;/strong&gt;, s. Paciencia inusitada para planear una venganza que valga la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Idiota&lt;/strong&gt;, s. Miembro de una vasta y poderosa tribu cuya influencia en los asuntos humanos ha sido siempre dominante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de definiciones que podrían haber valido para él mismo son las siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cínico&lt;/strong&gt;, s. Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Loco&lt;/strong&gt;, adj. Dícese de quien está afectado de un alto nivel de independencia intelectual; del que no se conforma a las normas de pensamiento, lenguaje y acción que los conformantes han establecido observándose a sí mismos; del que no está de acuerdo con la mayoría; en suma, de todo lo que es inusitado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre las propias definiciones y diccionarios, Bierce tenía una opinión bastante particular:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Diccionario&lt;/strong&gt;, s. Perverso artificio literario que paraliza el crecimiento de una lengua además de quitarle soltura y elasticidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Magnético&lt;/strong&gt;, adj. Dícese de lo que sufre la influencia del magnetismo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Magnetismo&lt;/strong&gt;, s. Lo que ejerce influencia sobre algo magnético. Estas dos definiciones están condensadas de la obra de un millar de eminentes hombres de ciencia, que han arrojado sobre el tema una luz deslumbrante, con indecible progreso del conocimiento humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo, tenía su propio punto de vista sobre los escritores y la escritura:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Gramática&lt;/strong&gt;, s. Sistema de trampas cuidadosamente preparadas en el camino por donde el autodidacto avanza hacia la distinción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ganso&lt;/strong&gt;, s. Ave que suministra plumas para escribir que, gracias a un proceso oculto de la naturaleza, están impregnadas, en distinta medida, de la energía intelectual y el carácter del ganso, de suerte que al ser entintadas y deslizadas mecánicamente sobre un papel por una persona llamada “autor”, resulta una trascripción bastante exacta de los pensamientos y sentimientos del ave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Folletín&lt;/strong&gt;, s. Obra literaria, generalmente una historia que no es verdadera y que se prolonga insidiosamente en varios números de un periódico o una revista. Cada entrega suele venir precedida de un “resumen de lo publicado”, para los que no la han leído, pero sería más necesario un “resumen de lo que sigue”, para los que no piensan leerlo. Lo mejor sería un resumen de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las costumbres humanas no se le escaparon, por supuesto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Gato&lt;/strong&gt;, s. Autómata blando e indestructible que nos da la naturaleza para que lo pateemos cuando las cosas andan mal en el círculo doméstico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mamíferos&lt;/strong&gt;, s. Familia de vertebrados cuyas hembras, en estado natural, amamantan a su cría, pero cuando se vuelven civilizadas e inteligentes la dan a la nodriza o usan el biberón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mendigo&lt;/strong&gt;, s. El que ha confiado en la ayuda de los amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lamentable&lt;/strong&gt;, adj. Estado de un enemigo o adversario después de un encuentro imaginario con uno mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si bien se enfocó en estas “debilidades humanas”, incluyó en su diccionario entradas de lo más variadas. Por ejemplo, la política:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Amnistía&lt;/strong&gt;, s. Magnanimidad del Estado para con aquellos delincuentes a los que costaría demasiado castigar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Batalla&lt;/strong&gt;, s. Método de desatar con los dientes un nudo político que no pudo desatarse con la lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cañón&lt;/strong&gt;, s. Instrumento usado en la rectificación de las fronteras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ejemplos de otros temas pueden ser:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cerbero&lt;/strong&gt;, s. El perro guardián del Hades, que custodiaba su entrada, no se sabe contra quién, puesto que todo el mundo, tarde o temprano, debía franquearla, y nadie deseaba forzarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Circo&lt;/strong&gt;, s. Lugar donde se permite a caballos, “ponies” y elefantes contemplar a los hombres, mujeres y niños en el papel de tontos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fe&lt;/strong&gt;, s. Creencia sin pruebas en lo que alguien nos dice sin fundamento sobre cosas sin paralelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Historia&lt;/strong&gt;, s. Relato casi siempre falso de hechos casi siempre nimios producidos por gobernantes casi siempre pillos o por militares casi siempre necios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mitología&lt;/strong&gt;, s. Conjunto de creencias de un pueblo primitivo relativas a su origen, héroes y dioses, por oposición a la historia verdadera, que inventa más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin... Una pequeña muestra de un gran trabajo que no debería faltar en nuestra biblioteca particular. Para aquellos interesados en la lectura completa del texto -y que, por supuesto, dispongan de un buen acceso a Internet y posibilidad de leer a través de una computadora- la descarga del libro es factible desde el sitio web El Aleph. La versión original en inglés -recomendable, si se domina dicho idioma- es posible a través del Proyecto Gutemberg. Y, para todos los que encuentren dificultades en el empleo de estos dos métodos, les recomendamos escribirnos: con gusto les haremos llegar el documento en castellano (formato pdf, tamaño 353 Kb).&lt;br /&gt;Permítanme despedirme con una definición más, y una intriga que nunca podré desvelar: ¿qué hubiera escrito Bierce, con su peculiar estilo, de haber vivido en la actualidad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sabiduría&lt;/strong&gt;, s. Tipo de ignorancia que distingue al estudioso.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-6404206079652494865?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/6404206079652494865/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=6404206079652494865' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/6404206079652494865'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/6404206079652494865'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/04/el-diccionario-del-diablo.html' title='El Diccionario del Diablo'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8331153714577234670</id><published>2008-04-13T10:24:00.005-03:00</published><updated>2008-04-13T10:44:07.330-03:00</updated><title type='text'>[La “Sociedad” conoce] “El precio de todo y el valor de nada”</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.fashion-era.com/images/Paintings/hydepark.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.fashion-era.com/images/Paintings/hydepark.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sociedad con “S” mayúscula a la que se refería &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Oscar_Wilde"&gt;Oscar Wilde&lt;/a&gt; a finales del siglo XIX era la aristocracia londinense de la época victoriana. Un grupo al que el autor irlandés parodió en muchas de sus obras, destacando la impotencia del bien para lograr un final feliz entre los altos muros de su superficialidad. Una superficialidad que sigue manteniéndose más de un siglo después en otras muchas “clases altas” del mundo. Altas no por su estatura moral sino por las cifras astronómicas de sus cuentas bancarias y sus elevados niveles de corrupción e hipocresía.&lt;br /&gt;Esa sociedad que para escucharse a sí misma necesita silenciar las voces disonantes, tiene muy poco que decir y mucho de lo que avergonzarse. Esa sociedad que sabe cuánto cuesta todo, se encarga de que una gran mayoría de personas piensen que no valen nada. Esa sociedad que se cree sus propias mentiras, habla de tener fe en la verdad. Esa sociedad que desprecia la memoria, es la que nos cuenta la historia. Esa sociedad que desprecia la vida de muchos, tiene un “plan” que “asegura” la suya. Esa sociedad que no se cocina pero gusta de la buena mesa, está desforestando los montes, envenenando los ríos, hiriendo de muerte enormes pedazos de tierra. Esa sociedad que se prodiga en dádivas miserables, se apropia de lo que no es suyo y se considera dueña de lo que nos pertenece a todos.&lt;br /&gt;A esa sociedad en la que tienen cabida muy pocos se han opuesto muchos, pero el estruendoso avance de millones de pies descalzos, de millones de manos agrietadas, de millones de bocas hambrientas, de millones de miradas apagadas, de millones de sueños desterrados sigue sin derrumbar sus paredes ni hacer temblar demasiado sus cimientos. En algunos puntos quizá no sean tan fuertes como antaño pero su estructura sigue siendo ejemplo de eficacia arquitectónica. Su vigor tiene mucho que ver con el desencanto de quienes en su día vieron marchitarse muchos de sus proyectos y de quienes no encuentran hoy dónde plantar la simiente de los suyos.&lt;br /&gt;Hace unas semanas, mientras Edgardo y yo visitábamos a mi familia en España, el bibliotecario que siempre va con él puso en mis manos uno de los tomos en los que mis padres han ido encuadernando todos los números de la revista “Bustarviejo” que editaba la Asociación Cultural “El Bustar” en mi &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bustarviejo"&gt;pueblo&lt;/a&gt;, y lo abrió en la número 35-1 de febrero de 1980. En ella aparece una entrevista que el cura párroco de entonces les hacía a mis abuelos maternos. Yo no recordaba haberla leído a mis siete años, así es que fue todo un descubrimiento a mis treinta y cinco. El artículo se titula “Mariano y Jesusa. El sufrimiento de los pobres” y comienza con estas palabras de mi abuela: “Yo ya se lo he dicho a mi hija, yo lo único que le puedo decir a Antonio son penas, nada más que penas. Así que cuando venga lo único que le contaré son penas”. Las finales las pronunció mi abuelo después de escuchar la pregunta de por qué ha abandonado la gente joven el campo: “El campo es lo más despreciado y tirado de todo. El trabajo es más duro, siempre mirando al cielo, a expensas de la lluvia, del clima. Ahí no hay permiso, ni vacaciones, ni pagas extras. Pocas veces el campo da recompensas. Por eso la gente joven, al tener posibilidad de otros trabajos, ha abandonado el campo, pero ha sido por obligación y por falta quizá de que las autoridades no hayan recompensado esto. El campesino tiene que vivir al mismo nivel que los demás. El medianero y el pobre han tenido que abandonar y no han tenido más que disgustos. El único que siempre saca es el terrateniente fuerte. El abandonar el campo no beneficia nada a la nación. El gobierno, en eso, no ha estado acertado. Ha dado de lado al agricultor y este siempre lleva el timón. Yo creo que hay muchos sindicatos y muchas cosas que se podrían reducir y atender más el campo y la ganadería”. Inmediatamente después, el entrevistador llamaba la atención sobre las no pocas denuncias que van impresas en esa intervención de mi abuelo y no pude evitar sonreírme. Claro que hay denuncias entre sus palabras, y no dejaron de sorprenderme en una entrevista en la que mis abuelos recordaban algunas de las derrotas que sumaron a lo largo de su vida. También me sorprendió el buen humor que mostraron sus respuestas en un par de ocasiones pese a su sabor amargo general, y me dolió la aspereza con que mi abuelo habló del desencanto al que me referí antes. Yo sabía que él había elegido luchar en el bando republicano durante la Guerra Civil y que estuvo en un campo de concentración en Francia cuando terminó. Sabía también que nunca quiso hablar de ello y que una y otra vez les pidió a sus hijos que no se metiesen en política. Al ser preguntado sobre la misma durante la entrevista responde: “Yo me lavo las manos, me corté la coleta. Desde que estuve en Francia renuncié a la política”.&lt;br /&gt;Sin duda la guerra, la pobreza, la falta de trabajo, el tener que abandonar el lugar donde uno ha vivido porque dentro de sus fronteras está condenado a muerte o a morirse de hambre, ofrecen motivos más que suficientes para el desencanto, la desilusión y la decepción. Pero los herederos de quienes los experimentaron no deberíamos olvidar que esos son los nutrientes con los que se fortalece la superficialidad que envuelve a las minoritarias “clases altas” del mundo y con los que se revitaliza la injusticia que rodea a las muchísimo más numerosas “clases bajas”. Esos son los elementos indispensables para que las primeras sigan poniendo precio a todo y para que las segundas no reconozcan su propio valor. Por ello, aunque sobren las razones para el desánimo, no tendrían que faltar las que nos impulsen a denunciar una y otra vez el origen y la causa del mismo, pues es en el terreno que conquistemos a la decepción donde germinará la semilla de nuestros proyectos, mientras que en el que fertilicemos con desencanto sólo aumentará la impotencia del bien para lograr un final feliz, tanto en la sociedad con “S” mayúscula como en el resto.&lt;br /&gt;Hace ya algunos años que uno de mis maestros me animó a descubrir los escritos de Wilde y hace sólo unas semanas el culpable de este blog depositó entre los dedos de la cómplice un volumen en el que pude leer a mis abuelos. Al docente y al bibliotecario gracias por las páginas que me descubrieron; a sus respectivos autores gracias por escribirlas y pronunciarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Nota: El título del artículo pertenece a palabras de Lord Darlington en Lady Windermere’s fan del escritor irlandés Oscar Wilde.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8331153714577234670?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/8331153714577234670/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=8331153714577234670' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8331153714577234670'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8331153714577234670'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/04/la-sociedad-conoce-el-precio-de-todo-y.html' title='[La “Sociedad” conoce] “El precio de todo y el valor de nada”'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-6060637135333319684</id><published>2008-03-06T08:52:00.003-02:00</published><updated>2008-04-05T18:03:31.997-03:00</updated><title type='text'>No hay peor ciego que quien no quiere ver</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R_fpFPv44oI/AAAAAAAAAVA/hU928FSz8w0/s1600-h/bear-covering-eyes.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5185869772276425346" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R_fpFPv44oI/AAAAAAAAAVA/hU928FSz8w0/s320/bear-covering-eyes.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se van a dar cuenta en las siguientes líneas, pero aún así anoto este breve aviso para navegantes: estoy enojada mientras las escribo.&lt;br /&gt;Es una de esas perezosas mañanas de domingo en las que el mundo se levanta mucho después que yo, que madrugo lo mismo todos los días de la semana. Todavía brillan los charcos en el asfalto y en algunas azoteas, restos silenciosos de la tormenta veraniega que estremeció anoche el firmamento de este rincón al sur del sur, donde todas las miradas se dirigen al norte... Quienes hoy caminamos por estas latitudes aún recorremos las rutas que trazaron aquellos conquistadores que volvieron a su casa con todo lo que pudieron robar en ellas. No se arreglarán nunca los baches de la 40 que recorre la Patagonia (esquivados con increíble parsimonia por aquel viajante que nos recogió a mi mochila y a mí en Esquel, cuando quien les escribe, con los cuatro tomos de “La Patagonia Rebelde” de Osvaldo Bayer en la mano, se fue tras las huellas de aquellos hombres que se enfrentaron a las tropas del Teniente Coronel H. Benigno Varela a principios del siglo pasado), pero pronto contaremos con un tren de alta velocidad entre Buenos Aires y Córdoba, algo así como un moderno Camino Real, que quién sabe si no tendrá parada en Potosí en un futuro cercano.&lt;br /&gt;Esta indignación que siento hoy tiene que ver con la que experimenté hace un par de meses leyendo un artículo de Norman Gall, donde en un par de líneas explicaba que “[l]a mejora de los transportes hace que la gente pobre pueda recorrer grandes distancias para emigrar, hacer visitas o realizar actividades comerciales” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;. A veces me preguntó qué es lo que analizan los analistas y en qué se basan para llegar a sus conclusiones, porque no sé cómo lo hacen para que estén tan alejadas de las opiniones y la realidad de la gente. Me pregunto si no inventarán una realidad a la medida de sus cifras y de sus porcentajes, si no tendrán mucha más imaginación que quienes somos tachados de utópicos y soñadores.&lt;br /&gt;Uno no puede por menos que seguir haciéndose preguntas similares cuando encuentra “joyitas” dialécticas parecidas entre las palabras que escribió el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación español, Miguel Ángel Moratinos, quien, tras finalizar una gira por el continente africano hace un mes, se expresaba de este modo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sin duda, África es un continente problemático, pero sobre todo es un continente vivo. Todos los días sus habitantes han de superar mil y una pruebas para sobrevivir. La gran mayoría lo hace con una sonrisa amplia y sincera, que se refleja en los peinados ensortijados, en los ojos imantados y en unos cuerpos elegantes que desatan su ritmo cuando la música irrumpe. Ese movimiento se traslada a todo el continente. Un continente deseoso de toparse con la felicidad. Todo está condicionado a su búsqueda. Esa fuerza interior explica el alto nivel de sacrificio y de sufrimiento de la gran mayoría de los ciudadanos.&lt;/em&gt; &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces me pregunto si no será que a los ministros de exteriores, cuando visitan el interior de un continente, les colocan algún tipo de lente a través de la cual perciben una realidad que en nada se parece a la que viven realmente sus habitantes. Me pregunto cómo saben ellos que las sonrisas que ven a través de las ventanillas de sus autos blindados son o no sinceras, cómo pueden afirmar tan irresponsablemente que millones de personas hambrientas, enfermas, rodeadas de miseria y en medio de interminables guerras, se ponen a bailar en cuanto suena la música. Me pregunto de dónde se sacan que el sacrificio y el sufrimiento son los motores para encontrar la felicidad...&lt;br /&gt;Ese mismo día, hallé en las opiniones que el escritor Antonio Muñoz Molina vertía sobre la película “Cuatro meses, tres semanas, dos días”, muchísima más verosimilitud que en los comentarios de las dos “autorizadas” fuentes que les acabo de mostrar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;... yo ahondaba mi percepción de esas dos vidas jóvenes zarandeadas por el infortunio y el miedo, salvadas por una fraternidad que está hecha de inocencia y coraje, de una rara aleación femenina de fragilidad y fortaleza. Atravesaba con ellas la noche sórdida de una tiranía, y no hacía falta que se vieran uniformes o se escucharan declaraciones políticas para sentir en la nuca el frío de una vigilancia despótica, y en los hombros toda la pesadumbre de un régimen cuya mayor crueldad parece que acaba siendo su desolada duración. Hay vidas que son fulminadas por la saña quirúrgica de los ejecutores: otras, la mayoría, van siendo envilecidas a lo largo de los años por dosis diarias de sumisión y conformidad, se van deteriorando como los edificios mal hechos y los coches viejos que permanecen en uso, se gastan y ensucian como el papel pintado de las habitaciones que nadie cuida.&lt;/em&gt; &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dejo de hacerme preguntas y trato de hallar unas pocas respuestas, de buscarlas al menos, mientras sigo avanzando subida a un colectivo, navegando entre las páginas de un libro o de un diario, charlando con quienes me rodean, escribiendo a quienes están lejos, y por eso me disgusto tanto cuando las encuentro tan insatisfactorias como las de Gall o Moratinos. No hablo de que sean ciertas o no, hablo de que me permitan seguir indagando, curioseando, aprendiendo, criticando. Y las explicaciones de esos dos señores son tan superficiales que uno no puede tomárselas en serio. Sobre ellas no se puede construir nada, y mucho menos algún conocimiento válido. Lo que me preocupa de veras es que esas respuestas sean los cimientos de nuevos proyectos de cooperación y desarrollo. Porque sobre apoyos tan débiles no veo cómo podrán edificar su presente y pensar en su futuro los hijos de quienes vivimos en países y continentes con unas heridas tan profundas como las que todavía sangran en América Latina, África o Rumania.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Norman Gall es el director ejecutivo del World Economy Fernand Braudel Institute de São Paulo. La cita pertenece al artículo “El olvidado progreso de América Latina”, publicado en la edición internacional de EL PAÍS, sábado 19 de enero de 2008.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; En el artículo “Una mirada a África”, publicado en la edición internacional de EL PAÍS del sábado 9 de febrero de 2008.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=9425947&amp;amp;postID=6060637135333319684#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; En el artículo “Regreso al cine”, publicado en el suplemento “Babelia” de la edición internacional de EL PAÍS del sábado 9 de febrero de 2008.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-6060637135333319684?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/6060637135333319684/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=6060637135333319684' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/6060637135333319684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/6060637135333319684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/no-hay-peor-ciego-que-quien-no-quiere_06.html' title='No hay peor ciego que quien no quiere ver'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R_fpFPv44oI/AAAAAAAAAVA/hU928FSz8w0/s72-c/bear-covering-eyes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5343911651443439498</id><published>2008-03-05T09:05:00.003-02:00</published><updated>2008-03-29T15:51:14.512-03:00</updated><title type='text'>Caminos de pastores</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R-6Pfvv44lI/AAAAAAAAAUo/AXxomg86elY/s1600-h/453450467_fd2035157c.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5183237996706062930" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R-6Pfvv44lI/AAAAAAAAAUo/AXxomg86elY/s320/453450467_fd2035157c.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos parando, durante este mes de marzo, en un pequeño pueblo de la llamada “sierra pobre” de Madrid, que en su día perteneció a la provincia de Segovia. El pueblo en cuestión se llama Bustarviejo, y es un lugar en el que todavía -a pesar del avance de “lo moderno”- se conserva bastante de la vida tranquila de las villas del interior castellano.&lt;br /&gt;Por aquí, por Bustarviejo, desde donde les escribo hoy, pasaba la Cañada Real, una de las rutas de los pastores trashumantes. En tiempos pasados -y aún hoy, aunque sólo sea una débil sombra de lo que fue- los rebaños de ovejas (una de las principales fuentes de riqueza de la antigua Castilla, que a veces contaban con millares de cabezas) debían moverse de sur a norte y viceversa en busca de zonas de invernada y de pastos para comer en verano. Así se formaban caravanas que, desde la Edad Media, fueron conducidas por las “cañadas”, caminos especiales que evitaban el destrozo de campos sembrados y permitían a la corona recaudar los “debidos” y consabidos impuestos.&lt;br /&gt;La vida de los pastores trashumantes estaba asociada a una cultura particular: a instrumentos musicales determinados, que hoy apenas si sobreviven en las manos de algunos ancianos memoriosos y en la de algunos jóvenes que quieren rescatar esos recuerdos tan bellos; a unos tipos determinados de comida, usualmente vinculadas a chacinados, quesos, pan y frutos de estación; a unos cantos y unos cuentos muy particulares; a unas costumbres y hábitos tradicionales (relativos a la vida nómada que llevaban esos individuos); y, en fin, a toda una serie de costumbres, refranes, técnicas y actitudes.&lt;br /&gt;Esa misma cultura -salvando todas las distancias- se encuentra entre los caravaneros de llamas que cruzan el altiplano boliviano llevando papas desde la puna a los lagos salados, para cambiarlas allí por bloques de sal y transportar ese preciado bien blanco a los valles cálidos para trocarlos por hojas de coca, verduras, frutas, queso... Esa cultura incluye ritos ancestrales de propiciación y protección de viajeros y animales; incluye instrumentos musicales únicos, decires, ceremonias, costumbres...&lt;br /&gt;Y encontrarán rasgos similares entre los camelleros del África subsahariana; y entre los conductores de las recuas de yaks que cruzan el Himalaya entre India y Nepal o Pakistán; y entre los Saami (lapones) que mueven sus renos a través de Escandinavia; y entre los Masai que pastorean sus preciados rebaños de vacas a través del África oriental...&lt;br /&gt;Son patrones y características que conforman el inmenso mosaico humano del que formamos parte. Algo de ellos está plasmado en los documentos que habitan los estantes de nuestras bibliotecas. Pero es sólo una parte mínima, el saber que ha sido escrito. La mayor parte de esa cultura sigue mostrando su cara y dejando sus marcas sobre la superficie de nuestro planeta. Viviendo, cambiando, evolucionando, desapareciendo a veces. Es cuestión de no olvidar que todo el conocimiento no está en nuestras manos: muchas cosas siguen latiendo fuera de los muros de las bibliotecas, lejos de catálogos, bases de datos e Internet. Y ese conocimiento es muy importante: son los últimos restos de una época en la que el hombre todavía (re)conocía los ritmos de la naturaleza.&lt;br /&gt;Como les decía, mucha de esa cultura tradicional sigue viva en algunos rincones de nuestro mundo. Como aquí, en Bustarviejo, donde todavía se recuerdan las nubes de polvo que levantaba el paso de las grandes majadas ovinas, camino a los pastos...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5343911651443439498?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/5343911651443439498/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=5343911651443439498' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5343911651443439498'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5343911651443439498'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/caminos-de-pastores.html' title='Caminos de pastores'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R-6Pfvv44lI/AAAAAAAAAUo/AXxomg86elY/s72-c/453450467_fd2035157c.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-7518064953180354657</id><published>2008-03-05T09:04:00.001-02:00</published><updated>2008-03-23T05:36:37.365-03:00</updated><title type='text'>Reflexiones sobre las herramientas manuales</title><content type='html'>&lt;a href="http://farm2.static.flickr.com/1364/597539788_f5e889d68b.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://farm2.static.flickr.com/1364/597539788_f5e889d68b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Jan Stürmann&lt;br /&gt;Extraído del libro &lt;em&gt;The Hand-Sculpted House&lt;/em&gt; escrito por Ianto Evans, Michael G. Smith, y Linda Smiley&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La creencia incuestionable de la carpintería actual revela que sin el uso extensivo de herramientas eléctricas no podemos construir eficazmente ni de manera rentable, ni siquiera bien. Yo cuestiono esa creencia.&lt;br /&gt;Yo construyo tanto casas convencionales, donde lo primero que te encuentras es la electricidad, como casas naturales, donde a menudo se incorpora con posterioridad.&lt;br /&gt;Trabajar en estas casas naturales me ha servido para confrontar mis propios prejuicios y los placeres de utilizar herramientas manuales.&lt;br /&gt;De ellas obtengo un sentido de profunda satisfacción que jamás he encontrado en las herramientas eléctricas. Al entrar en la caseta de las herramientas, mis manos automáticamente alcanzan mi formón favorito, el hacha, la hachuela. Una necesidad de tocar, de acariciar. Sopeso el formón de tres pulgadas de grosor. Le encontré oxidado en un viejo granero, el filo mellado, el hueco del mango enmohecido donde algún idiota lo había golpeado con un martillo. Me lo llevé a casa como a un animal herido, le retiré la rebaba, limpié la herrumbre, tallé el mango a partir de un trozo de madera de arce y lo afilé. El formón revivió para mí, canta en mis manos, recortando gruesos bucles de madera. Me encanta mirarlo, sostenerlo. Nunca me he sentido así con una herramienta eléctrica. Mi mano nunca se estira para alcanzar esos pesos muertos de plástico y metal en la estantería.&lt;br /&gt;¿Por qué cuando uso una sierra circular, el taladro o la sierra de cadena durante cierto tiempo me siento como el hombre biónico, duro, rígido, en guerra con alguien o algo, forzado a llevar gafas protectoras, protección en los oídos y mascarillas para proteger mi frágil cuerpo? ¿Por qué después de un día utilizando el berbiquí y la barrena, los formones, un cepillo, mi cuerpo está relajado, mi mente tranquila, como cuando se puede escuchar el silencio del universo después de hacer el amor? Una cosa te debilita, la otra te nutre. Un misterio.&lt;br /&gt;Sin embargo, el poderío seduce. El peso bruto de una sierra de cadena en tus manos. Los berridos del motor, agridulces volutas de humo ascendiendo a través de la cavidad nasal hasta el cerebro. Los árboles caen como alfileres. Menudo subidón, una euforia que no tenemos la responsabilidad de manejar.&lt;br /&gt;Las herramientas eléctricas nos dan un poder que no nos pertenece. Nos lo prestan de manera indiscriminada. Pero en algún punto de la cadena lo tenemos que devolver – con intereses. Inevitablemente terminamos pagando mucho más por el poder que no es nuestro de lo que ganamos con él. Poco a poco me voy dando cuenta de que esto es verdad, no abstracta o intuitivamente, sino prácticamente.&lt;br /&gt;Mientras escribía esto conseguí un trabajo para colocar unos armarios en una casa enorme de Los Ángeles. Juntas complejas, piezas a la medida – un dolor de cabeza, pero una oportunidad para examinar el sentido práctico de utilizar herramientas manuales cuando las convenciones dictan herramientas eléctricas. Cada mañana, para apaciguar al contratista, desenrollé los alargues, pero a partir de ese momento actué y experimenté.&lt;br /&gt;Trabajar con madera consiste sobre todo en cortar elementos de una cierta longitud y colocarlos en su lugar. Si todo fuese lo mismo, yo trabajo más rápido con una sierra mecánica y una pistola de clavos que con un serrucho y un martillo. Pero me di cuenta de que no todo es igual. Tardo un minuto en inclinarme hacia mi cinturón de herramientas, donde se encuentran mi martillo y mi serrucho. Sin embargo me lleva veinte minutos desenrollar los alargues, luchar con las distintas cuchillas, arrastrar el compresor, colocar los tubos de aspiración y conseguir que la electricidad llegue hasta donde yo quiero.&lt;br /&gt;Tardo medio minuto en cortar 1 x 4 con el serrucho kataba japonés, o diez segundos con una mecánica. Pero si quiero seguir escuchando a Beethoven y leyendo Funny Times a los ochenta, necesito ponerme gafas protectoras y protectores en los oídos antes de apretar el interruptor; por ende, hay que sumar algunos segundos más. El susurro del serrucho no requiere ningún tipo de protección.&lt;br /&gt;Un serrucho deja polvo grueso que rápidamente se asienta en el suelo, pero las sierras mecánicas lanzan un polvo tan fino que se queda suspendido en el aire hasta que nosotros lo aspiramos, tapando senos nasales, provocando alergias y asma. En una profesión que cada vez utiliza más colas tóxicas y productos químicos en los laminados y aglomerados, haríamos bien en reducir al mínimo el polvo transportado por el aire si queremos respirar profundamente y poder oler las rosas en nuestros años dorados.&lt;br /&gt;El serrucho pesa media libra, la sierra mecánica diez. Utilicé tanto esfuerzo –calorías- para levantar y maniobrar la pesada sierra mecánica como para colocarme y realizar el corte con el kataba. Incluso si hubiera tenido que introducir algo más de aire en mis pulmones, el placer de usar un serrucho que ha evolucionado durante setecientos años, bien valdría el tiempo y esfuerzo extras.&lt;br /&gt;Tengo unas pocas hojas de serrucho intercambiables que coloco en el mango de madera: una hoja de apertura, tres hojas de través con dientes suficientemente finos para las ensambladuras de cola de milano y lo suficientemente gruesos para cortar palos de 12 pulgadas, una hoja curva para comenzar un corte en el medio, una estrecha de pelo para cortar curvas y una para el metal. Todas estas hojas y el mango los envuelvo en una bolsa de lona. El coste total pueden ser unos $120. Una vez pensé en ser un verdadero carpintero y tuve que gastarme miles en sierras mecánicas. Ahora nunca más.&lt;br /&gt;Agarro la tabla, la corto y la atornillo en su lugar. Clavar con la pistola de clavos lleva un segundo. Utilizar el martillo, cinco. Pero un martillo cuelga siempre de un cinturón de herramientas. Sólo hace falta un sencillo movimiento para agarrar el mango con la palma y dejar la cabeza balanceándose. A la pistola de clavos la tengo que levantar y arrastrar como si se tratase de un albatros muerto. El tubo de aspiración es demasiado corto, hace falta mover el compresor. Con todo este mover de un sitio a otro y ponerse de nuevo los protectores, prácticamente he gastado los cuatro segundos que me separaban de la manera actual de clavar. Además, disfruto balanceando el martillo con gracia. Cualquier estúpido puede apretar el gatillo.&lt;br /&gt;Consideremos de nuevo la economía. Mi martillo, un Hart Decker, me costó $25 hace siete años. No se ha roto ni una sola vez. Un compresor y una pistola de clavos costarán $500. Calcula el coste de las reparaciones y del tiempo muerto durante siete años. Los clavos para la pistola cuestan cinco veces más que los ordinarios. Pero ¡qué demonios!, paga el dueño de la casa (con un préstamo del banco, así es que el precio se multiplica si incluimos el porcentaje de interés de una hipoteca a 30 años).&lt;br /&gt;Puedo desvelar costes escondidos. Accidentes, por ejemplo. Nunca he oído de alguien que se cortase un dedo con un serrucho, pero gracias a las hojas mecánicas que motores imparciales hacen girar con fuerzas extraordinarias, hay un montón de carpinteros sin dedos de la mano o de los pies. Lo mismo que pequeños trabajos de acupuntura sobre el terreno con la pistola de clavos, globos oculares perforados, oídos sordos... pero bueno, para eso están las compensaciones. Con esto no quiero decir que no sucedan accidentes con las herramientas manuales, pero su gravedad y su frecuencia son muchísimo menores.&lt;br /&gt;Me estoy fijando en la economía y en la velocidad porque formo parte de una cultura que valora la productividad por encima del proceso, tener las cosas terminadas por encima de hacerlas, la complejidad sobre la creación. Pero para llegar al corazón de este cuestionamiento necesito mirar más profundamente lo que no es cuantificable.&lt;br /&gt;Los carpinteros fueron una vez artesanos que sabían cómo hacer, adaptar y ajustar sus herramientas de manera que reflejasen su singularidad y sus necesidades individuales. Ahora los carpinteros son operarios de la máquina, trabajadores de una fábrica sin la fábrica, que ensamblan unidades modulares. El orgullo de lo artesanal se ha perdido. Ya no se utilizan más herramientas de carácter personal sino las de producción masiva diseñadas y comercializadas de acuerdo al mínimo común denominador. Unas herramientas que son inadaptables y demasiado complejas para que uno mismo las pueda reparar. El ciclo vital de una herramienta eléctrica es de unos pocos años, y estos cada vez disminuyen más debido a la obsolescencia planificada. Mis hijos o mis nietos que aún no han nacido, no podrán heredar mi sierra circular, ni mi taladro ni mi lijadora. Sin embargo, sí podrán disfrutar mis herramientas manuales – que ya han visto una o dos generaciones.&lt;br /&gt;No hay ninguna duda, las herramientas eléctricas facilitan algunos trabajos. Se tarda mucho menos en serrar media pulgada de 4 x 4 con una sierra eléctrica que haciéndolo con un serrucho. Pero he notado una pequeña diferencia en mi cuerpo entre los días que trabajo utilizando sobre todo las herramientas manuales y los que paso trabajando con las herramientas eléctricas. Usando herramientas manuales puedo trabajar con atención, con alegría y con garbo durante más tiempo: al final de una jornada de nueve o diez horas puedo estar cansado pero nunca exhausto, mientras que después de cinco o seis horas con una máquina estoy agotado; aunque gaste menos calorías, me han exprimido todo el jugo de la vitalidad.&lt;br /&gt;¿Por qué? La potencia que estas herramientas tienen para dañarme consume mis fuerzas. Mi cuerpo –asustado, tenso-, al estar en alerta continua, transforma la sutil flexibilidad en músculos rígidos y tensos. Los reflejos se vuelven más lentos, la mente falla, se cometen errores y la sangre corre. En cuerpos tensos, las posibilidades de padecer problemas de espalda son mayores que en aquellos que todos los días se ejercitan y estiran con ejercicios moderados mientras utilizan herramientas manuales. Tal vez de aquí venga la vitalidad extra. Cuando mis células son alimentadas regularmente con sangre llena de oxígeno y nutrientes, mi cuerpo responde con más vida.&lt;br /&gt;Además está la fatiga que producen los decibelios de todos los sonidos estridentes que hallamos en una obra. Cada vez más, esta es la razón predominante por la que me inclino hacia las herramientas manuales. Nuestros oídos, en sintonía con los suspiros de un amante, el sonido de la lluvia al caer, la risa de un amigo, los susurros del viento, no están adaptados para las frecuencias de los ruidos fuertes. Nos retraemos dentro de un caparazón insensible, sordos ante el mundo. Yo quiero trabajar en un ambiente donde mis tímidos sentidos se revelen en el silencio para participar de la creación, donde el flujo de la conversación o el pensamiento tenga libertad para circular, explorar y volver a caer en el silencio sin la censura, las interrupciones y las rupturas que provocan las máquinas.&lt;br /&gt;Mucha de la mala prensa que han cosechado las herramientas manuales está justificada. Sin la minuciosa vigilancia de los artesanos demandando lo mejor, el fabricante de herramientas moderno vende unas herramientas de calidad lamentable. No causa sorpresa que el comprador se de media vuelta disgustado y busque la fuerza eléctrica para realizar el trabajo. Es raro el negocio cuyos empleados sean vendedores competentes y donde se pueda encontrar una amplia selección de herramientas manuales. ¿Pero qué se puede comparar con la alegría de encontrar casi por casualidad una herramienta de calidad en una feria de objetos usados?&lt;br /&gt;Con la cada vez mayor falta de accesibilidad a las herramientas de calidad, la sabiduría de cómo usarlas también se está perdiendo y necesita ser redescubierta si queremos sacar el mayor partido de su potencial. ¿Cuál es la mejor manera de fijar, asegurar y sostener el material mientras lo cortamos, lo tallamos o lo lijamos? ¿Cómo utilizo la fuerza de mi cuerpo de manera eficiente y garbosa para que no parezca que estoy luchando contra la herramienta o contra la madera, sino que el trabajo se convierta en algo así como una danza? Este es un estudio, una investigación que requiere mi atención.&lt;br /&gt;Trabajar manualmente permite sopesar el tiempo: ¿Es mejor cuanto más rápido? ¿Que hemos ganado con el exceso de potencia? Construir de forma manual nos anima a hacerlo de manera deliberada, reflexiva, consciente de las acciones que se extienden más allá de nosotros. ¿Habría permitido la dignidad humana la construcción de arterias de salida, McMansions y super autopistas con sólo la mano de obra directa? ¿Qué les ocurre a nuestras almas recubiertas con objetos de aburrida perfección hechos mecánicamente? Para saber que existimos como seres humanos necesitamos el toque de alguien más en las creaciones que nos rodean.&lt;br /&gt;No soy un purista. Mis herramientas eléctricas, bien utilizadas, cuidadas, continuarán siendo usadas, aunque con menos frecuencia a medida que redescubra la alegría de emplear mi cuerpo para impulsar a las herramientas a hacer su magia. Porque la magia está ahí, un misterio. Me alimento con cereales y miel, pan, queso y pimientos morrones. Aspiro el aire con grandes dosis del oxigeno que transpiran los árboles. Y milagrosamente mi cuerpo convierte todo eso en movimiento, fuerza, destreza. Levanto el cepillo, afilado y a punto y lo apoyo para trabajar la madera. Entonces en algún lugar del reino infinito entre mi mano y la herramienta, sucede la alquimia. La carne, el acero y la madera se combinan en el movimiento, y recibo traslúcidos jirones de virutas que se rizan a través de mis dedos, liberando su aroma, revelando su belleza. Un obsequio. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-7518064953180354657?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/7518064953180354657/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=7518064953180354657' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/7518064953180354657'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/7518064953180354657'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/reflexiones-sobre-las-herramientas.html' title='Reflexiones sobre las herramientas manuales'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://farm2.static.flickr.com/1364/597539788_f5e889d68b_t.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5549912803736169237</id><published>2008-03-05T09:03:00.002-02:00</published><updated>2008-03-15T07:58:13.767-02:00</updated><title type='text'>Aspiración e inspiración</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.gratisblog.com/weblogs/piedelmundo/escribir.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.gratisblog.com/weblogs/piedelmundo/escribir.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si todos nos hemos planteado alguna vez qué es lo que pretendemos profesionalmente, por eso tal vez resulte ilustrativo lo que piensan quienes sí lo han hecho. El escritor valenciano Juan Gil-Albert escribió: “Aspiro a ser lo más subjetivo posible. Sólo hablando en nombre propio logra el hombre coincidir, si no con la verdad, que resulta una meta demasiado abstracta, con la autenticidad al menos. Ser auténtico vale tanto como ser verdadero y está más al alcance de nuestra buena voluntad”. Sin embargo, Graham Green era de la opinión de que había que escribir con un pedacito de hielo en el corazón, a cuya propuesta se suma el autor británico Ian McEwan, quien considera fundamental alejar de sí mismo a los personajes de sus historias...&lt;br /&gt;Por otro lado, algo me dice que existe una línea muy fina entre la literatura y la vida y que laten bastante a la par. Mucho me temo que ese trocito de hielo terminaría derritiéndose a golpe de latido, pues creo que hay que ser capaz de reconocer el mundo y de reconocerse a sí mismo antes de reinventar cualquiera de los dos. Me parece que lo que hacemos tiene mucho que ver con quienes y cómo somos, de ahí que las distintas aspiraciones de estos autores me sirvan para reflexionar un poco sobre las de los seres humanos en general.&lt;br /&gt;Si como decía el poeta, el camino le hacemos andando, golpe a golpe, verso a verso, lo que somos y lo que aspiramos a hacer no puede permanecer ajeno a cada una de nuestras elecciones, a cada una de las decisiones que tomemos. Es por eso que considero importante cierta fidelidad hacia uno mismo. Fidelidad que haríamos bien en salpicar de curiosidad. Curiosidad que tiene que ver con las ganas de aprender un poco más y de desconocer un poco menos.&lt;br /&gt;Profesionales, artistas, aprendices, artesanos, todos tenemos algo de brujos y de magos: nos transformamos. Lo de menos es si utilizamos encantamientos, sortilegios o pócimas... lo de más es mantener cierta coherencia y renovar ganas e ilusiones a golpe de optimismo. Lo dijo hace poquito en una entrevista el músico camerunés Manu Dibango: “Yo me defino como un viejo capacitado ... Soy un abuelete capaz. En África se respeta al anciano. No en vano es el guardián de algo. Por fuerza, incluso a tu pesar, has almacenado experiencias. Todos los días sucede algo y además está tu propia transformación”.&lt;br /&gt;Precisamente por eso, porque nos vamos poniendo viejos, mejor que aspirar a ser subjetivos, a enfriar nuestro corazón o a alejar nuestras producciones de nosotros mismos, cuando escribimos, pero también cuando componemos, ponemos ladrillos, cultivamos la tierra, manejamos información, accedemos a ella... sería volver un poquito la vista atrás mientras damos un nuevo paso adelante, imaginar lo posible recordando lo imposible. Porque mientras hacemos cosas&lt;br /&gt;no dejamos de ser personas,&lt;br /&gt;porque mientras creamos&lt;br /&gt;no dejamos de vivir,&lt;br /&gt;no dejamos de respirar.&lt;br /&gt;Porque somos eso: aspiración e inspiración.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5549912803736169237?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/5549912803736169237/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=5549912803736169237' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5549912803736169237'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5549912803736169237'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/aspiracin-e-inspiracin.html' title='Aspiración e inspiración'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1902687742176313200</id><published>2008-03-05T09:02:00.002-02:00</published><updated>2008-03-10T08:02:09.504-02:00</updated><title type='text'>Voces del pasado</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.authenticmaya.com/images/k%20j%20STELA.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.authenticmaya.com/images/k%20j%20STELA.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los libros que conservamos en nuestras bibliotecas son, en muchos casos, voces del pasado que buscaron el refugio de la letra escrita para seguir gritando sus mensajes a través de los siglos y por los siglos... Esas voces que intentaron preservarse, perpetuarse y reproducirse, intuyeron -en su momento- que lo que contaban era valioso, y que podía servir a generaciones vendieras. Porque el mundo es una rueda que gira, y si bien la historia no se repite -o, al menos, eso dicen los historiadores modernos- el ser humano suele tener la rara virtud de tropezar dos veces en la misma piedra.&lt;br /&gt;Preparando un texto sobre la civilización maya del periodo post-clásico -es decir, del momento en el que la llama de esa magnífica cultura comenzaba a apagarse lentamente- me encuentro con una historia que vale la pena recordar. La hallé en las páginas de uno de los libros del Chilam Balam. Estos textos merecen, por sí solos, un comentario aparte.&lt;br /&gt;Tras la conquista española del territorio maya (situado en México y parte de Guatemala), los sacerdotes católicos enseñaron a los mayas las destrezas de la lecto-escritura, con el único objetivo de facilitar su conversión a la religión cristiana. Sin embargo, los “alumnos” utilizaron tal poder para recoger su saber antiguo -que, conservado en códices, había desaparecido gracias al memoricidio perpetrado por los conquistadores y los propios sacerdotes- y los sucesos que vivían en aquel momento (siglo XVI). Salvaron así del olvido su memoria, condenada de antemano a desaparecer bajo el peso de la historia oficial.&lt;br /&gt;Se escribieron varios libros en numerosas regiones del antiguo territorio maya, en lengua nativa pero sobre papel español y usando el alfabeto latino. Aquellos manuscritos escritos en el norte del Yucatán (probablemente por los grupos étnicos mayas Itzá y Yucateco) son llamados, genéricamente “Libros de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Chilam_Balam"&gt;Chilam Balam&lt;/a&gt;”. En la actualidad se conservan fragmentos importantes de diez o doce de ellos, identificados por el nombre del pueblo en el que se redactaron. Lo que voy a narrarles lo encontré en el libro de Chilam Balam de Chumayel, uno de los más completos.&lt;br /&gt;Este libro cuenta un acontecimiento sucedido en Chichén Itzá muchos años antes de la llegada de los hispanos, un suceso que, por su importancia, se transmitió oralmente, de boca en boca, salvándose del olvido gracias a que los escritores lo recordaron y anotaron. Chichén Itzá era una de las ciudades-estados más poderosas del post-clásico maya. Ubicada en la península del Yucatán, en el antiguo territorio de los Itzá (y actual territorio mexicano), era -y es- famosa por su bellísima arquitectura, y, en especial, por el llamado “pozo de los sacrificios”.&lt;br /&gt;Este pozo era una abertura natural, de las tantas que abundan en la península yucateca, donde la roca caliza es horadada fácilmente por las lluvias y genera hundimientos, cavernas, grutas subterráneas y enormes bocas que se abren en la superficie, colmadas de agua. Llamados “&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cenote"&gt;cenotes&lt;/a&gt;” por los arqueólogos modernos (del maya “tsonoot”), los pozos eran usados, a veces, como lugar de sacrificios al dios de las lluvias, &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Chaac"&gt;Chaac&lt;/a&gt;, que para un pueblo dependiente de la agricultura, era uno de los principales del panteón. Tal era la función del de Chichén Itzá. Tan importante era ese cenote, que originó el nombre de la ciudad: Chi Cheen Itzá, “el brocal de los Itzá”.&lt;br /&gt;A las aguas verdosas de aquel pozo se arrojaban adornos propiciatorios -resina de copal, objetos de oro, plumas, orejeras de jade- y víctimas humanas escogidas. Se suponía que el pozo conducía directamente a los dominios de Chaac: allí, el dios recibiría a los sacrificados y, si tenía algo que comunicar a los vivos -que esperaban atentamente en la superficie- dejaría volver a alguno de los inmolados con su mensaje.&lt;br /&gt;Lamentablemente, y como es de suponer, nadie, nunca, regresó como mensajero divino. Drogados antes de ser sacrificados, atenazados por el pánico de la muerte inminente, las víctimas eran tragadas por las aguas cenagosas del cenote antes de que pudieran pensar en intentar salir a flote.&lt;br /&gt;Sin embargo, cuenta el “Libro de Chilam Balam” que un joven noble -de nombre &lt;a href="http://www.selecciones.com/acercade/art.php?id=79"&gt;Hunac Ceel&lt;/a&gt;-, tras presenciar unos sacrificios en el cenote, tuvo una idea reveladora. Cansado de los eventos que conmocionaban la vida política de la región en aquel momento, se dirigió a la plataforma desde la cual se lanzaban las ofrendas -votivas y humanas- y, ante la mirada atónita de la población asistente y de los sacerdotes, se lanzó de cabeza al agua. Pasaron algunos minutos sin que la superficie verdosa se moviera siquiera, y luego, entre burbujas y espuma, aquel hombre salió a la superficie, respirando ávidamente. Ante el asombro de todos y la incredulidad de algunos, gritó que el dios Chaac le había hablado, y le había dicho que, desde aquel momento, él, Hunac Ceel, de la casa de los Cocom, sería el regente de aquella ciudad-estado.&lt;br /&gt;Inmediatamente, el pueblo lo aclamó. Atados de manos por sus propias costumbres y tradiciones, y aún a sabiendas de la ágil y astuta jugada de aquel advenedizo, los nobles y los sacerdotes -sin poder contradecir su religión- debieron aceptar, tragándose la ira a duras penas, aquella decisión “divina”.&lt;br /&gt;Lo que siguió fue una de las dictaduras más implacables que hayan soportado los mayas de aquella época. Hucan Ceel y los de su casa manejaron los hilos de la intriga política y de las guerras a sus adversarios. Con su corte instalada en la ciudad de Mayapán, dirigió sus fuerzas hacia Chichén Itzá, y, según suponen algunos historiadores, fue él el que la arrasó, convirtiéndola en el conjunto de ruinas -magníficas, pero ruinas al fin- que son hoy.&lt;br /&gt;La historia, por sí sola, amerita escribir una novela. Si bien el “Libro de Chilam Balam” agrega muchos acontecimientos legendarios en este relato, el análisis de los investigadores actuales rescata los hechos históricos. La historia fue verdadera, así como las consecuencias de aquel acto, que, si bien rozó la locura, sirvió a su principal protagonista para alzarse con un poder que no le correspondía.&lt;br /&gt;Este tipo de relatos deberían hacernos reflexionar sobre nuestro presente. Pues Hunac Ceel no sería el primer “gobernante” que pasase por encima de todo su pueblo amparado en las costumbres de su sociedad. Amparados en ellas son muchos los que rigen la vida de sus naciones en forma abusiva. Usando en su beneficio los códigos civiles y legislativos, las leyes electorales, las costumbres, los hábitos, son muchísimos los que abusan de nosotros, los que se olvidan de nuestros derechos y necesidades, los que nos explotan y utilizan...&lt;br /&gt;El recordatorio de todo eso, de todo lo que pasó y sigue pasando, está en nuestras bibliotecas. Para algo fueron escritos tantos libros. Y debería estar también entre nuestros recuerdos. Porque sólo conociendo el pasado se entiende el presente y se planea el futuro.&lt;br /&gt;Pero parece ser que el hombre tiene una memoria muy frágil. Y que no consulta los libros adecuados en los estantes de su biblioteca más cercana.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1902687742176313200?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1902687742176313200/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1902687742176313200' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1902687742176313200'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1902687742176313200'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/voces-del-pasado.html' title='Voces del pasado'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8349628627014713691</id><published>2008-03-01T09:42:00.001-02:00</published><updated>2008-03-01T09:45:52.870-02:00</updated><title type='text'>¿Tener o no tener prejuicios? ¿Es ésa la cuestión?</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.csusm.edu/cwis/newsmedia/releases/03-04/Foto%20Marco%20Polo%20copy.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.csusm.edu/cwis/newsmedia/releases/03-04/Foto%20Marco%20Polo%20copy.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un par de semanas estaba leyendo una edición viejita en inglés de “Los viajes de Marco Polo” y en el capítulo XLI del primer libro, “Sobre la provincia de Khamil”, me encontré con una historia que me hizo recordar aquella otra de “Cien años de soledad”, donde si bien no se hablaba de la fertilidad de la tierra, sí se hacía referencia a la de los animales... Siete siglos y un buen puñado de accidentes geográficos separan una de otra, pero las dos nos hablan de los dones que otorga una naturaleza complacida con las infidelidades de los seres humanos, que yo me pregunto si en el devenir de la historia no nos habrán mantenido fieles a nosotros mismos. Pero aunque sí quiero compartirles ese capítulo sobre Khamil, el propósito que me lleva a hacerlo no es el engaño sino los prejuicios...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La provincia de Khamil fue un reino en tiempos pasados y tiene numerosas ciudades y pueblos. La principal de sus ciudades lleva el nombre de Khamil. Esta región está situada entre dos desiertos, a un lado el gran desierto de Lop y hacia el otro uno mucho más pequeño que puede ser atravesado al cabo de tres días de viaje. Sus habitantes son idólatras y tienen una lengua muy particular. Viven de los frutos de la tierra, los cuales obtienen en gran cantidad y ofrecen además a los viajeros. Son gente que se toma las cosas con tranquilidad, pues sólo les importa tocar, cantar, bailar y divertirse.&lt;br /&gt;Es completamente cierto que cuando un extranjero llega a la casa de alguno de ellos en busca de alojamiento, el anfitrión está encantado y deseoso de que su esposa quede a disposición del inquilino. Él, mientras, les deja el camino libre y sólo regresará una vez que el extraño se haya ido. El invitado puede quedarse y disfrutar de la compañía de la esposa tanto tiempo como desee, pues el esposo no se avergüenza en absoluto por ello, sino que lo considera un honor. Y así, todos los hombres de esta provincia saben que sus mujeres les son infieles pero no les importa. Las propias mujeres no tienen prejuicios y son disolutas.&lt;br /&gt;Sin embargo, durante el reinado de Mangu Khan sucedió que, como su señor que era, vino a enterarse de esta costumbre y envió a decirles que les ordenaba abandonarla y limitarse sólo a ofrecer alojamiento a los viajeros, si no querían sufrir un doloroso castigo. Cuando la gente del lugar tuvo noticia de esta orden se preocuparon muchísimo y durante casi tres años la cumplieron. Pero se dieron cuenta de que sus tierras ya no eran productivas y que habían tenido muchos contratiempos desde entonces. De modo que se reunieron y decidieron preparar un gran regalo, el cual enviaron a su señor rogándole gentilmente que les permitiese mantener su vieja costumbre, tal y como la habían heredado de sus ancestros; ya que mientras así lo hicieron los dioses les habían proporcionado todo lo bueno que poseían, y sin ella no sabían cómo iban a poder sobrevivir. Cuando el príncipe escuchó su petición la respuesta que les dio fue “Si necesitáis mantener vuestra vergüenza, hacedlo”, y les dio libertad para continuar con su mala costumbre. Y siempre la han conservado, y lo hacen todavía.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Parece ser que la mencionada costumbre no era del agrado de Marco Polo, pero desconocemos si el conocimiento que de ella tuvo fue por boca de otros o por experiencia propia, cuando realizaba alguno de sus maravillosos viajes a lo largo y ancho de Persia, allá por el siglo XIII. El libro en el que se relatan está lleno de anécdotas similares, unas le sobrecogen y otras le estremecen, le parecen loables algunas y detestables otras, encuentra muchas dignas de mención y se excusa por no relatar las que considera poco interesantes. Eso sí, siempre opina sobre ellas, siempre las juzga, siempre cuestiona su moralidad o inmoralidad. Las religiones están muy presentes y, mientras alaba la que él mismo profesa, se muestra poco condescendiente con el resto. Ni que decir tiene que quienes siguen una y otras reciben el mismo tratamiento. No intentaba ser objetivo nuestro viajero ni parece haber estado entre sus preocupaciones la neutralidad.&lt;br /&gt;Conceptos ambos que sí tienen muy preocupados a algunos profesionales de la educación y la bibliotecología, que pretenden educar e informar de manera aséptica, como si tal cosa fuese posible. Como si estuviese en sus manos desprejuiciarse junto a los estantes o las pizarras. Prejuicios los tenemos todos, y estaría bien que nos preguntásemos por los nuestros e intentásemos averiguarlos. En primer lugar para ser conscientes de ellos. En segundo para evitar los actos de discriminación a los que pueden inducirnos. Y en tercer lugar para darnos la oportunidad de superar unos cuantos: impidiendo que nos entorpezcan el paso y no permitiendo que se lo cierren a los demás. No tenemos que estar todos de acuerdo, pero para darnos cuenta de que pensamos distinto no nos queda más remedio que saber qué pensamos nosotros y qué es lo que piensa el otro, y por tanto intentar conocernos... Marco Polo observa y cuenta. Cuenta lo que ve y lo que piensa sobre ello, y no me parece mal. No me parece mal porque a sus lectores siempre nos quedará la asignatura pendiente de contrastar sus líneas con las de otros autores para forjarnos una opinión propia. Y eso es fantástico. Les aseguro que ponerse a investigar y aprender a ser críticos es una aventura apasionante.&lt;br /&gt;En particular, si deciden agarrar unos cuantos mapas antiguos y dibujar sobre ellos los caminos que siguió el veneciano, creo que no van a arrepentirse. Y si escogen otro autor, otro tiempo y otro horizonte imagino que tampoco. Los libros de viajes son una delicia. Uno no puede por menos que reírse a veces y sonrojarse otras. En ocasiones se sienten ganas de correr tras los pasos de sus protagonistas y en momentos de hacerlo en la dirección opuesta. Resulta asombroso de lo que esos personajes fueron capaces, y verdaderamente increíble lo que acontecía a los habitantes de aquellos remotos rincones. Los autores de las guías de viaje “The Lonely Planet” o “El trotamundos” tienen poco que envidiar al hijo de Nicolás Polo, que ya por entonces estimaba el tiempo de viaje, el coste y señalaba los puntos de interés comercial tal y como ahora se indican los de interés turístico.&lt;br /&gt;En definitiva, después de leer sobre viajes no es difícil darse cuenta de que se ha leído sobre mucho más que los trayectos de ida y vuelta, pues están todas las sendas y todos los atajos intermedios que tomaron sus autores, y suelen estar llenos de sorpresas. Al terminar dan ganas de preparar la mochila y salir a recorrer, sin olvidarse de llevar lápiz y papel y estar dispuestos a verlo y escucharlo todo. No me atrevo a animarles a probarlo ni a tocarlo todo, porque corren tiempos difíciles y les van a hacer pagar la factura con recargos. Pero sí les sugiero que viajen y lean con sus prejuicios a un lado, que no es lo mismo que desprejuiciadamente, y les brinden la posibilidad de perderse por el camino a aquellos que les pesen demasiado. Mi experiencia es que se lee y se viaja mejor cuando se va ligero de equipaje. Además, de esa manera, siempre nos quedará sitio para traernos todo lo que hemos aprendido. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8349628627014713691?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/8349628627014713691/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=8349628627014713691' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8349628627014713691'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8349628627014713691'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/03/tener-o-no-tener-prejuicios-es-sa-la.html' title='¿Tener o no tener prejuicios? ¿Es ésa la cuestión?'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3657006008153146017</id><published>2008-02-23T09:13:00.002-02:00</published><updated>2008-02-23T09:17:53.334-02:00</updated><title type='text'>Un populu diventa poviru e servu quannu ci arrubannu a lingua</title><content type='html'>&lt;a href="http://flan.csusb.edu/images/hands_world_sm.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://flan.csusb.edu/images/hands_world_sm.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Castigo de Dios. Eso fue.&lt;br /&gt;Parece ser que, en el principio, todos los hombres hablaban un mismo idioma. Hasta que se les ocurrió construir una ciudad y edificar en ella una torre tan alta que alcanzase los cielos. En castigo de tamaña presunción, Dios confundió todas sus lenguas, de forma que no pudieran entenderse entre ellos y les fuera imposible continuar la edificación de esa construcción: la famosa torre de Babel.&lt;br /&gt;Así lo cuenta el Génesis (xi, 9), la colección de antiguas tradiciones orales semíticas más leída de todos los tiempos. Miles de lenguas y de hablantes, todas distintas, todas incomprensibles para los demás. Castigo de Dios.&lt;br /&gt;Esta impresionante variedad de hablas, palabras, gramáticas y sonidos, conforman una parte importante de nuestra diversidad cultural, la cual, de acuerdo a la Declaración Universal sobre Diversidad Cultural de la UNESCO de 2002 (&lt;a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001271/127160m.pdf"&gt;link&lt;/a&gt;), es uno de nuestros mayores tesoros como especie. Sin embargo, y para no perder la costumbre, el ser humano está ocupándose de destrozar ese milagro con sus propias manos a cada paso que da. Basta examinar algunos datos provistos por la propia UNESCO en 2005:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Sólo el 4 % de los idiomas son usados por el 96 % de la población mundial; el 50 % de las lenguas del mundo se encuentran en peligro de extinción; el 90 % de ellas no están representadas en la Internet; cinco países monopolizan el negocio de la industria cultural mundial”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;(Tomado de Knowledge versus information societies: UNESCO report takes stock of the difference, &lt;/em&gt;&lt;a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001418/141843e.pdf"&gt;&lt;em&gt;link&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;).&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ciertamente, el uso de algunos idiomas como vehículos de intercambio (inglés, francés, español, árabe, chino) para superar las barreras lingüísticas y facilitar la comunicación es algo bastante útil. Sin embargo, estos idiomas han dejado de ser sólo un “vehículo” y se han transformado en “lenguas dominantes”, presionando a las demás y logrando eliminar muchas de ellas de la faz de la memoria humana.&lt;br /&gt;¿Qué ocurre cuando se pierde la lengua? Comparto con ustedes un poema, “Lingua e dialettu”, escrito por Ignazio Buttitta en su lengua/dialecto natal: el siciliano.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Un populu&lt;br /&gt;mittitulu a catina,&lt;br /&gt;spuggghiatulu,&lt;br /&gt;attuppatici a vucca:&lt;br /&gt;é ancora libiru.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Livatici u travaggghiu,&lt;br /&gt;u passaportu,&lt;br /&gt;a tavula unni mancia,&lt;br /&gt;u lettu unni dormi:&lt;br /&gt;é ancora riccu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un populu&lt;br /&gt;diventa poviru e servu&lt;br /&gt;quannu ci arrubanu a lingua&lt;br /&gt;addutata di patri:&lt;br /&gt;é persu pi sempri.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Encadenad un pueblo,&lt;br /&gt;despojadlo,&lt;br /&gt;tapadle la boca:&lt;br /&gt;todavía es libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quitadle el trabajo,&lt;br /&gt;el pasaporte,&lt;br /&gt;la mesa donde come,&lt;br /&gt;el lecho donde duerme:&lt;br /&gt;todavía es rico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pueblo&lt;br /&gt;se vuelve pobre y esclavo&lt;br /&gt;cuando le roban la lengua&lt;br /&gt;heredada de sus padres:&lt;br /&gt;está perdido para siempre.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin las palabras que decimos, que usamos a diario, nuestra vida no tiene ningún sentido. Desaparecían muchos conceptos que son únicos a nuestras culturas, muchas ideas que nacieron entre nuestras manos y que luego fueron adoptadas por otros (usando incluso nuestra propia lengua). Muerta la palabra, murió también la idea, por más que otras lenguas intenten describirla igual de bien. ¿Qué sería la música latinoamericana sin palabras locales como joropo, huapango, cueca o huayno? ¿Cómo nombrar animales y plantas si nos quitan términos como ñandú, vicuña, quirquincho o colibrí? ¿Cómo harán los Inuit para nombrar su entorno si les reemplazan todos sus términos para referirse a la nieve por el genérico snow inglés?&lt;br /&gt;Nuestra lengua es el vehículo de expresión de nuestra cultura, un vehículo hecho a la medida. Sin ella, no seríamos nada; o quizás sí, seríamos un pueblo que habría perdido el norte.&lt;br /&gt;Y ya son muchos los pueblos que lo han perdido, que han debido adoptar lenguas extranjeras y que han olvidado los sonidos que sus padres y abuelos utilizaban. América Latina es un gran continente lleno de memorias rotas y voces apagadas. Nosotros deberíamos saber, mejor que nadie, cómo se siente perder el idioma propio, y cuáles son las consecuencias de tamaña pérdida. Algo que también ocurre en África, en Asia, o con las minorías europeas.&lt;br /&gt;Como bibliotecarios, como agentes de información y promotores de cultura, ¿qué hacemos al respecto? Nuestras colecciones ¿albergan todas las lenguas habladas en nuestra comunidad, en nuestro país, entre nuestros usuarios? Permítanme dudarlo. La economía de recursos y espacios hace que se apueste siempre por lo “dominante”. Lo “pequeño” -por valioso que sea- no importa. Eso ocurre también entre los medios de comunicación, las empresas editoriales y tantos otros canales culturales e informativos. El mundo ha sido organizado -en todos los sentidos- para respetar una ley “evolutiva”: la supervivencia del más fuerte. Lo “minoritario”, lo “débil”, lo “mínimo”, debe desaparecer.&lt;br /&gt;Y lo hace. Vaya si lo hace.&lt;br /&gt;La buena noticia es que existen muchos que no se resignan a callar, y otros que, en forma independiente y arriesgando mucho, se dedican a estudiar, recuperar, publicar y difundir sus lenguas y tradiciones literarias. Y somos muchos, también, los que empezamos a enamorarnos de su trabajo y de los sonidos de otras palabras.&lt;br /&gt;Para aquellos interesados en conocer un poco más sobre los problemas y las características de la diversidad lingüística de nuestro planeta, les recomiendo la lectura del artículo “Lenguas en peligro” (&lt;a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001471/147185s.pdf"&gt;link&lt;/a&gt;) publicado en septiembre del 2006 en “El mensajero del patrimonio inmaterial” de la UNESCO; el artículo de Luisa Maffi “Lenguas amenazadas, saber amenazado” (&lt;a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001284/128436s.pdf#128432"&gt;link&lt;/a&gt;), publicado en 2003 en la “Revista internacional de ciencias sociales”; la “Recomendación sobre la promoción y el uso del plurilingüismo y el acceso universal al ciberespacio” (&lt;a href="http://portal.unesco.org/ci/en/ev.php-URL_ID=13475&amp;amp;URL_DO_TOPIC&amp;amp;URL_SECTION=201.html"&gt;link&lt;/a&gt;) de la UNESCO (2003); el atlas de lenguas en peligro elaborado por el Sector de Cultura de la UNESCO (&lt;a href="http://portal.unesco.org/culture/es/ev.php-URL_ID=8270&amp;amp;URL_DOTOPIC&amp;amp;URL_SECTION=201.html"&gt;link&lt;/a&gt;); y, para aquello que manejen inglés y francés, el sitio Omniglot (&lt;a href="http://www.omniglot.com/"&gt;link&lt;/a&gt;), el Languages homepage de la BBC (&lt;a href="http://www.bbc.co.uk/languages"&gt;link&lt;/a&gt;), el sitio Euromosaic de la Comisión Europea (&lt;a href="http://www.uoc.edu/euromosaic"&gt;link&lt;/a&gt;), el sitio cuatrilingüe Linguapax (&lt;a href="http://www.linguapax.org/"&gt;link&lt;/a&gt;), el proyecto Terralingua (&lt;a href="http://www.terralingua.org/"&gt;link&lt;/a&gt;), la iniciativa francesa Babel (&lt;a href="http://www.unesco.org/webworld/babel"&gt;link&lt;/a&gt;) y el MSST Clearing House Linguistic Rights de la UNESCO (&lt;a href="http://www.unesco.org/most/ln1.htm"&gt;link&lt;/a&gt;).&lt;br /&gt;Para aquellos que quieran aprender una lengua extranjera, la Internet puede ser (o no) un entorno privilegiado. Me gustaría recomendarles, para los que tienen gustos “exóticos”, los Manuales del Cuerpo de Paz de la ONU, para aprender en forma veloz lenguas como el rumano, el guaraní, el estonio, el filipino, el wolof, el uzbeko, el azerí, el ucraniano, el árabe, el swahili, el kazajo, el búlgaro, el ruso o el armenio. Están en inglés (pequeño problema) y pueden ser descargados libremente desde ERIC. Abundan además las páginas de recursos lingüísticos, y este aviso va dirigido para aquellas bibliotecas especializadas en lenguas, que suelen depender de los libros que tienen y de los recursos “dominantes”, sin darse cuenta que, bajo acceso abierto, cuentan con miles de sitios que pueden ser de utilidad para sus usuarios.&lt;br /&gt;Ustedes pensarán que el mío es un discurso utópico, y que dominando la lengua propia y una general (o séase, el inglés) podemos movernos por el mundo sin problemas. Quizás tengan razón. Pero he viajado mucho, y, si bien hablo inglés fluidamente y me defiendo muy bien en otro conjunto de lenguas “conocidas”, siempre he tenido la precaución de aprender la mayor cantidad posible de frases, expresiones y palabras en esos idiomas que nadie aprendería porque son “minoritarios”. Y siempre me han servido. En Corea, en Malasia, en Suecia, en Noruega, en Ecuador... Porque resultó que no todos hablaban inglés, o español, o francés. Y porque, aunque pensemos que algunas lenguas son “minoritarias”, sus hablantes no opinan lo mismo. Y si bien podemos usar alguna lengua “dominante” como puente, sólo será eso: un puente. Comprender al otro, acercarse a él y a su cultura, implicará aprender su idioma. Y viceversa.&lt;br /&gt;Un mundo donde suenen muchas voces distintas no tiene porqué ser un mundo anárquico e incomunicado. Pensar lo contrario sería apoyar discursos homogeneizadores y totalitarios, que tantas desgracias han traído a la humanidad a lo largo de la historia. Conservemos la pluralidad, conservemos nuestra identidad, y acerquémonos a las de otros. Será la única manera de establecer lazos más humanos, basados en la comprensión real, y de empezar a eliminar barreras que sólo llevan a separarnos cada día más.&lt;br /&gt;Y si, al fin y al cabo, se trató de un castigo divino, demostremos que no fue así, y que quizás la antigua historia está mal contada. O que el autor del castigo no logró su cometido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3657006008153146017?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/3657006008153146017/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=3657006008153146017' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3657006008153146017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3657006008153146017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/02/un-populu-diventa-poviru-e-servu-quannu.html' title='Un populu diventa poviru e servu quannu ci arrubannu a lingua'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3802049895324901775</id><published>2008-02-16T09:21:00.003-02:00</published><updated>2008-02-16T09:29:14.908-02:00</updated><title type='text'>¿De manera que la tolerancia no era tan buena?</title><content type='html'>&lt;a href="http://centros4.pntic.mec.es/cp.santiago.ramon.y.cajal4/integracion.JPG"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://centros4.pntic.mec.es/cp.santiago.ramon.y.cajal4/integracion.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo era y no lo es. Digamos que no del todo, que no tanto, que quiso pero no pudo, que lo intentó pero no le salió bien. Y en esas estamos, hablando de aceptación del otro, de reconocer la diferencia, de valorarla incluso. Pero de ahí no pasamos. Una nota folklórica en nuestros sistemas homogéneos, globales e insípidos. Un punto de color en la gris estandarización de nuestras maneras y usos, de nuestras costumbres. Un leve matiz que aclare u oscurezca ese tono pastel sin estridencias en el que estamos inmersos. Que parezca que todo está bien. No importa si en realidad está todo mal. Da lo mismo si tenemos intención de mejorarlo siquiera.&lt;br /&gt;Hace unas semanas, leía en el diario unas líneas del escritor peruano Iván Thays en las que aconsejaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Desterremos la palabra “tolerancia”, muy del agrado de estos escritores dispuestos a tolerar con buen humor a los que consideran minorías hegemónicas o excluidas, y propongamos a cambio “pluralidad”. Y en vez de pelearnos por estar falsamente unidos en torno a una obligación, hagámoslo por defender la diferencia de los demás.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus reflexiones tenían que ver con la tremenda bronca que se había organizado meses atrás entre escritores peruanos “hegemónicos” y “excluidos”, o “criollos” y “andinos”, para ver quiénes de ellos, representaban más y mejor a la literatura de su país. Pero me parecen igualmente atinadas para referirse a otros campos, no sólo al literario. Precisamente, porque como también indicaba en ese mismo medio el autor limeño:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Basta leer cualquier biografía de escritores, cualquier historia de una época, para enterarse de peleas y más peleas. Cambian los actores, cambian los argumentos, cambia todo y lo que sea, cambia la calidad literaria y la calidad humana, pero no cambia el instinto de enfrentamiento y la necesitad de derrotar (con argumentos o sin ellos) al otro.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso será necesario tolerar primero para derrotar después? ¿Será la tolerancia el primer paso hacia la victoria? Digamos, me acerco, tomo confianza, y ¡zas! lo hago añicos después. Pero, eso sí, con una sonrisa.&lt;br /&gt;En esas estaba, analizando con humor todas y cada una de las acepciones que mi diccionario propone de la palabra “tolerancia”, y decidiendo si me parecía peor “la diferencia que se consiente” o la “disposición a admitir en los demás una manera de ser, de obrar o de pensar distinta a la propia, especialmente en cuestiones y prácticas religiosas” -deseché la de “capacidad del organismo para soportar dosis cada vez más elevadas de una droga”-, cuando retrocediendo unas páginas me encontré con las poco esclarecedoras explicaciones sobre “pluralidad”. Y me quedé pensando si la “calidad de ser más de uno” era mejor que “la acción de tolerar”, para lo cual tuve que buscar “tolerar”: soportar con indulgencia en los demás [una cosa que desaprobamos]. Francamente, en caso duda los diccionarios aclaran tan poco como los curas. Y si no pregúntenselo a Ramón, uno de los personajes de la novela de Mario Benedetti, “Gracias por el fuego”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No tengo ningún pecado, dije en el confesionario. Hijo, no hay que ser tan soberbio, ¿acaso no tienes alguna mirada pecaminosa para las niñas de tu colegio? A partir de ese momento me propuse perder mi soberbia. No me había fijado en las chiquilinas. Pero al día siguiente hice todo lo posible por mirarlas pecaminosamente. Hoy sí tengo un pecado, dije el domingo en el confesionario. Este cura era más viejo y me miró desconfiado. ¿Cuál? Miré pecaminosamente a las chiquilinas de mi colegio. Yo rebosaba satisfacción porque había vencido mi soberbia. No hay que ser soberbio, dijo entonces el cura más viejo, nunca te enorgullezcas de ser pecaminoso. Recé de apuro los treinta padrenuestros y me fui corriendo. Abrí el diccionario en la palabra pecaminoso: perteneciente o relativo al pecado o al pecador. Un poco más arriba estaba la palabra pecado: hecho, dicho, deseo, pensamiento u omisión contra la ley de Dios y sus preceptos. Sí, claro, yo había mirado a las chiquilinas con omisión.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía sonriendo, compartí mis hallazgos con Edgardo (lo de la lectura silenciosa nunca me gustó y suelo comentar cada línea con quienes me rodean, mostrando muy poco respeto, debo confesarlo, hacia su propia concentración en otros menesteres), y me senté después a hacerles partícipes de ellos también a ustedes. Hasta ahora yo había escuchado eso de “la caridad mal entendida”, y Edgardo y yo hemos alargado muchas sobremesas discutiendo sobre la pluralidad cultural, la multiculturalidad, la transculturalidad pero nunca me había puesto a pensar en otro montón de términos -y las acciones, habilidades, capacidades, etc. asociadas a ellos- tan poco acertados para hablar de cómo deberían ser las cosas, y que, sin embargo, definen maravillosamente el enorme listado de las que están como están y no son como deberían.&lt;br /&gt;El poder de nombrar es extraordinario, pero no estoy tratando de sugerir que haya que poner más cuidado en el decir que en el hacer, tal vez el mismo. Tenemos que estar atentos a la intencionalidad de nuestras palabras. Importa mucho, muchísimo. Y ser conscientes de su fuerza quizás nos ayude a emplearlas mejor a saber qué estamos diciendo y por qué lo estamos diciendo. No obstante, hay mucho más en las palabras que su intencionalidad pues encierran nuestros pensamientos, por más que no los sintamos prisioneros.&lt;br /&gt;Permítanme terminar con algunas más de Ramón, en el ya citado libro de Benedetti:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ya no llueve más. Pero no refrescó. A Gustavo el Viejo lo arrincona todas las veces que quiere. Para eso usa y abusa de su elegante prepotencia. Anoche quiso obligarlo a que fundamentara su actitud política. Luego, de a poco, con sonrisas, con ironías, con chistes, con retruécanos, incluso con algunos argumentos, lo fue desanimando hasta dejarlo mudo y resentido. Sentí de pronto un gran cariño por Gustavo, no el de siempre, no el manso afecto de saberlo mi hijo, sino uno activo, renovado, militante. El Viejo está inseguro, pero despliega una gran seguridad. Gustavo está seguro, pero no sabe explicar su propia seguridad. El Viejo es un veterano, un campeón de la polémica, un experto en sus tretas. En ese sentido, el pobre Gustavo es un lactante. Sin embargo, como quisiera apostar por él. En el núcleo de su inexperiencia hay una convicción.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3802049895324901775?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/3802049895324901775/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=3802049895324901775' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3802049895324901775'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3802049895324901775'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/02/de-manera-que-la-tolerancia-no-era-tan.html' title='¿De manera que la tolerancia no era tan buena?'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1457415286446210462</id><published>2008-02-09T10:19:00.000-02:00</published><updated>2008-02-09T10:23:20.340-02:00</updated><title type='text'>Sobre bostezos...</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.mrsite.co.uk/usersitesv9/unplaceproject.com/wwwroot/USERIMAGES/robb-yawn.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.mrsite.co.uk/usersitesv9/unplaceproject.com/wwwroot/USERIMAGES/robb-yawn.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Saben ustedes por qué bostezamos?&lt;br /&gt;Esta es una de las tantas preguntas que hice durante mi infancia. Era un minúsculo proyecto de persona cuando comencé a atormentar a padres, familiares y maestras con este tipo de cuestiones. “Mamá... ¿por qué lloramos lágrimas cuando estamos tristes?” (respuesta = cara sorprendida + boca abierta). “Papá... ¿por qué nos reímos cuando algo nos hace gracia?” (respuesta = “porque sí, hijo”). “Maestra... ¿de qué está hecho el fuego?” (respuesta: “alumno Civallero, no moleste”). “Tío... ¿dónde guardan los imanes su fuerza?” (respuesta = silencio + hombros encogidos).&lt;br /&gt;Permítanme preguntar nuevamente. ¿Saben ustedes por qué bostezamos?&lt;br /&gt;No, no se molesten en buscar. Nadie lo sabe aún. Hay muchas teorías, a cuál más disparatada. Unos dicen que es para enfriar el cerebro. Otros, que es una reacción fisiológica ante el cansancio... Los viejos dicen que es aviso de males, y los antiguos Mayas argumentaban que era una muestra inconsciente de que sentimos deseo sexual por alguien que está cerca nuestro (esta última parece interesante. Deberé investigar...)..&lt;br /&gt;Y otros dicen que es un mero reflejo. De hecho, ustedes probablemente ya estén bostezando, o lo harán en los próximos minutos. Si no es por aburrimiento, será por reflejo.&lt;br /&gt;¿Hacia dónde los llevo con esta perorata? A darnos cuenta de que las preguntas más básicas e “infantiles” son las que aún no han encontrado respuesta, en un mundo “civilizado” en el cual los científicos han puesto hombres en la luna, han leído nuestro código genético y han logrado enviar palabras y sonidos a través del planeta en cuestión de segundos.&lt;br /&gt;Creemos tener todas las respuestas en esta “Sociedad del Conocimiento” (el humorista Quino escribiría “Zoociedad” o “Suciedad”...), pero las más importantes no aparecen por ningún sitio. Al menos, esa es la sensación que tengo después de unos años de trabajar como bibliotecario. “Sólo sé que no sé nada”, como dijo el buen Sócrates (que era un tipo realista).&lt;br /&gt;Daniel Quinn, en su novela “Ishmael” -que nos regaló, este verano austral, nuestra entrañable amiga y colega estadounidense Elaine Harger- afirma que el hombre, por no saber cosas básicas, no sabe siquiera cómo tiene que vivir. La progresiva destrucción del planeta y otros fenómenos visibles en la prensa cotidiana son pruebas de ello.&lt;br /&gt;Pero, yendo un paso más allá -y olvidando este interesante punto de que no sabemos cosas tan básicas-, otra característica de los sistemas de conocimiento humano es que la información que está disponible (es decir, lo que sí sabemos) está tremendamente repartida, fragmentada, dispersa... Ni siquiera las modernas redes de información han logrado hacer accesible toda la información. Este punto me recuerda un cuento de la tradición oral de los Ashanti de Ghana, en la costa occidental de África.&lt;br /&gt;Cuenta este pueblo que Nyame, el Dios del Cielo, entregó a Anansi (La Araña, héroe cultural Ashanti) una vasija en donde estaba toda la sabiduría, para que la distribuyera entre todos los humanos. Pero Anansi quiso tenerla toda para sí, y decidió esconder aquel enorme cacharro en la copa de un árbol alto, para que nadie pudiera robársela. Sea por descuido, sea por prisa, la olla cayó mientras Anansi subía por el tronco, y se hizo añicos contra el suelo, esparciendo fragmentos de sabiduría a los cuatro rincones del mundo. Los hombres se hicieron con los fragmentos que pudieron recuperar. Pero muchos otros se perdieron, y, en definitiva, nadie pudo ser dueño de toda la sabiduría. Desde ese entonces, cuando los hombres se encuentran, intercambian entre ellos las piezas de ese saber que poseen, intentando reconstruir el conjunto original...&lt;br /&gt;Recapitulemos: no sabemos cosas básicas (aunque nos hemos ocupado de saber cosas que no son tan necesarias). Lo que sabemos está disperso. A este panorama de confusión sumemos que el sistema socio-económico mundial actual hace que el intercambio de ese escaso saber que pudo recuperarse después del desastre de Anansi sea bastante dificultoso (hablo de leyes de copyright, información bajo clave, libros a precios exorbitantes, etc.).&lt;br /&gt;Como conclusión, encontramos que, definitivamente la nuestra es una profesión complicada: intentamos gestionar información fragmentaria que no siempre podemos acceder.&lt;br /&gt;La buena noticia es que el ser humano es muy parecido al agua. Ante las murallas se detiene, pero lentamente comienza a buscar resquicios por donde filtrarse. Y ese deseo de intercambiar conocimiento, de adquirir más saber, de descubrir nuevas cosas, de enterarse, de vivir la cultura y multiplicarla, jamás puede ser detenido (a pesar de lo que digan las leyes internacionales y los intereses comerciales), porque es tan antiguo como nuestra especie. El boca a boca de los tiempos pretéritos -que luego fue el mano a mano de nuestros padres y abuelos, haciendo circular libros y discos- se ha convertido ahora en el &lt;em&gt;sharing&lt;/em&gt; del universo digital. Una miríada de plataformas libres permite subir todo tipo de información (libros, música, imágenes) a la web, sorteando hábilmente las barreras legales, y ponerla a disposición de todos. No sabremos todo lo que no sabemos, es cierto. Pero muchos ya están intentando que lo que sabemos sea de todos, que pueda intercambiarse, que pueda circular y ser libre... Que la producción intelectual y artística humana pueda pasar por las manos de todos...&lt;br /&gt;Sé que muchos argumentarán, en contra de esta opinión, que los autores que viven de sus obras no estarían muy de acuerdo con mi perspectiva. Estoy de acuerdo. A eso respondo que son pocos los autores que viven de su trabajo (literario, musical, artístico, etc.). Son muchos, por el contrario, los que comienzan a liberar su trabajo en línea, a promocionar su producción, a hacerla llegar a todas las manos, ojos y oídos. Y, curiosamente, han descubierto que de esa forma aquellos que conocen sus obras comienzan a seguirlos, y son muchos los usuarios que, tras conocer sus trabajos en línea, compran sus libros, su música o su arte para poder disfrutar mejor de ellos, o asisten a sus conciertos, clases, conferencias o exposiciones. Creo que, en este sentido, se está desarrollando un nuevo paradigma, que sorteará quizás, en un futuro no muy lejano, las actuales barreras de derechos de autor, pues estas barreras (y otras muchas), más allá de ser un cepo para los consumidores de cultura, se han convertido en una jaula para los propios autores, que se ven atrapados en las manos comercialmente interesadas de unos pocos (que son los que realmente se benefician).&lt;br /&gt;Les recomiendo, en este sentido, leer el trabajo elaborado por el grupo internacional de investigación Copy/South, con base en el Reino Unido, que ha elaborado el Copy/South Dossier. De momento está disponible solamente en inglés, pero la traducción al castellano ya ha sido terminada y en breve estará disponible en línea. En este documento se brindan estrategias, análisis y razones que buscan superar las barreras del copyright. También tiene una curiosa serie de pósteres (también en inglés) que esta semana colocamos en nuestra sección de imágenes libres, con su correspondiente traducción. Les recomiendo que les echen un vistazo.&lt;br /&gt;Siendo fieles a estos pensamientos -y sustentando una posición que hemos mantenido durante todos los años que llevamos trabajando en esta profesión- agregaremos semanalmente a este blog vínculos de descarga a distintos tipos de productos culturales (libros, música, imágenes), además de incorporar vínculos a información valiosa desde estas mismas entradas, cuando ello sea posible. Deseamos, a través de esta acción, lograr que continúe el intercambio de esos fragmentos de información que quedaron desperdigados después del accidente de Anansi... y que los bibliotecarios y otros profesionales encuentren, disfruten y divulguen estos recursos (aunque sea en voz baja, dadas las circunstancias).&lt;br /&gt;Y sobre los bostezos... ¿qué decirles? Continuaré con la duda. Por si acaso, seguiré tapándome la boca (para que no me entren malos espíritus ni me cuenten los dientes y pierda años de vida, como dicen las antiguas tradiciones). También seguiré haciéndome otras preguntas y buscando las improbables respuestas.&lt;br /&gt;Y, en “venganza” por todos los silencios obtenidos tras mis cuestionamientos de niño insoportable, espero tener respuestas para las dudas de otros. Claro, siempre y cuando la información esté disponible.&lt;br /&gt;Ahora, bostecen en paz. Un abrazo enorme desde Córdoba, Argentina...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Nota: Los recursos a compartir se encuentran en nuestra “Zona libre” (ver barra lateral). Un resumen de los elementos puestos a disposición cada semana se encontrará en la sección “¿Qué hay de nuevo?” (ver barra lateral).&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1457415286446210462?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1457415286446210462/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1457415286446210462' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1457415286446210462'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1457415286446210462'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/02/sobre-bostezos.html' title='Sobre bostezos...'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-2677081972490284602</id><published>2008-02-02T10:43:00.000-02:00</published><updated>2008-02-02T10:45:28.305-02:00</updated><title type='text'>-¿Y qué vas a hacer con todo ese dinero ahora?</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.luispescetti.com/wp-content/cuentos_etc/frin-piensa.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.luispescetti.com/wp-content/cuentos_etc/frin-piensa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Le preguntó su papá, con cariño. Y esa pregunta quería decir varias cosas: no le iban a pedir el dinero, él lo podía gastar sin que nadie le dijera nada, y ellos no se iban a meter en lo que hiciera con ese dinero. Se pasó tres días sin saber en qué gastárselo.&lt;br /&gt;-Mirá, Frin, si lo ahorrás vas a ir juntando tu dinero (explicaba su papá).&lt;br /&gt;-¿Y para qué?&lt;br /&gt;-Para poder comprar más cuando hayas juntado bastante.&lt;br /&gt;-(Frin negaba con la cabeza)... no, yo prefiero ir comprando y así igual voy a ir comprando más.&lt;br /&gt;Lynko no se cansaba de hacerle sugerencias.&lt;br /&gt;-¡Mirá esa pelota, Frin!&lt;br /&gt;-(No)...&lt;br /&gt;-¡Mirá esa caña de pescar!&lt;br /&gt;-(No)...&lt;br /&gt;-¡Una mochila para irnos de campamento!&lt;br /&gt;-(No)...&lt;br /&gt;-¡¿Y qué vamos a llevar el domingo, entonces, Frin?!&lt;br /&gt;Hasta que en una librería vio un tomo de una enciclopedia y supo lo que quería. Era una enciclopedia que también se vendía en fascículos más pequeños y que Arno siempre llevaba cuando tenían que consultar algo en la escuela. Entró y compró el primer tomo. Para su sorpresa costaba menos de lo que creía. Le alcanzó para comprar otro libro. Uno de fenómenos extraños que habían pasado en toda la historia. Así gastó su primer dinero.&lt;br /&gt;Cuando llegó a su casa guardó el tomo de la enciclopedia en la pequeña biblioteca del comedor y fue a sentarse en el patio a leer el otro libro. Al rato entró Alma por la puerta del patio. Le gustó verlo con ese libro abierto, que sostenía con una mano, mientras que la otra estaba apoyada en su cabeza. Aprovechando que no se había dado cuenta de que ella estaba ahí, se quedó observándolo. Era lindo que estuviera tan concentrado. Parecía más importante. Estaba tan serio. Nunca había visto a nadie leer de esa manera: parecía que estaba en otro mundo.&lt;br /&gt;-Hola, Frin.&lt;br /&gt;-... ah, hola.&lt;br /&gt;-¿Qué estás leyendo?&lt;br /&gt;-Mirá, en 1953 desapareció un barco con toda su tripulación.&lt;br /&gt;Alma se sentó a su lado. Frin siguió leyendo en voz alta, y ella le prestó atención a lo que él decía; pero también era lindo estar así con Frin. Cerca, mientras él leía en voz alta par los dos. No era fea la voz de Frin. Un barco había desaparecido con toda la tripulación. Es más, era una linda voz. Y no se había hundido. Y leía bien.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Estas líneas pertenecen al libro infantil “Frin” del escritor, actor y músico argentino Luis María &lt;a href="http://www.pescetti.com/"&gt;Pescetti&lt;/a&gt;. Una maravillosa obra que nos cautivó a Edgardo y a mí la primera vez que la tuvimos entre las manos y nuestros ojos pudieron ser testigos, hoja tras hoja, de lo que hacía, pensaba y sentía este joven protagonista mientras estaba en la escuela, hacía nuevos amigos, gustaba de una compañera de clase, conseguía su primer trabajo... Nos pareció una historia magnífica, que devoramos ávidamente cuando la sacamos de la biblioteca del Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil (CEDILIJ) de Córdoba (Argentina). Con la misma ilusión que Frin gastó su primer sueldo en ese tomo inicial de la enciclopedia, alcanzándole además para un segundo libro sobre fenómenos extraños, nosotros escribimos a los Reyes Magos pidiéndonos sus aventuras en letra impresa. Cuando abrimos nuestros regalos el 6 de enero, cual no sería nuestra sorpresa cuando vimos que las arcas de Sus Majestades alcanzaron para “Frin”, para “Lejos de Frin” (del mismo autor) y “Los selk’nam. La vida de los onas en Tierra del Fuego” de la antropóloga francesa Anne Chapman. A Pescetti se lo pidió Edgardo, a Chapman me la pedí yo, pero no imaginábamos que nos iban a traer todo lo que les pedimos. Esa misma mañana comenzamos a leer nuestros regalos y como Alma, nos quedamos algunos minutos mirando al otro en silencio, observando su seriedad, su sonrisa, su sorpresa... Cada uno en su mundo, en un mundo distinto, en otro mundo... Mientras uno recordaba su infancia, otro recuperaba la memoria de un pueblo extinto. Ambos volviendo la cabeza, Edgardo unos pocos años, yo un par de siglos (los informantes de Chapman nacieron en el XIX y todos murieron en el XX). De algún modo los dos estábamos mirando hacia atrás, hacia el propio pasado y hacia el de un pueblo que se supo vencido desde que algunos hombres blancos, allá por 1880, llegaron para quedarse y allanaron su camino destruyendo una cultura y aniquilando al pueblo que durante siglos la mantuvo viva de generación en generación. Había nostalgia en los ojos de Edgardo y pude escuchar su risa de vez en cuando. Yo apenas despegué mis labios y mi mirada se quedó perdida en alguno de los cuatro “cielos” que conocían los selk’nam. Un par de días después intercambiamos nuestros libros sin darles tiempo a descansar siquiera una noche junto a los demás que forman parte de nuestra querida biblioteca. Reapareció mi sonrisa y a Edgardo se congeló la suya en alguno de los haruwen (territorios) en que estaba divida la Isla.&lt;br /&gt;¿No es fascinante ese poder de los libros para llevarnos con ellos, para atraparnos, para arrastrarnos a otros lugares, a otros tiempos, a otras culturas, a nuestra infancia...? ¿No es increíble que entre sus páginas sigamos otros pasos y descubramos nuevos horizontes? ¿No es maravilloso viajar con tan poco equipaje e ir siempre tan bien equipado? Frin tardó tres días en decidir en qué quería gastar el dinero que acababa de ganar, y a nosotros nos tomó una pocas horas escribir la carta a los Reyes Magos. Los tres elegimos un libro y cada cual vivió una aventura diferente al adentrarse en sus páginas. Los tres tuvimos que pensar qué es lo que más queríamos, y una vez conseguido, cada uno se tuvo que concentrar en la lectura. Es casi seguro que, a nuestro modo, los tres rescribimos algunos pasajes, que inventamos y que soñamos; que, por momentos, nos olvidamos de dónde estábamos y casi, casi de quienes éramos; que, en más de una ocasión, volvimos de nuevo una página o avanzamos dos o tres, incluso varios capítulos de golpe...&lt;br /&gt;Dado que con un libro en las manos podemos lograr tantas cosas, vivir tantas aventuras, descubrir tantas historias... sería estupendo que no hubiese que gastarse “todo ese dinero” para que en nuestras pequeñas bibliotecas hubiese un nuevo amigo, y para que en las bibliotecas que son de todos se pudiese encontrar lo que nos guste, nos interese y necesitemos cada uno. Dado que los Reyes Magos tienen otras muchas peticiones que atender y sólo vienen una vez al año, es importante que los libros estén al alcance de todos y se los podamos “pedir” también a los bibliotecarios, a los libreros, a nuestros padres, a nuestros hijos, a los amigos, a los profesores... Porque cada vez estoy más convencida de que leer es una maravillosa necesidad y los libros un inmejorable complemento a los alimentos que ingerimos cada día para &lt;em&gt;crecer&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-2677081972490284602?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/2677081972490284602/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=2677081972490284602' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/2677081972490284602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/2677081972490284602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2008/02/y-qu-vas-hacer-con-todo-ese-dinero.html' title='-¿Y qué vas a hacer con todo ese dinero ahora?'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-4654167784254434500</id><published>2007-12-26T08:35:00.000-03:00</published><updated>2007-12-26T08:40:00.199-03:00</updated><title type='text'>De vacaciones</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R3I9dPp2nEI/AAAAAAAAAPs/iYcU17QXAds/s1600-h/cerrado+01.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5148244896665476162" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R3I9dPp2nEI/AAAAAAAAAPs/iYcU17QXAds/s320/cerrado+01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Estaremos de vacaciones durante el mes de enero, preparando nuevos contenidos para el año 2008... Hasta nuestro regreso a este espacio virtual, les hacemos llegar nuestros mejores deseos...&lt;br /&gt;Desde Córdoba, Argentina&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sara &amp;amp; Edgardo, Edgardo &amp;amp; Sara&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-4654167784254434500?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/4654167784254434500/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=4654167784254434500' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4654167784254434500'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4654167784254434500'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/12/de-vacaciones.html' title='De vacaciones'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/R3I9dPp2nEI/AAAAAAAAAPs/iYcU17QXAds/s72-c/cerrado+01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-4585034918061534382</id><published>2007-12-17T08:56:00.000-03:00</published><updated>2007-12-17T09:00:55.961-03:00</updated><title type='text'>El mundo es de los malos</title><content type='html'>&lt;a href="http://farm1.static.flickr.com/206/481718885_6d4794a747.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://farm1.static.flickr.com/206/481718885_6d4794a747.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¿Será la imaginación el coto de los buenos?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se cumplía el 59º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU; se acaban de entregar los Premios Nobel de 2007 que, según dijo el doctor Marcus Storch en su discurso inaugural “este año ... pueden ser vistos desde una perspectiva diferente ... desde la investigación aplicada al progreso social”; y en Bali se estaba celebrando la Cumbre del Clima (10 años después de la firma del Protocolo de Kyoto ) que debería lograr un acuerdo para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero entre un 25% y un 40% en 2020. A primera vista podríamos pensar que hace una semana nuestro planeta, como aquel París de Hemingway, “era una fiesta” con tanta celebración en su agenda internacional... Sin embargo, en mi modesta opinión, son tantas las asignaturas pendientes que, mientras iba de una noticia a otra en el diario, no pude por menos de protestar y patalear y enojarme de veras por todo lo que no entiendo (o tal vez no me termino de creer), por todo lo que me parece injusto, por todo lo que considero que atenta contra el sentido común, no digamos contra la vida... Mis continuos comentarios impidieron seguir trabajando a Edgardo, que dejó su escritura para sentarse a mi lado y pedirme que le contara por qué estaba tan enfadada. Le fui resumiendo los grandes temas de los que se ocupaban los titulares y me detuve en algunos artículos de opinión, repasé la sección de noticias internacionales y le di cuenta de las nacionales después. Cuando concluí, me miró con una sonrisa (la mía se había borrado con la pataleta) y me dijo simplemente: “¿Qué querés? El mundo es de los malos”. Me quedé callada por un rato y fui digiriendo despacito ese puñadito de palabras. Seguí leyendo un poquito aquí y otro poquito allá y encontré que la ganadora del Nobel de Literatura, Doris Lessing, no se había mostrado mucho más optimista que yo al denunciar en Estocolmo (a través de un texto que leyó su editor, pues ella no pudo asistir a la ceremonia), esa línea bien visible, esa brecha bien profunda, que separa a los pocos que tienen mucho de los muchos que no tienen de nada, y de la existencia de escuelas paupérrimas de la India y África sin textos ni tizas donde, sin embargo, el interés por la lectura es enorme. No obstante, refiriéndose a la creación literaria (aunque, a mi modo de ver, podría ser perfectamente un ingrediente de la vida cotidiana) explicó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Supongamos que las aguas anegan nuestras ciudades con la subida del nivel de los mares; el narrador permanecerá, porque es la fantasía la que nos enriquece, la que nos mantiene, la que nos crea, para bien y para mal.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un lado, no pude evitar retroceder unas cuantas páginas en el diario y volver sobre el artículo Contaminemos como los ricos. India reivindica su modelo de fuerte crecimiento con alto coste ecológico&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;. En el último párrafo se decía: “... los efectos del cambio climático ya han llegado a India: a unas horas de Calcuta, sobre la costa del Estado de Bengala Occidental, dos de las islas pobladas del archipiélago de los Sundarbans, se han sumergido bajo el agua dejando los primeros miles de refugiados a causa del calentamiento”. Por otro lado, busqué entre mis escritos una colaboración que realicé para una colección que estaba editando una bibliotecaria universitaria ecuatoriana, con el fin de poner ante los ojos de los estudiantes, y entre sus manos, pequeños ensayos sobre la vida y la obra de protagonistas notables de la cultura, la educación, la lucha social, etc., en Latinoamérica. Entre mis líneas citaba las muchas que escribió el educador brasileño Paulo Freire y recordaba unas muy especiales, a las que he regresado muchas veces para poder seguir avanzando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Aceptar en la esencia de la naturaleza humana, históricamente constituida, la necesidad de soñar me parece fundamental. Yo encuentro el sueño como proyecto fundamental de los sujetos históricos ... Hoy defiendo con la misma fuerza que lo defendí antes el derecho a soñar.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;A propósito de defensas, me acordé de la que hacía Benedetti de la alegría, y su poesía me dejó a las puertas de la utopía, y otra vez ante las palabras de Freire&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La utopía revolucionaria tiende a ser dinámica más bien que estática; tiende a la vida más que a la muerte; al futuro como un reto a la creatividad del hombre, más que a una repetición del presente; al amor como liberación de los sujetos en vez de una posesividad patológica; a la emoción de la vida más que a las frías abstracciones; a vivir juntos en armonía en vez de vivir gregariamente; al diálogo en lugar del mutismo; a la praxis más que a ‘la ley y el orden’; a hombres que se organicen a sí mismos reflexivamente para la acción, en vez de hombres que son organizados para la pasividad; al lenguaje creativo y comunicativo en lugar de los códigos prescriptivos; a los desafíos reflexivos en lugar de a los slogans domesticantes; y a los valores que son vividos más que a los mitos que son impuestos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo, que al final de la mañana, seguía pensando que quizás Edgardo tenía razón y el mundo era de los malos, pero que, sin duda, la imaginación de Lessing y los sueños de Freire, nos pertenecían a todos los que todavía creemos en nuestra propia capacidad para imaginar y para soñar, a tantos hombre y tantas mujeres, tantos niños y tantos ancianos que nos enojamos y protestamos, y no nos conformamos con una realidad que, aunque se vista de fiesta para celebrar declaraciones pasadas y acuerdos a futuro, sigue suspendiendo la asignatura más importante de todas: el presente de millones de personas que malviven hoy y difícilmente sobrevivirán mañana.&lt;br /&gt;De nosotros depende usar la imaginación, poner en práctica los sueños, llevar adelante la utopía. No sé si eso nos hace buenos, ni siquiera mejores, pero nos hará más personas y nos brindará oportunidades para sentirnos vivos y defender la vida, nuestras ilusiones y nuestra alegría sin arruinar las de millones de seres humanos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Diario EL PAÍS, martes 11 de diciembre de 2007. Edición Internacional&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-4585034918061534382?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/4585034918061534382/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=4585034918061534382' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4585034918061534382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4585034918061534382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/12/el-mundo-es-de-los-malos.html' title='El mundo es de los malos'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://farm1.static.flickr.com/206/481718885_6d4794a747_t.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8984661719236623059</id><published>2007-12-09T10:48:00.000-03:00</published><updated>2007-12-09T10:51:27.492-03:00</updated><title type='text'>Lo que cuentan nuestros libros</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.ojodigital.net/data/501/sonrisas_guaranies_ppal.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.ojodigital.net/data/501/sonrisas_guaranies_ppal.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ningunos otros indios rioplatenses fueron más implacables en sus odios, más crueles en sus venganzas, ni más terriblemente antropófagos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta frase se refiere al pueblo Guaraní, y fue escrita por el sacerdote jesuita Guillermo Furlong en su libro “Misiones y sus pueblos de guaraníes” (Buenos Aires: Theoria, 1962, pp.72-75). Conservo hace tiempo el libro de Furlong entre mis pertenencias como ejemplo de incomprensión total. Es curioso saber que los textos de ese sacerdote aún siguen siendo incluidos en muchas bibliografías sobre pueblos originarios. ¿Sabemos que contienen las páginas de nuestros libros? ¿Sabemos qué hay de cierto y qué hay de falso en ellas? ¿Sabríamos orientar la lectura de un usuario a través de páginas como las que pienso mostrarles en esta entrada?&lt;br /&gt;Los Guaraní se llaman a sí mismos Avá, que en su lengua (el Avá-ñe´é) significa sencillamente “hombres” (el nombre de su idioma significa “la lengua de los hombres”). El epíteto “guaraní” significa, en su propia lengua, “guerreros”, algo que ciertamente fueron a lo largo de sus siglos de historia, jamás escrita por ellos mismos sino por las plumas de aquellos que los visitaron, que los conocieron y que los comprendieron, a veces mucho, otras muy poco. Los Guaraní pertenecen a un tronco mayor, el Tupí-Guaraní, una familia lingüística que cubre un amplio territorio dentro de Sudamérica, desde Brasil a Argentina y el oriente boliviano. En sus tierras ancestrales se radicaron las primeras misiones jesuíticas del sur del continente, las cuales crearon un verdadero imperio (al decir del escritor argentino Leopoldo Lugones). En aquellas “reducciones” se dieron prácticas que algunos consideran “civilizadoras” y otros “aculturadoras”, y cuyo análisis depende de la perspectiva con la que se analicen. Fue en esas misiones donde se construyó la primera imprenta del Virreynato del Río de la Plata, que luego sería transportada a la ciudad de Córdoba, desde donde les escribo. Allí, en las misiones, se imprimirían los primeros libros de la región, escritos en castellano y guaraní, generalmente diccionarios, vocabularios y sermones que servían a los misioneros para su trabajo evangelizador, pero que, a la vez y paralelamente (aunque quizás inconscientemente) nos sirven en la actualidad para recuperar muchas costumbres y rasgos lingüísticos.&lt;br /&gt;Son muchísimos los antropólogos, historiadores y lingüistas que se refieren a la lengua guaraní como una de las más ricas y dulces del continente. La poesía y la belleza que impregna su construcción puede apreciarse en los diferentes idiomas guaraníes actuales, desde el Avá-ñe’é paraguayo (lengua oficial del Paraguay, hablado también en las provincias argentinas de Corrientes y Misiones) hasta el Aché, el Pai-Tavyterá, el Kaiwá, el Avá-Chiriwano o el Sirionó. Su pronunciación melodiosa y las posibilidades de su vocabulario nos muestran un idioma complejo, hermoso y, sobre todo, vivo. Diría al respecto otro jesuita, el padre Ignacio Chomé:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Confieso que extrañé mucho hallar en ella tanta majestad y energía. Cada palabra es una definición exacta que explica la naturaleza de lo que se quiere dar a entender, y da de ello una idea clara y distinta. Nunca hubiera yo imaginado que, en el centro de la barbarie [sic], se hablase una lengua que, a mi juicio, por su nobleza y por su armonía, no es inferior a las que había yo aprendido en Europa. Tiene, por otra parte, sus delicadezas y agrados, y pide muchos años para llegar a poseerla con perfección”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otro lado, las literaturas (orales y escritas) y las cosmogonías Guaraníes se destacan por su exquisita riqueza, por el uso de metáforas y por la posesión de una cosmovisión mágico-religiosa complejísima. Además, toda esa cosmovisión está encerrada en la lengua: las palabras tienen poder, tal y como señala Lucía Gálvez en su libro “Guaraníes y Jesuitas. De la tierra sin mal al paraíso” (Buenos Aires: Sudamericana).&lt;br /&gt;Continuando con las citas sobre el libro de Furlong, anoto un fragmento largo, que expresa por sí sólo los prejuicios con los que muchísimos religiosos (y no religiosos) se acercaron y se acercan a los pueblos originarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Durante siglo y medio, trataron los misioneros íntimamente con aquellos indios, y no hemos hallado una sola frase denigrante para ellos, en tanto escritos, anuas, relaciones y cartas, como han pasado por nuestras manos. Pero a los pocos años de expulsados los jesuitas [1767], llegó a tener algún contacto y trato con algunos Guaraníes un hombre a quien algunos han otorgado indebidamente el título de “sabio”, y este presunto sabio llegó a clasificar a esos indios no entre los seres racionales, sino entre los cuadrúpedos. Después de consignar una serie de incongruencias, escribía muy suelto de cuerpo Don Félix de Azara: &lt;em&gt;todas estas cualidades parecen aproximadas a los cuadrúpedos; y así mismo, parecen tener cierta relación con las aves por fuerza y agudeza de su vista. La unidad de lengua entre los Guaraníes, que ocupan tanta vasta extensión de país, ventaja que ninguna de las naciones cultas del mundo ha logrado obtener, indica igualmente que estos salvajes han tenido el mismo maestro de lengua que enseñó a los perros a ladrar de la misma manera en todos los países.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Azara dudaba, a fines del siglo XVIII, si los Guaraníes pertenecían a la especie humana, incurriendo en una manifiesta aberración filosófica, y mostrando de pasada su total desconocimiento de todo lo realizado por aquellos indígenas en las reducciones.&lt;br /&gt;Otros “sabios” de la pasta de Azara, han sostenido la paridad absoluta entre el indio y el europeo, de suerte que aquel, una vez salido de las selvas, era capaz de pensar, hablar y obrar como cualquier europeo. La ciencia prueba hoy día la infantilidad de tales asertos, y la historia de más de cuatro siglos lo rechaza de plano. El abandono absoluto de todo esfuerzo mental, la dejadez y ociosidad de innúmeras generaciones, los vicios inveterados a través de centurias, el medio ambiente salvaje en el que habían nacido y vivido, y otros mucho factores concurrentes, habían degradado al indio de tal suerte que era humanamente imposible elevarle de golpe al plano de la normalidad europea.&lt;br /&gt;La realidad histórica es, por otra parte, harto elocuente. Después de cuatro siglos, y no obstante todos los meritorios esfuerzos de los gobiernos y de los misioneros, el indio americano, así aquel que se halla ubicado en las proximidades de las grandes urbes de los Estados unidos, como los que hemos conocido y tratado en los valles Patagónicos, y los que se encuentran en las quebradas jujeñas, al par de los que vegetan en las llanuras chaqueñas, siguen siendo tan indios como cuando Colón pisó tierras americanas. El que vistan a la europea, o sepan garabatear unas letras, a lo que llaman escribir, no modifica lo substancial, y el indio es lo propio que era hace siglos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lejos de detenerse en estas “apreciaciones”, que fueron las mismas que motivaron debates como el de Valladolid, en el siglo XVII (en el cual participara el célebre Bartolomé de Las Casas, defendiendo la postura de que los indígenas eran seres humanos), Furlong (que escribe en pleno siglo XX, aunque en una época en la cual los indígenas eran incluidos, en algunos libros de texto primarios argentinos, en el apartado “Zoología”) continúa anotando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ningún misionero dudó jamás, como dudó Azara, de que los Guaraníes eran verdaderos hombres, pero, en cuanto a los mismos, reconocía con el Padre Cardiel, que ‘su entendimiento, su capacidad era, y es, muy corto, como de niño; su discurso muy débil y defectuoso. Cuando les preguntamos una disyuntiva, V.Gr., ¿adónde vas, al pueblo de San Nicolás o al de San Juan? responden: Sí, Padre; sin poder averiguar sobre cual de las dos partes cae el sí, o el no, sino que se le vuelva a preguntar por una parte sola’. Esto escribía el Padre Cardiel a mediados del siglo XVIII, o sea después de existir las reducciones durante siglo y medio, y medio siglo antes había anotado el Padre Lozano que todavía entonces no habían llegado a entender que la muerte era algo natural y que a todos había de sobrevenir, antes se persuadían que en cada caso era algo fortuito y debido a causas externas. Lo propio opinaban de las enfermedades, cuyas causas, según ellos, eran siempre extrínsecas y ajenas a la misma naturaleza humana”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La incomprensión de las estructuras filosóficas y religiosas del “otro” (sea quien sea; en este caso, el pueblo Guaraní) y el análisis de sus estructuras lingüísticas desde la lógica de las lenguas europeas (profundamente distinta a la de los idiomas nativos) como si esa lógica fuera la “única” y la “verdadera” queda totalmente expresado en el discurso de Furlong. Pero no nos engañemos: es un discurso que continúa presente y activo en la sociedad latinoamericana en general (y argentina en particular). Las costumbres, los hábitos, los modos de vida, las actitudes y las idiosincrasias indígenas son severamente criticadas, olvidadas, discriminadas e incluso ridiculizadas en un amplio rango de ámbitos, desde el político al académico, pasando por el social. Son esas percepciones pobladas de pre-conceptos las que continúan alimentando las murallas, las que logran que el diálogo intercultural se derrumbe y fracase, las que fomentan el racismo…&lt;br /&gt;Esperemos que nuestros pasos y nuestras futuras acciones nos permitan saltar por encima de esas fosas y esas barreras.&lt;br /&gt;Un abrazo desde Córdoba, Argentina…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8984661719236623059?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/8984661719236623059/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=8984661719236623059' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8984661719236623059'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8984661719236623059'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/12/lo-que-cuentan-nuestros-libros.html' title='Lo que cuentan nuestros libros'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-347457345001702433</id><published>2007-12-02T17:36:00.000-03:00</published><updated>2007-12-02T17:41:20.131-03:00</updated><title type='text'>La casa de las palabras</title><content type='html'>&lt;strong&gt;3º aniversario&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;del blog&lt;/strong&gt; - &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;(ver &lt;a href="http://bitacoradeunbibliotecario02.blogspot.com/2007/04/qu-hay-de-nuevo.html"&gt;intro&lt;/a&gt;)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.aravisarwen.com/3candles.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.aravisarwen.com/3candles.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido. En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En grandes fuentes se ofrecían colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;De “El libro de los Abrazos” de Eduardo Galeano&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la casa de las palabras también acudían Edgardo y Sara. Pero habían trascurrido muchos años desde que los poetas cruzaron su umbral y los viejos frascos de cristal habían rodado por el suelo y las palabras estaban esparcidas en el piso. Había que caminar con mucho cuidado entre ellas, ponerse en cuclillas, sacarles el polvo que las cubría y acercárselas al oído para escuchar su sonido. Allí agachados descubrían los caminos que ellas anduvieron, las estelas que dejaron, las huellas que sembraron... Entre susurro y susurro también ellos eran capaces de abrir mucho los ojos, apretar los dientes, sonreírse o echarse a temblar. Podían encontrar relatos olvidados, leyendas contemporáneas, mitos de creación y presagios de muerte, crónicas urbanas, paisajes rurales, canciones de cuna, declaraciones de guerra, tratados de paz.... Eran capaces de quedarse sin dormir noches enteras para escuchar todas sus historias y de amanecer soñándolas para poder escribirlas en las hojas todavía vacías de su bitácora.&lt;br /&gt;La mesa de colores había desaparecido y los colores eligieron nuevos horizontes volando en la escoba polvorienta de alguna bruja traviesa, enredados en el bastón torcido de los sabios chamanes, escondidos bajo el sombrero puntiagudo de los gnomos, subidos al cuerno de aquel único unicornio azul perdido, entre las cuerdas de la guitarra de un viejo trovador, abrazados a las cañas de los sikus... Y allí los encontraron Sara y Edgardo: recorriendo las venas abiertas de un continente, cruzando los mares que le separaban de los otros cuatro, señalando con sus dedos esos miles y miles de cascabelitos blancos que siempre hacían reír a un príncipe chiquito y cubrían el firmamento de los cinco...&lt;br /&gt;Y con esas palabras y con esos colores han ido dibujando estas páginas. Comenzó a esbozarlas Edgardo hace tres años y ha pasado más de uno desde que Sara hizo en ellas sus primeros trazos. Cada uno con su estilo, pues las palabras les cuentan cosas distintas a uno y otra y los colores tienen matices diferentes para los ojos azules y los castaños. Semana tras semana, &lt;em&gt;primavera, verano, otoño, invierno y... otra vez primavera&lt;/em&gt;, han compartido lo que pensaban, en lo que creían, con qué soñaban, qué les entristecía. Y aquí están, siguen andando, siguen contando. Con la curiosidad de siempre, con más dudas que antes. Caminando de puntillas por la casa de las palabras, robándole colores al horizonte para dibujar su propia senda...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-347457345001702433?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/347457345001702433/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=347457345001702433' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/347457345001702433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/347457345001702433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/12/la-casa-de-las-palabras.html' title='La casa de las palabras'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-3185094745232435329</id><published>2007-11-24T09:03:00.000-03:00</published><updated>2007-11-24T09:12:31.451-03:00</updated><title type='text'>Infodiversidad, utopía y un viaje a México</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://blogs.ya.com/alixweb/files/leer.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://blogs.ya.com/alixweb/files/leer.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras ustedes leen estas líneas, mis pasos se encaminan hacia Guadalajara, capital del estado de Jalisco, en México, tierras y ciudades que, aún sin ser conocidas por muchos de nosotros, nos resultan familiares gracias al cancionero popular de aquella región (entre otras cosas, claro)… Guadalajara es una gran ciudad asentada en el Valle de Atemajac, y constituye el segundo municipio más poblado de México, con más de millón y medio de habitantes. Es famosa, según dicen, por sus tradiciones, su gastronomía y sus atracciones culturales y recreativas; entre éstas últimas se cuenta la FIL, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la mayor de Hispanoamérica -en cuanto a número de editoriales participantes- y la segunda del mundo después de la de Frankfurt. Al mismo tiempo que la FIL (y en el mismo espacio) se celebra el XIV &lt;a href="http://www.rebiudg.udg.mx/coloquio"&gt;Coloquio&lt;/a&gt; Internacional de Bibliotecarios (”Infodiversidad: la biblioteca como centro multicultural”) al que he sido invitado para dictar un taller sobre “infodiversidad y el papel de las bibliotecas” entre los días 26 y 28 de noviembre.&lt;br /&gt;Si ya se han dado cuenta de que “infodiversidad” significa “diversidad informativa” o “la información en/de un mundo culturalmente plural”, los felicito por su sagacidad, que merece toda mi admiración. Yo no lo tuve tan claro, así que, antes de dar mi respuesta a la invitación de los colegas mexicanos, decidí investigar el término, para tener la certeza de que la temática que me ofrecían estaba dentro de mi campo de conocimiento y si, por ende, iba a ser capaz de brindar un taller -o cualquier actividad por el estilo- en forma seria.&lt;br /&gt;Me encontré con algunos valiosos textos de la mexicana Estela Morales Campos que me permitieron averiguar que, efectivamente -merced a mi experiencia de trabajo- podía dar un taller sobre el tema. Básicamente, el concepto recupera la importancia de la diversidad y la pluralidad humanas, expresadas perfectamente en la información producida por las diferentes culturas del planeta (entiéndase “cultura” en su acepción más amplia). El taller que dictaré en Guadalajara se centrará en mostrar el rol que pueden (y/o deben) jugar las bibliotecas en un mundo en el cual esta “infodiversidad” se ve constantemente amenazada.&lt;br /&gt;¿Amenazas? Sí, y no pocas. Por un lado, la enorme presión de lenguas y culturas dominantes, que lleva a que el 96 % del plantea hable el 4 % de los idiomas existentes y a que el 90 % de las lenguas del mundo no estén representadas en la Internet. Bajo estas condiciones, la “revolución digital” y la “sociedad del conocimiento” (y su enorme influencia en el mundo actual) son una amenaza potencial para la supervivencia de las culturas locales y minoritarias. La cultura “global” -es decir, la de las naciones dominantes- está aplastando literalmente a las culturas regionales. Si no lo creen, intenten buscar, por ejemplo, cuántas páginas web en lengua Quechua (hablada por cientos de miles de personas en Sudamérica) hay en la Internet… O cuántos archivos de la música, relatos, costumbres e historias tradicionales de Castilla La Vieja encuentran… O cuánta música de gaita y chicote de Colombia pueden descargar… O cuántas recetas de la isla de de Chiloé (Chile) o del norte de Paraguay son capaces de encontrar… Comparen eso con la cultura dominante, tan bien representada…&lt;br /&gt;Por supuesto, estos medios y tecnologías pueden ser usados a favor de los grupos menos representados (que son los que dotan a nuestra cultura de su amplia diversidad; sin ellos seríamos un mundo bastante homogéneo y gris). Sobre cómo usarlos -he ahí la cuestión- aún falta decidirse y establecer planes y estrategias…&lt;br /&gt;Por otro lado, las brechas digitales se extienden. Ya no se trata simplemente de que existen áreas de nuestro plantea en las cuáles una computadora no se puede encender porque no hay electricidad, o porque no llega la línea telefónica, o porque una computadora es un bien de lujo. Se trata de analfabetismo informacional, se trata de falta de pertinencia en los usos que gran parte del planeta puede darle a esos elementos… Otras barreras también se convierten en amenazas: el copyright es un buen ejemplo.&lt;br /&gt;Nuevamente, estas barreras pueden eliminarse lentamente. No tienen porqué ser, obligatoriamente, amenazas. Pueden convertirse en oportunidades. Pero hasta ahora, el progreso en tal “eliminación” ha sido lento.&lt;br /&gt;¿Más amenazas? La fuerza de las culturas (y la información) urbanas sobre las rurales, la de las culturas “políticamente correctas” sobre las “alternativas”, la del sexo fuerte sobre el débil, la de la edad laboral sobre otras edades, la de la “historia oficial” sobre la “no-oficial”… Todos esos fragmentos presionados pertenecen a nuestra identidad, nos hacen ser quiénes somos… Si desaparecen, una parte de nosotros se irá con ellos.&lt;br /&gt;¿Qué puede hacer la biblioteca? Ofrecer su espacio para que todas las voces suenen, sean recuperadas, organizadas y difundidas. Para que la cultura de los punkies urbanos y los campesinos estén presentes por igual; para que los folletos anarquistas y oficiales tengan el mismo valor informativo; para que pueda accederse conocimiento indígena y europeo en idénticas condiciones; para que las lenguas distintas de la oficial no sean parte de “colecciones especiales”…&lt;br /&gt;De esto tratará mi taller, y espero que, a través de las actividades que plantearé, puedan recuperarse experiencias, opiniones e ideas que permitan a los participantes darse cuenta del poder que llevan entre sus manos. Pero de todo esto les hablaré en las próximas entradas de esta bitácora…&lt;br /&gt;Mientras tanto, encuentro que muchos colegas -y no colegas- opinan que hacer frente a las corrientes dominantes -esas que se presentan como “amenazas” a la diversidad y a la pluralidad- es una “utopía”. Me gusta esa palabra, por cierto, pero empiezo a cansarme un poco de que cualquier enfrentamiento a lo “establecido” sea tomado como un delirio. Si resolvemos tirar la toalla y bajar los brazos ante cualquier reto y decidimos que no vale la pena enfrentar a la corriente más fuerte porque es inútil, entonces viviremos en mundo de destrucción y olvido. Un mundo en el que la administración Bush y sus aliados seguirán arrasando países y matando civiles sin que nadie diga nada (porque, ¿quién se opondrá?). Un mundo en el que terminaremos hablando una lengua que no es la que aprendimos en casa (porque “todo el mundo la habla, y es lo mejor para comunicarse”). Un mundo en el que leeremos, aprenderemos y haremos lo que nos digan (porque eso es lo “correcto”). Un mundo en donde ser diferente del estándar será una maldición. Un mundo en donde ser mujer, niño, anciano, enfermo, pobre, negro, latino, árabe, campesino, indígena, o tantas otras cosas será una condena a subsistir en un limbo…&lt;br /&gt;Si seguimos considerando que enfrentarse a esas cosas es “imposible”, bajemos los brazos y corramos como corderos de un rebaño, esperando a que nos toque poner el pescuezo bajo el cuchillo del matarife. Ya nos llegará la hora, como les está llegando a otros tantos desafortunados. O bien adaptémonos y convirtámonos en algo que no somos ni quisimos ser. Por mi parte, prefiero creer que un mundo plural es posible, y defenderlo con lo que hago, y dejar de pensar en “utopías” como “sueños” para pensarlas como “posibilidades”. Posibilidades por las que hay que luchar, al menos si queremos que tengan alguna oportunidad de verse realizadas.&lt;br /&gt;Con estas ideas parto a México. Sigan conmigo: ya les contaré qué sale de todo esto…&lt;br /&gt;Desde Argentina, un fuerte abrazo….&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-3185094745232435329?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/3185094745232435329/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=3185094745232435329' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3185094745232435329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/3185094745232435329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/11/infodiversidad-utopa-y-un-viaje-mxico.html' title='Infodiversidad, utopía y un viaje a México'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5617223450605322573</id><published>2007-11-18T10:43:00.000-03:00</published><updated>2007-11-18T10:46:35.947-03:00</updated><title type='text'>Tirar la toalla</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.durgell.com/media/1/20060714-jaque.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.durgell.com/media/1/20060714-jaque.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontré hace unos días una brillante respuesta que el escritor cubano, Leonardo Padura, daba en una entrevista concedida al periodista Mauricio Vicent para el diario El País: “Si uno tira la toalla sólo se la puede tirar sobre la cabeza, y ésa no es una opción”. Me gustó tanto que estuve dándole vueltas durante un buen rato, pues yo siempre había pensado que si alguna vez decidía tirar la toalla, lo haría sobre la cabeza de otro no sobre la mía propia. Por eso le dediqué tiempo a la respuesta de Padura y empecé a pensar que tal vez el autor cubano estaba en lo cierto y que, efectivamente, cuando uno tira la toalla lo único que hace es taparse la cara con ella. Y por supuesto que ésa no es una opción. ¿Cómo va a ser una opción esconderse? Porque, ¿qué otra cosa estaríamos haciendo al cubrirnos la cabeza con la toalla sino dejando de ver? ¿Qué otra cosa pretenderíamos sino que los demás no nos viesen?&lt;br /&gt;El problema, siempre hay alguno, es que uno es el peor juez de sí mismo y a nosotros no podemos engañarnos (ni siquiera estoy segura de que podemos engañar a los demás, aunque algunos intentos hayan tenido resultados más que satisfactorios a lo largo de la historia). No sé si ustedes cuando eran niños escucharon a sus padres o a sus abuelos decirles aquello de “la mentira tiene las patas muy cortas” o “se agarra antes a un mentiroso que a un cojo”. Yo se las oí decir a mis padres muchas veces y poco a poco fui comprobando cuán ciertas eran. Sin embargo, dado que en la vida nada es lo que parece y que casi todo se parece a algo, también aprendí que las mentiras tienen sutiles maneras de estirar sus patas, y que los mentirosos pueden moverse muy deprisa en esta realidad que tantas veces nos invita a tirar la toalla.&lt;br /&gt;Pero no, la mentira tampoco es una opción, como no lo es el engaño, como nunca lo fue el olvido ni lo será el silencio. No son opciones porque siguiendo sus huellas no hallaremos nada más que nuestra propia derrota. Y perder no le gusta a nadie, sobre todo cuando está en juego nuestra vida. No digo que seguir esos caminos esté mal ni bien, sólo estoy afirmando que no llevan a ninguna parte. Supongo que todas las personas elegimos recorrer alguna de esas sendas en un determinado momento de nuestra vida. Los seres humanos no nos conformamos con aprender de las experiencias de otros, queremos andar el camino nosotros mismos, tropezarnos las veces que haga falta y levantarnos otras tantas. Por eso, cuando nos damos cuenta de que no vamos hacia ningún lado, de que estamos estancados (algo que no es sencillo ni ocurre rápidamente), buscamos el modo de encontrar una salida.&lt;br /&gt;Podemos taparnos la cara y fingir que no la hay, pero ya estaríamos hallando una: darnos por vencidos. O bien podemos refrescárnosla con agua bien fría, parpadear varias veces y mirar un poco más allá. Ésa sí me parece una opción y sin duda la mejor salida: seguir adelante. ¿Las razones? ¿Los motivos? Quizás no seamos capaces de encontrarlos, pero conviene pensar que los hay, que están ahí, que merecen la pena. Sobre todo, es saludable buscarlos en las cosas más sencillas, en lo que amamos, lo que nos importa, lo que nos gusta, lo que sabemos hacer, lo que podemos aprender y, en caso de duda, recordar lo que ni amamos, ni nos importa, ni nos gusta, ni sabemos ni queremos aprender. Fácil no es, dificilísimo tampoco. El amor no lo puede todo, pero no nos equivoquemos, tampoco el dinero.&lt;br /&gt;Me quedo con el compromiso, con las ganas, con el empeño y apuesto por la alegría. Buenas herramientas todas para intentarlo de nuevo, para no tirar la toalla. Y me dirijo a todas aquellas personas que trabajamos para que la realidad sea otra, para cambiar lo que no está bien, para equilibrar un poco la balanza, para acortar otro poco las distancias, para que las brechas no se hagan cada día más grandes, para que todos encontremos nuestro lugar en el mundo, para que podamos decir nuestras palabras y escuchar las de otro. Escribo estas líneas a modo de empujoncito, para que cada cual siga haciendo lo que mejor sabe hacer en esa dirección. Para que cuando nos cansemos (porque ir contra la corriente no significa estar equivocados, pero es cierto que cuesta mucho y es cansado) nos sentemos un rato, recuperemos el aliento y continuemos trabajando por lo que creemos, por lo que defendemos, junto a quienes creen y defienden algo parecido aunque no piensen igual, aunque muchas veces no estemos de acuerdo. No hay una sola forma de hacer las cosas, ni está claro que una sea siempre mejor que otra: permitámonos no tener razón a veces, y escuchemos la de los demás; démonos permiso para equivocarnos y veamos cómo otros acertaron…&lt;br /&gt;Es un gran triunfo haberlo intentado, pero todavía sabe mejor seguir haciéndolo. Y por supuesto, de vez en cuando, hay que lograr lo que nos habíamos propuesto. Por eso, si nos parece que tirar la toalla no es una opción, lo mejor que podemos hacer es usarla para secarnos la cara después de habérnosla refrescado, y seguir adelante con ella bien alta, digamos que a la misma altura que deberíamos de llevar siempre el corazón...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Hay que tener el corazón en lo alto para que no se hunda, para que no se nos vaya. Y para no ir uno mismo haciéndose pedazos”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María Zambrano&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5617223450605322573?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/5617223450605322573/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=5617223450605322573' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5617223450605322573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5617223450605322573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/11/tirar-la-toalla.html' title='Tirar la toalla'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-732909371523361796</id><published>2007-11-11T10:12:00.000-03:00</published><updated>2007-11-11T10:17:57.869-03:00</updated><title type='text'>Y una biblioteca… ¿para qué?</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.usask.ca/communications/ocn/05-feb-04/images/aborig-art.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.usask.ca/communications/ocn/05-feb-04/images/aborig-art.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto se preguntan muchas comunidades de aborígenes australianos que viven en las islas del Estrecho de Torres, un brazo de mar que separa la gran isla-continente de la (bastante desconocida y aislada) Papua Nueva Guinea… Gran pregunta para la que los bibliotecarios solemos tener respuestas estandarizadas (adquiridas en libros y clases teóricas) y, a veces, poco convincentes… incluso para nosotros mismos.&lt;br /&gt;Me he tropezado con el mismo interrogante durante mis trabajos de campo en el noreste argentino, también en comunidades indígenas, y en muchos de mis talleres en América Latina, y en mis conferencias aquí y allá… La pregunta se repite, y cada vez encuentro más motivos para pensarlo dos (o más) veces antes de responder.&lt;br /&gt;Y, si debo ser honesto con ustedes y conmigo, tales respuestas me satisfacen más bien poco.&lt;br /&gt;A lo largo de mis trabajos de investigación sobre servicios bibliotecarios en zonas rurales y en comunidades indígenas, e incluso a través de este mismo weblog o de espacios de discusión sobre otros tópicos bibliotecológicos y sociales, he ido ganándome la amistad de muchos colegas de todo el mundo que trabajan en los sitios más dispares. Entre ellos se cuentan desde docentes universitarios e investigadores freelance a directores de sistemas bibliotecarios estatales y colegas que trabajan en un mostrador de préstamo. Quizás por mi propia naturaleza, mantengo una relación más fluida con aquellos que trabajan en el campo, con escasos recursos y en situaciones que no provocarían precisamente ganas de sustituirlos en su puesto.&lt;br /&gt;Un puñado de ellos trabaja en las islas que nombré al inicio de esta entrada, y son de origen aborigen. Melanesios, para ser más exactos. Son llamados “Torres Strait Islanders”, es decir, “habitantes de las islas del estrecho de Torres”, y han sufrido la secular persecución de las fuerzas colonizadoras (inglesas, en aquel extremo del planeta) y la presión de los sucesivos gobiernos australianos hasta tiempos recientes, en los cuáles las llamadas “leyes de reconciliación” comenzaron a intentar minimizar los daños causados y lograr armonía, paz, equilibrio e igualdad.&lt;br /&gt;Desde esa perspectiva conciliatoria y multicultural, bibliotecas estatales como la del estado de Queensland (que ocupa la porción NE de Australia, y al cual pertenecen las islas del estrecho) han planteado políticas, estrategias y servicios -muy bien diseñados, por cierto- orientados a proporcionar acceso a la información a las comunidades aborígenes locales. La de Queensland, particularmente, ha creado una magnífica red de IKC, Indigenous Knowledge Centers (Centros de Conocimiento Indígena) que se han instalado en comunidades aborígenes para servir no sólo como biblioteca, sino como centro de reunión y casa cultural.&lt;br /&gt;Con algunos de los bibliotecarios que operan los IKCs instalados en las [aisladas] islas del Estrecho de Torres es con quiénes comparto ideas y amistad (cuando la Internet lo permite, por supuesto).&lt;br /&gt;El planteamiento básico de esta propuesta australiana es estupendo, y no dejo de aplaudir tal experiencia. Sin embargo, tras las buenas iniciativas y deseos, aparece una realidad más abrumadora: los usuarios potenciales se esfuerzan en seguir siendo eso: potenciales. No visitan la biblioteca. De acuerdo a evaluaciones iniciales, no encuentran en ella nada que sea útil (a pesar de las numerosas fotos oficiales que los muestran leyendo y disfrutando del agradable ambiente bibliotecario) y la siguen considerando “cosa de blancos”. Usan de tanto en tanto la Internet, pero el acceso a ese medio de comunicación se vuelve difícil y costoso en esas regiones, demostrando que la brecha digital no sólo existe entre el norte y el sur. Y los responsables de esas unidades -que son recursos humanos reclutados y formados entre la propia comunidad- encuentran escaso apoyo. De hecho, uno de los proyectos más ambiciosos de la Biblioteca Estatal de Queensland para proveerles de educación continua se propuso enviar profesionales ya formados a esas comunidades por un plazo máximo de seis meses para ayudarles en su trabajo y su capacitación. Sólo una docena de voluntarios se ofreció, y ninguno superó las cuatro o seis semanas de trabajo.&lt;br /&gt;Estos comentarios no pretenden ser una crítica a un sistema bibliotecario que me parece, junto al de Nueva Zelanda, el mejor del mundo en referencia a servicios para indígenas. Sólo buscan ser una reflexión que me permita entender porqué no puedo dar una respuesta satisfactoria a esa pregunta que tantas veces se ha venido repitiendo en mi camino en los últimos tiempos, especialmente cuando hablo de bibliotecas rurales, indígenas o poblaciones desaventajadas (de las cuáles hay abundantes ejemplos en nuestro continente).&lt;br /&gt;“Y una biblioteca… ¿para qué?”&lt;br /&gt;“Para leer, para encontrar información, para adquirir cultura, para aprender sobre sí mismos y sobre el mundo” respondo.&lt;br /&gt;“La información que hay en esos estantes o en la Internet no tiene nada que ver con nosotros, ni está en nuestra lengua, ni nos ayuda en nada. Entonces, una biblioteca… ¿para qué?”.&lt;br /&gt;“Para apoyar la escolarización de los niños, para sustentar la propia cultura en forma bilingüe, para promover la interculturalidad” respondo.&lt;br /&gt;“En la escuela y en la biblioteca, a nuestros hijos los aculturan y los presionan, lo mismo que a nosotros en la calle y en el trabajo. La multiculturalidad es un cuento: sólo es cultura dominante más una pizquita de cultura minoritaria para ser ‘políticamente correctos’. Y, de todas maneras, nosotros y nuestra cultura no estamos representados en los libros o en la Internet. Al menos, no estamos bien representados. Entonces, la biblioteca… ¿para qué?”.&lt;br /&gt;“Para promover planes de alfabetización, para aprender a leer y a escribir…” sigo intentando.&lt;br /&gt;“¿Y quién nos va a enseñar a leer y a escribir? ¿El bibliotecario, que apenas puede con sus tareas? ¿Los voluntarios, que vienen y se van lo más rápido que pueden, como si nosotros apestáramos o contagiáramos pobreza? Y… de enseñarnos, ¿me van a enseñar la lengua del país o la mía? ¿O ambas? ¿O ninguna? Nada de eso nos ha mostrado la biblioteca. Entonces, me sigo preguntando: una biblioteca… ¿para qué?”.&lt;br /&gt;“¿Para divertirse?” intento tímidamente.&lt;br /&gt;La respuesta a este último intento mío es una sonrisa. Una sonrisa triste, o quizás irónica. Nada más. Y nada menos.&lt;br /&gt;Siempre termino destrozado por tantas razones que sé verdaderas, aunque también sepa que no siempre y en todas partes es así y que conozco muchos ejemplos de bibliotecas que, proveyendo servicios a poblaciones “complejas”, sí funcionan. Lamentablemente, parece que, en conjunto, son minoría.&lt;br /&gt;Mientras tanto, a mi casilla siguen llegando correos de amigos y conocidos que, quizás sin quererlo, terminan ayudándome a comprender que la razón de mi imposibilidad para responder la fatídica pregunta está en la desconexión entre la biblioteca teórica y oficial y los usuarios reales. En esos mails me hablan de bibliotecas virtuales programadas en poblaciones que no saben leer o no tienen electricidad; libros enviados a comunidades aborígenes escritos en castellano, &lt;em&gt;por&lt;/em&gt; no-aborígenes &lt;em&gt;para&lt;/em&gt; no-aborígenes; bibliotecarios que desconocen las características de los destinatarios de los servicios que prestan y que, con sus actitudes, perpetúan discriminación y exclusión; horas del cuento en las que se leen los clásicos de Perrault y se dejan de lado las toneladas de relatos tradicionales del propio pueblo…&lt;br /&gt;Hay una desconexión aterradora entre las ideas y proyectos teóricos / oficiales y la realidad. Y esa realidad sigue rechazando de plano las propuestas que le suenan extrañas y que no responden a sus búsquedas. Y siguen formulando la pregunta que me persigue.&lt;br /&gt;“Y una biblioteca… ¿para qué?”.&lt;br /&gt;Será necesario que encontremos pronto una respuesta convincente y realista a esa cuestión, aunque eso nos cueste renunciar a nuestras estructuras mentales y profesionales. Al menos, lo creo necesario si es que pretendemos tener éxito en nuestros esfuerzos y en nuestras propuestas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-732909371523361796?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/732909371523361796/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=732909371523361796' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/732909371523361796'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/732909371523361796'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/11/y-una-biblioteca-para-qu.html' title='Y una biblioteca… ¿para qué?'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-2216367156869482903</id><published>2007-11-04T11:00:00.000-03:00</published><updated>2007-11-04T11:06:24.024-03:00</updated><title type='text'>Usos y abusos en nombre de la lengua</title><content type='html'>&lt;a href="http://coleccion.educ.ar/coleccion/CD9/contenidos/recursos/galeria-imagenes/images/4a_jpg.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://coleccion.educ.ar/coleccion/CD9/contenidos/recursos/galeria-imagenes/images/4a_jpg.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ese modo está mal expresado”, “así no se dice”, “eso no es castellano”... son algunas de las formas como un número nada desdeñable de docentes sanciona (por que no me parece que ésa sea la manera de “corregir” nada) el modo en el que sus alumnos preguntan, responden, explican, cuentan, ejemplifican, comentan... Los escuché siendo niña, mientras asistía a la escuela de mi pueblo, los repetí siendo adolescente para censurar el habla de mis padres, los sufrí siendo joven cuando, en reuniones con amigos que habían crecido en la ciudad, se reían de mi habla “vulgar”, “de campo”... Porque aunque la escuela y el instituto penalizaron las marcas lingüísticas que caracterizaban a mi comunidad, a mi familia y a mí misma, nunca he podido deshacerme de ellas por completo y, en situaciones informales, en conversaciones relajadas, en muchos momentos de la vida cotidiana, forman parte de mi manera de decir, de contar, de pensar, de interpretar... Por eso, porque son las que me sirvieron para comunicarme con mis padres, con mis abuelos, con mis amigos del colegio, en los comercios del pueblo.&lt;br /&gt;Si me descuido, hasta se cuelan en mis escritos más formales, en mis explicaciones, en mis opiniones más elaboradas. Me paso la vida con el diccionario en la mano y siempre estoy dudando de la forma correcta de expresar tal o cual cosa... Ése es mi gran pesar: no el uso constante del diccionario, eso no, sino el hecho de que a través de la educación que recibí en el aula me enseñaran que había cosas que estaban bien y cosas que estaban mal. En las clases no hubo espacio, tiempo ni oportunidad para descubrir que todas las variedades lingüísticas de una lengua son válidas, valiosas y necesarias, y que su mayor o menor grado de acierto dependerá del momento, del lugar, de lo que estemos comunicando, a quién se lo estemos comunicando, en qué circunstancias... y un largo etcétera que sólo viene a confirmar que no hay una única, buena y verdadera manera de hablar nuestro idioma sino una maravillosa diversidad de modos de comunicarnos con ella, a través de ella.&lt;br /&gt;A propósito de mis propias marcas lingüísticas, y de las numerosas sonrisas que han propiciado a lo largo de estos años, debo aclarar que el paso del tiempo ha limado la amargura de aquella mueca que descubrí en los labios de mis amigos citadinos y me ha mostrados otras mucho más lindas en los de Edgardo, que los curva cada vez que me sale un dicho de mi tierra, en los de muchas personas mayores que reconocen en mis giros, los de aquella Castilla que llamaron la Vieja... Y ha sido su alegría la que me ha permitido valorar mi identidad (no sólo la lingüística), la que me ha hecho volver la mirada con infinito cariño, y hasta con cierto orgullo, hacia el lugar donde nací y a mi infancia en un contexto rural...&lt;br /&gt;Además, me he dado cuenta que las idas y venidas entre el pueblo y la ciudad, a lo largo de mi adolescencia y de mi juventud, me permiten hoy moverme y relacionarme en ambas realidades, y esa capacidad de diálogo con realidades distintas la he incrementado al haber podido vivir en diferentes países y dejar que mis ojos se adaptasen a sus amaneceres; que mis pasos hicieran crujir el pasto para, unas veces silenciar a un ejército de grillos, y otras despertar a un puñado de sapos más grandes que mi mano; que esas mismas manos me doliesen de aplaudir los sonidos de instrumentos que al principio no supe nombrar...&lt;br /&gt;No es extraño que estando lejos –y no me refiero sólo a la distancia- aprendamos el valor de lo que hasta entonces habíamos tenido tan cerca, pues la vida se encarga de mostrárnoslo, pero creo que es una lástima que no nos lo enseñe mucho antes la escuela. Considero que es verdaderamente lamentable que dicha institución siga negándonos –en demasiadas ocasiones todavía- nuestra identidad, rechazando nuestra manera de hablar, penalizando nuestras variedades lingüísticas frente a la lengua estándar.&lt;br /&gt;Sobre todo esto me puse a pensar hace unos días, mientras leía “Hacia una educación intercultural en el aula” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt; editado por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Argentina, y volver varias veces sobre un texto de la profesora María Mercedes Sosa, que aparece en el capítulo 4 del mismo. Me gustaría finalizar con sus reflexiones pues he encontrado en sus líneas todo eso que me hubiera encantado aprender hace mucho, mucho tiempo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;... es verdad que la escuela es el lugar que debe impartir la enseñanza de la variedad estándar, ya que su conocimiento permitirá a los alumnos desenvolverse cómodamente en situaciones que requieran formalidad. Ahora bien, cumplir con este objetivo no significa desmerecer y desvalorizar el dialecto de nuestros niños; tratar de cumplir con este objetivo no significa “borrar” del chico marcas lingüísticas que caracterizan su lugar de origen: natal, de edad, de clase social, de su ámbito de pertenencia.&lt;br /&gt;Rechazar su variedad, equivale a rechazar su identidad. La lengua materna, aquella que la criatura escuchó de sus padres, de sus abuelos, de sus hermanos mayores, de su comunidad es la que le sirvió como instrumento de comunicación y de afecto. A través de ella el niño aprendió a construir su mundo. La palabra “madre” lo ligó al mundo; la copla, los rezos, los cantos, los relatos, los chistes, los silencios, fueron constituyéndolo como individuo y enlazándolo con la comunidad.&lt;br /&gt;Entonces, ¿qué hacer? Fundamentalmente respetar a nuestros niños y respetarnos a nosotros mismos, asumir que los docentes también pertenecemos a un ámbito social y cultural y, por ello, también tenemos nuestros giros. Nuestros modos, ¿los olvidamos cuando entramos a la escuela? Seguramente no, seguramente al conversar con nuestra familia, nuestros amigos en situaciones distendidas se nos disparan los jujeñismos &lt;/em&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;&lt;em&gt;[2]&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt; y nos sale: “el chango”, “la chuti”, “la Marga” en lugar de Marga, el “pará pué” en lugar de detente, el “chorco” en lugar de duro, las “chuncas” por las piernas.&lt;br /&gt;Enseñar lengua no es enseñar a hablar, el niño ya sabe hacerlo cuando llega a la escuela. Enseñar lengua no es impartir reglas mecánicas y aplicables, enseñar lengua es contribuir al desarrollo del lenguaje, es contribuir a la creatividad, es poner a disposición del chico todas las posibilidades que ofrece el lenguaje para comunicarse en diversas situaciones comunicativas.&lt;br /&gt;Enseñar lengua no debe ser sacar tarjeta roja permanentemente: si así lo hacemos nadie querrá jugar –en este caso expresarse- por temor a equivocarse.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Lasala, M. y Sosa, M. M. “Hacia una educación intercultural en el aula”. Buenos Aires: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, 2006.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; Característica del habla de los jujeños, es decir, los naturales de la provincia de Jujuy, en la frontera entre Argentina y Bolivia. Su castellano incorpora marcas de las lenguas Quechua, Aymara y otras.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-2216367156869482903?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/2216367156869482903/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=2216367156869482903' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/2216367156869482903'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/2216367156869482903'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/11/usos-y-abusos-en-nombre-de-la-lengua.html' title='Usos y abusos en nombre de la lengua'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-4984587569260737519</id><published>2007-10-28T10:32:00.000-03:00</published><updated>2007-10-28T10:41:45.174-03:00</updated><title type='text'>La revo kiu neniam povis realig’i</title><content type='html'>&lt;a href="http://personal.telefonica.terra.es/web/tdb/blogo/zamfest.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://personal.telefonica.terra.es/web/tdb/blogo/zamfest.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;(El sueño que nunca pudo realizarse)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esperanto.&lt;br /&gt;Su traducción literal es “la esperanzada”.&lt;br /&gt;Así fue bautizada una lengua artificial que nació destinada a convertirse en un código universal, que permitiera a los seres humanos comunicarse más allá de las fronteras políticas, los idiomas propios, las razas y las religiones.&lt;br /&gt;Pero ese destino -y el sueño que le dio cimientos- jamás se convirtió en realidad.&lt;br /&gt;Aprendí &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Esperanto"&gt;esperanto&lt;/a&gt; allá lejos, durante mi adolescencia. Había sido una de las propuestas que habían manejado los anarquistas españoles e italianos a lo largo de sus idas y venidas, y quizás por eso me atrajo. O quizás porque desde siempre me apasionaron los idiomas. Recuerdo que me conseguí un pequeño diccionario de la editorial Sopena -que aún conservo, ajado pero orgulloso, en mi biblioteca- y en una mañana me aprendí la gramática. No, no se trató de la hazaña de una mente prodigiosa: ocurre que el esperanto fue diseñado -como buena lengua artificial- sobre un esquema extremadamente simple, que se reduce a 16 postulados básicos. Una vez conocidas esas normas gramaticales, lo único que es preciso es comenzar a aprender vocabulario. Esa es la parte complicada de la lengua, pero no más que la de cualquier otra.&lt;br /&gt;La sencillez del esperanto puede ejemplificarse anotando alguno de los postulados gramaticales. Por ejemplo, todos los sustantivos terminan en “o”, los adjetivos en “a”, los verbos en “i” y los adverbios en “e”. Esto, que parece sencillo, dota al idioma de una riqueza asombrosa. Pues conociendo una raíz, digamos “hom-“, podemos crear “homo” (hombre), “homa” (humano), “home” (humanamente) e incluso el verbo “homi”, que no tiene traducción directa al español, pero que expresaría la idea de “ser humano”. Gracias a esta característica pueden crearse términos que no existen en ninguna lengua indoeuropea, y expresarse conceptos que, de otra forma, y en nuestros idiomas, implicarían muchas palabras y construcciones engorrosas.&lt;br /&gt;El vocabulario, por otra parte, es conciso: los mejores diccionarios no traen más de 10.000 raíces. Sobre cada raíz se pueden construir las alternativas que señalé anteriormente para “hom-”. Pero además, el creador del esperanto agrego unos 40 prefijos y sufijos -cuyo número está siempre aumentando, aunque algunos no son oficialmente reconocidos- que permite componer palabras derivadas. Así, de la raíz “bibliotek-“ puedo crear “biblioteko” (biblioteca), “bibliotekisto” (bibliotecario), “bibliotekistestro” (jefe de bibliotecarios) y “bibliotekistestrino” (jefa de bibliotecarios). Y de éste último término puedo generar, a su vez, un adverbio (bibliotekistestrine, “al modo de la jefa de bibliotecarios”) o incluso un verbo y un adjetivo, que no tendrían mucho sentido en nuestro idioma. De cada raíz, en definitiva, puede extraerse un mínimo de 20 o 30 palabras…&lt;br /&gt;La pronunciación es bastante sencilla: cuenta con sonidos que no existen en español, pero que sí existen en idiomas vecinos (francés, por ejemplo) así que no es un problema insalvable. La buena noticia es que cada letra tiene solo un sonido, fijo e inmutable, característica que se encuentra en muy pocas lenguas naturales.&lt;br /&gt;Una vez que aprendí la lengua, leí bastante en esperanto, sobre todo porque tuve la buena suerte de estudiarla cuando se dio una especie de “revival” esperantista. Tuve acceso a textos y libros, y mucho, mucho más tarde, la red de redes me permitió encontrarme con muchos más. Y hallé palabras muy hermosas, que expresaban ideas imposibles de decir en español si no era con una oración compleja. Es un lenguaje intenso, expresivo, precioso, y emplearlo es una especie de arte, en el cual cuenta mucho nuestra imaginación, nuestras ganas de comunicarnos…&lt;br /&gt;El creador del esperanto fue el Dr. Ludwik Lejzer &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Zamenhof"&gt;Zamenhof&lt;/a&gt; (1859-1917), un oftalmólogo y filólogo nacido en actual territorio polaco bajo el dominio de Rusia, de origen judío azkhenazí. Finalizó el desarrollo del idioma en 1878, pero pudo publicar su trabajo recién en 1887, en Varsovia, bajo el título de “Lengua internacional” y firmando con el seudónimo “Doktoro Esperanto” (Doctor esperanzado), del cuál la lengua tomó finalmente el nombre.&lt;br /&gt;Zamenhof generó el esperanto combinando raíces y gramáticas de las lenguas latinas (español, francés, italiano…), sajonas (alemán, inglés, idiomas escandinavos…) y eslavas (polaco, ruso…). Utilizó además términos griegos y latinos. El esperanto es, pues, un mosaico. Y es una lengua que, en sus raíces, es tremendamente detallada, evitando, siempre que puede, los homónimos: así, sueño (dormido) se dice “song’o”, pero sueño (despierto) se dice “revo”. Y así para los distintos verbos, para los animales, los tonos de los colores, las flores…&lt;br /&gt;La intención de Zamenhof era crear un idioma universal (una intención que también tuvieron el Volapuk y otras tantas lenguas artificiales, más tarde) que permitiera la libre comunicación y el entendimiento de la humanidad. Su propia vida y los tiempos oscuros en los que ésta transcurrió fueron marco y razón de su creación. Tal fue la expansión de su proyecto -y de su sueño original- que la ONU, en 1954, y respondiendo a la solicitud de 19 millones de firmas, recomendó a sus estados miembros la enseñanza y el uso de la lengua. La biblioteca de la “Brita Esperantsta Asocio” (Asociación Esperantista Británica) tenía, en los años 60, unos 30.000 volúmenes, y muchísimas obras literarias, ensayos y revistas se tradujeron al esperanto, así como libros de ciencias y técnicas, política y filosofía. Se crearon numerosos clubes y asociaciones regionales y nacionales, y se celebraron conferencias (más de 700) en dónde los esperantistas se reunieron a intercambiar cultura y experiencias. Además, fueron millones las cartas que cruzaron los mares marcadas con una estrella verde (el símbolo del esperanto) y que permitieron la comunicación -en esta extraña, bella lengua- de las personas más alejadas.&lt;br /&gt;Aprender esperanto no era sólo aprender un idioma. Era adherir a un sueño, a una filosofía, a una esperanza. De ahí su nombre. Los hablantes de la lengua éramos, todos nosotros, “esperanzados”. Creyentes en la posibilidad de un mundo de iguales, en donde, como primer paso, tuviéramos un código en el que comunicarnos sin que una lengua primara sobre otra.&lt;br /&gt;El sueño tenía, sin embargo, un “pero”. Zamenhof no había creado exactamente una lengua universal: había creado una lengua pan-europea, por así decirlo, una lengua que podía sonar fácil y familiar a ojos de un europeo. Pero para un hablante de árabe, de chino o de quechua, aprender esperanto era tanto o más difícil que aprender inglés, y el inglés era más útil, más difundido, más “importante”…&lt;br /&gt;Con el paso de las décadas el esperanto cayó en el olvido. Como caen todos los sueños marchitos.&lt;br /&gt;Aún hoy se sigue hablando y publicando en esperanto, por cierto: las asociaciones nacionales e internacionales no han desaparecido. Pero no es ni mucho ni suficiente. Pocas &lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Esperanto_library"&gt;bibliotecas&lt;/a&gt; poseen libros en esperanto, y son menos los bibliotecarios esperantistas o que conozcan algo del idioma, su historia y su filosofía. Y son escasas las bibliotecas especializadas en la lengua: el puñado que conozco están en Europa.&lt;br /&gt;Aún hay algunos que siguen escribiendo cartas (o mails) marcándolas con la consabida estrella verde, que era (y es, calculo) un sinónimo de paz, solidaridad, acercamiento… y esperanza: la esperanza que tuvieron Zamenhof (al crearlo) y sus seguidores (al usarlo) de crear un mundo nuevo, basado en la tolerancia y el mutuo entendimiento.&lt;br /&gt;El quiso crear un instrumento que permitiera el nacimiento de ese mundo anhelado. Pero el mundo real decidió tomar otros caminos.&lt;br /&gt;Hoy, si queremos que un extranjero nos entienda, terminamos hablando una lengua que nada tiene que ver con nosotros. Terminamos buscando en una WWW cuyo 80 % está en inglés. Terminamos bastardeando nuestro propio idioma con préstamos que no tienen ninguna relación con nuestra cultura. Cuando veo y vivo esto, pienso a veces que quizás el sueño no debería de haber muerto.&lt;br /&gt;Y pienso que una biblioteca en una lengua común a todos -además de en la nuestra propia-, rica y fácil de aprender, nos hubiera permitido conocernos mucho mejor, aprender mucho más y mucho más rápidamente los uno de los otros. Piensen, sino, en todos los libros que no podemos leer porque están en docenas de lenguas dominantes que no podemos soñar en aprender; piensen en todos los posibles colegas y amigos con los que no podemos hablar por la misma causa; piensen en toda la información valiosa que queda fuera de nuestra mano por el mismo motivo…&lt;br /&gt;Quién les escribe repasa, de vez en cuando, el par de libros de esperanto que aún conserva. Y confía en que alguna vez el sueño vuelva a crecer y madurar. Quizás de otra manera, quizás con otras palabras y otras reglas. Pero con las mismas intenciones y esperanzas detrás. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;De la plene floranta urbo de Kordobo, mi sendas vi miajn pli bonajn deziraj’ojn, kun tiuj vortoj kiu mi ankorau’ rememoras, malgrau’ la forgesaj’o kiu falis sur ili.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;(Desde una ciudad de Córdoba poblada de flores, les hago llegar mis mejores deseos a través de estas palabras que aun recuerdo, a pesar del olvido que ha caído sobre ellas).&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-4984587569260737519?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/4984587569260737519/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=4984587569260737519' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4984587569260737519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4984587569260737519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/10/la-revo-kiu-neniam-povis-realigi.html' title='La revo kiu neniam povis realig’i'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-57518637715326858</id><published>2007-10-21T17:34:00.000-03:00</published><updated>2007-10-21T17:39:11.195-03:00</updated><title type='text'>Perdón por mi amor hacia la literatura...</title><content type='html'>&lt;a href="http://julieluongo.files.wordpress.com/2007/01/edgar-degas-after-the-bath.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://julieluongo.files.wordpress.com/2007/01/edgar-degas-after-the-bath.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad no me avergüenzo de mi pasión lectora, pero sí siento un cierto remordimiento cuando las páginas de una novela me atrapan y ya no me puedo soltar de su abrazo. Paso días y noches embarcada en una nave ajena, polizón en la panza del navío que un autor echó a la mar y que ahora me lleva en sus entrañas hacia aguas cada vez más profundas... Amo los libros, las historias, la vida que se escurre entre los párrafos de una novela cuando sus personajes la destejen ante mis ojos.&lt;br /&gt;Tengo entre mis manos la última de Almudena Grandes &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;, “El corazón Helado”, la cual me hace pensar una y otra vez en una frase que hallé cuando recorría la página 409 o la 410 “(...) el asombro que se consolida se convierte en una corteza mucho más asombrosa, y los únicos milagros que valen la pena son los capaces de repetirse.” Tantas veces me he asombrado con un libro en las manos, tantas veces me ha parecido un milagro la literatura, que estoy segura de haber acariciado en más de una ocasión esa corteza de la que habla Grandes, de haberla incluso tallado con una sonrisa, con un puñado de lágrimas, con mis silencios, con algún comentario. La he sentido bajo mis pies y entre mis manos, no una ni dos, sino muchas veces y vale tanto la pena...&lt;br /&gt;Un poquito más adelante, la autora me trajo a la memoria un maravilloso cuadro de Degas, cuyo póster, conseguido en la Tate Gallery de Londres cuando todavía era estudiante de secundaria, tuve mucho tiempo colgado en una pared de mi habitación con cuatro chinchetas. Se titulaba “After the bath” (Después del baño) y mostraba a una mujer junto a una bañera, envuelta en una toalla, mostrando su espalda y su nuca desnudas mientras se secaba el cabello. Mientras iba leyendo me preguntaba si Almudena Grandes habría tenido también un póster de ese cuadro en su casa pues sus líneas me devolvieron a mis dieciséis años con una facilidad increíble y vi exactamente eso “(...) una muchacha se lavaba la cabeza, y una cáscara dura, seca, consciente de su propia torpeza, caía al suelo sin hacer ruido, inservible ante el poder de unos brazos desnudos, armados con su sola desnudez”. Y otra vez &lt;em&gt;me enamoré del todo, por todo, con todo y sin remedio&lt;/em&gt; de su escritura.&lt;br /&gt;Me pasa cada vez que agarro uno de sus libros, pero en esta ocasión la lectura de “El corazón helado” me está seduciendo de un modo muy especial y muy distinto también. Duelen sus páginas, duelen mucho. Se habla en ellas no sólo de una guerra, la Guerra Civil que tuvo lugar en España entre los años 1936 y 1939 (aunque, como todas las guerras, se gestó antes y duró hasta mucho después) sino que se cuentan un montón de historias que conforman “sólo una historia española, de esas que lo echan todo a perder”. Y una va entendiendo como lo entienden sus protagonistas que después de esa guerra, el que regresaba a España “no había vuelto a un país pacificado, sino prisionero, un país ocupado donde ya no había vencedores, sino amos”.&lt;br /&gt;Y también comprende mucho mejor el chiste que publicaba hace unos días Máximo en el diario EL PAÍS, donde enunciaba en un pedazo de papel un bando de la Dirección Gral. de Historiografía abreviada donde se podían leer los puntos siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. La guerra ha terminado.&lt;br /&gt;2. La posguerra, casi (aunque)&lt;br /&gt;3. La transición, bien, gracias.&lt;br /&gt;4. La memoria, Dios dirá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daría risa sino produjese tanta lástima. Una pena muy honda y muy amarga que se extiende no sólo en España sino a lo ancho y lo largo de nuestro mundo, que despedaza continentes enteros porque “hay momentos extraños en la vida, momentos en los que se olvida todo, lo que se ha sabido siempre, lo que nunca debería haberse olvidado” según las palabras de otra de las protagonistas de la novela.&lt;br /&gt;Y cuando antes decía que la novela dolía y mucho, quizás a mí me duela también porque esas más de 900 páginas son otra más de las muchas que componen la historia del país que me vio nacer y crecer, en el que nacieron y crecieron mis abuelos, mis padres. En el que lucharon los primeros y del que fueron herederos los segundos, del que los nietos, si no lo remediamos, seremos simples y desmemoriados descendientes &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;. Porque ¿a dónde pensamos llegar si no sabemos de dónde partimos? ¿De dónde partieron los que nos precedieron y hasta dónde llegaron ellos?&lt;br /&gt;En otra frase maravillosa del libro que vengo comentando, otro de los personajes se refiere a su abuela, maestra socialista durante la II República, como “la que se atrevió a escribir que a lo mejor se estaba equivocando, pero que estaba haciendo lo que creía que tenía que hacer, y que lo hacía por amor”. Supongo que era una buena razón para defender un país, para luchar por sus mujeres, por la educación que defendía la Institución Libre de Enseñanza, y por los hijos de todas ellas y los alumnos de una escuela que fue fusilada, y que ha dado título al documental que el profesor de secundaria Iñaki Pinedo y el periodista Daniel Álvarez han codirigido recientemente. El documental se acaba de proyectar en Madrid, ha sido presentado en distintas ciudades españolas y ha recibido sendos premios en los festivales de Aguilar de Campoo y Cantabria. Además va a cruzar el charco para competir en el Festival de Cine de Bogotá.&lt;br /&gt;Una excelente noticia, sin duda, que me hace volver nuevamente a la última cita que incluye Almudena Grandes en “El corazón helado”:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;... para los estrategas, para los políticos, para los historiadores, todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente, no estoy tan seguro... Quizás la hemos ganado.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio Machado &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;(diciembre de 1938)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para terminar un punto de discrepancia con la autora. Aunque a veces podamos sentirnos “un súbdito satisfecho de la lenta y exigente tiranía de la lentitud que gobierna el tiempo de las bibliotecas”, creo que la literatura que podamos encontrar en ellas siempre nos hará un poco más libres, y nos convertirá en los verdaderos protagonistas de sus estantes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Madrid, 1960. Autora de las novelas &lt;em&gt;Las edades de Lulú&lt;/em&gt; (ganadora del XI Premio La Sonrisa Vertical), &lt;em&gt;Te llamaré Viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, Los aires difíciles&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Castillos de cartón&lt;/em&gt;. Tiene en su haber un fantástico recopilatorio de artículos, &lt;em&gt;Mercado de Barceló&lt;/em&gt;, y los volúmenes de cuentos &lt;em&gt;Modelos de mujer&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Estaciones de paso&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; Almudena Grandes cita al inicio de su novela las siguientes palabras de Ortega y Gasset: “Lo que diferencia al hombre del animal es que el hombre es un heredero y no un mero descendiente”&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; Escritor al que la autora agradece en las notas finales &lt;em&gt;por todo y por el título&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-57518637715326858?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/57518637715326858/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=57518637715326858' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/57518637715326858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/57518637715326858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/10/perdn-por-mi-amor-hacia-la-literatura.html' title='Perdón por mi amor hacia la literatura...'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-2983779974979700754</id><published>2007-10-11T17:26:00.000-03:00</published><updated>2007-10-14T19:12:12.451-03:00</updated><title type='text'>La aventura de publicar un libro</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/Rw6HZvWmzdI/AAAAAAAAAPU/BX_KOkTSBDk/s1600-h/printshop.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5120178702644596178" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/Rw6HZvWmzdI/AAAAAAAAAPU/BX_KOkTSBDk/s320/printshop.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos sentamos delante del papel o del teclado de la computadora -o de la máquina de escribir, pues hay muchos que conservan tan saludable costumbre- y comenzamos a escribir todas las palabras que hemos ido construyendo a lo largo de meses (o años) de experiencias, investigaciones, búsquedas, descubrimientos y fracasos. Todas esas palabras que hemos buscado, masticado, digerido y madurado dentro nuestro para luego poder contarlas a otros.&lt;br /&gt;Ya de por sí, cualquier proceso de investigación es duro y azaroso, incluso para el profesional más avezado y templado en ese trabajo. A veces conduce a caminar en círculos, a perderse en las propias dudas o en las ajenas, a no hallar lo esperado, a desilusionarse, a pasarse días y semanas leyendo y anotando, y a robarle horas al trabajo, el sueño y la familia. Sentarse a escribir para poder comunicar los resultados del trabajo propio -el paso final de toda investigación- significa, para el investigador / escritor, poder plasmar, finalmente, todo lo aprendido y todo lo encontrado.&lt;br /&gt;Claro que no siempre son investigadores los que escriben: novelistas, ensayistas, poetas, maestros, cualquier persona con algo que contar termina sentándose frente a una hoja de papel y dando rienda suelta a sus dotes de escritor. Para ellos también fue necesario -diría “vital”- el proceso de búsqueda (de las palabras) y de maduración (de las ideas o de los sentimientos), con todos los problemas y riesgos asociados.&lt;br /&gt;Comenzamos a escribir, pues. Y nadie -ni siquiera nosotros mismos- sabe cuánto tiempo nos demandará esa labor. Pues plasmar en palabras lo que dicta el pensamiento es el mayor desafío del ser humano, un proceso en el cual despojamos lo que pensamos de todo lo accesorio y lo transformamos en palabra, y es más, en palabra escrita, en ortografía y gramática. Creo que fue Sócrates el que dijo que al transformar el pensamiento en palabra, se perdía casi todo, y al pasar el habla a papel, se perdía mucho más. Sólo los grandes en el arte de la escritura saben contrarrestar (magistralmente, por cierto) los efectos de lo que parece ser una ley universal.&lt;br /&gt;Pero asumamos que el proceso de escribir -con tantas emociones, esfuerzos, sacrificios, cansancios y sinsabores implicados- ya ha terminado. Tenemos nuestro manuscrito entre las manos, la producción que nos ha costado tanto trabajo. ¡Enhorabuena! En ese preciso momento se presenta la gran pregunta:&lt;br /&gt;“¿Y ahora, qué hago con esto?”.&lt;br /&gt;Para ser leídos -objetivo perseguido por la gran mayoría de los que escribimos- es necesario multiplicar nuestro manuscrito por decenas, cientos o miles, y hacerlo llegar a las manos lectoras. Conscientes de que eso representa un buen negocio, nacieron las editoriales.&lt;br /&gt;No, no pretendo aquí criticar a las casas editoras. Negocios son negocios, y éste es uno de los tantos que habitan en nuestro mundo (menos condenable que otros como el de la salud, la educación o el derecho). Lo que pretendo es describirles sucintamente la aventura de publicar un libro a través de una editorial.&lt;br /&gt;Primer paso: localizar editoriales. Las hay internacionales, nacionales, regionales y locales, las hay grandes y pequeñas, famosas o desconocidas… El abanico es amplio: por ende, es menester buscar un primer criterio de selección entre tan amplia variedad de posibilidades.&lt;br /&gt;Digamos que buscamos una editorial que publique textos bibliotecológicos (lo siento, es deformación profesional). El espectro inacabable que veníamos manejando se reduce drásticamente. Ya no son tantas, y quizás no sean tan famosas. Pero se dedican -más o menos específicamente- a editar colecciones y libros sobre bibliotecología, documentación y ciencias de la información.&lt;br /&gt;Buscadas y encontradas, revisamos sus propuestas, sus colecciones, los títulos que han publicado y que ofrecen en sus catálogos (usualmente en línea). Y aquí aparece un segundo criterio de selección: ¿alguna de ellas publica textos sobre la temática que nosotros hemos elegido?&lt;br /&gt;Si ninguna lo hace, ¡bienvenido al club de los que archivamos manuscritos en un cajón! Si, por el contrario, alguna se ocupa de nuestra temática, propondremos el texto para su publicación, comentando a los editores nuestro trabajo y hablando un poco de quiénes somos. Este último punto es importante: tanto en ciencias como en letras, muchas veces vende más un nombre que un contenido. Recordemos que esto es un negocio y los “don-nadie”, por buena que sea su producción, a veces no venden…&lt;br /&gt;La respuesta de la editorial a nuestra propuesta inicial puede variar. Pueden pedir el manuscrito original para echarle un vistazo, pueden rechazar la oferta, o bien pueden decirnos que ellos no publican esa temática (a pesar de que aparece claramente en su catálogo), lo cual, lejos de ser una contradicción, es una forma de decir “usted no me interesa” en forma muy diplomática.&lt;br /&gt;Si aceptan el original para revisarlo -fortuna de las fortunas- lo hacemos llegar a sus manos, sin dejar de recordar (en el caso de los desconfiados como yo) algunos casos de editoriales que publicaron textos interesantes bajo otros nombres y se olvidan del autor original, que, por cierto, no tenía registrados sus derechos en ningún sitio…&lt;br /&gt;A veces, además de aceptar nuestra obra para su consideración, consultan cuál sería, a nuestro entender, el mercado que compraría nuestro libro, o bien, en forma abierta, nos preguntan las razones por las cuales ellos deberían publicarnos. Es decir, no solo hay que darles el libro, sino también explicarles cómo, dónde, cuando, a quién y porqué deberían editarlo. Trabajo completo…&lt;br /&gt;En fin. Semanas o meses después (todo puede variar) se recibe la evaluación final de la editorial. Si rechazan nuestro texto, se intentará con otra, y si ya no quedaban opciones… ¡bienvenido nuevamente al club de los que archivamos manuscritos en un cajón!&lt;br /&gt;Pero si lo aceptan, nos harán llegar un contrato.&lt;br /&gt;Los términos de ese documento pueden variar mucho, dependiendo de la editorial, y recordemos, una vez más, que todo esto es un negocio. Generalmente, la editora se queda con los derechos del autor, que debe cederlos por un plazo determinado. Si el autor quiere hacer algo con su propio texto después de firmado ese contrato, debe pedir permiso a la editorial (que puede darlo o no). Además, la editora establece el número de impresiones que realizará (por lo general, en el caso de textos bibliotecológicas, tiradas limitadas, de 200 a 400 ejemplares) y la calidad de esos libros (generalmente la más económica, es decir, la que menos le cueste a la editora en términos de papel, tinta y encuadernación).&lt;br /&gt;Y por último, se definen las regalías, es decir, cuánto dinero llegará a las manos del autor. Por lo general, el porcentaje varía alrededor del 10 % (hablo por experiencia propia, pero este porcentaje puede variar) sobre el precio de venta.&lt;br /&gt;Poniendo un ejemplo práctico: después de dos o tres años de investigar y escribir un libro, lo pongo en manos de alguna editorial que quiera publicarlo, obteniendo una tirada de unos 200 libros “sencillitos” que se venderán a, digamos, 10 dólares. A mis manos llegarán 200 dólares, con suerte; a las de ellos, 1800.&lt;br /&gt;Reconozcamos que los investigadores y los escritores noveles -que son los que realizan tan bajas tiradas- no buscamos lucrar con lo que escribimos. Buscamos ser leídos. Después de meses y meses paseando entre editoriales, sufriendo improperios, mentiras, silencios, engaños y demás, uno se termina preguntando si vale realmente la pena tanto esfuerzo sólo para ver su libro en papel, cuando en realidad hay otras opciones para ser visto y leído.&lt;br /&gt;Una de ellas se llama POD, Print on Demand (impresión bajo demanda). Se trata de empresas que realizan impresiones muy pequeñas a precios accesibles, de acuerdo a los intereses del autor. Los libros no son de gran calidad, por cierto, pero… muchas veces, tampoco lo son los de las grandes editoriales. El autor (o a veces la misma editora) se encarga de solicitar el ISBN (un trámite sencillo) y de realizar el depósito legal (otro trámite sencillo) e incluso, si es menester, de reclamar los derechos de autor. Se pueden imprimir desde 30 a más ejemplares, de acuerdo a las intenciones del autor… y presentar el libro personalmente en bibliotecas, librerías, congresos o conferencias.&lt;br /&gt;La otra es el libro electrónico o e-book, en cuya producción ya hay varias empresas involucradas (una de ellas es &lt;a href="http://wayrachakieditora.blogspot.com/"&gt;Wayrachaki editora&lt;/a&gt;). Para muchos, es un libro que no existe. Sin embargo, es una de las formas más versátiles de difundir conocimiento. El autor no paga por la impresión, sino por el diseño. Pide su ISBN, pide sus derechos, realiza el depósito legal, y luego puede hacer con su libro lo que quiera (dado que jamás cede su copyright a nadie): difundirlo por Internet, colgarlo de archivos de Acceso Abierto, ponerlo en portales, enviarlo donde quiera, colocarlo en bibliotecas virtuales, venderlo o, incluso, imprimirlo bajo POD. Y aquellos lectores que quieran tenerlo en papel pueden descargarlo, imprimirlo y usarlo (siempre respetando las condiciones establecidas por el autor sobre sus derechos).&lt;br /&gt;Y si lo comercializa, todos los beneficios serán para él (aunque, debemos reconocerlo, comercializar el propio trabajo es tarea ardua).&lt;br /&gt;¿Desaparecerán las editoriales? No, ni mucho menos. Todos disfrutamos y nos beneficiamos (intelectualmente) de su trabajo. Pero probablemente comenzarán a abrirse otras puertas y otros espacios para aquellos autores cuyo material no sea “vendible” o “redituable”, o no genere beneficios. Y es necesario que eso ocurra. Porque de no ser así, seguiremos leyendo sólo aquello que sea comercializable. Nada más. Y eso puede ser muy preocupante.&lt;br /&gt;Saludos cordiales desde detrás de un teclado, en donde, todavía, no me he cansado de escribir. Allí fuera, tras la ventana y el humo de mi pipa, el mundo florece en primavera…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-2983779974979700754?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/2983779974979700754/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=2983779974979700754' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/2983779974979700754'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/2983779974979700754'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/10/la-aventura-de-publicar-un-libro.html' title='La aventura de publicar un libro'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/Rw6HZvWmzdI/AAAAAAAAAPU/BX_KOkTSBDk/s72-c/printshop.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-253161949554833312</id><published>2007-10-07T12:28:00.000-03:00</published><updated>2007-10-07T12:34:21.121-03:00</updated><title type='text'>Pluralidad de opiniones: entre la duda y la contradicción</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://blogs.epi.es/jserna/files/2007/03/periodicos.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://blogs.epi.es/jserna/files/2007/03/periodicos.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Confieso que he leído bastante prensa en las últimas semanas, diarios de uno y otro lado del Océano Atlántico (aunque la nostalgia me ha hecho atracar más veces en las páginas de un viejo conocido &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;), y noticias de todas las orillas del mundo. He pisado los cinco continentes de la pluma de periodistas que me mostraban los azarosos caminos por los que ellos ya habían transitado. He visto gentes de distinta clase y condición con problemáticas muy similares, aquí, allá y en todas las “esquinas” de nuestro esférico planeta. Me he encontrado con muy diversas opiniones sobre un mismo tema y me han entrado infinitas dudas sobre el asunto en cuestión. He hallado un montón de líneas contradictorias bajo el mismo titular, las cuales han sumado nuevas incógnitas al ya mencionado estado de confusión en que iba cayendo a medida que pasaban los días... Cuando me aficioné a leer el diario -durante mis años en la facultad-, me dije que leía para saber más; un tiempo después, me doy cuenta de que desconozco casi todo sobre lo que al principio creía estar enterada.&lt;br /&gt;Lo cual no me parece mal, pues ante mi desconocimiento surge con más brío mi curiosidad y sigo leyendo... Sin embargo, no creo que mi lectura de la prensa diaria me lleve a entender lo que escriben los que dicen saber lo que pasa. Como leía en una entrevista a Fernando Savater, “[e]ntiendo a los que no entienden” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;. El filósofo español afirmaba en esas líneas que “estoy más próximo a los ignorantes, por mi propia ignorancia.” Y añadía: “[l]a mayor parte de los manuales son muy aburridos porque quienes los hacen creen que existe la obligación de leerlos.” No sé si será también ése el caso de los diarios que, de algún modo, nos hacen sentir que tenemos la obligación de leerlos para estar informados. Y por “estar informados” quiero decir exactamente eso: estar informados; pues no quisiera que mis palabras sugieran al lector que ello significa lo mismo que saber de algo, ni mucho menos conocer la verdad de los hechos; simplemente estoy anotando que, al leer lo que se escribe en prensa, uno puede estar más o menos al tanto de lo que lo se dice que está pasando.&lt;br /&gt;Para ello uno tiene que manejar cierto registro lingüístico. Y aquí no estaría sólo hablando de un estilo más formal o menos formal, a veces incluso vulgar, dentro del estándar, sino de los dobles sentidos, de lo que se puede -y se debe- leer entre líneas. Respecto a las diferencias de estilo (que en muchas ocasiones se convierten, prácticamente, en diferencias idiomáticas), el escritor Juan Goytisolo exponía algunas consideraciones muy interesantes en el artículo titulado “La fractura lingüística del Magreb” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;. El autor comparaba los usos actuales del árabe clásico (que se mantiene en el contexto religioso, asambleas parlamentarias, ceremonias oficiales, la casi totalidad de la literatura escrita, etc.) y la lengua popular que comparten marroquíes y argelinos, la &lt;em&gt;darixa&lt;/em&gt;, “llamada condescendientemente por los doctos y las ‘fuerzas vivas’, árabe dialectal o coloquial, por no decir ‘vulgar’”. A Goytisolo, esa lengua popular, lejos de parecerle “zafia”, le había sorprendido por su “constante creatividad” pues, sin olvidarse de su procedencia, el árabe clásico, ha ido incorporando voces de otros idiomas. No obstante, señalaba el autor que “el desfase entre la lengua culta y la hablada afecta a todos los órdenes de la vida social, política y cultural.” Pese a lo cual, se permitía ser optimista al final, y concluía que “dado que la identidad magrebí es múltiple y mutante –como lo son todas las identidades, digan lo que digan las constituciones y textos oficiales-, la &lt;em&gt;darixa&lt;/em&gt; y el bereber común al Atlas y la Cabilia arraigarán más temprano que tarde en el campo del saber y de la cultura, por dura que sea la resistencia de los letrados y de los poderes fácticos”.&lt;br /&gt;El escritor no centraba su artículo en el deseable uso, por parte de los medios informativos, de la lengua que habla el 99 % de la población magrebí, pero sí se refería a ellos al recordar el proceso contra el director de los semanarios &lt;em&gt;Nichán&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Tel Quel&lt;/em&gt;, Ahmed Benschemi, por haber publicado en el primero una carta abierta al rey Mohamed VI en la lengua &lt;em&gt;darixa&lt;/em&gt;, en vez hacerlo en árabe clásico. Sin duda las lenguas y sus diferentes usos (y abusos) están entre las preocupaciones de muchos medios. Así puede constatarse al leer una pequeña reseña titulada “Lenguas contra personas” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn4" name="_ftnref4"&gt;[4]&lt;/a&gt; donde se opinaba que: “[l]a pasión de los oficinistas de la lengua por regular al milímetro lo que habla la gente roza el esperpento.” Tales palabras fueron escritas a propósito del despido de la escritora de origen uruguayo Cristina Peri Rossi, afincada en Barcelona desde hace más de tres décadas, del programa de Catalunya Ràdio en el que participaba desde hacía dos temporadas, por hablar en castellano. “(...) a los censores vocacionales les debió parecer que eso vulneraba los derechos de la lengua catalana, y han decidido vulnerar los laborales de esta escritora”. Unas páginas más adelante se amplía esta nota (que pone al desnudo el celo de algunos catalanes por su lengua) con el titular “La CCRTV &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn5" name="_ftnref5"&gt;[5]&lt;/a&gt; endurece el uso del catalán en los medios públicos” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn6" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn6" name="_ftnref6"&gt;[6]&lt;/a&gt;. Opino que esta postura oficial, tal y como se afirmaba en la mencionada reseña, “compromete el argumento de que en la realidad social no hay ningún problema, pues existe una convivencia lingüística espontánea que permite a todos los ciudadanos participar de la vida pública al margen de cual sea su lengua de comunicación.”&lt;br /&gt;Cuando al principio les decía que había encontrado un sinfín de contradicciones entre mis lecturas, no es la menor de ellas la que les comparto a continuación. Refiere Esteban Beltrán &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn7" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn7" name="_ftnref7"&gt;[7]&lt;/a&gt; en su artículo “Voltios sin control” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn8" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn8" name="_ftnref8"&gt;[8]&lt;/a&gt; que: “[e]n EE UU, las pistolas tipo Taser se utilizan con demasiada frecuencia en situaciones en las que no está justificado el uso de fuerza letal (...) [l]as recientes imágenes del estudiante &lt;em&gt;taseado&lt;/em&gt; por agentes de seguridad el pasado 17 de septiembre en plena conferencia del senador John Kerry en la Universidad de Florida son un ejemplo de ello. No era un peligroso delincuente ni quería atentar contra el senador. Le aplicaron 50.000 voltios por insistir demasiado en una pregunta.” Sin embargo, al volver la página uno se da de bruces con la carta que un lector escribe al director titulada “La verdadera libertad de expresión”, donde manifiesta, a propósito de la reciente celebración de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York que: “[h]a sido un espectáculo incomparable el ver cómo la prensa y los estudiantes [estadounidenses] han interrogado en varias ocasiones al presidente iraní, mientras que en su país esto es simplemente imposible”.&lt;br /&gt;Supongo que las cosas siempre pueden estar peor... A ese miedo se refiere Fernando Savater cuando, bajo el título “Del dicho al hecho” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn9" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn9" name="_ftnref9"&gt;[9]&lt;/a&gt;, habla de los grandes partidos políticos: “saben que la mayoría de la gente tiene que optar entre un partido que no les gusta y otro al que odia, esperando cada preboste que el suyo sea el que sólo no les gusta.” Hace años que leo a este filósofo español y no deja de maravillarme la claridad con la que es capaz de explicar sus ideas. Con respecto a la nueva y polémica asignatura del currículum español, “Educación para la Ciudadanía” (que ya tienen 22 países de la Comunidad Europea, y es denominada “Educación cívica” en Argentina), el autor afirma en ese mismo texto que “se ha comprobado que todavía hay ciudadanos que consideran un abuso inadmisible el establecimiento explícito y razonado de una serie de valores cívicos comunes, que no dependen de la moral de cada cual, sino de la ética de la convivencia en la igualdad. En eso consiste precisamente el laicismo y por ello es tan imprescindible en democracia como el sufragio universal.” Entre esos ciudadanos a los que menciona Savater, bien podría estar el portavoz de los obispos españoles, Juan Antonio Martínez Camino, de quien podemos leer unas declaraciones en el artículo titulado “Los obispos reprenden a los colegios católicos por la asignatura de Ciudadanía” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn10" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn10" name="_ftnref10"&gt;[10]&lt;/a&gt;. Según Martínez Camino, ni el Gobierno ni las Cortes, aun siendo democráticos, pueden inmiscuirse en “la educación de las conciencias.”&lt;br /&gt;Definitivamente leer el diario, si se hace un poco de sentido del humor, puede depararnos no pocas sorpresas, además de muchas dudas y un montón de contradicciones como las señaladas hasta aquí. No les voy a negar que suelo reírme menos de lo que me gustaría cuando tengo entre mis manos sus páginas; sin embargo, trato de que algunas noticias provoquen en mí ese efecto tan saludable que es la risa, según afirma Juan Goytisolo, ya que tal y como señala el escritor “ésta ha marcado siempre la dirección hacia la que se encaminan los pueblos ansiosos de libertad y de progreso cualesquiera que sean los obstáculos que se interpongan en su camino.” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn11" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn11" name="_ftnref11"&gt;[11]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; A lo largo de estas líneas me referiré a distintos artículos publicados en la edición internacional de EL PAÍS a finales de septiembre de 2007.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; Tomado de “Entiendo a los que no entienden”, en la edición internacional de EL PAÍS del viernes 21 de septiembre de 2007, sección “Cultura”.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; En la edición internacional de EL PAÍS, lunes 24 de septiembre de 2007, sección “Opinión”.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref4" name="_ftn4"&gt;[4]&lt;/a&gt; En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección “Opinión”.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref5" name="_ftn5"&gt;[5]&lt;/a&gt; La Corporación Catalana de Radio y Televisión&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn6" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref6" name="_ftn6"&gt;[6]&lt;/a&gt; En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección “Sociedad”.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn7" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref7" name="_ftn7"&gt;[7]&lt;/a&gt; Director de Amnistía Internacional España.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn8" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref8" name="_ftn8"&gt;[8]&lt;/a&gt; En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección “Opinión”.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn9" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref9" name="_ftn9"&gt;[9]&lt;/a&gt; En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección “Opinión”.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn10" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref10" name="_ftn10"&gt;[10]&lt;/a&gt; En la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección “Sociedad”.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn11" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref11" name="_ftn11"&gt;[11]&lt;/a&gt; Tomado de “La fractura lingüística del Zagreb”, en la edición internacional de EL PAÍS, viernes 28 de septiembre de 2007, sección “Opinión”.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-253161949554833312?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/253161949554833312/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=253161949554833312' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/253161949554833312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/253161949554833312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/10/pluralidad-de-opiniones-entre-la-duda-y.html' title='Pluralidad de opiniones: entre la duda y la contradicción'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5296290147014318109</id><published>2007-09-30T11:54:00.000-03:00</published><updated>2007-09-30T11:58:39.271-03:00</updated><title type='text'>Tradición oral y memorias incaicas</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.otal.umd.edu/~npjobe/quipu.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.otal.umd.edu/~npjobe/quipu.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Esta semana estamos re-inaugurando el sitio &lt;/em&gt;&lt;a href="http://www.tradicionoral.blogspot.com/"&gt;&lt;em&gt;web&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt; “Tradición oral”, el cual, con un nuevo formato y contenidos revisados y ampliados (y en continua actualización) provee conceptos, técnicas y bibliografía a todos aquellos que deseen acercarse al cautivante mundo de la oralidad.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivimos en un continente donde la palabra hablada aún no ha perdido su tradicional rol de canal de información y aprendizaje. En cada rincón de nuestra geografía todavía surgen, imprevistos e impensados, esos relatos y recuerdos que, aunque jamás fueron escritos, codifican una parte de nuestra historia y nuestra identidad.&lt;br /&gt;Uno de los primeros registros escritos de las prácticas de tradición oral en Sudamérica es obra de la pluma de un cronista hispano, Pedro Sarmiento de Gamboa, un personaje de vida azarosa que terminó sus días casi olvidado y cuya última gran proeza fue intentar colonizar las costas de la inhóspita Tierra del Fuego (intento infructuoso, por cierto, y que costó numerosas vidas). La obra más conocida de Sarmiento de Gamboa es la “Historia de los Incas”, escrita en 1572 (nosotros tenemos un ejemplar de 1942, editado por Emecé en Buenos Aires). De este libro hemos extraído un fragmento considerable que les dejamos esta semana como un homenaje a la “historia oral” y como un testimonio antiguo de una práctica que, a pesar de los siglos, no ha desaparecido en absoluto: continúa practicándose, aunque ciertamente a otros niveles.&lt;br /&gt;El cronista español nos cuenta, en este texto, cómo la nobleza incaica poseía sistemas orales bastante precisos para perpetuar su historia a través de las generaciones. Hoy en día, muchas otras historias también se conservan, pasando de boca en boca y de mano en mano. Ciertamente, nuestro apego a la escritura y a los libros nos fuerza, en muchísimas ocasiones, a desestimar lo oral por impreciso y subjetivo. Sin embargo, ¿no están los libros de historia plagados de la subjetividad del historiador que los escribe? ¿No cuentan nuestras bibliotecas lo que los autores de las obras que conservamos quisieron anotar para la posteridad? ¿No silencian lo que esos escribas dejaron de lado? ¿No se escucha aún en nuestras calles y plazas retazos de historias recientes que nuestros documentos se niegan a recoger, por muy reales que sean?&lt;br /&gt;La oralidad está tan plagada de errores y de olvidos como la escritura. Quizás hemos perdido la facultad (o la costumbre) de recordar y de decir lo que recordamos, ante la comodidad de nuestros libros. Pero me temo que al hacerlo, hemos sacrificado una buena parte de nuestra realidad como seres humanos, de las experiencias que hemos vivido, de nuestro pasado y nuestra identidad. Estamos permitiendo que otros anoten (y salven del silencio, para la posteridad) sólo algunos fragmentos de nuestro mundo. Lo demás morirá con nosotros. Triste destino para una cantidad de saber tan grande.&lt;br /&gt;Decía Alejandro Dolina: “Recordemos, recordemos todo el tiempo”. Contemos, escuchemos, compartamos. Y recuperemos las voces que se apagan para que no se pierdan. Al fin y al cabo, no somos más que las memorias que dejamos a nuestro paso. Si esas memorias, si esas pequeñas historias se pierden… ¿quién sabrá de nuestro paso por el mundo?&lt;br /&gt;Los dejamos con Sarmiento de Gamboa y su descripción (en castellano antiguo, con algunas anotaciones) de los métodos incaicos de conservar el pasado para el futuro. Un fuerte abrazo… y hasta la semana que viene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mas antes de entrar en el cuerpo de la historia de los ingas [“incas”], quiero advertir, o hablando más propriamente, responder a una dificultad, que se podría ofrecer a los que no tienen por cierta esta historia, hecha por la relación que estos bárbaros dan, porque, no tiniendo letras, no pueden tener en la memoria tantas particularidades, como aquí se cuentan, de tanta antigüedad. A esto se responde, que para suplir la falta de letras, tenían estos bárbaros una curiosidad muy buena y cierta, y era, que unos a otros, padres a hijos, se iban refiriendo las cosas antiguas pasadas hasta sus tiempos, repitiéndoselas muchas veces, como quien lee lección en cátedra, haciéndoles repetir las tales lecciones historiales a los oyentes, hasta que se les quedasen en la memoria fijas. Y así cada uno de sus descendientes iba comunicando sus anales por esta orden dicha, para conservar sus historias y hazañas y antigüedades y los números de las gentes, pueblos, y provincias, días, meses y años, batallas, muertes, destrucciones, fortalezas y cinches [“sinchis”, caciques]. Y finalmente las cosas más notables, que consisten en número y cuerpo, notábanlas, y agora las notan, en unos cordeles, a que llaman quipo [“khipu” o “quipu”], que es lo mesmo que decir racional o contador. En el cual quipo dan ciertos ñudos, como ellos saben, por los cuales y por las diferencias de las colores distinguen y anotan cada cosa como con letras. Es cosa de admiración ver las menudencias que conservan en aquestos cordelejos, de los cuales hay maestros como entre nosotros del escrebir.&lt;br /&gt;Y además desto había, y aun agora hay, particulares historiadores destas naciones, que era oficio que se heredaba de padre a hijo. Allegase a esto la grandísima diligencia del Pachacuti Inga Yupanqui, noveno inga, el cual hizo llamamiento general de todos los viejos historiadores de todas las provincias, quél sujetó, y aun de otros muchos más de todos estos reinos, y túvolos en la ciudad del Cuzco mucho tiempo examinándolos sobre las antigüedades, origen y cosas notables de sus pasados destos reinos. Y después que tuvo bien averiguado todo lo más notable de las antigüedades de sus historias, hízolo todo pintar por su orden en tablones grandes, y deputó en las Casas del Sol una gran sala, adonde las tales tablas, que guarnescidos de oro estaban, estuviesen como nuestras librerías, y constituyó doctores que supiesen entenderlas y declararlas. Y no podían entrar donde estas tablas estaban sino el inga o los historiadores sin expresa licencia del inga.&lt;br /&gt;Y desta manera se vino averiguar todo lo de sus pasados y a quedar tan manual a toda suerte de gentes, quel día de hoy los Indios menudos y los mayores generalmente lo saben, aunque en algunas cosas tengan varias opiniones por particulares intereses. Y así examinando de toda condición de estados de los más prudentes y ancianos, de quien se tiene más crédito saqué y recopilé la presente historia, refiriendo las declaraciones y dichos de unos a sus enemigos, digo del bando contrario, porque se acaudillan por bandos, y pidiendo a cada uno memorial por sí de sus linaje y dél de su contrario. Y estos memoriales, que todos están en mi poder, refiriéndolos y corrigiéndolos con sus contrarios, y últimamente ratificándolos en presencia de todos los bandos y ayllos [“ayllus”, clanes o familias extensas] en público, con juramento por autoridad de juez, y con lenguas expertas generales, y muy curiosos y fieles intérpretes, también juramentados, se ha afinado lo que aquí va scripto”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5296290147014318109?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/5296290147014318109/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=5296290147014318109' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5296290147014318109'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5296290147014318109'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/09/tradicin-oral-y-memorias-incaicas.html' title='Tradición oral y memorias incaicas'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-555445613131153761</id><published>2007-09-23T12:56:00.000-03:00</published><updated>2007-09-23T13:14:29.714-03:00</updated><title type='text'>Sedientos de libertad para andar entre cuadros, libros y árboles</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.findtravel.com.ar/archivos/PD/buenos_aires.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.findtravel.com.ar/archivos/PD/buenos_aires.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue durante nuestro último viaje a Buenos Aires, a la que Gieco &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt; llama &lt;em&gt;ciudad del sino, duende de un destino&lt;/em&gt;, en su disco “Bandidos Rurales”, cuando mojados de pies a cabeza recorrimos un pedacito de la historia de sus húmedos rincones. Si no recuerdo mal, nuestros primeros pasos nos llevaron esa mañana hacia &lt;a href="http://www.alojargentina.com.ar/images/servicios/venta/santelmo.jpg"&gt;San Telmo&lt;/a&gt;... Queríamos llegar al Museo Histórico de la Ciudad pero en la oficina de Turismo que encontramos de camino, nos advirtieron que lo encontraríamos cerrado porque unos días antes alguien había robado un reloj del general &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Belgrano"&gt;Belgrano&lt;/a&gt;... Efectivamente, hallamos sus puertas cerradas y los cañones de su patio chorreando bajo la misma lluvia que nos empapaba a nosotros. Dimos un paseo por el Parque &lt;a href="http://www.todo-argentina.net/Geografia/Barrios/santelmo/st14g.jpg"&gt;Lezama&lt;/a&gt; y acariciamos las raíces de sus ancianos &lt;a href="http://www.sevilla.org/html/contenidos/parques_jardines/imagenes/arboles/big/ombu_2.jpg"&gt;&lt;em&gt;ombúes&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;, que parecían hechas del mismo barro que llevábamos en los pies. El Café Británico nos ofreció una mesita junto a la ventana, y un par de cafés bien negros y bien calientes (amargo el uno, con mucho azúcar el otro) nos devolvieron el rubor de las mejillas, mientras que dos medialunas de manteca para cada uno repusieron la sonrisa en nuestros labios. Paseamos por el Mercado de San Telmo y entramos en El &lt;a href="http://www.todo-argentina.net/Geografia/Barrios/santelmo/ezeiza.jpg"&gt;Pasaje&lt;/a&gt; Defensa (ex casa de los Ezeiza), con sus canaletas inundando el piso de piedras desiguales y losas marchitas sobre el que era muy fácil resbalarse. Desde allí regresamos hacia la Manzana de las Luces y visitamos, prácticamente solos, el &lt;a href="http://museoetnografico.filo.uba.ar/index.html"&gt;Museo&lt;/a&gt; Etnográfico. Mi alegría fue mayúscula al pararme frente a vitrinas que por primera vez me hablaban sin que yo tuviese que detenerme a leer cartelito por cartelito lo que en ellas estaba expuesto. El puñadito de lecturas que ya llevo hechas sobre los pueblos originarios de este país, sus leyendas, sus cuentos, sus luchas diarias y sus maneras de vivir, además de nuestras incursiones en diversos museos a lo largo y ancho de la cordillera andina, así como con la observación directa de las personas que hoy pueblan este continente interminable, los muchos kilómetros recorridos al lado de Edgardo para atravesar sus paisajes, sedientos unos, embriagados con el agua de infinitas vertientes otros, y nuestro trabajo conjunto, me permitieron reconocer lo aprendido a lo largo de nuestro camino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es una experiencia maravillosa darse cuenta de que una empieza a distinguir ciertos rasgos del pasado que le posibilitan para entender un poco mejor algunas características de un presente que todavía desconoce en gran medida. Piso un continente muy vasto que sigo descubriendo día a día, y así como me gusta escuchar a la gente que lo habita, me gusta también detenerme en las páginas que hablan de quienes lo hicieron antes, junto a los caminos que transitaron hace siglos, frente a las vidrieras que guardan un pedacito de su memoria...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por eso luego fuimos a conocer la Librería Ávila y su café literario, y rebuscamos en sus cajones viejas revistas, y soplamos el polvo de las primeras ediciones que descansaban en sus estantes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la &lt;a href="http://www.tiamanga-tour.com/galeries/gal230022006/big/Buenos-Aires-plaza-de-Mayo.jpg"&gt;Plaza&lt;/a&gt; de Mayo saludamos a un cielo muy gris que oscurecía las paredes del &lt;a href="http://www.travel-buenosaires.com.ar/archivos/imagenes/ciudades/img-Cabildo.jpg"&gt;Cabildo&lt;/a&gt; y envolvía la &lt;a href="http://www.argentinago.com/galeria/66.jpg"&gt;Casa&lt;/a&gt; Rosada con un manto de bruma... La misma cubrió de sombras la Plaza San Martín y descendimos sus escaleras cubiertos de las finas gotitas que se escurrían de las hojas de sus tipas. Continuamos caminando hasta &lt;a href="http://www.viajeros.com/albums/diarios/2553/normal_argentina_ciudad-de-buenos-aires_2553_51.jpg"&gt;Retiro&lt;/a&gt; y giramos hacia Recoleta. Cruzamos &lt;a href="http://static.flickr.com/86/209606225_42cf0547c8.jpg"&gt;Plaza&lt;/a&gt; Francia, vaciada de gente y de puestos bajo la persistente lluvia, que también asustó esa tarde a los corredores que normalmente trotan por los Lagos de Palermo... Ya de noche, llegamos al museo que por la mañana nos había aconsejado no perdernos la persona que nos atendió en la oficina de turismo: el &lt;a href="http://www.malba.org.ar/web/"&gt;MALBA&lt;/a&gt;, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Debo confesar que dudamos si entrar o no, pues aquel edificio tan moderno rodeado de una brillante iluminación que se reflejaba en los charcos, nos pareció demasiado bullicioso después de un largo día de solitaria marcha por el viejo Buenos Aires... Sin embargo, la curiosidad nos pudo y también el frío que llevábamos en el cuerpo después de haber caminado tantas horas bajo la lluvia. Nos dio la bienvenida un espacio tan amplio y tan lleno de luz que por un instante nos sentimos mucho más perdidos que entre las callecitas de San Telmo. Averiguamos el precio de la entrada, y con sorpresa nos sonreímos cuando nos preguntaron “¿carnés de estudiante, chicos?” En realidad teníamos ganas de decir que carnés ya no teníamos pero que estudiantes siempre seríamos, sin embargo, dado que los docentes tenían el mismo descuento, señalamos esa segunda opción, advirtiendo, no obstante, que tampoco llevábamos carnés. Como tales nos entregaron nuestros tickets, y después de dejar la mochila y las camperas a la entrada nos ubicamos en la primera de las escaleras mecánicas que nos condujo hacia muchas de las obras de arte que allí encontraríamos. Fuimos de sorpresa en sorpresa durante las dos horas que permanecimos en este museo. Descubrimos obras para guardar en la retina por muchos años, escuchamos música y la “tarareamos” con nuestros pies, hicimos guiños a los niños que se nos pararon al lado, aplaudimos, nos reímos, jugamos, pusimos caras de no entender nada, nos encogimos de hombros, nos dimos codazos cómplices frente a algunas esculturas, nos sentamos en otras... Disfrutamos muchísimo aquella tarde. Ese museo celebraba con sus visitantes la fiesta que significaba tener allí reunidos un buen puñado de trabajos de autores latinoamericanos, sobresalientes por su originalidad y su compromiso con la realidad y la imaginación al mismo tiempo. Y digo que el museo era un fiesta, porque en él hallamos a un par de murgueros recordándonos la canción de Rubén &lt;a href="http://www.rada.com.uy/home.htm"&gt;Rada&lt;/a&gt; “Candombe para &lt;a href="http://www.rau.edu.uy/uruguay/cultura/figari.htm"&gt;Figari&lt;/a&gt;” frente a uno de los cuadros del pintor uruguayo, porque los niños iban y venían, porque sus abuelos les explicaban qué era tal o cual cosa cada vez que señalaban algo en la tienda del museo, porque algunas obras se podían tocar, porque las que sólo se podían ver parecía que, a su vez, te estaban observando a ti, porque te podías mover a tu aire, porque avanzabas y retrocedías y te perdías y te encontrabas, porque eras libre para sentir lo que esos trabajos te provocaban, y podías hablar despacito y sonreírte y ponerte de puntillas y agacharte, porque podías disfrutar de lo que entendías y de lo que ignorabas, de los colores, de las formas, de mirar un cuadro largo rato o darte media vuelta de inmediato... Porque, en fin, podías reírte de ti y enojarte contigo mirando aquellas obras que otros hicieron estando unas veces alegres y otras veces enfadados... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Descendiendo hasta el último nivel, nos llevamos la mayor sorpresa de esa tarde. Una de las esculturas que allí se presentaban consistía en unas bibliotecas con libros de autoayuda en sus estantes. Libros de segunda o tercera mano, poco atractivos, arrugados, dobladas sus esquinas, amarillentos algunos, silenciosos la mayoría... Sin embargo, vimos cómo varias personas se detenían en aquel espacio, se sentaban en los mismos bancos que formaban parte de la escultura y agarraban tranquilamente esas páginas, las abrían, las ojeaban y las leían... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Edgardo y yo pensamos en tantas y tantas bibliotecas vacías y no podíamos creer lo que estaban viendo nuestros ojos. Si alguien se levantaba, enseguida llegaba otra persona a ocupar su lugar... Aquellos libros viejos y raídos estaban siendo acariciados de vuelta y no pudimos dejar de sentir cierto escalofrío al preguntarnos qué estaba pasando en los lugares donde los libros se multiplican por miles y sin embargo, permanecen alejados de los ojos curiosos de sus lectores... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Terminamos nuestra visita echando un vistazo a la librería del museo y, nuevamente, tuvimos que pellizcarnos ante la maravilla que teníamos delante. Era realmente preciosa y éramos muchos los que sacábamos y metíamos libros en los estantes, los que mirábamos fotos, los que llamábamos con suavidad a nuestros acompañantes para mostrarles lo que acabábamos de hallar en un volumen... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Volviendo sobre nuestros pasos, nos dimos cuenta de que los cuadros en un museo, como los libros en una biblioteca, o los árboles de un parque, tienen que estar cerca de nuestras manos, de nuestros pasos, de nuestros ojos, de nuestros labios... Tenemos que poder acariciarlos, aunque sólo sea con la mirada en algunos casos; tenemos que poder degustarlos, aunque sólo sea a través del olor que despiden sus colores, sus dibujos, sus hojas... Si escondemos el arte tras una reja, los libros tras unos muros y observamos la naturaleza sólo en las postales, estamos alejándonos de nosotros mismos, dándonos la espalda, confinándonos a una soledad y a un silencio que nos imposibilitarán para escucharnos unos a otros, para dialogar unos con otros, para entendernos unos y otros...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Cantautor argentino.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-555445613131153761?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/555445613131153761/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=555445613131153761' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/555445613131153761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/555445613131153761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/09/sedientos-de-libertad-para-andar-entre.html' title='Sedientos de libertad para andar entre cuadros, libros y árboles'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1515464696708392918</id><published>2007-09-16T10:57:00.000-03:00</published><updated>2007-09-16T11:02:27.327-03:00</updated><title type='text'>Sobre bibliotecas, pueblos originarios y declaraciones</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.noticiasdealava.com/ediciones/2007/09/14/politica/espana-mundo/fotos/3982066.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.noticiasdealava.com/ediciones/2007/09/14/politica/espana-mundo/fotos/3982066.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de 22 años de oposición por parte de un gran número de los países llamados “desarrollados”, la ONU promulgó, el pasado miércoles 12 de septiembre, la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas, un conjunto de 46 artículos que involucra a 360 millones de personas de todo el mundo, y que equivale a la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” para los pueblos originarios (&lt;a href="http://www.jornada.unam.mx/2006/07/15/020a1pol.php"&gt;ver&lt;/a&gt;). En ella se reconocen sus derechos básicos a cultura e identidad propias, pero también a su auto-determinación, a la gestión de sus tierras, a su propia organización socio-política y a la consulta gubernamental para hacer uso de sus recursos.&lt;br /&gt;Quizás estas últimas garantías -las que facilitaban la auto-determinación de los pueblos originarios- fueron las que fomentaron tanta oposición a lo largo de estos años, y las que motivaron que, a pesar de que 143 países votaran a favor de la “Declaración…” dentro de las Naciones Unidas, 11 se abstuvieran y 4 -Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Australia- votaran en contra. Estos últimos países poseen una fuerte población indígena, y son famosos por el trato indigno que les proporciona, trato denunciado muchísimas veces ante organismos internacionales (basta leer algunos de los informes de la Comisión de Pueblos Indígenas de la ONU para encontrarse con casos inimaginables). Dado que esta Declaración tiene, para sus signatarios, un status mayor que las leyes nacionales, la firma implica el reconocimiento de algunos derechos que las naciones no signatarias no desean garantizar, continuando con sus políticas de (o)presión, discriminación y exclusión socio-cultural.&lt;br /&gt;La entrada en vigor de este instrumento internacional no significa que sus artículos se cumplan en el territorio de todas las naciones firmantes. Será necesario que las organizaciones indígenas regionales sigan luchando y reclamando para que sus derechos sean contemplados y para que las leyes sean cumplidas. Será un camino similar al recorrido tras la firma del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que reconoce muchos derechos indígenas pero que, hasta ahora, sigue siendo sólo un pedazo de papel.&lt;br /&gt;Mi labor dentro de la bibliotecología -teórica y práctica- se ha enfocado, desde el principio de mi carrera, en las bibliotecas en comunidades indígenas, y en todos los aspectos de esta temática. A través de mi trabajo entré en contacto con una realidad que mostraba claramente las violaciones y abusos a los que me he referido en los párrafos anteriores. No son situaciones lejanas de nuestra realidad cotidiana: están ante nuestros ojos, por distantes que parezcan…&lt;br /&gt;En nuestro ámbito profesional no están ausentes los olvidos, la exclusión y la discriminación hacia las sociedades indígenas. Hace unos días presentaba, en los foros profesionales latinoamericanos, una propuesta que está siendo evaluada por el Comité Revisor de la CDU (Clasificación Decimal Universal) para integrar en las tablas de lenguas y etnias (1c y 1f) a casi 400 grupos étnicos nativos de nuestro continente (&lt;a href="http://bitacoradeunbibliotecario02.blogspot.com/2007/09/cdu-y-lengaus-indgenas.html"&gt;ver&lt;/a&gt; la propuesta). Esos pueblos -nuestros pueblos, partes de nuestra historia y nuestra identidad- jamás habían sido incluidos en nuestros lenguajes documentales de clasificación. Existen además escasos tesauros que contemplen terminologías indígenas, o que reúnan y normalicen los nombres de cada pueblo…&lt;br /&gt;Pero no sólo se trata de un olvido documental. Son escasísimos los programas de educación superior bibliotecológica de América Latina que contemplan formación específica en relación a servicios para pueblos nativos, o que incluyan idiomas aborígenes, en especial en regiones donde esas lenguas son habladas por un alto porcentaje de la población (un ejemplo a seguir, en este caso, sería Bolivia). Hay pocos libros y artículos sobre este tema, o manuales y guías de trabajo, o propuestas nacionales, o programas de investigación…&lt;br /&gt;Sin embargo, y a pesar de estas carencias -fácilmente subsanables, por cierto- es curioso notar, cuando uno trabaja dentro de este campo, el alto número de voces que hablan sobre el tema. En ciertos casos puntuales, me recuerdan a esos “expertos” que, como definiera el especialista en management Henry Mintzberg, “saben cada vez más sobre cada vez menos, hasta que terminan por saber todo sobre nada” &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;. Quizás gracias a la existencia de estos personajes -y a que les damos credibilidad y apoyo- estamos donde estamos y tenemos lo que tenemos. Le estamos dando “aparente consistencia al viento”, como dijera George Orwell. Y mientras seguimos oyendo palabras vacías, grandes discursos, cursos y seminarios sobre esta temática dictados por individuos que no tienen la menor idea de lo que hablan ni la menor experiencia al respecto, a nuestro alrededor los problemas continúan a todos los niveles.&lt;br /&gt;Fue mientras elaboraba la propuesta de lenguas y etnias indígenas para enviar a la CDU -a cuyo Comité Revisor pertenezco desde 2005- que me encontré con realidades que me impactaron: docenas de lenguas y pueblos desaparecidos en la última década (no, no hablo del siglo XVIII ni de ninguna conquista europea, hablo de nuestra actualidad más reciente); historias y memorias que ya no sonarán más; pueblos masacrados o echados de sus propias tierras porque habitan sobre petróleo, minerales o bosque valioso; derechos humanos totalmente violados; bibliotecas que no se ocupan de sus usuarios y que colaboran activa o pasivamente en su aculturación… Uno de los casos que más me llamó la atención fue el de una etnia de la selva peruana, para quién fue diseñado un programa de educación intercultural bilingüe… en una lengua y una cultura que no eran las suyas.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(En mis conferencias suelo hablar, muchas veces, de la cantidad considerable de dinero y recursos que se gastan en proyectos que fracasan porque no se evalúa previamente a los usuarios y sus necesidades. El hecho que les acabo de mencionar puede servir de ejemplo magistral).&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El camino continúa, la vida sigue y se abre camino día a día, con nosotros o sin nosotros... Está en nuestras manos tomar parte y partido de esa vida que se mueve ante nuestros ojos, dejar de prestar el oído a sirenas melifluas y trabajar por aquello que creamos valioso. Para muchos de nosotros pueden ser pueblos indígenas o comunidades rurales; para otros, niños, mujeres y ancianos; para otros, estudiantes y docentes; para otros muchos, individuos discapacitados… Más allá de las “Declaraciones…” -que, quizás, sirvan para poco, aunque es un buen paso- en nosotros puede estar el cambio, y la posibilidad de que nuestro trabajo valga la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(En breve se comenzará la publicación de materiales y documentos relacionados con la bibliotecología y los pueblos indígenas, fruto de la recopilación, la investigación y la experiencia de campo del autor, dirigidos a todos aquellos interesados en la temática).&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; The Rise and Fall of Strategic Planning: Reconceiving Roles for Planning, Plans, Planners. Free Press, New York, 1994.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1515464696708392918?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1515464696708392918/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1515464696708392918' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1515464696708392918'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1515464696708392918'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/09/sobre-bibliotecas-pueblos-originarios-y.html' title='Sobre bibliotecas, pueblos originarios y declaraciones'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5632761585540585399</id><published>2007-09-09T19:55:00.000-03:00</published><updated>2007-09-10T10:07:07.914-03:00</updated><title type='text'>Un cuento Qom</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.losartesanos.com/centroamerica/panama_/mola6.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.losartesanos.com/centroamerica/panama_/mola6.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;EL GIGANTE KATALÓ Y SU ESPOSA LA REINA DE LAS PESTES &lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Kataló, el gigante, tiene una esposa que está en la montaña.&lt;br /&gt;No están juntos.&lt;br /&gt;Ella es la reina de las pestes, de las diferentes clases de enfermedades que hay en la montaña.&lt;br /&gt;Kataló favorece a la gente.&lt;br /&gt;Kataló es un rey que tiene poder para salvar o para dar poder para salvar a otro.&lt;br /&gt;Su esposa vive dentro de la montaña.&lt;br /&gt;En ese matrimonio, los dos no tienen trabajos iguales.&lt;br /&gt;Hay piogonak &lt;/em&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;&lt;em&gt;[2]&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt; que son de nosotros y otros que son de los cristianos.&lt;br /&gt;Pero el remedio de Kataló nunca se termina, y las enfermedades tampoco porque esta reina siempre las manda.&lt;br /&gt;Nunca se terminan las medicinas de Kataló, que siempre se las da a los piogonak para que curen.&lt;br /&gt;El no puede parar todo.&lt;br /&gt;Y ella no puede mandar todo.&lt;br /&gt;Así uno ataja al otro.&lt;br /&gt;Ella es Latée na Nalolga (madre de las enfermedades) o Nalolga Laté; también la llaman Kataló Lua, la señora de Kataló.&lt;br /&gt;Y Kataló es Nkalga Ltaá (padre de salvación).&lt;br /&gt;Cuando Kataló ve que su señora manda diferentes clases de enfermedades, al piogonak que está en contacto con él lo llama y le dice cómo y con qué tiene que curar a los enfermos.&lt;br /&gt;Así es.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablábamos en la entrada anterior de este &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; de que al tiempo no hay que darle la oportunidad de pasar en vano. Hablábamos de que son nuestras manos las que tienen que ponerse a trabajar para que eso no ocurra, y de que es nuestra imaginación la que debería darnos ideas para modelar la arcilla con que vamos esculpiendo nuestros actos día tras día. Hablábamos de mantener vivas nuestras bibliotecas, nuestra curiosidad, nuestras ganas de pensar, de contar, de hacer. Hablábamos, por qué no, de llegar más lejos sin dejar de estar cerca de quienes son el corazón de esa casa del saber, de la cultura, de la historia, de los juegos, de la música, de las leyendas, de las recetas, de los oficios... esa casa de las dudas, de las preguntas, de tantos y tantos tesoros que pueden llegar a encontrarse entre las páginas de un libro, las líneas de un mapa, los sonidos de un casete, las imágenes de un video, las fibras de un tejido, los bajo relieves de una cerámica... Hablábamos, en definitiva, de no olvidar que la razón de nuestra cultura y nuestro saber está en todas y cada una de las personas que surcan cada día la vida, los que la recorrieron antes y los que la andarán después. Que esos bienes nos pertenecen, que los hemos creado juntos, que forman parte de quienes fuimos, que quienes somos y de quienes podemos llegar a ser. Que el saber no es uno, que existen muchas formas de conocimiento y son todas válidas, que nadie nació sabiendo y todos seguimos aprendiendo... La biblioteca, la escuela, son entes maravillosos si nos reúnen, si nos permiten intercambiar ideas, si nos ayudan a poner en marcha nuestros proyectos, los personales y los profesionales, los cotidianos y esos otros que soñamos poner en marcha algún día... Tienen que ser el germen de nuevas inquietudes, la semilla del diálogo. Tienen que permitirnos decir a la vez que preguntar, tienen que valorar nuestras necesidades, nuestras costumbres, nuestras manías... Y tienen que posibilitarnos hacia nuevas formas de mirar, otros modos de escuchar, otras maneras de agarrar, de sostener, de acariciar un libro, un dibujo, una fotografía, una canción, un sueño...&lt;br /&gt;El cuento con el que comenzaba esta entrada del &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; sólo pretendía mostrar, con un poquito de poesía, nuestra fragilidad y nuestra enorme fortaleza. Ambas van juntas, de la mano, entrelazadas como las enfermedades y sus remedios. Unidas como las raíces al suelo, el tronco a las raíces, las ramas al tronco, las hojas a las ramas... El viento a las hojas, las alas al viento, los sueños a las alas, la vida a los sueños, la muerte a la vida, la memoria a la muerte, la historia a la memoria y así... Así es. Unidas, pero cada una con un trabajo distinto que llevar a cabo, y necesarias ambas. Y son ellas, las que perduran en cada uno de nosotros y las que podemos notar a través de nuestras acciones. También son las que están presentes en nuestras bibliotecas y en nuestras escuelas, en las pequeñas artesanías y las grandes obras arquitectónicas. Es con ellas con quienes que tenemos que trabajar. Todos contamos con nuestra sensibilidad y nuestro empeño para no darle la oportunidad al tiempo de pasar en vano y aprovechar, en cambio, lo que de bueno puede ofrecernos nuestra sociedad para andar la vida sin prisa pero sin pausa. Un buen ejemplo son las bibliotecas y las escuelas, siempre y cuando podamos seguir moldeándolas hasta que nos sienten bien, como de hecho nos seguimos moldeando nosotros hasta parecernos a quienes queremos llegar a ser... Ya sabemos, porque lo hemos aprendido de los &lt;em&gt;Qom&lt;/em&gt;, que &lt;em&gt;Latée na Nalolga&lt;/em&gt;, la madre de las enfermedades va a seguir reinando en su montaña, como sabemos que su esposo, &lt;em&gt;Kataló&lt;/em&gt;, el padre de la salvación, nos va a seguir ayudando. Ellos seguirán gobernando las enfermedades y sus remedios, y nosotros tendremos que seguir superando las primeras y sacando partido de los segundos, con las ayuda de los &lt;em&gt;piogonak&lt;/em&gt;, de las bibliotecas, de las escuelas, y de nuestras manos... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Por José Benítez, indígena &lt;em&gt;Qom&lt;/em&gt; o toba. Recogido en “Lo que cuentan los Tobas”, una compilación de Buenaventura Terán publicada por Ediciones del Sol dentro de su colección Biblioteca de Cultura Popular (n. 20, Buenos Aires, 1994)&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; El shamanismo de los tobas (que se llaman a sí mismos &lt;em&gt;Qom&lt;/em&gt;) es principalmente masculino. Según cuenta Terán en el libro citado, los &lt;em&gt;piogonak&lt;/em&gt; (shamanes) &lt;em&gt;curan cantando, por succión, con tabaco, grasas y medicinas. [...] se inician al encontrarse con una teogonía o ente potente en el monte, porque otro shamán (generalmente pariente) le traspasa el poder mediante una iniciación colectiva llamada welán o por un sueño&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5632761585540585399?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/5632761585540585399/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=5632761585540585399' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5632761585540585399'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5632761585540585399'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/09/un-cuento-qom.html' title='Un cuento Qom'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-5626425139114730200</id><published>2007-09-02T10:57:00.000-03:00</published><updated>2007-09-02T10:59:15.403-03:00</updated><title type='text'>Al tiempo no hay que darle la oportunidad de que pase en vano</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.expressvideos.com.ar/Reloj-de-Arena.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.expressvideos.com.ar/Reloj-de-Arena.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así dice uno de nuestros cantautores favoritos, el argentino León Gieco (autor del conocido “Sólo le pido a Dios”) en el tema “Aquí, allá, hoy o mañana”. La frase, más allá de su poesía, marca una meta a seguir, no sólo en el contexto personal, sino también en el profesional…&lt;br /&gt;Tiempos que pasan en vano… ¿Cuántos días, cuántos meses han pasado entre nuestras manos sin que supiésemos atraparlos, emplearlos, volverlos fértiles de frutos y resultados? La pregunta, abstracta sin un contexto, se vuelve un poco más real cuando pienso en todas esas bibliotecas que se mueren en el silencio, llenas de libros pero carentes de usuarios, de servicios, de ideas… ¿No conocen ninguna? Yo sí. Las he visto. Pasan las semanas, pasan los años, y esas unidades -que podrían estar cambiando algo en su entorno, por mínimo que sea- siguen allí, inmóviles, congeladas, mientras sus responsables le permiten al tiempo correr en vano…&lt;br /&gt;Recuerdo que, en algún momento de mi carrera, aprendí que una biblioteca es un sistema, un conjunto de elementos íntimamente relacionados que trabajan para el logro de un objetivo, proporcionando salidas (productos y servicios) y atrapando entradas (información, opiniones, necesidades). Fue mucho más tarde cuando, por experiencia propia, aprendí que cualquier biblioteca es (o debería ser, si pretende tener éxito) una entidad muy similar a un organismo vivo: responde a las variaciones de su entorno, se adapta para sobrevivir, es flexible, evoluciona, crece, incluso se reproduce y replica.&lt;br /&gt;Y, a veces, se paraliza, enferma y muere.&lt;br /&gt;El ciclo vital de cualquier sistema cumple una serie de pasos y se cierra, a veces para volver a comenzar, otras veces para siempre. Y todo sistema vivo evita la muerte por instinto, intentando sobrevivir a través de las peores adversidades. Aprendí, de esta regla vital tan básica, que cualquier biblioteca debe luchar y hacer lo posible por mantenerse viva. Convertirla en un simple depósito es matarla anticipadamente, asesinar su espíritu sin contemplaciones, arruinar un proyecto que podría haber sido hermoso y útil para un pequeño o gran grupo de gente.&lt;br /&gt;La biblioteca se convierte en un mero depósito de materiales cuando no tiene usuarios. En ese momento, pierde su razón para existir, pues una biblioteca no es un edificio, una colección o un grupo de gente que trabaja en ella: es un servicio. Simplemente eso. Y el servicio, como bien dice la palabra, debe servir a un destinatario. Cuando no sirve, cuando el usuario final considera que allí, en esa institución, no hay nada para él, es cuando la biblioteca y sus responsables fracasaron.&lt;br /&gt;Y el tiempo sigue su curso, insensible a las circunstancias de los humanos. Y cada minuto perdido jamás retorna.&lt;br /&gt;¿Cuando camina la biblioteca hacia su fracaso y hacia su muerte como sistema? Generalmente, cuando pretende dar al destinatario algo que éste no necesita, y cuando, por otro lado, no proporciona lo que necesita urgentemente. Y eso es algo que ocurre en cada rincón de nuestro universo profesional. Aunque esta última afirmación parezca insensata en estos tiempos de “evaluaciones”, “estudios de usuarios” y “gestión bibliotecológica”, aún hay bibliotecas que pretenden implantar a su realidad un modelo determinado, sin darse cuenta de que, como sistema vivo que debe ser, es la propia unidad la que debe adaptarse a los requerimientos, circunstancias y oportunidades de su medio.&lt;br /&gt;La réplica de modelos preestablecidos puede ser útil en algunos casos, especialmente porque marca un camino seguro y libre de sobresaltos. Pero no nos engañemos: lo que es bueno para uno, o lo que funcionó en un lugar, no tiene por qué funcionar, obligatoriamente, en otro. Por lo general, los modelos ya existentes -y no adaptados previamente a las nuevas condiciones- suelen ser considerados como implantes extraños en las comunidades destinatarias: tales implantes casi siempre son rechazados y fracasan estrepitosamente. Por ende, es importante oír las necesidades y las voces necesitadas, conocer el contexto humano y espacial, buscar la solución más adecuada e implementarla con los recursos existentes, de la mano de las personas implicadas.&lt;br /&gt;La biblioteca trabaja en, por, para y con la comunidad. Esta frase nunca debe ser olvidada. Son muchas las unidades de información que se emplazan en el corazón de poblaciones y que allí siguen, inútiles y vacías. En su orgullo, se han creído salvadoras, heroínas capaces de moldear a la gente a su gusto y de darles lo que el sistema dominante cree conveniente dar. Pocas veces los usuarios quieren eso. En realidad, es el proceso contrario: la biblioteca es la arcilla que el pueblo va a moldear a su entero placer hasta que tenga una forma adecuada. Y solo entonces, beberán de ese recipiente de arcilla todo el saber que guarde en su interior.&lt;br /&gt;No será de otra forma. Jamás será de otra forma.&lt;br /&gt;No dejemos que el tiempo pase en vano. Tomemos la iniciativa, oigamos a la comunidad, demos voz y participación a los usuarios, convirtamos la biblioteca en el espacio cultural e informativo que debe ser, respondiendo a las preguntas que se le hacen en vez de dar respuestas a lo que nunca se preguntó ni será preguntado. Sólo de esta forma, esos sistemas seguirán vivos, creciendo, reproduciéndose, regenerándose… Sólo de esa manera, nosotros aprenderemos cada día un poco más… Sólo a través de ese camino dejaremos de ver tantas bibliotecas muertas, aunque ellas pretendan convencernos de que están vivas.&lt;br /&gt;Sólo así, el tiempo no se nos escapará como arena entre los dedos…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-5626425139114730200?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/5626425139114730200/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=5626425139114730200' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5626425139114730200'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/5626425139114730200'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/09/al-tiempo-no-hay-que-darle-la.html' title='Al tiempo no hay que darle la oportunidad de que pase en vano'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-9161676866902589224</id><published>2007-08-26T17:31:00.000-03:00</published><updated>2007-08-26T17:32:46.552-03:00</updated><title type='text'>En el sur de África</title><content type='html'>&lt;a href="http://academic.evergreen.edu/projects/wallpainting/images/about%20images/touchingup.JPG"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://academic.evergreen.edu/projects/wallpainting/images/about%20images/touchingup.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Siyabonga kakhulu”, “Siyathokoza”, “Ke a leboga”, “Enkosi”, “Asamte sana”, “Ndi a livhuwa”, “Baie dankie”...&lt;br /&gt;Estas fueron algunas de las formas en las que escuché la palabra “gracias” durante mi viaje a Sudáfrica, este mes de agosto. Si se tiene en cuenta que la República sureña tiene 11 lenguas oficiales (inglés, afrikaans, ndebele, swazi, xhosa, zulú, sotho norteño, sotho sureño, tswana, tsonga y venda) se comprenderá tal variedad en los agradecimientos que pude oír…&lt;br /&gt;El 73º Congreso Mundial de Bibliotecas e Información de la IFLA tuvo lugar, este año, en Sudáfrica. A la vez que estaba invitado a participar en las Sesiones centrales del mismo, en la ciudad costera de Durban (a las cuales no pude asistir), estaba también convocado a un “Satellite Meeting” o Encuentro Satélite que tendría lugar, una semana antes del evento principal, en una de las tres capitales del país: Pretoria, en el área noroeste, cerca de la frontera con Mozambique.&lt;br /&gt;Once idiomas oficiales, tres capitales… Sudáfrica parece un país de excesos. Y quizás lo sea. Las once lenguas se hablan en la calle, casi a la vez, aunque en las grandes ciudades tal concentración se nota más: en el interior del país sólo se hablan algunas, las regionales. Cuando mi avión llegó a la ciudad de Johannesburgo (donde está el aeropuerto internacional “Olivier R. Tambo”, el más cercano a Pretoria), la taxista que me condujo hasta mi hotel me confesó que su lengua materna era el zulú, pero que además hablaba inglés, afrikaans, xhosa y sotho. Durante todo el trayecto habló por radio con sus colegas en zulú, pero en su habla pude identificar palabras inglesas e incluso afrikaans. Cuando le pregunté sobre el tema, me comentó -en un inglés “muy particular”- que, en efecto, las lenguas se mezclaban unas con otras, en una especie de conglomerado cultural que, aunque pareciese complejo, servía muy bien para comunicarse en un país tan variado.&lt;br /&gt;El afrikaans -alternado con un inglés “muy particular” como por arte de magia- es hablado por la población blanca, al menos en la provincia de Gauteng (que incluye a Pretoria y a Johannesburgo), en la cual estuve. Y la población blanca parece ser una minoría, que vive en las afueras de las ciudades, que se acerca poco al centro de las mismas y que, cuando se mueve, lo hace en sus propios vehículos o en taxis especiales y camina en grupos. Esta situación fue confesada a medias por los bibliotecarios afrikaners con los que tuve contacto, pero, más que nada, fue comprobada por mis propios ojos. Los problemas de seguridad son una de las principales advertencias que recibe el visitante cuando entra al país, y la sensación que se tiene, cuando uno está dentro de esa sociedad, es la de inseguridad, sí, pero también la de una rabia, un odio o una desconfianza profunda por parte de la población de raza negra hacia la de raza blanca (y viceversa). El régimen de apartheid -desaparecido a principios de los 90’ gracias al trabajo del presidente De Klerk y el de su sucesor, el reconocido Nelson Mandela) parece haber dejado profundas huellas en la población, algo parcialmente comprensible: no se borra con un decreto político o un cambio administrativo el sentimiento de odio o de miedo sufrido por uno y otro “bando” a lo largo de décadas. El gran problema ahora -o al menos esa fue mi sensación- es que parece haber un racismo “invertido”, en el cual los blancos son el objeto de la discriminación. Ya lo sentí el año pasado, cuando estuve de paso por Johannesburgo y visité Soweto, y lo volví a sentir este año…&lt;br /&gt;El afrikaans ha sido una lengua bastante desprestigiada en los últimos tiempos -debido a que, en su momento, fue la lengua del poder segregacionista- y se está intentando su revalorización. De hecho, Sudáfrica posee un monumento a dicha lengua, el único que conozco de esa categoría. Así mismo, monumentos como el de los &lt;em&gt;Voortrekkers&lt;/em&gt; (colonos boers) cerca de Pretoria están intentando ser revalorizados como parte de la cultura nacional, aunque muchos sigan pensando que son monumentos a los conquistadores…&lt;br /&gt;Es curioso ver tal mezcla racial y lingüística en un mismo lugar: afrikaners de aspecto holandés, boreal, en un país y una tierra totalmente africanos, o telenovelas en las cuáles se alterna constantemente entre el inglés, el afrikaans y el zulú (pero siempre con subtitulos en inglés, “lingua franca” de la región)… Algo así vivimos hace poco en Bolivia, pero la intensidad del fenómeno en Sudáfrica es mucho mayor…&lt;br /&gt;Se comprenderá que, con tal clima social, este nómada que les escribe no pudo ejercer demasiado su oficio de viajero, y tuvo que moverse específicamente por rutas predeterminadas.&lt;br /&gt;Sin embargo, tuve mucha suerte: una de esas rutas me condujo, por ejemplo, al Museo de Historia Cultural de Sudáfrica, uno de los museos más bellos de Pretoria, que acoge exposiciones que muestran la vida cultural del país desde sus formas más antiguas a las más modernas. Desde su entrada -adornada con un bellísimo mural ndebele, de líneas geométricas y colores vivos, con los que dicho pueblo pinta siempre sus casas y sus ropas- hasta sus exposiciones, el museo recupera el mosaico cultural de su país en forma exquisita.&lt;br /&gt;Una de dichas exposiciones mostraba las tradiciones culturales más conocidas del pueblo San, llamado también “bosquimano”, un grupo humano de pequeña estatura, cuya lengua es única en el planeta por el uso de tres tipos distintos de chasquidos de lengua como consonantes. Y cuando hablo de “chasquidos de lengua”, me refiero al sonido que hacemos nosotros para imitar una gota de agua, o a ese pequeño chasquidito que usamos cuando estamos molestos por algo, o al que realizamos para imitar el tapón de una botella. Combinen esos sonidos con una vocal cualquiera, y ya tienen una sílaba San (¿No pudieron hacerlo? Yo tampoco. Es bien complicado…).&lt;br /&gt;Los bosquimanos jamás escribieron su historia, la cual, por ende, no aparece en ninguna biblioteca contada como tal por ellos. Sin embargo, tienen una tradición oral riquísima, que fue en parte recogida por un buen número de investigadores. Si bien su lengua y su cultura continúan vivas (y son reconocidas por la República Sudafricana), mucha de esa tradición oral desapareció debido a los embates culturales de la sociedad dominante en siglos pasados. Por ello, los fondos sonoros conservados en el Museo son de un valor único. Además, esas mismas salas exponen muestras del arte pictórico y rupestre de los San, que trazaron bellísimas pictografías en cuevas y aleros del sur de África durante siglos, dibujando estilizados guerreros, pueblos enteros bailando hasta el éxtasis, nubes con forma de buey (ellos creían que las nubes eran animales míticos, “ganado del cielo”, y que había que cazarlas para lograr que lloviera), arco iris con forma de serpiente (mito muy común también entre los pueblos indígenas de Latinoamérica) y hermosas representaciones de la fauna local (búfalo, rinoceronte, león, jirafa…) realizadas sobre pedazos de roca gris. Tan bellos eran y son esos dibujos, que los pueblos de estirpe bantú (como los zulúes) que hace cuatro siglos tomaron contacto por vez primera con esas paredes rocosas pintadas y grabadas, las usaron como residencia, por considerarlas bellísimas. Además, los bantúes en general tenían cierto respeto por los San, y no sólo por su arte: decían que eran brujos que podían enviar enfermedades y tenían poderes extraños. Quizás tal creencia no fuera del todo falsa, en especial después de conocer un poco sus ceremonias y ritos curativos….&lt;br /&gt;El Museo me mostró fragmentos de la vida de Pretoria y Johannesburgo en distintos momentos históricos, desde la época colonial hasta la moderna. Me permitió acercarme a la llegada de los inmigrantes holandeses a Sudáfrica (quienes trajeron consigo el germen del actual idioma afrikaans, muy semejante al holandés), las guerras entre esos inmigrantes (llamados “boers”) y los ingleses, las guerras entre los boers y los pueblos bantúes, el establecimiento de la independencia, la época del apartheid, la multiculturalidad actual…&lt;br /&gt;Las calles de Pretoria me mostraron poca gente (toda de raza negra), muchos coches, ausencia de transporte urbano de pasajeros, escasos taxis, y un hermoso bosque de árboles de jacarandá a la orilla de sus aceras. De hecho, Pretoria es llamada “jakaranda city”, un epíteto que podría darse también a muchas ciudades argentinas.&lt;br /&gt;Otra de las rutas quepude seuir meOtra de las rutas que pude seguir dentro de la ciudad me llevó a la oficina del Alcalde, a una recepción en la que el Coro de la Universidad Tecnológica de Tshwane (Tshwane es un conglomerado urbano que incluye Pretoria y otras ciudades satélites de los alrededores, que han crecido en los últimos años debido a la migración de los blancos que huían de la inseguridad) nos deleitó con un buen número de piezas de la tradición sudafricana. Me re-encontré con temas que no había escuchado desde mi adolescencia, como aquellas que cantara la inigualable Miriam Makeba (a la que alguna vez conocí en persona). Fue bellísimo ver como esos cantantes no sólo jugaban con sus voces, sino también con sus cuerpos, con sus manos, con sus caras, con sonidos e interjecciones, con gritos y palmas… Tuve delante de mis ojos y oídos todo un mundo sonoro, trasmitido de generación en generación, procedente quién sabe de donde, arreglado a la usanza occidental pero con raíces muy fuertes en esa tierra africana.&lt;br /&gt;El “Satellite Meeting” reunió a las Secciones IFLA de Lectura, Bibliotecas Infantiles y Servicios Bibliotecarios para Poblaciones Multiculturales. El título de la Conferencia fue “Servicios para Todos: Bibliotecas Multiculturales Innovadoras”, y, a lo largo de tres días, congregó a personas procedentes de puntos tan dispares como Japón, Zambia, Argentina y Dinamarca… Mi conferencia tenía como título “Juegos tradicionales, música y tradición oral: herramientas intangibles en bibliotecas multiculturales” (texto original en inglés &lt;a href="http://eprints.rclis.org/archive/00010949/"&gt;."&gt;aquí&lt;/a&gt;), y fue presentada con ejemplos de esos juegos, esas músicas y esa tradición oral; en mi charla, expliqué como esos elementos pueden servir de instrumentos útiles de trabajo cuando se pretende convertir a la biblioteca en un espacio de comunicación intercultural.&lt;br /&gt;Por motivos personales no pude llegarme a Durban, a la Conferencia Central, en la cual, además de un póster, iba a presentar otras cuatro conferencias, todas en distintas Secciones. Fue la primera vez en mi vida que un solo Congreso me habilitó a presentar tantas ponencias, y debo decir que llevó bastante debate, dentro de la directiva de IFLA, la decisión de permitirme o no hacerlo. Aún así, problemas de última hora me mantuvieron alejado de esos podios, pero las conferencias pueden ser leídas en el sitio web de IFLA: “Aplicación de la metodología de investigación acción en prácticas bibliotecológicas basadas en la evidencia” (&lt;a href="http://www.ifla.org/IV/ifla73/papers/154-Civallero-es.pdf"&gt;link&lt;/a&gt;), “Bibliotecas, pueblos indígenas, identidad e inclusión” (&lt;a href="http://www.ifla.org/IV/ifla73/papers/128-Civallero-es.pdf"&gt;link&lt;/a&gt;), “Salud tribal y bibliotecas escolares: tradición oral y expresión cultural” (&lt;a href="http://www.ifla.org/IV/ifla73/papers/118-Civallero-es.pdf"&gt;link&lt;/a&gt;) y “Tradición oral indígena en el sur de América Latina: los esfuerzos de la biblioteca para salvar sonidos e historias del silencio” (&lt;a href="http://www.ifla.org/IV/ifla73/papers/118-Civallero-es.pdf"&gt;link&lt;/a&gt;). Asimismo, las conferencias fueron presentadas (a estas alturas, el Congreso ya ha terminado) por los organizadores de cada sección, quiénes, ante mis problemas, me pidieron que les hiciera llegar una versión abreviada del texto para que mis contenidos no quedaran fuera de la Conferencia.&lt;br /&gt;El viaje me llevó por Buenos Aires, Sao Paulo y Johannesburgo. En todos estos puntos encontré lenguas, costumbres, comidas, brisas y músicas distintas. Me traje conmigo esas imágenes, las experiencias de los colegas que disertaron conmigo -que pueden accederse a través del sitio web de &lt;a href="http://www.iflanet.org/"&gt;IFLA&lt;/a&gt;-, algunos libros, un puñado de regalos que adornarán nuestra casa, muchas historias que contar, muchas palabras nuevas aprendidas en otras lenguas… y me traje a Matías, un pato-títere de peluche que, originalmente, se llamaba Aelling, y que una bibliotecaria de Copenhague me regaló -como un tesoro de valor incalculable- para que lo hagamos trabajar en estas costas, pues ya había trabajado mucho con sus niños en Dinamarca.&lt;br /&gt;Ya ven: de esto se trata un viaje. Muchas horas de avión, muchas horas de espera en aeropuertos, muchas horas caminando calles de ciudades que apenas conoceremos pero que nos marcan, de una forma u otra… Y mucha gente, y sus palabras, y sus apretones de manos, y sus abrazos, y las copas de vino que se comparten… Y los paisajes que se graban en la retina para siempre, y las historias que inspiran para luego contar otras, otro día u otro año. Pero sobre todo, la sensación de que, al fin y al cabo, y más allá de odios nuevos, dolores viejos, desconfianzas comprensibles y diferencias culturales, vivimos en un mundo pequeño y somos todos seres humanos. Algo que muchos, todavía, deben comprender.&lt;br /&gt;Saludos desde una Córdoba soleada, con todos sus jacarandá despeinados, como suele decir Sara…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-9161676866902589224?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/9161676866902589224/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=9161676866902589224' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/9161676866902589224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/9161676866902589224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/08/en-el-sur-de-frica.html' title='En el sur de África'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1135287454785360169</id><published>2007-08-20T11:12:00.000-03:00</published><updated>2007-08-20T20:40:16.782-03:00</updated><title type='text'>Con un océano en medio</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.gce.com.au/webdata/uploads/1094602607_Thumpnail_bridge.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.gce.com.au/webdata/uploads/1094602607_Thumpnail_bridge.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue como vivimos la última semana Edgardo y yo. A él se lo llevaron por los aires varios de esos pájaros desplumados que surcan el cielo dibujando estelas blancas; ésas que muchos hemos seguido con el dedo índice desde chicos, o dicho adiós con toda la mano cuando llegaba el momento de una despedida. A mí me siguieron sujetando a la tierra mis dos pies y permanecí en el mismo pedacito hasta su regreso. Aunque por espacio de una semana pisamos continentes distintos, recorrimos calles diferentes y nos detuvimos en parques con nombres muy diversos, ambos vimos crecer la misma luna cada noche, aunque ésta llegase antes a su orilla que a la mía. Y por supuesto las mismas estrellas nos sonreían… A mí, de pequeña, me contó “El Principito” que a él las estrellas siempre le hacían reír, que eran como miles de cascabelitos blancos, pero nunca supe por qué eran blancos esos cascabelitos… De un poco más mayor me acabo de enterar, gracias a “Lo que cuentan los tobas”&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt;, que en el cielo hay un mortero (“aranak-ki”) y que en ese mortero muele la fruta del algarrobo (el “amap”del “mapik”) una vieja. &lt;em&gt;Resulta que la harina que esta vieja hace en el aranak-ki con el amap del mapik del cielo se esparce, y por eso las estrellas son blancas.&lt;/em&gt; &lt;em&gt;Así es&lt;/em&gt;.&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, mientras yo leía a Terán en Córdoba, Edgardo presentaba en Pretoria, Sudáfrica, en el &lt;em&gt;Satellite Meeting&lt;/em&gt; (“&lt;a href="https://lib.tut.ac.za/ifla/"&gt;Encuentro Satélite&lt;/a&gt;”) de la Sección a la que pertenece, previo al Congreso de IFLA 2007, su &lt;a href="http://eprints.rclis.org/archive/00010949/"&gt;conferencia&lt;/a&gt; sobre “Juegos tradicionales, música y tradición oral. Herramientas intangibles en bibliotecas multiculturales”. En esa conferencia él contaba otro maravilloso cuento de los Qom que explica por qué cuando un cazador entra en un pedazo de bosque que desconoce, le parece escuchar el sonido de un viejo árbol quebrándose. Se trataría del Dueño del Bosque reconociendo al intruso, quien debe pedirle permiso para seguir avanzando por el bosque y rogarle que sea misericordioso y le provea con algo para comer. Así trataba de explicar toda la carga cultural que puede llevar consigo cada una de las leyendas que narra y aprende un pueblo de generación en generación.&lt;br /&gt;Y al tiempo que él hablaba de multiculturalidad, yo seguía adelante con las experiencias sobre educación intercultural bilingüe en Argentina (ver entrada anterior de este &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt;), y las reflexiones que al final del texto que las recopila hacen destacados miembros de &lt;a href="http://www.proeibandes.org/"&gt;PROEIB Andes&lt;/a&gt; y del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. De manera, que además del mismo cuarto creciente de la luna, compartíamos las narraciones de uno de los pueblos originarios de este país y un poco de marco teórico sobre cultura, lengua, identidad, multi e interculturalidad, etc. También teníamos a la vista los mismos árboles, pues a Pretoria le dicen “La ciudad del &lt;a href="http://fichas.infojardin.com/foto-arbol/jacaranda-mimosaefolia.jpg"&gt;Jacarandá&lt;/a&gt;” y Córdoba los tiene muy lindos, todos despeinados en esta época del año.&lt;br /&gt;Al tiempo que Edgardo visitaba un día la municipalidad de Pretoria y al siguiente su Museo de Historia Cultural, yo me sentaba dos tardes consecutivas en la misma butaca del Cineclub Municipal “Hugo del Carril” de Córdoba para ver un par de documentales del ciclo “Pasiones Argentinas”. El primero lo dirigía Susana Neri, “El toro por las astas”, el primer título de una serie que quiere revisar la situación actual de la mujer y que trataba sobre los embarazos no planificados. El segundo era obra de Ulises de la Orden, “&lt;a href="http://www.rioarriba.com.ar/ficha.html"&gt;Río Arriba&lt;/a&gt;”, y me permitió recorrer la región de Iruya (provincia de Salta, noroeste de Argentina), llenándome casi del polvo de sus senderos, y dejándome parada frente a algunas comunidades Kolla&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;, los valles andinos y las terrazas que se van desmoronando al haber sido abandonadas desde hace más de 70 años, cuando los indígenas que las mantuvieron en pie tuvieron que irse a trabajar a los ingenios azucareros de Salta. Si las imágenes son hermosas, ni qué decir tiene la belleza de los sonidos que recorren los 72 minutos de documental. Está el río, está el telar, está el camino, está el viento, está la noche con velas que la iluminan, está la música del maestro humahuaqueño Ricardo Vilca, están el pasado y el presente, y quizás algo de ese pedazo no nos pertenece pero que es hacia el que transitamos, y que seguro andarán nuestros hijos después de nosotros, y los hijos de nuestros hijos después de ellos.&lt;br /&gt;Y así, conociendo Edgardo un poco más de otro continente, y yo un poquito mejor el trocito del que piso a diario, el uno en Sudáfrica y la otra en Argentina, no dejamos de levantar puentes y más puentes que sorteasen la inmensidad del océano que nos separaba, y cruzando por cualquiera de ellos pudimos encontrarnos a lo largo de los últimos siete días.&lt;br /&gt;Eso me llevó a releer ayer varias veces, “Puentes” de Gari Di Pietro y Elsa Borneman, una de las canciones que aparece en el disco “Lila” de Luna Monti y Juan Quintero (viejos conocidos de nuestro blog, que ya les presentamos en la sección de “la música que escuchamos”), que les comparto a continuación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo dibujo puentes para que me encuentres&lt;br /&gt;un puente de tela con mis acuarelas&lt;br /&gt;un puente colgante de tiza brillante&lt;br /&gt;puentes de madera con lápiz de cera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puentes levadizos, plateados, cobrizos&lt;br /&gt;puentes irrompibles, de piedra, invisibles&lt;br /&gt;y tú, ¡quién creyera!, no los ves siquiera&lt;br /&gt;hago cien, diez, uno, no cruzás ninguno&lt;br /&gt;mas como te quiero dibujo y espero…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;bellos, bellos puentes, para que me encuentres&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, me llevó a darme cuenta de que, mientras Edgardo presentaba su conferencia con diapositivas que recordaban a un texto infantil, yo dibujaba en casa, con ese mismo estilo (que siempre ha sido el mío), una noche estrellada con luna y un árbol despeinado en medio del pasto. Al tiempo que él contaba la historia del Dueño del Bosque de los qom y mostraba el texto escrito en esa lengua, yo le daba nombres a las distintas partes de ese dibujo con las palabras en wichí, chorote, chulupí, guaraní y también toba, que había aprendido del libro “Te contamos de nosotros” del que les hablaba en la entrada anterior. Cuando él hablaba sobre su experiencia con comunidades indígenas y bibliotecas en el noreste argentino, yo masticaba las que narraban sus niños en esas páginas.&lt;br /&gt;De manera que a pesar del océano que se nos puso en medio esta semana, seguimos compartiendo nuestro trabajo, nuestro estudio, nuestras ilusiones, nuestros pasos. Bien pudiera ser que en la voluntad del encuentro estuvo el éxito de nuestros puentes, y me pregunto si no podría ser así entre los pueblos, entre los profesores y los alumnos, entre los bibliotecarios y los usuarios de las bibliotecas, entre distintas generaciones, entre diferentes culturas, entre varias lenguas… Opino que sí. Pese a nuestras diferencias, o tal vez precisamente por ellas, hemos podido encontrar muchos lugares comunes, espacios de trabajo, de discusión, de reflexión… y eso no nos ha impedido andar a cada uno con nuestros propios pasos, tropezarnos a veces, caernos unas cuantas, y apoyarnos muchas más para seguir adelante.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Así es.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; Una recopilación de narrativa oral del pueblo Qom o toba, del noreste de Argentina, escrita por Buenaventura Terán y publicada por Ediciones del Sol en 1994, como el número 20 de su “Biblioteca de Cultura Popular”, que, por cierto, incluye otros títulos interesantes.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; Tradicionalmente, los relatos orales de los pueblos del Chaco argentino finalizan con frases como “Así es”, “Ahí está”, “Terminó esto”… como una especie de “Colorín, colorado…” en los cuentos europeos.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=9425947#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; Los Kolla o Qolla no son un pueblo originario de Argentina, si bien son comprendidos como tales. Se trata de la unión de los sobrevivientes de las comunidades prehispánicas de la región con los estratos blancos y con una fuerte inmigración de pobladores Aymara y Quechua procedentes de Bolivia. Poseen una cultura típicamente andina, pero a la vez, fuertemente mestizada.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1135287454785360169?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1135287454785360169/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1135287454785360169' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1135287454785360169'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1135287454785360169'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/08/con-un-ocano-en-medio.html' title='Con un océano en medio'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1411489472226707716</id><published>2007-08-12T13:54:00.000-03:00</published><updated>2007-08-12T13:59:16.565-03:00</updated><title type='text'>Un libro de chicos para chicos y no tan chicos</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.escuelasparachiapas.org/assets/galleries/45/kids043.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.escuelasparachiapas.org/assets/galleries/45/kids043.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trata de las narraciones de chicos aborígenes de la provincia de Salta, en el noroeste argentino, que aparecen en el libro “Te contamos de nosotros” publicado en el año 2005 por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación y la Organización Derechos Humanos “Cháguar”. En él, algunos niños y niñas de las etnias wichí, colla, chiriguano-guaraní, toba (qom o qom lek en su propio idioma), chulupí (nivaklé) y chorote (iyojwáha) comparten sus paisajes, sus costumbres, sus cuentos, sus leyendas y algunas palabras en su idioma.&lt;br /&gt;El libro llegó a nuestras manos de las de los dos ermitaños que nos acogieron en el barrio de Floresta, Buenos Aires, hace unos días. En la portada aparecen los ojos oscuros y rasgados de un niño, y es imposible mirar hacia otro lado cuando te encuentran. Por la misma razón, resulta imposible dejar de leerlo una vez que lo abres por cualquiera de sus páginas y dejas que la realidad te escupa a la cara sus colores, sus olores, sus texturas. Los dibujos de los más pequeños cautivan los sentidos de un modo tal, que uno no puede evitar pasar el dedo por cada uno de sus trazos intentando asir un pedazo de aquella tierra, de aquel monte, de ese otro valle, del río, de la corteza de un yuchán, de la olla donde fermenta el fruto del algarrobo, de las fibras de cháguar, de las redes de tijera, de los hatillos de cabras…&lt;br /&gt;Así, recorriendo el Chaco salteño, los ríos Bermejo y Pilcomayo, y adentrándose en el corazón de los Andes y en sus valles a más de 2500 metros, uno va transitando por empinadas cuestas, hundiéndose en las tierras anegadas, cubriéndose del polvo de los caminos, para descubrir con asombro que se cruzó con diversas culturas en su andar y ninguna de ellas le dejó indiferente. Culturas de cientos y miles de años, como cuentan los niños que les contaron sus abuelos. Culturas que estaban allí antes de la llegada de los extranjeros, como Osvaldo Bayer lo narra en el primero de los prólogos del libro. Culturas a las que no se ha atendido en su diversidad ni en su bilingüismo, por más que así conste que se tiene que hacer según lo estableció en el art. 75, inc. 17, la reforma de 1994, tal y como lo explica Beinusz Szmukler, el segundo prologuista. Culturas “ignoradas, despreciadas, maltratadas” según lo anota Eduardo Galeano en su última página. Culturas, comunidades indígenas, que siguen allí con sus modos de pensar, de hacer y de decir, con el mismo antiguo respeto por la naturaleza que los alimenta y los cobija, por cada animal y cada planta, por la lluvia, por el sol, por la tierra, por los antiguos y por sus hijos. Culturas golpeadas, diezmadas, olvidadas. Culturas que se marchitaron con el embate de la “civilización”, que retrocedieron ante el brutal empuje de los nuevos usos y costumbres de los sucesivos conquistadores que les robaron, saquearon, asesinaron. Culturas a las que se les llamó de modo diferente a como ellos mismos se denominaban, a las que se nombró despectivamente, a las que se quiso enseñar a re-escribir su historia en otro idioma y con nuevos héroes.&lt;br /&gt;Los hijos de algunas de ellas son los que cuentan en el libro cómo se llaman, a qué juegan, qué comen, en qué trabajan sus papás y sus mamás, cómo van a la escuela, qué pasa cuando llueve mucho, cómo se prepara la aloja, como se teje una yica, qué instrumentos hacen sonar los músicos, quiénes son sus caciques, qué animales viven en su región, que plantas cultivan, cuáles recolectan, cuáles se usan para el resfrío y la tos y cuales para el dolor de estómago, quiénes les cuentan historias, cómo ayudan a sus familias… todo un gran universo con las mismas estrellas que vemos los criollos, los mestizos, los venidos de otra parte del mundo.&lt;br /&gt;Un universo que llevo tiempo tratando de conocer o, al menos, de dejar de desconocer tanto, gracias a nuestros viajes, a nuestro trabajo, a las personas que viven en él y amablemente nos han abierto sus puertas y dejado vislumbrar un pedacito de sí mismos, a los museos etnológicos, antropológicos y de historia, a las ferias de artesanía, a algunos documentales y a un buen puñado de lecturas, infantiles, juveniles y para adultos (no me gustan mucho estas clasificaciones, pero así estaban dispuestos en la biblioteca) de los que me nutro en una biblioteca cercana y en la nuestra más chiquita. Sobre los pueblos originarios de Argentina empecé a aprender un poquito con algunos libros de viajes, y luego con los de cuentos y leyendas. Me crucé con el que escribió el antropólogo Carlos Martínez Sarasola para jóvenes, “Los hijos de la tierra, historia de los indígenas argentinos” (adaptación de su obra “Nuestros paisanos los indios”; un resumen más didáctico para los no iniciados), luego me leí un buen puñado de los que publicó Miguel Ángel Palermo, que edición tras edición (las de libros del Quirquincho, las de Sudamericana, las de LAZ, las del CEAL…), aparecen con mucha más información sobre los pueblos que cuentan las historias que él recoge. En Buenos Aires, nos hicimos con un par de compilaciones de Buenaventura Terán, en ediciones del Sol, que están narradas por los propios indígenas y que son una verdadera joya. Editorial Sudamericana también cuenta con obras muy interesantes, como la de Lucía Gálvez, “Guaraníes y Jesuitas. De la tierra sin Mal al Paraíso”. Digamos que uno tiene que leer bastante y variado para tratar de empezar a entender, y que enseguida van a aparecer un montón de contradicciones y a surgir un puñado de interrogantes.&lt;br /&gt;Desde los años previos a la conquista hasta hoy, se han dicho muchas cosas, se han hecho unas pocas, y las cosas no han cambiado demasiado en el imaginario de la mayoría. Por eso, me detuve estos días en las publicaciones del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, tratando de atrapar un poquito de la realidad actual de las comunidades indígenas que hoy están presentes en el país. El panorama no es muy alentador, y si uno ojea despacito la sistematización de experiencias que aparece en la obra “Educación Intercultural Bilingüe” editada por el MECyT se dará cuenta de que prácticamente está todo por hacer por más que durante años se hayan desarrollado muy valiosas prácticas en el campo de la EIB. Los mismos niños que escriben y dibujan en “Te contamos de nosotros”, son los que antes dejan del sistema educativo, los que no encuentran respuestas a sus preguntas (suponiendo que se les permita enunciarlas), los que siguen siendo discriminados y segregados.&lt;br /&gt;Yo soy feliz aprendiendo, pero tengo mi ritmo, mis gustos, mis manías…, como cada cual supongo, y nada de eso es contemplado normalmente en las aulas. Cada vez tengo más dudas sobre la escuela y la enseñanza que en ella se pretende dar, por más iniciativas loables que se intenten implementar. En muy raras ocasiones ofrece atención a la diversidad aunque sea la palabra de moda en todos los discursos educativos. Particularmente, estoy mucho más a gusto en situaciones en las que todos tenemos algo que contarnos y es valioso no sólo lo que yo creo saber, sino lo que el otro sabe también. Desgraciadamente, la escuela sigue considerando mejores sus propios conocimientos que los de quienes acuden a ella, por eso, la mayoría de las veces, en lugar de permitir a cada cual desarrollar sus capacidades, con sus tiempos y a su modo, dando la oportunidad de aprender a todos, lo que hace es enseñar a unos pocos y doler a la mayoría… Ya sé que la escuela se jacta de lo contrario, pero sólo hay que echar un vistazo y fijarse en quiénes se enfrentan con el fracaso escolar y en cuantas personas siguen sin saber leer ni escribir, para darse cuenta de que no hay millones de tontos en el mundo sino una escuela que sigue siendo muy injusta y continúa sin saber dar respuestas a un gran número de alumnos. Niños y grandes, indígenas, campesinos, parados, inmigrantes, personas con necesidades educativas especiales, sin las necesidades más básicas cubiertas, con distinta lengua, con diferente cultura, costumbres, formas de comunicación, modos de interpretar el mundo, también quieren decir sus palabras… Si la escuela no es capaz de dársela, y en la mayoría de los libros aparecen hablando por boca de otros, ¿cómo pretendemos saber lo que piensan?&lt;br /&gt;Osvaldo Bayer recomienda en el mencionado prólogo, que “seamos todo oídos” y que recorramos el camino “con las manos en sus manos” y “aprendamos de sus relatos”. A las bocas y a las manos de sus hijos también las menciona Eduardo Galeano al final del libro al que me he venido refiriendo una y otra vez en estas líneas. Hay mucho por hacer y todos tenemos una gran responsabilidad de la que hacernos cargo. En la punta del iceberg estaríamos los bibliotecarios y los docentes, pero todos sabemos que hay una realidad (quizás varias) que cambiar, y en el tablero somos muchos los jugadores que tenemos que disputar la partida. De que no haya perdedores depende nuestro compromiso, nuestra honestidad y nuestra coherencia personales y profesionales, seamos maestros, médicos, políticos, carpinteros, albañiles, abogados, sindicalistas, trapecistas, poetas, barrenderos, altos, bajos, rubios, morenos, hombres, mujeres, guapos, feos, simpáticos, antipáticos, callados, habladores, niños, ancianos, fumadores, no fumadores… Los unos y los otros, los unos con los otros.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-1411489472226707716?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/1411489472226707716/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=1411489472226707716' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1411489472226707716'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/1411489472226707716'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/08/un-libro-de-chicos-para-chicos-y-no-tan.html' title='Un libro de chicos para chicos y no tan chicos'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-4020216787904941393</id><published>2007-08-08T09:43:00.000-03:00</published><updated>2007-08-08T09:51:59.469-03:00</updated><title type='text'>Sobre algunas “revistas académicas” mal entendidas…</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.deepwoodpress.com/images/journals.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.deepwoodpress.com/images/journals.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos estado dando vueltas por Buenos Aires, mi ciudad natal, un lugar que nunca deja de asombrarme por sus contrastes, pero sobre todo, por una vida cultural que en el resto de la Argentina no está tan disponible (lo cual habla de una centralización de recursos en Buenos Aires que a mucha gente del resto del país no nos gusta mucho). Después de solucionar nuestros asuntos por la capital, nos dedicamos a recorrer un poco los museos y las exposiciones presentes en la urbe… Pero de eso les contaremos en otra entrada.&lt;br /&gt;A nuestro regreso me encontré con una agradable sorpresa en mi casilla de mail. Una revista latinoamericana de bibliotecología -que me había invitado a publicar en ella- había rechazado un artículo mío, por considerar que no se ajustaba a sus criterios académicos. Hasta aquí, nada anormal: son muchas las publicaciones que consideran que lo que escribo no es lo suficientemente correcto, algo que es la pura verdad. Poco de lo que escribo es bueno (buena prueba de ello son estas páginas, ¿verdad?) y no siempre me ciño a estándares “científicos” que, aunque conozco por mi formación previa como biólogo, me empeño en no respetar porque no siempre el lenguaje “científico” expresa información valiosa, y no siempre puede hablarse de bibliotecología usando ese lenguaje. El problema estuvo en la evaluación que me adjuntaron, realizada (en forma individual, algo asombroso para un peer-review) por una “gran persona” de una de las instituciones más “prestigiosas” de nuestro universo profesional.&lt;br /&gt;Contarles que la evaluación estaba llena de pre-conceptos academicistas y de prejuicios sobre temáticas diversas sería decir poco. Quizás lo que más me asustó fue el punto en el cual se criticaba la ideología de partida, la bibliografía empleada y los autores elegidos y no elegidos.&lt;br /&gt;En fin, para evitarles palabrerío, les resumiré lo que pude entender de la evaluación… Y lo hago desde mi propia posición de árbitro pasado y presente de revistas de bibliotecología.&lt;br /&gt;Parece ser que para escribir un artículo “académico” debe partirse de una ideología neutral y científica, es decir, aséptica. Algo que, en artículos vinculados con prácticas sociales, es sencillamente imposible. Y algo que muchas corrientes bibliotecológicas de avanzada comienzan a considerar, incluso, como anti-ético.&lt;br /&gt;Además, la interdisciplinariedad es evitada con la frase “eso no es bibliotecología”, lo cual es un problema agregado a aquellos artículos que tomen prestadas experiencias, categorías y metodologías de disciplinas como la sociología, la antropología, la lingüística o la educación (pero no la estadística: esa luce como “más científica” y le queda bien a la bibliotecología).&lt;br /&gt;La bibliografía consultada debe ser “de calidad”, es decir, pertenecer a revistas o conferencias que figuren en bases de datos internacionales, o que tengan renombre y prestigio (¿y eso como se evalúa?), y que hayan sido publicadas bajo régimen de referato. Los artículos de Acceso Abierto son vistos como de “escasa o nula calidad”, aunque hayan sido referados previamente… lo mismo que aquellas revistas que, por buenas que sean, no figuran en las grandes bases de datos… Tampoco sirven las experiencias no publicadas (y las mejores experiencias escolares, por ejemplo, nunca son publicadas) ni las comunicaciones personales o las investigaciones que no estén fundamentadas sobre bibliografía, escrita y “de buena calidad” (busquen de eso en “bibliotecas indígenas”, a ver que encuentran…).&lt;br /&gt;Los autores citados deben ser los más reconocidos dentro de la disciplina o temática. Si no se los cita, algo anda mal. Esto, por cierto, viola uno de los primeros principios del método científico, tal y como lo planteó Dalton hace siglos: no tener en cuenta a la autoridad precedente, y dudar siempre de ella, y desafiarla si es posible… (Afortunadamente para la ciencia actual, los más famosos científicos se olvidaron de sus predecesores y fueron llamados “grandes revolucionarios” y “mentes lúcidas”… pero en bibliotecología, eso es un pecado).&lt;br /&gt;Debe citarse toda la bibliografía disponible, incluyendo las tesis. Esto sirve si uno trabaja en entidades con grandes bibliotecas y buena producción de tesis, pero… ¿qué pasa con aquellos que trabajan sin acceso a bibliotecas, disponiendo solamente de los recursos que pueden encontrarse en línea? ¿Y con aquellos en cuyas bibliotecas no está toda la información disponible? Parece ser que no pueden publicar, porque, como bien sabrán, no todas las tesis están en línea (y mucho menos las de bibliotecología), tampoco todos los trabajos de investigación… y ni siquiera muchas revistas académicas, que están bajo siete llaves (caras, como bien saben).&lt;br /&gt;Las ideologías como el “indigenismo”, el “socialismo” o el “comunitarismo” deben evitarse… Los trabajos sociales son mirados con sospecha… Las herramientas cualitativas, más aún. Si los resultados no son expresados con cifras, no son creíbles: se trata del reino de la estadística y del número (aunque las últimas corrientes bibliotecológicas estén haciendo un énfasis gigantesco en la necesidad de usar herramientas que no conviertan al ser humano en una ecuación….).&lt;br /&gt;Hay mucho más, pero estas recomendaciones sirven para que muchos dejemos de escribir… para esas revistas, al menos. Parece ser que la receta está en armar un marco teórico con muchas citas bibliográficas de los más lucidos autores, desarrollar una experiencia que sea cuantificable (aunque se falseen o dibujen los resultados) y mantener un tono políticamente correcto, sin ideologías ni posturas visibles.&lt;br /&gt;He leído muchos de estos artículos “académicos”, que no son más que evaluaciones de experiencias numéricas dentro de instituciones, o temas similares. Y he leído muchos otros artículos, que intentan construir teoría, desafiar conceptos existentes… Esos artículos que hacen pensar, que proporcionan herramientas valiosas para ser aplicables y replicables en otras bibliotecas, son los que no se publican en las revistas “académicas”, sencillamente porque “violan” (en todos los buenos y malos sentidos de la palabra) las normas existentes, las grandes y famosas “biblias” de la bibliotecología y el trabajo de muchos autores que no hacen más que dibujar números. No resto valor a las experiencias contadas en esas revistas: su revisión, y la extracción de normas generales a partir de casos particulares es la base de la Bibliotecología Basada en la Evidencia, una corriente de la que participo y que está cobrando cada vez más auge (y que es totalmente “científica”, dicho sea de paso). Pero considerar a eso como “académico” y al resto como “no académico” me parece una especie de discriminación…&lt;br /&gt;¿Hasta qué punto tienen valor los artículos y las revistas “académicas”? ¿Hasta que punto nos permiten crecer, informarnos, aprender? Y, sobre todo, ¿hasta qué punto nos hacen pensar? ¿Hasta que punto no nos dan cosas fáciles, acordes con las normas vigentes, edulcoradas con muchas citas grandiosas y mucha bibliografía nuevecita para que las creamos más importantes?&lt;br /&gt;¿Qué pasa si tomo un artículo mediocre y lo sazono con muchas citas de libros y revistas que nadie podrá acceder a leer, y con números cuya veracidad nadie podrá comprobar? ¿Se convierte automáticamente en respetable? ¿Y qué pasa si escribo sin eso, pero basándome en experiencias reales, en creencias e ideas chequeadas sobre el terreno? ¿Qué pasa si expongo abiertamente mi opinión y mi ideología?&lt;br /&gt;Es interesante ver como muchas revistas de bibliotecología han ido muriendo en el silencio, cada vez menos consultadas, excepto por aquellos que prefieren decir “leí en tal revista” a decir “leí tal cosa”. Y es interesante ver como muchas otras -pequeños boletines, publicaciones gratuitas de acceso abierto, e incuso blogs comunitarios y wikis profesionales- están teniendo un mayor valor y una consulta más amplia. Pregúntense por qué será. Quizás muchos prefieran leer realidades visibles (con sus aciertos y sus errores, pero humanas) en donde el autor es tangible y se lo ve como humano, a leer historias en donde el autor es visto como un dios más allá del bien y del mal, escudado en bibliografía y en citas y en números…&lt;br /&gt;Sigamos leyendo, sigamos escribiendo, sigamos publicando. Pero no olvidemos que el valor o la veracidad de una palabra están en ella misma, y no en el disfraz que le pongamos alrededor.&lt;br /&gt;Por mi parte, seguiré intentando…&lt;br /&gt;Un saludo cordial desde una Córdoba gélida….&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-4020216787904941393?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/4020216787904941393/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=4020216787904941393' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4020216787904941393'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4020216787904941393'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/08/sobre-algunas-revistas-acadmicas-mal.html' title='Sobre algunas “revistas académicas” mal entendidas…'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-338844665444571723</id><published>2007-08-01T13:53:00.000-03:00</published><updated>2007-08-01T14:01:46.173-03:00</updated><title type='text'>Bibliotecas e indigentes</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.sublimephotography.co.uk/people/peoplebig/homeless.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.sublimephotography.co.uk/people/peoplebig/homeless.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Durante las improvisadas “vacaciones” que nos hemos tomado durante el mes de julio -que de descanso tuvieron poco, pero que nos dieron un respiro para poder leer y ponernos al día con muchas actividades- encontré, en mi colección de la revista estadounidense “Progressive Librarianship”, unos cuantos artículos que me llamaron la atención, y cuyos contenidos pretendo compartir con ustedes en estas páginas, durante las siguientes semanas en las que, además, estaremos remodelando algunas secciones de la bitácora.&lt;br /&gt;“Progressive Librarianship” es una publicación editada por Progressive Librarian Guild, un grupo que funciona en el Norte desde hace décadas, y que agrupa a personalidades de la bibliotecología “progre” como Mark Rosenzwaig (el autor de los famosos “10 puntos de Viena”, el decálogo de los bibliotecarios progresistas), John Buschmann o nuestra gran amiga Elaine Harger, entre otros. “Progressive Librarianship” ha publicado artículos de bibliotecarios radicales como Sandford Berman (un crítico lúcido e incansable de los sistemas de catalogación, sobre todo de sus pudores en cuanto a temas sexuales) o Shiraz Durrani, más centrado en las problemáticas informativas y sociales de África. Si bien los artículos suelen centrarse en problemáticas estadounidenses y están escritos en inglés -lo cual puede representar un par de barreras para muchos bibliotecarios latinoamericanos- la revista aborda, en muchas ocasiones, temáticas comunes a la profesión global. Como la que he seleccionado para esta entrada: los indigentes y las bibliotecas públicas.&lt;br /&gt;El artículo es de Karen Venturella, una referencista de ciencias sociales de la biblioteca pública Queens Borough de New York, que antes de ser bibliotecaria había trabajado en Philadelphia con indigentes o “sin techo” (“homeless people”, en inglés). El artículo fue publicado en el verano (boreal) de 1991, en el nº 3 de la revista (pp.31-42) y ofrece un abordaje a una temática peliaguda: ¿cómo debemos tratar los bibliotecarios en general, y los del ámbito público-comunitario-popular en particular, a las personas sin techo que buscan refugio en nuestras bibliotecas?&lt;br /&gt;La pregunta carga de por sí un tinte discriminador. ¿Es que debemos tratarlos de alguna forma especial, siendo como son, lectores como el resto, y siendo la biblioteca (particularmente la pública, o de universidades públicas, o de instituciones públicas) una institución creada y pensada para satisfacer las necesidades de toda la población? Parece ser -de acuerdo al artículo de Venturella- que este tema comenzó a preocupar a los bibliotecarios estadounidenses desde hace décadas, y que ya en los 80’ la ALA (American Library Association) comenzó a organizar talleres al respecto. El problema parecía apuntar a que muchas personas “sin techo” sólo buscaban refugio en la biblioteca, y no información. Por otra parte, eran muchos los usuarios tradicionales de esas instituciones (y los propios bibliotecarios) que se quejaban por la presencia de individuos que, según ellos, “carecían de higiene”, “se comportaban indebidamente”, “eran inadaptados sociales”, “daban miedo”, “portaban enfermedades infecto-contagiosas” y un largo etcétera de preconceptos sumados a incomodidades y problemas reales (como por ejemplo, personas “sin techo” que ocupaban varias sillas de la sala de lectura para dormir). De acuerdo a la directora de la biblioteca pública de Salt Lake City, Glenda Rhodes…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Después de que los bibliotecarios comprendieron la inutilidad de pedir ayuda a las agencias gubernamentales, cuyos recursos económicos han sido severamente disminuidos, y después de recordarse a sí mismos que la apariencia o el status económico no son criterios para limitar el uso de la biblioteca, se desmoralizaron… Los trabajadores de la biblioteca se cansaron de despertar gente y se frustraron de tanto oír las quejas de otros usuarios…”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Algunos comentaristas estadounidenses, según cita Venturella en su texto, se opusieron a que la biblioteca se hiciese cargo de sus usuarios “sin techo”. Es el caso de Herbert White, quien expresó que “no debemos aceptar como propio un problema que no es nuestro” y que concierne a otras agencias estatales. Muchos colegas no deseaban convertirse en trabajadores sociales, un rol que, según ellos, no les correspondía. Tampoco querían hacerse cargo de una problemática que, desde su punto de vista, nada tenía que ver con ellos ni con sus actividades…&lt;br /&gt;Joe Greiner planteaba el problema en estos términos: “Por un lado, está la responsabilidad de mantener un ambiente seguro, agradable y amigable para todos los usuarios de la biblioteca, y por el otro, está la responsabilidad de la biblioteca de actuar como una agencia social democrática”. Es importante recordar, además, lo que señalaba Patsy Hansel, presidenta de la Asociación de Bibliotecas de Carolina del Norte: “algunos de nuestros usuarios sin techo usan la biblioteca apropiadamente, y otros no, tal y como ocurre con algunos de nuestros usuarios más fieles”.&lt;br /&gt;No hay líneas-guía de acción ni prácticas comunes sobre este tema. Hay tantas formas de tratar con estos usuarios como bibliotecarios existen. Esto ocurre porque son muchas las bibliotecas que no cuentan con políticas definidas al respecto.&lt;br /&gt;Muchos profesionales aceptaron que los problemas de su sociedad son sus propios problemas, lo cual, desde mi punto de vista, es una manera bastante comprometida y correcta de hacer política cotidiana y de participar en la misma en forma activa. El principal punto era buscar asesoramiento de entidades y organizaciones gubernamentales o civiles que proveyeran de información acerca de cómo asesorar y aconsejar a los “sin techo”, lo cual no deja de ser una manera de brindar ayuda. La respuesta fue bastante vaga y frustrante, de acuerdo al artículo de “PL”. Aún así, continuaron su búsqueda, porque reconocieron que los individuos “sin techo” poseen necesidades de información y requerimientos específicos, y son el resultado de una crisis que nos incumbe a todos, algo que muchas otras bibliotecas fallaron en reconocer.&lt;br /&gt;En general, las bibliotecas (públicas, en especial) están comprometidas con dar respuesta a las necesidades de información del público. ¿Incluye tal cosa la provisión de información sobre dónde conseguir comida, refugio y abrigo? La Biblioteca Pública de Dallas creyó que sí, y organizó una base de datos, en colaboración con otras agencias estatales, en la cual se listaban servicios y opciones para los sin techo. Mary Bundy organizó un curso para estudiantes de bibliotecología en la escuela de la Universidad de Maryland, enseñándoles como responder a las necesidades de información de los indigentes. El listado se extiende, y enfatiza los aspectos profesionales e informativos de la institución”biblioteca” en relación con los más desfavorecidos de su propia comunidad.&lt;br /&gt;Por otro lado, ¿qué servicios, espacios y actividades de extensión pueden ofrecerse a los “sin techo” desde la biblioteca? La biblioteca de Haverhill, en Massachussets, fue directamente al grano. En una ciudad con unos 150 indigentes (hablo de 1991, fecha del artículo que cito), la biblioteca destinó una sala específicamente para alojar y atender a los “sin techo”, con capacidad para unas 20 personas. El ejemplo fue citado en periódicos como el New York Times (19.01.1989). Otro proyecto similar tuvo lugar en la Biblioteca Pública de Milwaukee, la cual operó como un centro de día para los “sin techo”, organizando servicios de información sobre trabajo y techo, y talleres para desarrollar destrezas laborales. La Biblioteca del Condado de Mulmomah, en Oregón creó una sala de lectura con actividades puntuales para los indigentes, lo mismo que la del Condado de Shelby, en Tennessee….Como último ejemplo, la oficina de servicios especiales de la Biblioteca Pública de New York organizó servicios de extensión para aquellos “sin techo” que estaban residiendo en “residencias para indigentes” dentro de la ciudad.&lt;br /&gt;Muchas otras bibliotecas han ido mas allá, organizando programas de refugio y comida para sus usuarios desfavorecidos, en especial dentro de aquellas ciudades donde los niveles de desamparados han escalado inusitadamente (p.e. Tulsa, Dallas, New York…).&lt;br /&gt;El artículo de Venturella concluye especificando que es necesario que las bibliotecas establezcan sus prioridades y sus políticas definidas en relación a este problema, dependiendo, evidentemente, de sus posiciones, de sus recursos y de sus conexiones en la propia estructura local.&lt;br /&gt;Tras leer el artículo, me pregunté cómo reaccionamos nosotros, en América Latina (en mi caso, en Argentina) ante estas situaciones. Conozco un número alto de ejemplos en los cuáles la entrada es negada a la biblioteca, y casos de colegas que expresan abiertamente que esos no son problemas de su incumbencia. Pero también conozco innumerables casos de instituciones paralelas (p.e. escuelas) que brindan ayuda, alimento y contención a sus niños más desprotegidos, insertas en forma comprometida en la dinámica del grupo social al que atienden.&lt;br /&gt;Evidentemente, considerar al “niño de la calle”, al indigente o al “sin techo” como un delincuente en potencia es una actitud errada, basada en un puñado de malas experiencias o en percepciones distorsionadas de un problema mucho más amplio. Es verdad que existen unas normas de convivencia y comportamiento que debemos hacer respetar, pero también es verdad que dejarnos llevar por preconceptos y prejuicios puede conducirnos sencillamente a la discriminación, a la exclusión y al olvido.&lt;br /&gt;Reconozco que, en muchas sociedades de nuestro continente, no existen estructuras gubernamentales que se ocupen de dar respuesta a estas necesidades y que, por lo tanto, la biblioteca se encontraría “sola ante el peligro” si pretende abordar estas situaciones. También sé -por propia experiencia- que los recursos siempre son pocos, y que destinarlos a problemáticas puntuales es irreal. Pero, en algún momento, debemos tomar partido, debemos posicionarnos, debemos pensar qué hacer y cómo hacerlo, y, sobre todo, por qué.&lt;br /&gt;Sería de esperar que, a la hora de tomar esas decisiones, no permitamos que el peso de los prejuicios nos lleve a dar la espalda a personas que jamás tuvieron la oportunidad de decir si querían o no estar en esas situaciones tan desfavorables. Quizás baste con un poco de cordura, un poco de prudencia y de equilibrio a la hora de definir acciones. Pero quizás sea eso -cordura, prudencia, compromiso- lo que más nos falte en el mercado de valores de hoy en día…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-338844665444571723?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/338844665444571723/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=338844665444571723' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/338844665444571723'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/338844665444571723'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/08/bibliotecas-e-indigentes.html' title='Bibliotecas e indigentes'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-8047118588459451162</id><published>2007-07-01T17:37:00.000-03:00</published><updated>2007-07-01T17:40:02.032-03:00</updated><title type='text'>Vacaciones</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/RogRFCWl58I/AAAAAAAAAKM/3kEHPoiq868/s1600-h/cerrado+por+vacaciones.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5082330957716252610" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/RogRFCWl58I/AAAAAAAAAKM/3kEHPoiq868/s320/cerrado+por+vacaciones.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y sí… Todos necesitamos tomarnos un descanso, y estos dos que les escriben -y que enfrentan un mes de julio lleno de actividades, cursos, textos que escribir y proyectos que enfrentar- han decidido unas mini-vacaciones de invierno austral en las cuáles re-formular la dirección y los contenidos de esta experiencia “bloguera”…&lt;br /&gt;Estaremos de vuelta en agosto… Hasta entonces, nuestros más cordiales saludos desde el centro de la Argentina…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edgardo Civallero &amp;amp; Sara Plaza&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-8047118588459451162?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/8047118588459451162/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=8047118588459451162' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8047118588459451162'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/8047118588459451162'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/07/vacaciones.html' title='Vacaciones'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fQGCiwia1hk/RogRFCWl58I/AAAAAAAAAKM/3kEHPoiq868/s72-c/cerrado+por+vacaciones.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-4692782627770560026</id><published>2007-06-22T17:44:00.000-03:00</published><updated>2007-06-27T11:23:43.113-03:00</updated><title type='text'>Desde un camino de silencios…</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.stormeyes.org/tornado/SkyPix/path2sky.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.stormeyes.org/tornado/SkyPix/path2sky.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Edgardo Civallero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más cosas veo en los últimos tiempos, y más cosas dejo de lado, y más vivo en mi silencio, abandonando los senderos transitados y buscando los propios, e intentando recordar que los caminos llenos de ruido y de público a veces no son los mejores…&lt;br /&gt;…&lt;br /&gt;Bibliotecas especializadas en literatura infantil, con gran renombre y mucho financiamiento, pero vacías de niños, vacías de risas, vacías de manitos que revuelvan los estantes y se fascinen ante los dibujos coloridos y los textos mágicos… Eso veo, y eso me entristece, me cansa…&lt;br /&gt;Cursos profesionales destinados a latinoamericanos, financiados con fondos logrados a través de la explotación de latinoamericanos (de otros, por cierto; de esos que no pueden acceder a un curso de formación profesional)… Eso veo, y eso me duele, me hastía…&lt;br /&gt;Publicaciones periódicas académicas que buscan ser populares pero que escriben en términos que nadie comprende, y que se centran en la “excelencia”, las “nuevas tecnologías”, la “normalización” y demás instancias que suelen generar competiciones, escalas de “mejores y peores”… Publicaciones que, al buscar eso, no sólo no son populares, sino que buscan lograr la “exclusividad” de ser de unos pocos y para unos pocos… Eso veo, y eso me da asco, me decepciona…&lt;br /&gt;Fundaciones dedicadas al fomento de la lectura que aún no entendieron de qué se trata la lectura y que, después de décadas de autoritarismo y dictadura regionales, parecen no haber despertado de esa pesadilla y perpetúan en sus políticas y sus acciones todas esas nubes negras de prohibiciones, de límites, de presiones… Eso veo, y eso me aterroriza, me da miedo…&lt;br /&gt;Listas de correo que nacieron para la libre difusión de noticias, pensamientos y decires, pero en las cuales la censura aumenta, aumenta y aumenta, cada vez más, cada día un poco más… Cada vez un poco más de control, cada día un filtro más… Eso veo, y eso me repugna, me enerva…&lt;br /&gt;Profesionales que jamás abren la boca para aportar ideas y construir futuros, pero que desperdician sus palabras y sus escritos en condenar nimiedades, en comentar novedades que a nadie importan, en felicitar al otro sólo por el compromiso de quedar bien… Eso veo, y me siento vacío, me siento ausente…&lt;br /&gt;Estructuras internacionales que olvidan a más de la mitad (la mitad meridional) del planeta, que siguen creando políticas avasalladoras, que siguen perpetuando el colonialismo y el imperialismo, que siguen sin tenernos en cuenta, pero que, a pesar de todo, son consideradas como “las más respetables”… Eso veo, y entonces borro de mi piel todos esos nombres, todos esos vínculos, todas esas manchas…&lt;br /&gt;Colegas latinoamericanos que nos “representan” en foros y ámbitos regionales y mundiales sin representarnos en absoluto, sin trabajar, sin establecer vínculos… Ausencias y holgazanerías de todos conocidas y por todos aplaudidas o aceptadas como inevitables… Eso veo, y recuerdo con tristeza mis labores y trabajos de antaño, en los que busqué algo llamado “compromiso”…&lt;br /&gt;Becas cedidas -y adjudicadas- para proyectos que benefician a un grupo mínimo de personas ya beneficiadas por la sociedad en general… Proyectos descartados que buscaban beneficiar a grupos vulnerables… Eso veo.&lt;br /&gt;Veo el reino del “listo”, del “vivo”, del “más rápido”, del “más pillo”… Veo el reino del olvidado, del marginado, del silencioso, del que prefiere no darse por aludido… Dos reinos puestos uno al lado del otro… Reinos de hipocresía, reinos de mentiras… Reinos cotidianos que muchos no quieren ver para no pensar lo que yo pienso ahora, para no decir lo que yo digo en estas líneas, para no gritar lo que yo grito a veces en la soledad de mi escritorio…&lt;br /&gt;Poco a poco, hay senderos que he dejado de transitar, y hay espacios en los que evitaré dejar mis huellas de aquí en adelante… El antiguo refrán decía que si no puedes contra ellos, debías unírteles… Refrán odioso, si los hay: refrán de traición a uno mismo, refrán de cobardía… Creo que prefiero la fidelidad a las ideas y a los valores propios, aunque eso signifique caminar por una calzada de otro mundo, una calzada no señalada en los mapas comunes; esa en la que uno puede ser quién es sin tener que renegar de ello para poder dar un paso más…&lt;br /&gt;Poco a poco, estas dos manos que les escriben -cómo lo han hecho desde hace muchos meses, aquí mismo- han dejado de hacer muchas cosas, limitándose al pequeño puñado que todavía valen la pena. Quizás la alegría de renunciar y de reservar las energías para esas pequeñas actividades está en ser consciente de que ésas, sólo ésas, merecen el esfuerzo y la dedicación. Para las demás, hay muchas otras manos dispuestas. Manos que llegarán, incluso, a olvidar el significado de la palabra “amistad”, “solidaridad”, “compañerismo” o “compromiso” con tal de lograr ser incluidas y “reconocidas”…&lt;br /&gt;…&lt;br /&gt;Desde este nuevo camino les saludo, con la promesa de otras historias venideras, de otras noticias, de otros relatos que, aunque quizás tengan menos que ver con el mundo “visible” de las bibliotecas y los libros, tendrán mucho que ver con ese universo “invisible”, olvidado, cotidiano, casi oculto… Ese que tantos colegas viven a diario: el que da las mejores recompensas sin tener, como precio, la venta del alma al diablo…&lt;br /&gt;Desde una Córdoba gris e invernal, un abrazo a cada uno de ustedes, que dedican un tiempo a leernos…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9425947-4692782627770560026?l=bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/feeds/4692782627770560026/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9425947&amp;postID=4692782627770560026' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4692782627770560026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9425947/posts/default/4692782627770560026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bitacoradeunbibliotecario.blogspot.com/2007/06/desde-un-camino-de-silencios.html' title='Desde un camino de silencios…'/><author><name>Edgardo Civallero</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9425947.post-1556124151967606495</id><published>2007-06-22T17:39:00.000-03:00</published><updated>2007-06-24T19:26:36.710-03:00</updated><title type='text'>Estrechar la mano, arrimar el hombro</title><content type='html'>&lt;a href="http://imagecache2.allposters.com/images/pic/POE/SM058S~Hojas-al-viento-Posteres.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://imagecache2.allposters.com/images/pic/POE/SM058S~Hojas-al-viento-Posteres.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Y andarse con pies de plomo...&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por Sara Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es parte de mi aprendizaje, es parte de mi andar. En la medida de lo posible, siempre que tengo la oportunidad, me gusta extender mi mano y salir al encuentro de otra. También disfruto cuando es la otra la que busca el contacto de la mía. Adoro las complicidades, los guiños, las sonrisas desde el corazón. Me encantan los niños y admiro a los grandes, y estoy segura que si alterase el orden de esos verbos no cambiaría el sentido de mi afirmación. Que un pequeño me mire con curiosidad es algo hermoso, igual de lindo que encontrar el asombro de alguien mayor al observarte. Desde que salí la primera vez de mi pequeño pueblo en la sierra pobre de Madrid, no he dejado de fijarme bien en unos y otros. Recuerdo que la primera personita que me dio la bienvenida en Córdoba, Argentina, fue un muchacho de 10 o 12 años que encontré mientras visitaba una exposición de dibujos de dragones... El joven quiso saber si yo conocía a &lt;em&gt;Harry Potter&lt;/em&gt; y cuando le respondí con un sí, y nos pusimos a hablar de sus aventuras, ninguno de los dos terminaba de creerse que alguien más hubiera podido disfrutar con ellas tanto como uno mismo. Entonces yo, que también quería saber algo, le pregunté si conocía &lt;em&gt;El Señor de los Anillos&lt;/em&gt;. “¡Claro que sí!”, me dijo, “y &lt;em&gt;El Hobbit&lt;/em&gt;”, añadió sin pensárselo dos veces. “Vaya, vaya, vaya”, le dije yo, “¿y has leído también &lt;em&gt;El Silmarillion&lt;/em&gt;?”. Aquel jovencito se quedó pensando unos instantes y su respuesta me dibujó una de las sonrisas más hermosas que creo haber lucido en mi vida: “No, ése no. Capaz que no lo trajeron a la Argentina todavía”. Y seguimos viendo juntos los dibujos y descubrimos que también había piedras pintadas con motivos fantásticos, animales mitológicos, figuras de héroes y de sirenas... y un poquito después de ver juntos todo aquello nos dijimos adiós. Su mamá acababa de entrar a la sala en la que nos encontrábamos los dos y él corrió a contarle que había estado hablando con ella (ésa era yo). Cuando estaba a punto de abandonar el lugar, alguien me tiró de la manga y al darme la vuelta me encontré otra vez con mi nuevo amigo. El muchacho extendió su mano hacia mí y me dijo: “Lucas, un gusto.” Ahí se me pintó la segunda sonrisa del día, y creo que hasta me puse colorada. Di un pasito hacia él, alargué mi mano yo también, y le respondí: “Hola, yo soy Sara.” La gente que estaba en aquella habitación nos miró y escuché a alguien decir: “Mirá qué proyecto de caballero...” Un momento después, Lucas se volvió a buscar a su mamá y yo salí a la calle. Sólo había caminado unos metros cuando giré sobre mis pasos, entré de nuevo en la tienda de la exposición, compré una postal de una de las piedras pintadas, y por la parte de atrás anoté el título del libro que &lt;em&gt;capaz no habían traído a la Argentina&lt;/em&gt; después de una pequeña dedicatoria, y pedí permiso para pasar de nuevo a la exposición. Encontré a Lucas al lado de su mamá y le regalé la postal sonriendo por tercera vez.&lt;br /&gt;En otra ocasión, y en otras latitudes, fue una bibliotecaria indígena, muy linda y muy viejita, la que tomó mi mano entre las suyas. No puedo explicar la emoción que sentí al tener aquellos dedos arrugados apretando los míos, no sabría encontrar las palabras para contar cómo me miraban aquellos ojitos oscuros y cómo se me inundaban los míos...&lt;br /&gt;En Irlanda se me desbordaron definitivamente, cuando la maravillosa anciana a la que preparaba la cena y con quien compartía un par de horas todos los fines de semana (esos días libraba la mujer que se ocupaba de ella a diario, y así yo me ganaba un dinerito para poder pagarme el curso de inglés) me tomó ambas manos cuando yo ya me volvía a España, y me animó a viajar siempre, a ver otros lugares, a conocer otras gentes: “Una maestra tiene que poder hablar de otros horizontes, a los niños les encanta saber de otros mundos.” Así me dijo.&lt;br /&gt;El último apretón de manos, así de bonito, me lo dieron uno de los días durante el curso sobre Bibliotecas para comunidades indígenas que nos llevó a Bolivia hace una semana. La mujer que se acercó a saludarme quería agradecernos nuestro trabajo, nuestro compromiso, nuestro esfuerzo y nuestras ganas, y me encontré otra vez con un par de ojitos muy brillantes que alegraban los míos hasta las lágrimas.&lt;br /&gt;Todas estas personas (y muchas más que aún me falta conocer), chicos y grandes a los que me gusta tener cerca, con los que me encanta compartir, a los que siempre estoy dispuesta a escuchar, a mirar y de los que siempre tengo mucho que aprender, me han regalado con su apretón de manos la fuerza y la ilusión con las que sigo avanzando cada día.&lt;br /&gt;Y así como he tenido manos a mi alrededor para estrechar, también he encontrado hombros en los que apoyarme y a los que arrimar el mío. Han habido sueños, proyectos; han habido libros, dibujos, canciones; han habido recetas de cocina, instrucciones de uso; han habido mapas, guías; han habido escapadas, búsquedas; han habido historias sin final y finales sin historia...&lt;br /&gt;Sin embargo, todos estos “vientos a favor” que me impulsan, que acrecientan mis pasos, que me colorean la piel y el alma, no me hacen perder de vista que estamos en un momento de “cambio climático”. Uno debería aprender a reconocer las manos que acarician, de las que golpean, los apretones que empujan de los que hunden. Tendríamos que poder descubrir cuánto de mueca esconde una sonrisa y cuánto de mentira una “gran verdad”. Nos ayudaría a no rompernos en mil pedazos cuando nos engañan, cuando nos discriminan, cuando nos olvidan, cuando nos humillan. Nos serviría para andar mejor calzados, pues al camino, como a la vida, no les podemos quitar las piedras que los hacen ser quienes son.&lt;br /&gt;Lo que sí podemos hacer nosotros, es recorrerlos con pies de plomo, sobre todo, cuando el terreno que pisamos está lleno de baches y sembrado de dificultades. Nadie dijo que erguirse para caminar sobre nuestras dos piernas fuera sencillo, costó miles de años. Por eso, porque no creo que nos gustase encogernos de nuevo, porque la cabeza hay que intentar llevarla siempre bien alta, lo mismo que el corazón, vale la pena intentar desenmascarar a los falsos amigos, a los falsos amores, a los falsos colegas... No se trata de desconfiar ni de dejar de creer. Tiene mucho más que ver con elegir en qué o en quién confiar y en qué o a quién creer. Me atrevería a decir que, más que en nada ni en nadie, hay que confiar y creer lo primero en uno mismo, y mostrar al otro que pude confiar y creer en nosotros. Aquellos que, lejos de mostrar para que podamos decidir nosotros mismos, nos intentan convencer, merecen todas nuestras sospechas y nuestro más firme rechazo.&lt;br /&gt;Sigo pensando que es mejor enseñar a preguntarse que dar respuestas, sigo defendiendo la duda frente a las certezas, por eso los invito a ir con pies de plomo por la vida, al tiempo que l
